¡Feliz cumpleaños, maestro Botero!

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Así se “repartieron la torta” del cumpleaños 90 de Fernando Botero en Medellín. Parece una performance, sin embargo fue real.

Decía el maestro del Periodismo colombiano, Javier Darío Restrepo, rector de la Ética Periodística, director del consultorio ético de la FNPI, que los trabajos más difíciles de escribir en este oficio eran los que tocaban asuntos morales, éticos o sentimentales, pero que debería haber más periodismo que nos pregunte cosas. Que este país necesita mas crítica desde el periodismo y sobre todo necesita debatir lo que somos como sociedad. En esencia, para mí, ese es el periodismo cultural: una pregunta por lo que somos, por lo que deberíamos ser y por cómo estamos haciendo las cosas para “ser una mejor sociedad”.

Se lo pregunté cuando hice la investigación sobre la implosión del Edificio Mónaco en esta ciudad, que me trajo tantos problemas.

Con su ejemplo, y con lo poderosa que fue su respuesta sobre algún personaje en común, quise escribir este texto como una serie de posturas sobre cómo actúan algunos antioqueños, cómo somos una raza en la que hay varios tipos de egocéntricos y de interesados, que es lo que puedo decir hoy de una parte del empresariado antioqueño, después de seis meses de reportear este tema.

Al hecho, esta vez, llegué inocentemente. Sin querer, me di cuenta de la manera de operar de los organizadores de esta fiesta de cumpleaños.

Quise escribirlo como un ejercicio de crítica de arte, pero también de crítica social, cuando siento que más necesitamos entender cómo actuamos frente a la realidad y reflexionar sobre qué tanto la pandemia nos mostró lo mucho que el arte colombiano necesita recursos para poder salir adelante.

Hoy tenemos una de las inversiones en cultura con más reducciones en la historia de la ciudad, por ejemplo. Invertimos menos del 1,2% del presupuesto municipal en arte y cultura. Aunque, paradójicamente, parece que hay mucha plata en el sector privado y que hay quienes saben “mover los hilos del poder” para quedarse con ellos. Lo malo es que no comparten.

La mayoría de las pruebas que tengo hoy están en la nube, disponibles, conseguidas con buenas fuentes que he construido en estos quince años de trabajo. Mujeres maravillosas en las empresas paisas: gracias por esos “off de récord”. Ellas no tuvieron miedo de denunciar y de contar lo que pasaba en las juntas directivas, lo que pasaba en el silencio de lo privado, con un bien público como lo es el arte y un patrimonio local como lo es Fernando Botero con su obra volumétrica y muy famosa.

Empecemos…

El Colombiano es una empresa, un medio que tiene además de una planta de periodistas una empresa dentro, que mueve miles de millones al año. Ni hablemos del Grupo Trebol Comunicaciones.

Hablemos de la gestión, mejor, como un ejercicio público, que se hace con privados, pero que se supone está pensada para la gente y también por el arte y la cultura, en este caso. O así lo venden algunos cuando van a pedir recursos. En mi paso por el Ministerio de Cultura recibí a muchas señoras “gestoras” que con presiones querían buscar recursos.

Ahora, lo que sucedió en el cumple de Botero fue sencillo y está jurídicamente bien sustentando. Me dice un amigo abogado que la alianza hecha entre los tres actores privados “es legal, horrible y triste, pero legal”.

Entonces, captar dinero a nombre de un artista se puede hacer si él lo permite (y yo no sé si el maestro Botero y la querida Sophia su esposa sabían que así lo harían), pero además sé que este tipo de contratos se pueden hacer con muchos fines, puede ser uno benéfico o puede ser uno personal, lucrativo.

Y este ejercicio, que fue un ejercicio lucrativo, para mí, estuvo muy mal. Aclaro que en esta columna estoy haciendo uso de mi libre expresión y de mi trayectoria como periodista cultural; es esta mi opinión personal, como profesional que asesora proyectos culturales. Ningún asesorado, medio o empresa con la que tenga alguna relación laboral se acoge a lo que digo.

No me parece bien que dos privados, un periódico y una empresa de relaciones públicas, le pidan 150 millones de pesos a diez empresas, es decir que quieran conseguir la medio bobadita de mil quinientos millones -1.500.000.000- de pesos, pero no le den nada a un Museo, donde además hicieron la fiesta.

Antecedentes

A través de una foto en el Instagram de la entonces ministra Mayolo, me di cuenta de que, en El Colombiano, se reunieron las señoras: la ministra, la directora de Trebol Comunicaciones, la directora del Museo de Antioquia y la directora del Museo Nacional, y definieron cómo en Medellín se partiría la torta por los 90 años del maestro Botero, el artista vivo más famoso de Colombia, un ícono salido de Medellín que vive en Italia y tiene un Museo de base en su tierra paisa, con el que es muy generoso.

