El paisaje en cinco pintores: flexiones e inflexiones estéticas

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Open Studio

Entrevista a los artistas de Open Studio que busca cubrir y abarcar desde un mismo enfoque, las perspectivas de cada uno de ellos.

A partir del viernes 12 de febrero se inició la muestra que se titula: Open Studio, en la cual cinco artistas exhiben sus obras, referentes al paisaje.

La muestra estará abierta al público este fin de semana: 12, 13 y 14 de febrero, y el otro fin de semana: 19, 20 y 21 del mismo mes. En el horario de 12:00 m. a 8:00 p.m.

Para los interesados, la dirección es Bodega en el Km2 Vía San Félix, sector El Kiosko. Para mayor información, comuníquese en el teléfono: 3117625000.

A continuación, las respuestas de los cinco artistas protagonistas de la apertura a cinco mismas preguntas.

Preguntas:

  1. Partiendo del momento de la iniciación, la necesidad y la provocación de inclinar y llevar su vida hacia el arte o las artes: ¿En qué momento se le reveló a usted esa condición y le dio ese carácter?
  2. ¿De la indicación del paisaje, de su descubrimiento quemante, de dónde se le muestra, se le evidencia o no a usted el paisaje, su paisaje y cómo lo dimensionó y por qué?
  3. ¿En qué momento, medida, escisión o le es inescindible en lo que hace, la relación indestructible o no de la relación de lo que llama usted naturaleza (physis) y el paisaje, para qué, qué intención tiene?
  4. Desde su estética (estructura), de la manera cómo abordó el tema paisaje, ¿qué puede decirnos, es necesario o no estetizar el paisaje o poseerlo de manera obsesiva, como o desde que lo hizo?
  5. Qué se propuso, cuál es el propósito, qué busca o no comunicar al espectador con estas obras, ¿qué le llevó a participar en esta muestra: Open Studio, y que proyecta su obra en ella?

Jhon J. Bedoya

1.

Esa necesidad del arte que se inicia con dibujar, rayar o tomar un pedazo de barro y hacer figuras se dio desde niño.

Pero, esa condición de artista es para mí una construcción en el tiempo, en el cual se va formando el carácter, especialmente en lo referente a la técnica que es la que va revelando quién es uno como artista y qué quieres que vean en tu obra.

2.

El paisaje se me muestra de dos maneras: primero desde la libertad de creación artística, que me permite la representación de la naturaleza y en ese sentido, el paisaje como concepto es una construcción cultural, donde podemos reflejar nuestras percepciones.

Ahora bien, el paisaje es siempre cambiante, móvil, fugaz y, por lo tanto, esa construcción que se hace del paisaje me obliga a una mirada atenta sobre ciertos lugares de la naturaleza donde encuentro eso que usted llama “descubrimiento quemante”.

Este segundo momento se evidencia en mi trabajo y en la manera como construyo la imagen. Yo busco es la representación de “un lugar” donde pueda convertir la contemplación en un carrusel de emociones adversas, atracción y repulsión al mismo tiempo.

3.

Esa relación naturaleza (physis) y el paisaje es inescindible porque el paisaje es móvil, cambiante, se transforma constantemente y en ese sentido, el paisaje hay que buscarlo, construirlo. Y se construye precisamente no solo desde la mirada sobre ciertos lugares de la naturaleza, a la propia naturaleza interna (igualmente cambiante) se le suman otros paisajes, el entorno social y político desde donde surge. Yo pinto con todo el cuerpo.

4.

El paisaje es ya una ‘estetización’, pero también es la emergencia de otros paisajes que enfocan la mirada, como lo son el paisaje social, cultural, político y la siquis humana, donde lo bello no es necesariamente el enfoque.

Desde este último le pongo este ejemplo: Luis Alfredo Garavito es considerado el mayor depredador sexual de niños en Colombia y del mundo. Sepultó a muchas de sus víctimas en lugares de la naturaleza donde permanecieron ocultos por años. Esa facultad que tenía Garavito para hallar el lugar perfecto de ocultamiento, de silencio para no ser descubierto fue una tarea racional, consiente, premeditada que evidencia con alevosía su maldad, alejada de su discurso irracional de estar poseído por entes espirituales malignos al momento de asesinar. Garavito conocía muy bien el territorio donde estaba, sus paisajes y “lugar predilecto”, fue su obsesión también el paisaje. ¿Garavito era un paisajista? Por supuesto que sí. En este sentido, lo que quiero decir es que el paisaje se posee de manera obsesiva y en Colombia, son muchos los ejemplos donde el paisaje es protagonista de nuestras más grandes tragedias como sociedad. Pues es el “lugar” donde ocurre el asesinato, la fosa, la guaca, la desaparición, los restos, el escondite, la emboscada.

