Dos de Medellín y dos de Bogotá

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Inauguración de la exposición DosADos, en Suramericana. Foto de Esneyder Gutiérrez.

DosAdos es una exposición colectiva abierta al público en la Sala de Arte de Suramericana y la Galería del Colombo Americano, que une el talento local con el de creadores capitalinos.

Constante e intensa, así ha sido la relación entre los artistas visuales de Medellín y los de Bogotá. Basta con recordar la participación de creadores antioqueños en la muestra Once antioqueños en el M.A.M., gestada por Eduardo Serrano en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, en 1975; o los aportes de artistas bogotanos en eventos de Medellín, entre ellos los Salones Arturo y Rebecca Rabinovich, entre 1981 y el 2001. Esto solo por mencionar dos episodios de los muchos intercambios conceptuales, estéticos y humanos entre las dos ciudades, que en el presente mantienen vínculos estrechos, evidentes en proyectos como el Salón Nacional de Artistas de Colombia o la Feria Internacional de Arte de Bogotá Artbo

Entendiendo que dicho ejercicio debe ser retomado, cuestionado, reinterpretado; y aceptando que es una posibilidad de ver más allá de las montañas que abrazan las dos geografías, el curador Julián Posada presenta la exposición DosADos, en la que exhibe las creaciones de los capitalinos Luz Ángela Lizarazo y Miller Lagos, junto a las de los antioqueños Jorge Julián Aristizábal e Iván Hurtado. 

Se trata de una muestra dividida en dos espacios: la Galería Paul Bardwell del Colombo Americano, donde están las obras de mediano formato de los cuatro artistas; y la Sala de Arte de Suramericana, en la que las dos duplas exhiben obras de gran formato. 

“La exposición presenta cuatro visiones sobre problemas contemporáneos que los artistas nombran y señalan con un espíritu crítico y reflexivo: corrupción, género y espiritualidad, recursos naturales/ecología y un ideal de desarrollo fallido, reclaman su sitio en estos dos espacios, para establecer un encuentro entre sí y con los otros, o también un desencuentro entre diversas cuestiones que conviven e interactúan en sala”, explica el texto curatorial de la muestra que, de acuerdo con el curador Posada, fue posible gracias al apoyo de Suramericana, cuya Sala de Arte se abrió al proyecto, al igual que el Centro Colombo Americano, donde el director de la Galería, Alejandro Vásquez, se mostró dispuesto a unir esfuerzos y acogió el proceso.

Con entrada libre, gratis, sin costo, usted podrá recorrer esta exposición, que estará abierta en el Colombo hasta el 4 de abril y en Suramericana hasta el 15 de mayo.

En común 

Los cuatro artistas que presenta esta exposición tienen en común un interés por la poética, la política y la reflexión. Siendo cuatro creadores de mediana trayectoria, han participado ya en exposiciones individuales y colectivas en espacios como el Museo de Arte Moderno de Medellín, galerías de la capital o espacios institucionales, autogestionados e independientes de las dos ciudades. 

Actualmente todos están creando obra y demuestran estar atentos a las problemáticas contemporáneas, tanto del país como del mundo. Entonces, desde sus particularidades, se encuentran en la idea de ser “narradores de su tiempo”.

Por otra parte, los cuatro son también creadores en constante indagación de los medios, de las técnicas y los materiales. Han pasado por la pintura, por la escultura, por instalaciones y formatos no convencionales, preguntándose, cada vez más, por la interdisciplinariedad y las múltiples posibilidades que el campo ofrece hoy, cuando no es necesario solo ser pintor, escultor o encontrar figuras repetidas que sirvan a la comercialización de sus creaciones, para llamarse artistas. Los cuatro coinciden en tener discursos potentes, coherentes, que ya que dejan en evidencia con cada nuevo proyecto cómo van evolucionando y madurando sus posturas, sus conceptos, sus puestas en escena. 

En particular 

La artista Luz Lizarazo junto a su obra La piel, en la Sala de Arte Suramericana. Foto de Esneyder Gutiérrez.

Luz Lizarazo examina en sus creaciones la naturaleza, el ser humano y la espiritualidad. Le interesan las especies botánicas, que utiliza para hablar tácitamente de cómo hoy el planeta requiere un mayor cuidado de la vida, en todas sus dimensiones.

En el Colombo Americano, la artista ubicó plantas hechas en vidrio soplado, que buscan los vértices, las esquinas, las uniones de las paredes, que aparecen como si estuvieran brotando de ellas, en una especie de expedición botánica que comunica su interés en el tema de la inmigración, la diferenciación y las hibridaciones. El título de esta serie, elaborada en 2019, es La razón de las plantas.

