Arte para el Santuario de Santa Laura

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CronicaSubasta

Mi fe me llevó a Jericó, Antioquia, a pagarle una promesa a Santa Laura, allí sentí su fuerza y su poder, por eso la subasta.

Dificultades, quizás tristezas, me llevaron a la depresión y a la ansiedad. 2020 fue para mí un año de demasiado dolor, tanto sentimental, familiar, profesional como personal. Me hicieron muchos exámenes, los que mi abuelo Mario llamaba los “matasanos”, tuve mucho miedo en esas 32 consultas profesionales, con todo tipo de tecnologías para determinar qué me pasaba, por qué me dolía tanto la cabeza, por qué mis oídos sufren de tinnitus (zumbido en la oídos), porque todavía la padezco.

Pensé muchas cosas cada noche, claro que la muerte era la primera cosa en la que ponía mi cabeza. Dudé, mucho, y más cuando creí que había conseguido el mejor trabajo de la vida y resultó peor que los demás.

Entonces, un día, en la noche, cuando no podía dormir, me encontré con la novena de Santa Laura, la primera Santa colombiana, la cual había comprado en donde las hermanas Lauritas, en Belencito (Medellín); aquel día me arrodillé en su casa y le pedí que me cuidara, que me diera luz, que siempre me ayudara a que mi carrera sirviera para transformar la cultura de este país.

Prendí una veladora blanca, en mi casa en Bogotá, solo, en silencio, eran quizás las 4:00 a.m. Por fin pude dormirme, para seguir al día siguiente entre médicos y pruebas diagnósticas.

Todo salió bien. Era simplemente ansiedad y depresión, comencé con el yoga, la meditación y mejoré mi rutina de ejercicio. Me crean o no, yo sentí que era un llamado a la fe, al amor, a recordar mis valores cristianos, por eso decidí renunciar a aquel trabajo que no era para nada maravilloso, rodeado de gente de poca fe y mucha maldad, que mentía, robaba y mataba todo el tiempo, con la palabra.

Entonces, luego de notificarle a esa entidad, curtida de corruptos y de personas que no hacen su trabajo con amor, que no quería seguir más, me fui a Jericó. Ya le había pedido un buen consejo a mi amigo, Roberto Ojalvo, de qué hacer ante todo lo que me pasaba. No me voy a detener en ese lugar, ni siquiera quisiera volver a nombrarlo, porque funciona muy mal y no actúa con amor con el sector de la cultura, como finge. A la fecha, no salda su cuenta pendiente conmigo esa entidad, me debe, no me paga, no me contesta, no me llama, no me notifica.

Jericó no es una tierra que desconozca. Estuve allá con Mariana Garcés, cuando entregó restaurado su Teatro Santa María, había vuelto ya con mi compañera de andadas, Vanessa Mendoza, para grabar el cabezote del programa Cultura en los Territorios.

Es una tierra bella, una vez me encontré allá con Héctor Abad hijo ensombrerado y a caballo. La magia, en esta visita, antes de que se acabara el año, me hizo encontrarme allá con Teresita Gómez, sin ponernos citas, entre aguardientes me aconsejó, fue una linda velada en la casa de un amigo pintor, con gestores y cuenteros.

Al día siguiente, sin falta, a buscar a la Madre Laura, a su Santuario. Le llevé palo santo y veladoras, me arrodillé y le lloré mucho, le pedí perdón por dudar y le agradecí. Oré por mí, por mi familia, por mis amigos, por mis enemigos, por mis proyectos, por la felicidad y la pena, por la pandemia, por que cesara ya el dolor.

Entonces, mientras el palo santo enorme aromatizaba, cerré los ojos, hice la oración a Santa Laura, pedí y agradecí una vez más, hasta que me di cuenta de las grietas en el Santuario, que no es la Catedral de Jericó, sino la iglesia dedicada a la Santa Colombiana, donde un lienzo de gran formato tiene su cara, está su altar y está ella, hecha en cartón, recibiendo a los peregrinos. Me pregunté, entonces, por qué el Santuario de Santa Laura estaba un poco “olvidado” y decidí que la mejor manera de “devolverle el favor”, así ella no me lo hubiera pedido, porque me encanta meterme en líos, era conseguir recursos para pintar, ordenar y mejorar su templo, que está en la parte baja de Jericó, junto al Parque de Los Fundadores y un hogar de adultos mayores.