Yo asumo el paisaje de manera obsesiva, porque busco representar “el lugar” para dar cuenta de una realidad que, como país, a mí me conmueve y que es la violencia que se vive.

Al que se busca para representar o construir en él, nuestras percepciones. Para mi “el lugar” es encontrar belleza donde no la hay, para evidenciar el paisaje que somos.

5.

Open Studio es un encuentro entre amigos artistas que buscan reactivar el arte y llevar el espectador hacia el taller de arte.

El artista está acostumbrado a los confinamientos personales como tarea de creación, sin embargo, la pandemia nos alejó de los espectadores y de su relación inmediata y directa con las obras.

Este encuentro lo que busca es volver a retomar esa función del arte, de dialogo y de intercambio de experiencias y de visiones y que mejor lugar para hacerlo, que desde el lugar mismo de confinamiento que es un taller o estudio de arte.

Paulo César David

1.

La inquietud se originó con el encuentro de los materiales plásticos que se trabajaban en la escuela primaria (plastilina, colores, temperas, rayones, papeles, etc.) que me permitían experimentar y desarrollar ideas desde la intuición y los sentimientos.

2.

El concepto de paisaje lo comencé a indagar cuando estudiaba en la universidad Artes Plásticas; me ha interesado la idea de la tridimensión y el juego ilusorio que diferentes artistas han desarrollado a lo largo de la historia del arte para dar la idea de espacio.

Veo el paisaje como un pretexto para aplicar conceptos plásticos (color, forma, armonía, etc.), es una plataforma para dar mi versión de espacio ilusorio, pero alejado de la copia fiel.

3.

Me ha parecido importante en el proceso creativo la tensión que existe entre el momento donde la ideas e intuiciones acerca del espacio que aún no tienen forma física comiencen a hacerse reales con juego con los materiales que me dirigen a aciertos y desaciertos formales y van gestando el concepto espacial.

4.

El Paisaje lo siento como límite, una pregunta; es indagar acerca de lo que está afuera de nosotros como espectadores. Es un encuentro, un desencuentro.

5.

Básicamente pretendo con mi obra abrir campos de comprensión en la relación del ser humano con el paisaje y la manera como es transformado, manipulado y resignificado.

La muestra Open Studio la veo como la oportunidad de establecer un dialogo y una reflexión fresca entre las propuestas de un grupo de amigos en torno al Paisaje.

Ilvar Josué Carantón

1.

Tal vez no se es consciente de esa revelación, ni siquiera se busca.

Los años, las experiencias y las reflexiones cotidianas van creando una base de datos durante la vida que es inevitable el momento de cruzar y triangular esa información para sacar conclusiones.

La vida con el paso de los años, al menos, en estas sociedades llamadas de tercera y cuarta categoría, va develando la ausencia de prospectivas y el desencanto se torna en el estandarte para enfrentar la parca. Y en ese trayecto que queda por transitar necesitamos expresar el malestar que nos ha ocasionado el vivir, el ocupar un espacio geográfico, el compartir unas características culturales, el haber sido dóciles y estúpidos ante los abalorios y los espejitos que nos brindaba la sociedad de consumo.

Tal vez, sea una rendición de cuentas por el desencanto que produce la farsa en la que estamos imbuidos, una sociedad vacía de contenidos y mínimos para la convivencia, una sociedad individualizada y egoísta donde la inmediatez y la ganancia económica son los factores de éxito.

Ya no hay nada que perder, por eso echamos los restos. Con el desencanto a cuestas comencé a recorrer los caminos y senderos de los bosques andinos y los páramos, como una forma de oxigenar la mente, pero también con la posibilidad de dejar un registro fotográfico como testimonio de que esos parajes existieron y como constancia de lo importante que fueron para los ecosistemas.

Esa mirada a las imágenes fotográficas se fue transformando al entender la complejidad del recorrido que hacen las aguas que nacen allí y van dando vida en su camino al mar.