Detalle de la obra La razón de las plantas de Luz Ángela Lizarazo, exhibida en la Galería Paul Bardwell del Colombo Americano.

Nacida en Bogotá, en 1966 y con estudios de Arte en la Universidad de los Andes y en la Escuela de Bellas Artes de París, Lizarazo se apresura a la espiritualidad, porque cree certeramente en el ser humano como un relato íntimo.

Por ello, en Suramericana, deja ver su pintura en La mente, donde las mariposas y las aves, los grillos y un ser con cuerpo de rana y rostro de lechuza, precisan las relaciones entre diferentes, hablan del género, de la mujer, de los cuerpos, con brochazos libres, sueltos, dando vuelo a la imaginación, al pensamiento. Es un acrílico sobre papel de 600 X 150 cms, elaborado en 2019. Además, exhibe La piel, un bordado sobre mosquitero de 180 X 220 cms, hecho en 2019,cuyo soporte se refiere a lo velado, las rejas, las jaulas, lo que se ve y no se ve, sirviendo como lienzo a la figura de una mujer desnuda, con seis senos, rodeada de cientos de especies, sobre todo insectos. Está presente allí un discurso sobre la procreación, sobre el papel de la mujer como quien da la vida, acentuado en que el hilo elegido haya sido de color rojo, como la sangre, como la vida y la muerte. 

“En uno habita lo que se necesita para ser y hacer”, ha dicho la artista. 

El artista Miller Lagos junto a su obra Fuentes, en la Sala de Arte de Suramericana. Foto de Esneyder Gutiérrez.

Miler Lagos tiene preguntas sobre la naturaleza, la transformación de los entornos, la vida y los problemas ambientales. Es el que más evidencia un interés en explorar con materiales diversos. Ha manifestado que cuestiona la construcción de la realidad que los seres humanos construyen a partir de la apariencia, tomando como base la forma de las cosas, dejando de lado, muchas veces, interrogantes sobre esos objetos. 

Este creador cursó estudios de Bellas Artes e Ingeniería Mecánica, como bien se ve en sus obras que combinan ambas disciplinas. Un ejemplo es que, en Suramericana, exhibe estructuras de madera, más precisamente cuatro columnas (una de 1,6 metros, otra de 1,8 metros y dos de 2,2 metros), que asimilan el correr de chocolate caliente, derretido, como el de las fuentes en las que se bañan las fresas. Con esa instalación, que tituló Fuentes, elaborada en el 2015, presenta una reflexión sobre los recursos naturales, sobre la transformación de los mismos y hace énfasis en que lo que da la naturaleza no es infinito, que esas “fuentes” que tiene el mundo, igual que pasa con las fuentes de chocolate, se acaban, se secan, no brotan más. Paralelamente, mientras da un discurso que demuestra su conexión con el ambiente, hace homenaje a Constantin Brancusi, el escultor de la Columna sin fin, adentrándose a contar la historia del arte desde su propia creación.

Obra Fragmentos de un camino real del artista Miler Lagos en la Galería del Colombo Americano.

Bogotano, nacido en 1973, Lagos está interesado en explorar con materiales, desde el hierro y el mármol hasta el petróleo. Dice que le interesa analizar la realidad desde cada escultura, como lo deja en evidencia la pieza Fragmentos de un camino real, hecha este 2020, que ubicó para esta exposición en el suelo de la Galería Paull Bardwell del Colombo. Se trata de una geografía en papel de algodón, con un río en el centro, de color negro, viscoso, hecho en recina, abrazado por cuestas que ha formado con el papel, absolutamente blanco, solo manchado por ese afluente, como una poesía de la contaminación de las fuentes de agua, divida en tres escenas. 

El artista Jorge Julián Aristizábal junto a su obra Laberintos, en la Sala de Arte de Suramericana. Foto de Esneyder Gutiérrez.

Jorge Julián Aristizábal es un artista decididamente político. Nació en Medellín, en 1962, aunque su formación la cursó por fuera de su ciudad, recibiendo licenciatura en Bellas Artes de la Escuela de Arte y Diseño Otis Parsons (Los Ángeles, Estados Unidos) y el grado de magíster de la Universidad Goldsmiths (Londres, Inglaterra).

En esta exposición exhibe el desarrollo de un proyecto que ha titulado Laberintos, creado desde 2019, cuyo nombre lo construyó usando las mismas letras que componen la palabra “Interbolsa”. Ese anagrama lo usa porque un día, en el supermercado, una víctima de la crisis que generó en el país la comisionista de bolsa Interbolsa decía que no había podido comprar las salchichas, porque no le alcanzaba. Así, Aristizábal pensó en los embutidos, en las salchichas, como una metáfora que le permite hablar de los afectados por la corrupción en Colombia.

