40 años arando en el fuego, Taller de Artes de Medellín

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Samuel Vásquez presentó recientemente el libro conmemorativo del Taller de Artes de Medellín, referente de la creación artística en Medellín. Este es un texto sobre las áreas que abordó dicho proyecto cultural, que permite dimensionar su importancia para la ciudad y el país.

El Taller de Artes de Medellín nace, hace 40 años, de la apremiante necesidad de implementar e impulsar unas prácticas artísticas contemporáneas, diferentes de las existentes en la ciudad, y la realización de un impostergable deseo de creación y divulgación de poéticas propias.

Desde su fundación el Taller se diseñó con tres secciones artísticas diferentes, música, artes plásticas y teatro, pero con unos vasos comunicantes esenciales para que convivieran e interactuaran entre ellas, y sobre todo con la Poesía como sendero y como huella.

El Taller de Artes es una reunión de cómplices que se asocian para conspirar contra la triste realidad de esto que, por una suerte de ilusionismo cartográfico, convenimos en llamar Colombia. No nos ha interesado el arte como producto coherente con la realidad. Esta realidad no nos satisface y cualquier coherencia con ella sería una crasa traición a nuestros sueños y a nuestra visión de mundo. Es esta realidad la que hay que transformar.

El arte como generador de realidad poética rompe con lo dado real, engendrando deseos no autorizados, introduciendo a los espectadores en un diálogo no real pero posible, abriéndolos a imágenes anhelables, sin inducir esperanza que es sólo presente postergado, estupefaciente para la desesperación.

Hay un corte doloroso entre deseo y realidad del que el artista no es ajeno, sino que, por el contrario, es exacerbado por su sensibilidad y por su consciencia de la imposibilidad. Cada vez se alejan más realidad y deseo, y sólo un acto extraordinario es capaz de conciliar esa distancia. El artista sabe que ese acto preciso, precioso y necesario es el poema, que esa distancia es el lugar del poema.

La creación del Taller de Artes no buscaba que un grupo de artistas contribuyera con su vida, su capacidad de trabajo y su talento para servir a hacer sólida y perdurable una institución, sino, más bien, que la institución misma fuese la que posibilitara la realización de las obras y de los individuos que la conformaban. Afirmamos que toda institución es policía de la imaginación, esa loca de la casa.

Mucho menos se buscaba el establecimiento de una estética a priori, de un estilo preciso que homogenizara y agrupara la producción artística del Taller y las obras de los artistas que lo conformaban, instaurando una marca de origen que los distinguiera. Al contrario, ha sido notoria la diferencia de temas, tratamientos, expresiones y estilos de los artistas plásticos que han trabajado en el Taller.

En algún momento de su proceso creativo han estudiado o trabajado en el Taller de Artes de Medellín talentosos artistas como José Antonio Suárez Londoño, Luis Fernando Peláez, Clemencia Echeverri, Jorge Iván Grisales, Florina Lemaître, Carlos Mario Aguirre, Rubén Darío Trejos, Siervo García, Mauricio Duque, Carlos Gabriel Arango, Diana Gil, Ángela María Londoño, El Tío Conejo, Marta Marín, Tomás Arango, Héctor Álvarez, Kike Lalinde, Billy, Alfredo Zapata, Ana María Ochoa, Carlos Jiménez, Luis Pacheco, Fernando Marín, Fernando Pavón, Mario Restrepo, Eucaris Núñez, Jorge Gaviria, David Hernández, Julián Posada, Ángela María Restrepo, Mario Londoño, Darío Villegas, Dick Harold, Marcela Bernal, Nelson Nicholas, Francisco Londoño, Santiago Londoño, Margarita Isaza, David Robledo, Rosa Vélez, Pablo Montoya, Lucía Estrada, David Marín, Yenny León, Fernando Rendón, Jaime Espinel, Mario Gómez-Vignes, Rodolfo Pérez, Álvaro Rojas, Gustavo Yepes, Mario Yepes, Leonel Góngora, Umberto Giangrandi, Augusto Rendón, Juan Antonio Roda, Samuel Vásquez y muchos otros. Ellos han imaginado, creado y fecundado la poesía de las obras del Taller. Ellos han soñado, sentido y forjado la honda y palpitante vida que ha respirado el Taller. A ellos se debe que la risa se haya propagado como una viña feraz por todos los rincones.

La propuesta original de la sección de artes plásticas fue implementar un Taller-laboratorio, abierto durante todo el día los siete días de la semana, con la orientación de Samuel Vásquez.

Este Taller-laboratorio se aleja totalmente de la difundida enseñanza academicista que recibimos en la universidad, en donde el repetido modelo de frutas o de yeso «son apenas una disculpa para pintar» (sic) y no el tema fundamental que ilumine un sendero expresivo, formal e investigativo.

En el Taller de Artes de Medellín se abrió el primer Taller de Grabado Independiente de la ciudad (1977). Allí asistieron como tutores Juan Antonio Roda, Augusto Rendón, Leonel Góngora, Umberto Giangrandi.

Fotos cortesía de Samuel Vásquez.

La propuesta inicial de la sección de Música fue actualizar el aprendizaje y la práctica musical en Medellín por medio de clases básicas de Lenguaje MusicalEscritura y Lectura AvanzadasTeoría de la MúsicaAnálisis de la formaArmoníaComposiciónContrapuntoDirección de OrquestaTaller de JazzTaller de Coro, orientados, en un principio, por Álvaro Rojas, Rodolfo Pérez, Gustavo Yepes y Mario Gómez Vignes. Con un retraso histórico injustificable estas asignaturas no se habían implementado en el Conservatorio de Música de la Universidad de Antioquia ni en el Instituto de Bellas Artes, en donde todavía se impartía el preceptivo método Pozzoli, prerrequisito obligado para cualquier asignatura musical, sometiendo al estudiante a pasar más de seis meses practicando a diario el solfeo rezado que espantó muchas vocaciones.

La propuesta de la sección de teatro fue crear, por primera vez en la ciudad, un grupo de actores vocacionales que desarrollaran su propia dramaturgia y la puesta en escena de un teatro poético, ausente casi por completo en Colombia.

Esta urgencia de aventura poética estaba sustentada, afirmada y jalonada por una atenta e intensa preparación corporal, rítmica, vocal y visual, con talleres de solfeo, ritmo, danza, expresión corporal, exploración espacial, mimo y pantomima, lectura, foniatría, improvisación músico-teatral, color, que para entonces (1977) eran, sin duda alguna, pioneros en el teatro colombiano, y singularmente heterodoxos para las artes plásticas nacionales.

Fue este el primer grupo de teatro de la ciudad que hizo temporadas de una misma obra a lo largo de un mes, y mantuvo la programación de su sala con presentaciones de martes a domingo durante más de diez años.

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