Entonces, la pintura reaparece con un cromatismo fuerte y con unos contrastes de color que la hacen llamativa, no son obras miméticas que intentar representar la realidad sino una excusa para construir reflexión y contenidos de lo que nos está pasando. Y es desde el arte desde donde se puede comenzar a construir las trincheras para la batalla final, para devolverle el campo de batalla a las expresiones artísticas las cuales fueron secuestradas y coaptadas para darle beneficios y frutos a los poderes hegemónicos.

En esa reflexión entendí que, si no es desde allí, todo se perdió.

2.

La dimensión estética que produce el caminar por los páramos es una sensación única. Te sientes en el techo, miras hacia arriba y solo está el cielo, ya sea azul o con la niebla que no permiten ver más allá de dos metros, también se tiene la posibilidad de observar los frailejones que aparecen y desaparecen bajo el manto lechoso, y mirar hacia abajo y observar que abajo hay nubes, no todas están arriba.

Ese encuentro con la montaña y el respeto por ellas, el pagamento para poder visitarlas, el complemento con la vida y las especies. Entender y conocer la cadena de valor que una gota de agua atrapada en la sedosa piel de una hoja de las espeletias, la cual puede producir, en su camino al mar, un torrente capaz de arrasar o dar vida a comunidades enteras.

Comprender lo ecosistémico cromático producto de las aguas que caen y ruedan por las montañas, llenando de colores, en flores, aves, y demás especies que lo conforman, entonces se torna necesario replantear lo cromático evidente y conocido para llevarlo a lo que pudo o no pudo ser posible. Observar cómo el agua se torna en ese recurso de la vida que cotiza en bolsa, mirar con desdén a esos miserables que gobiernan estos países, vendiendo y negociando con los recursos al postor que sus actividades corruptas les indiquen.

Los recorridos de las aguas han sido alterados y negados ya sean por supuestas concesiones mineras o por represas o por potentados que se apropian de lo público y hacen uso exclusivo de los recursos.

Entonces, hay que devolverle al arte ese rol cuestionador, contestatario y visceral que le quitaron las mismas corporaciones que lo consumen, para desligarlo de cualquier carga política que contenga y negarlo en las sombras de la palabrería y el comentario soso de los medios masivos y en la cabeza de generaciones para las que todo está bien y todo podrá mejorar.

3.

Las intenciones del arte deben ser desde lo estético, lo ético y lo político; cuestionar, llenar de contenidos las representaciones o imágenes que produce, si no es así, es solo muñequería e ilustración para potenciar egos y efímeros esplendores.

En el barroco el bodegón se convirtió en el ejercicio pedagógico que permitió a todos los habitantes de la época entender la finitud y la descomposición de la vida.

Ahora, lo ecosistémico ha desaparecido para darle paso a lo productivo a gran escala, la eliminación de bosques nativos para ampliar la llamada frontera agrícola ha permitido que grandes extensiones sean destruidas para construir un paisaje monótono y repetitivo con los monocultivos. La conciencia crítica se perdió en los vericuetos de los idiotas útiles amangulados en organizaciones animalista, vegetarianos, verdes y un sinnúmero de divide y reinarás.

Cada quién dice tener la razón, pero sólo es una pieza del engranaje que vuelve cretinos a los sujetos.

La relación naturaleza-paisaje está ligada culturalmente a las particularidades que tiene la vida en el campo, resulta sencillo establecer diferencias entre el modo de vivir de los campesinos o pastores ya que el entorno natural, el trabajo con la tierra y las labores con animales forman parte de un entorno campestre.

La exaltación de la forma de vida que se lleva en un campo, se llama bucolismo, el adjetivo deriva del latín bucolicus aunque tiene orígenes en la lengua griega, refiere al género literario que narra situaciones propias del devenir en las zonas rurales, estas épocas de crisis de las formas de convivencia, puso en evidencia la estrecha relación de la sociedad con el entorno campestre o rústico. Ese ideal soñado es la principal característica del arte bucólico es la presentación de la paz propia de las regiones campestres, tranquilidad asociada a la pureza y a la ausencia de vicios característicos de las ciudades.

4.

El paisaje representa una amalgama de subsistemas que se armonizan y cohabitan en un aparente equilibrio.