Instala entonces, en Suramericana, un letrero de letras individuales, de pie, con salchichas pegadas, con la palabra “laberintos”, muy al estilo de los nombres para selfie que hoy ponen en los eventos las marcas, buscando que los asistentes se tomen una foto con esas grafías. Está hecho en hojalata metálica y resina, mide 2 X 1,5 mts, y en el suelo, justo al frente, lo acompaña con una caja de unos 20 centímetros que tiene salchichas de verdad, como si realmente se tratara de una parte de un stand de la marca de embutidos “Laberintos”, cuyo eslogan es “la salchicha de las víctimas”. Es que el humor está presente en constantemente en la producción artística de Aristizábal.


Laberintos, de Jorge Julián Aristizábal en la Galería del Colombo Americano.

A su vez, en el Colombo Americano, el público puede apreciar los diseños de la instalación en hojalata que hay en Suramericana, los prototipos de las cajas de la marca, así como un lote de las cajas armadas, como si estuvieran en la bodega, listas para salir a ser distribuidas, instaladas sobre estibas de madera. Sobre ellas, un aviso que dice: “en los laberintos del poder habita la corrupción”.

El artista Iván Hurtado junto a su obra Geometrías permeables, en la Sala de Arte de Suramericana. Foto de Esneyder Gutiérrez.

Iván Hurtado (Medellín, 1970) deja ver un interés recurrente en el tema de la memoria. Ha hecho ya reflexiones al respecto en varias vías: el olvido de la memoria histórica, la negación de los próceres que están en las plazas y parques del país, la eliminación de edificios históricos para construir nuevos, entre otras. Su pregunta central es por el espacio, lo que tiene que ver con su formación como arquitecto urbanista, en la Universidad Pontificia Bolivariana, que ha complementado con estudios visuales, en instituciones como la Fundación Armando Alvares Penteado de Sao Paulo, Brasil, donde estudió artes plásticas.

La geometría y el color son también parte vital de su obra, desarrollada en gran parte a través de la pintura y la escultura. 

Un ensamble de madera, pintura, bronce y mármol, llamado por el creador Sin título, hecho en 2017, se ve en la Galería del Colombo, como una expresión de homenaje a los relieves que han sido instalados en el país en edificios y plazas, como relación entre arquitectura y arte. La mezcla de azul y verde con madera, además de mármoles grises, contrasta con las texturas propias de los materiales. Es una sobreposición de geometrías, que entretejiendo sus diferencias da paso a una nueva experiencia visual, a una geometría de gran formato fijada a la pared. 

Detalle de “Sin título”, de Iván Hurtado, en la Galería del Colombo Americano.

Para Suramericana llevó Geometrías permeables, una escultura cuya estructura fue hecha en hierro pintado de color azul y está acompañada por telas de lino. Es una obra de 6 X 2 X 1,9 mts, de 2019, en la que el creador se ha dado a la tarea de repensar la escultura tradicional, con un cuestionamiento a los límites entre el arte y el diseño. 

Ese azul de la estructura es una línea de color, como las líneas que sirven a la arquitectura, mientras que la forma completa da también la idea del andamio en la construcción. Es como si a través de líneas invitara a imaginar una casa, encerrando un espacio, delimitando el adentro y el afuera. Como si fuera poco, los linos son unas banderas, que marcan el territorio como lo han hecho, a lo largo de la historia, quienes creen decir todo sobre lo simbólico que es tener un lugar. Es un lugar que no oculta el adentro, en el que está todo visible, así solo haya allí vacío.

Comentario final

Finalmente, vale decir que en esta exposición el curador propone la libertad de los artistas y las obras, así como la del espectador al encontrarlas contrarias, en tensión o con intereses opuestos, al permitir que se vea primero cualquiera de los dos espacios y las creaciones en el orden que cada quien decida, porque no hay una serie de indicaciones de qué ver primero o de hacia dónde mirar después. Por eso, señala que cada una de las piezas es un “ente autónomo que, como en el mundo, convive con las demás para construir un ecosistema”. Así, concluye que los cuatro artistas: dos de Medellín y dos de Bogotá, “desde la diversidad de sus proyectos, articulan un espacio utópico, espacio-público-deliberativo, en el que lo colectivo se nutre de lo individual y viceversa”.

Compartir artículo

También podría interesarte

Autorretrato de Oscar Jaramillo
Arte y Crítica

Óscar Jaramillo: enorme

Una exposición, en el barrio Perpetuo Socorro de Medellín, rinde homenaje al artista antioqueño Óscar Jaramillo.

Calle

¿Por qué San Lorenzo?

La intervención de Beatriz González en el Cementerio de San Lorenzo tiene una historia divina y otra humana. La comparto con mi ciudad, con mi

Deja una respuesta