Así comenzó todo, ahora faltan pocos días y estoy contando esta historia para invitarlos a donar, a ayudar, a que, así no crean en la Iglesia, como muchos me han dicho cuando les he pedido que me ayuden con este proceso, crean en que nuestra Santa, la “gordita”, como le dice cariñosamente un amigo, sí hace milagros. 32 exámenes, muchos médicos y profesionales, y aquí estoy, contando el cuento, sano y con ganas de dar más lidia.

Sobre los artistas

Quiero decirles a todos los artistas que donaron que me alegra su buena fe, su fe, su capacidad de creer. A los que no, los entiendo, aunque me queda claro que les gusta recibir más milagros que los que hacen. Muchos de ellos solo han recibido de mi parte apoyo, jamás había pedido un favor y ahora que intenté hacerlo, sus respuestas me han dejado con la boca abierta. El dinero no lo es todo, artistas, el metal es el quinto elemento según las comunidades indígenas, porque es el menos importante de todos.

Primero, a los maestros, a los mayores, mi admiración. A Beatriz González me le quito el sombrero, qué grandeza, qué ganas de ayudar, qué buena onda siempre. A Jorge Ortiz, Luis Fernando Peláez, Álvaro Marín Vieco, Félix Ángel y a la familia Mejía Echeverria, del escritor Manuel Mejía Vallejo, todo el respeto, porque la madurez de una obra es también la madurez del alma, que los impulsó a decir sí, sin titubear. Igual a Victoria Ortiz, Male Correa, Aníbal Vallejo, Juan Ricardo Mejía, Mario Vélez, Jeison Sierra, Rodolfo Sánchez, Gloria Posada, Juan Ernesto Correa y Carlos Marín, buen viento y buena mar en sus carreras que cada vez se consolidan más, seguro porque dan con el corazón.

Al respecto, podría decir que esta es una subasta con artistas consagrados, que tiene gran cantidad de pintores, siguiendo los artistas grabadores y luego los escultores. Es, en su mayoría, arte contemporáneo, reciente, priman los medianos y pequeños formatos. Los precios son definitivamente maravillosos, accesibles, desde casi medio millón de pesos hasta $8.000.000, con la posibilidad de descuentos.

A las directoras de Revista Papel y de Papel Plataforma Cultural Independiente, Catalina Orozco y Giselle Tatiana Rojas, gracias, sé que ha sido una quijotada que las ha metido en problemas, por hacerme caso, pero también les permitirá entender para qué, hace ya dos años, me metí en la locura de crear este proyecto, que hoy ellas guían con sabiduría. Vamos a lograr mucho, vamos a permitirle a Santa Laura un espacio de peregrinación digno, que sea igual de fuerte en turismo cultural como lo es el Parque de Jericó, porque parece que algunas autoridades locales, entre ellas la Iglesia central misma, que ha tratado de empañar este evento, olvidaron que una mujer como ella hizo en estas tierras antioqueñas una obra monumental. No lo digo yo, lo dijo el papa, cuando la nombró Santa, cuando decidió que esa intelectual, porque Santa Laura escribió mucho, casi como Manuel Mejía Vallejo, había tocado a Dios.

A las hermanas Lauritas, GRACIAS, en su Santuario en Belencito me siento tan seguro y tan bien acompañado, que me hubiera gustado ser mujer para tomar sus hábitos, esto se los digo con todo el respeto y cariño.

Los esperamos en Jericó, aunque hay pocos cupos, separe el suyo, solo son 50K con copita de vino de consagrar con fruta (sangría). Sin embargo, pueden donar 40K y ver desde su casa, si no pueden viajar a este hermoso territorio santo de Antioquia, a solo 3 horas y media de Medellín, con atractivos turísticos como su Museo de Arte Religioso, la Casa de la Madre Laura, el Museo Maja, el Morro El Salvador, el Jardín Botánico y espacios increíbles de arte y cultura, que esperan por todos ustedes. Vale la pena escaparse, este fin de semana o cualquier otro, cuidándose y usando el tapabocas, a Jericó, como dice mi amiga Catalina Mesa, cineasta y directora de la película Jericó, el infinito vuelo de los días, es un lugar que te conquista para siempre, parece a veces que no te quiere dejar ir.

Los esperamos en la Subasta.

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