Tratar de entender los lenguajes que establecen las distintas variedades nos dan un ejemplo de solidaridad, pero a su vez de formas parasitarias de existir, de establecer alianzas, de definir lugares y condiciones mínimas para sobrevivir, nos brindan en formas, colores, y en la cantidad de variables las estrategias que requieren para reproducirse y conservarse como especie.

Entender los ritmos aparentemente caóticos o las presencias de las series Fibonacci, nos llevan a adentrarnos en movimientos y formas que ayudan y potencian la expresión plástica y cromática.

Esta simbiosis de color y de contrastes revitalizan los lenguajes plásticos y las maneras de utilizarlo creando una variedad infinita de usos y abusos.

Obsesivo se torna cuando se intenta ir más allá de una simple representación o mímesis, las posibilidades son más complejas y exigentes y nos llevan a lugares insospechados, es poseerlo en su esencia.

En apariencia, es un simple paisaje, pero en realidad es el entrecruzamiento de distintas formas, tensiones y composiciones las cuales se deben dominar para lograr una armonía y un equilibrio que a nivel cromático funcionen dentro de un espacio.

Los entramados constituyen un reto, las formas otro y así se llega a seguir experimentando en los vericuetos de las técnicas y las tensiones que hacen que la composición el ritmo y la armonía adquieran en las formas de aplicar el color los nuevos lenguajes necesarios en la plástica.

5.

Los propósitos son comunicativos, reflexivos, pedagógicos y nostálgicos, no por bucólicos sino por ausentes.

Tener la experiencia de adentrarse en una chamicera, no encontrar el camino, perderse, sentirse encerrado y sin caminos para salir, hacen que el escenario se convierta en un referente para pensar la cotidianidad, son enseñanzas desde lo que queremos eliminar, los elementales.

La reflexión en torno a la tecno-fascinación y la lucha perdida de la especie, frente a las tecnologías. La pregunta de si todo tiempo pasado fue mejor, en este mundo en crisis y sin sentido.

La muestra es el reencuentro de los amigos para confrontar un mismo tema con distintos lenguajes, es abrir espacios distintos de los municipios a los procesos culturales; es reactivar y entender las dinámicas de la plástica en escenario no asépticos ni llenos de protocolos sociales; es dialogar en el taller que está abierto para que la comunidad se integre a ese espacio casi siempre hermético para los profanos. Es abrir la casa para la visita.

Germán Benjúmea

1.

Definitivamente muchos de nosotros tenemos génesis similares: Comenzar desde temprana edad, descubrirse con el paso del tiempo, rotar por diferentes experiencias, superar las frustraciones. Cerca a los 16 años comprendí que eso era arte, expresión y libertad. Tomé la decisión entonces de “revelarme” o mejor dicho “rebelarme” y dedicarme al arte, la cultura, la educación y la creatividad.

2.

La geografía humana, el paisaje cultural, la apropiación del territorio, el canto de la montaña, el color del camino que araña el suelo, las improntas de las historias sobre la corteza de la ladera, del valle y de las piedras.

Porque vivo el territorio, lo siento y lo interpreto en función de las personas, a pesar que soy consciente de otras existencias como la flora y la fauna, me atrapa, la gente, el viento, el olor, el sabor y los acontecimientos encima, debajo y dentro del territorio representado.

3.

Cada instante, cada lugar, en medio del contraste entre el ruido interior y el exterior, la luz y la oscuridad, la mugre y la veladura de la sociedad automatizada y “esnobista”.

Mi libreta se llena de notas, gestos y colores. Es inescindible de mí, porque se convierte en mi bitácora íntima. Paisaje emocional, nostálgico, sencillo, y rutinario.

La naturaleza del tronco del árbol y su textura se asemeja a las arrugas del rostro de mis ancestros y las mías con mucha realidad.

4.

Creo en la prosaica, en el rizoma de lo cotidiano. En el poder del color naranja de la tarde y la frescura de los miles de verdes contrastados con purpuras y azules. Creo en los colores metalizados que refleja la luna en la corteza del árbol, en fin…

El paisaje no le pertenece a nadie. Sólo es paisaje que se reconstruye cada milésima de segundo, nunca es el mismo, siempre cambia… ¿Cómo poseer algo tan sublime?

5.

El espectador – receptor comprende este tipo de eventos desde sus propios presupuestos y acumulados cognitivos y experienciales.