Me encantaría que se lean el artículo de la maestra Sol Astrid Giraldo, precisamente en El Colombiano, titulado “El infinito deseo de Botero”. En Generación, suplemento cultural dirigido por la maestra Mónica Quintero.

Así podrán comprender que en Medellín hay una historia tan fuerte con Botero, que empresas grandes dieron, acudiendo a que era para el maestro Botero y su Museo, 75 millones, otras 37, dicen que la Gobernación hizo un contrato por 499 millones…

Tal es el amor por el maestro Botero que El Colombiano se dio cuenta de lo generosos que serían todos los empresarios este año, ante el hecho artístico más importante de Medellín este 2022, que se metieron en el negocio.

Cobraban “vinculaciones” , como el cover de la entrada a la fiesta de Botero, y la plata llegaba directamente al Periódico.

Aquí el lío: la directora del Museo dice ahora, seis meses después de ese magno evento social, que no sabe cuánto recogieron y que no le dieron ni un peso. Le dijeron que le daban un plan de prensa y con eso quedaba bien.

No sé si hubo un ejercicio de ingenuidad versus “avisapamiento” paisa, porque eso me parece triste, ya que los gestores no deberíamos ser bobos. Y menos en una cultura como la nuestra, la de los “más avispados” del país.

La directora no sentía que ella podía hacer sola la fiesta y por eso aceptó. Trebol y El Colombiano le propusieron este “buen negocio” y ella dijo que sí.

¿No se dio cuenta de que había mucha plata de por medio?, dice ella que el Museo estaba sufriendo en ese momento todo el peso que trajo consigo la crisis de la Pandemia de la Covid-19. No pensó, aparentemente, que toda la ciudad quería cantarle el cumpleaños al “patrón” del arte antioqueño, colombiano y latinoamericano. El que más vende obras de arte y el que las vende más caras.

¿Cómo una ciudad que se dice la nueva maravilla de Latinoamérica celebra el cumpleaños del artista y su Museo no se beneficia directamente?.

Esta es una pregunta sobre la gestión de la cultura y al mismo tiempo sobre la ética, volviendo al principio, porque no es ilegal, ante los ojos de la ley, pero no sé si sea ético ante los ojos de nosotros, de un periodista como yo, que no quiso terminar en el medio de tanto poder y que acaba de descubrir esto sin estarlo buscando. Solo abrí una pregunta y la respuesta me tiene con la boca abierta.

Creo más que nunca que el problema es que esta cultura paisa siga creyendo que el arte se instrumentaliza y se usa así, para ganar dinero y no para transformar el alma.

¿Aplaudimos todos por una cantada de cumpleaños que no le dejó a la gente más que un acto elitista con toda la “socialité paisa”?

Si hubieran transformado vidas con el cumpleaños de Botero, no diría nada. Me alegra que la gente gane dinero, pero no aplaudo cuando el arte colombiano no se beneficia y tengo amigos artistas que en la pandemia produjeron cero pesos. No sentí tampoco a la gente de la calle, de a pie, conectada con la celebración.

Esa “derrama económica” ¿Por qué no permeó al sector? Así no se hace, para mí, gestión cultural.

Después de darme cuenta de este caso vuelvo a pensar en Javier Darío y en que debemos aceptar que buscar recursos para un proyecto pasa por lo humano y aquí está clara nuestra debilidad humana ante el dinero.

Es como si en la pandemia no hubiéramos entendido que el dinero no lo es todo. Mucho hablaron los empresarios en pandemia sobre la cultura, pero que triste ver que es así es como la usan, como piden plata en nombre de un artista para hacerse ricos ellos y no para que el pueblo se haga rico de conocimiento.

Que pena dañarles la fiesta, lo siento mucho, pero es que parece una performance… Un Museo pobre y casi quebrado que no recibe un peso en el cumpleaños de su artista más importante.

¡Que velada más triste y aburridora!

Me puse a investigar esto y cada que pregunto un dato me sorprendo más… Le pidieron plata a decenas de empresas y los honorarios que se cobraron algunos no los podrían creer.

Les dejo la carta de respuesta de los involucrados, los pantallazos de los chats, si quieren el PDF con el que pedían la plata me escriben un correo y se los mando: grajalestabaresdaniel@gmail.com

Sin ser el ejemplo de ética en nada, porque no lo soy y no me interesa serlo, no soy un referente de nada, soy solo un enamorado del arte; me atrevo a decir que tenemos que cambiar todos, incluyendo a las señoras “gestoras culturales” y a las “p art”que se dicen “de bien”.

Con esto quiero que miren el regalo que le dieron al maestro Botero, o bueno, que el maestro Botero les dió a ellas, que desde abril se hicieron su agosto, su “año Botero”.

¡Feliz cumpleaños, maestro Botero!

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