Así es que mi propuesta es sencilla: quiero compartir con nuestros invitados la experiencia de tener que viajar por las carreteras enclavadas en las montañas de la cordillera, es decir, que el espectador antes de entrar al espacio a ver las obras, haya visto, olido, sentido como sube los pisos térmicos del Valle de Aburra para llegar a una bodega industrial que desmitifica el cajón blanco elitista de la galería o del museo.

Casi siempre las muestras artísticas son excusa del artista (o mejor, productor de este tipo de bienes simbólicos) para confrontar sus errores y sus aciertos, celebrar la casualidad del encuentro con otras miradas. Dialogar con propios y extraños en un espacio abierto, gratuito y fresco, alrededor del sabor y aroma de un buen café.

John Jairo Muriel

1.

Esa condición se me revela desde mis primeros años de la existencia, en la vereda nativa, donde la observación y la comparación de los espacios naturales me van mostrando caminos de interpretación del paisaje local.

Luego en la academia se inicia un proceso de indagación con las herramientas, lenguajes y símbolos que ofrece la pintura en los procesos artísticos y de investigación.

El trabajo se fue afirmando con las experiencias de carácter social, relaciones interpersonales y de los espacios vividos en Colombia y otros lugares fuera del país.

2.

Ese paisaje se revela en la esencia de un trabajo plástico que funge como metáfora de nosotros mismos, de nuestra naturaleza humana y de profundas inquietudes existenciales.

En los gestos y caligrafías podemos reconocer a la pintura como reflejo de la existencia humana, que de un modo analógico se debate entre lo corpóreo sensorial y lo emotivo espiritual.

En estas pinturas encuentro que devienen de mis experiencias vitales y trascendentes; operan como expresión poética del tiempo, del espacio y de las formas. Mi pintura, al igual que el ser humano, tiene su propio cuerpo y su propia alma, sus propias metamorfosis, sus propios cambios o reinvenciones.

3.
Cada imagen es la materialidad de un momento eternizado que viene de la naturaleza y pasa por el proceso de construcción del artista, dando como resultado un trabajo plástico revelador y sugestivo que se concreta en mi paisaje.

Una voluntad pictórica paradójicamente racional e instintiva que da a luz problematizaciones plásticas como: la representación de analogías visuales de tiempo y espacio, la materialización de estados de conciencia, de paisajes imaginarios, de mapas mentales, la transformación simbólica de la materia o de la realidad, y la presentación de nuevas realidades que trascienden la mímesis (ya que se transmuta dicha realidad para crear una nueva).

Con frecuencia estas imágenes instauran mensajes crípticos que aluden a una sintaxis y a una semiosis ilimitadas. Surgen como umbrales de formas y colores habitantes de un no espacio o no tiempo que acentúa el carácter evocativo de la pintura.

4.

Hay que poseer el paisaje para entenderlo, para reconstruirlo y asegurarlo. Mi paisaje, reflejo de la esencia y el espíritu del artista. Deconstrucción de la naturaleza (macrocosmos), y también de la naturaleza humana (microcosmos), ésta última es expuesta en múltiples facetas; surge en el trabajo como reflejo elocuente y poderoso del universo.

Todo esto se devela en el crisol de una paleta pictórica, en el andamiaje estructural del dibujo y la forma, en la orquestación de conceptos y misticismos plásticos (ideas e ideales, nostalgia, contemplación y meditación) son referidos en la forma de imágenes, casi a la usanza de los románticos del siglo XVII.

5.

Asistimos al espectáculo de diferentes planos de la realidad cuyas veladuras y pieles se traslapan o se yuxtaponen. Parcelas de tiempo se entrecruzan, diversas atmósferas colisionan y se combinan con el sentido de vivencias significativas.

Misteriosas y rutilantes luces se nos exhiben con su inminente poder de silencio o eternidad. Surgen objetos o formas disímiles cuya existencia callada ejerce sobre nosotros un gran influjo del que no nos podemos sustraer; nos conmueven o nos deleitan.

Este es mi aporte al colectivo que se conformó con base en un tema recurrente en la historia del arte (El paisaje) y por la gestión de uno de los integrantes.

En la obra de Open Studio, la contemplación es privilegiada mediante impredecibles sensaciones, los sentidos se regodean a partir de la percepción de diversas temperaturas, de matices contrastantes o de cálidos signos, lo orgánico es hibridizado con lo inorgánico.

Compartir artículo

También podría interesarte

Deja una respuesta