Gloria Posada busca la poética en el mundo

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La artista Gloria Posada, de Medellín.

Un recorrido por la trayectoria de Gloria Posada, artista visual, poeta, antropóloga y crítica, nacida en Medellín.

Niños de la calle. Sí, de la calle-calle. Niños sin oportunidades, o “con pocas oportunidades”, como el discurso estatal constantemente los nombra, para no olvidarlos. Niños que sueñan, porque su realidad no impide que sean niños. Niños, simplemente niños, aunque también podrían ser ángeles.

Es un día de 1995, por la mañana. Una señora de cabello largo y rizado, de piel clara, con un acento marcado (muy paisa), llega a las frías calles de Bogotá, proponiendo la utopía en la oscuridad: les dice a 100 niños trabajadores, a 100 niños que habitan los duros andenes y el temible asfalto, que serán parte de una obra de arte. Y hay más: les dice que serán “ángeles por un día”. Sí, ángeles, de los que tienen alas, de los que nunca tienen miedo, ni hambre, ni frío.

Registro de la obra Ser ángel por un día, de Gloria Posada.
Cortesía Colombo Americano Medellín.

Lo fueron. Con su estilismo celestial (unas alas de papel blancas, resplandecientes, como de verdad) salieron de día libre, comieron, recorrieron la ciudad sin el afán de siempre, tan solo porque a una artista se le ocurrió transformar la cotidianidad de quienes pasan 365 sufriendo una realidad que no es condescendiente, rica en angustia y soledad. Es que, así suene irónica, esa señora que buscaba ángeles en la calle dice que algunos colombianos “conciben su casa, su hogar, solo como su cobija”, porque, mientras usted duerme en su cómoda cama, a algunos solo los abraza el frío, en una casa sin paredes donde, de repente, lo pueden despertar a patadas (quizás los violentos, quizás la fuerza pública) o, para mayor pesadilla de la vida real, a puñaladas.

Para quienes tienen tanta curiosidad, la protagonista de esta historia se llama Gloria. Sí, Gloria, como si su mamá y su papá hubiesen sabido que haría obras de arte muy performáticas y sociales, dando luz a la oscuridad de algunos, haciendo honor a ese nombre muy usado en la Colombia del siglo pasado. 

Gloria Posada nació en Medellín, en 1967. Ha explorado en la poesía, en las artes visuales, en los proyectos artísticos que involucran a los ciudadanos de a pie. También escribió sobre arte para medios especializados. Además, hizo curadurías para exposiciones y trabajó en los colectivos artísticos Grupo Urbe y Grupo Grafito, conformados en 1999, cuyas actividades se realizaron hasta el 2002. Urbe tuvo como objetivo trabajar con los ríos y quebradas contaminados en Medellín y Pereira. Grafito, por su parte, extendió los conceptos y procedimientos del grabado, pensó que la ciudad podía ser una matriz de impresiones a escala 1:1.

Entonces, más que una artista, podría decirse que se trata de una creadora que no se ocupa de un solo mundo, sino, más bien, que nutre cada propuesta de otras posibilidades, como borrando con fuerza los límites que han delineado las disciplinas artísticas, eso que hoy puede clasificarse como “interdisciplinar” o “multidisciplinar”. 

Registro de la exposición Memorias del Hambre, organizada por el Colombo Americano el pasado 2019, para revisar la trayectoria de la artista Gloria Posada.
Foto: Cortesía Colombo Americano Medellín.

El relato inicial de este escrito se refiere a la obra Ser ángel por un día, de Gloria Posada, realizada para el programa Nuevos Nombres del Banco de la República, la cual ha sido descrita por expertos como una “acción urbana”, como una obra de arte de la vida real, en la que no hay pedestales ni cubos blancos con cuadros colgados, sino la realidad tratando de tomarse los colores de la imaginación, los matices de la creación y la ilusión de hacer posible lo imposible. Quizás una de las primeras en interesarse en lo que tenían para decir las comunidades del territorio nacional, fue Gloria Posada.

Más allá del mundillo del arte, en el que algunos curadores y críticos querían ser Dios y algunos artistas no pensaban diferente, Gloria Posada le propuso a la plástica colombiana, antes de que acabara el siglo XX, una mezcla entre antropología, arte, poesía, investigación y reflexión pública que repitió en varios de sus trabajos.

Es que, como ha explicado ya el curador Juan Alberto Gaviria, el caso de Gloria Posada es el de una cronista de su tiempo: “El crítico Henry Geldzahler decía que uno llega en el momento preciso de la historia, y podemos decir que las obras de Gloria Posada como Ser ángel por un día (1995), intervención con niños de población vulnerable en la Plaza de Bolívar y en la Biblioteca Luís Ángel Arango-Banco de la República, Bogotá; Retorno (1995), proyección en la Avenida La Playa que cubre a la quebrada Santa Elena, Medellín y Moradas (2002), acción con población desplazada de Medellín como nuestros nuevos vecinos, entre otras, eran propuestas que abogaban por la construcción de otros mundos con sentido fuera de la obra de arte en sí. El proto-arte del arte relacional aparecía, el proceso como obra de arte comenzaba a valorarse igual a la obra terminada. Su llamado era labrar la tierra con poesía y prevenir reducirla con todos nosotros a simples ‘ítems’”.


Registro de la exposición Memorias del Hambre, organizada por el Colombo Americano el pasado 2019, para revisar la trayectoria de la artista Gloria Posada.
Foto: Cortesía Colombo Americano Medellín.

Antropóloga de la Universidad de Antioquia y maestra en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia, magíster en Estética también de la Unal; Gloria Posada cree que su musa es la realidad y su camino ha sido una búsqueda poética. Además de revisar los registros de sus obras, vale la pena hablar con ella, así sea a través de chats o de notas de voz, de correos, para entender por qué ha recorrido los caminos diferentes de las artes, no de una, sino de varias: “La esencia de mi búsqueda es la poética que está presente en el mundo y que es descifrada por los artistas, los escritores, directores de cine, dramaturgos, bailarines… En cuanto a las artes plásticas y la literatura, existen entre ellas múltiples posibilidades de relación e interpretación, pero son lenguajes distintos y autónomos. Ambos son la materialización de una investigación, la concreción de una reflexión que abre dimensiones distintas a los procesos de percepción y de conocimiento. Y más que oponerse se complementan, se entrecruzan, y por supuesto muchos artistas escriben, y hay escritores con nexos muy singulares con las artes plásticas”.  

Gloria Posada conversa con Alejandro Vásquez, director de la Galería del Colombo Americano Medellín.
Foto: Cortesía Colombo Americano Medellín.

Hace más de un decenio, el curador José Ignacio Roca la había llamado “una constante  animadora del medio artístico en Medellín” desde “un trabajo múltiple como artista (tanto  individualmente como en colectivos), poeta, pedagoga y escritora de notas sobre arte. Muchas de estas actividades involucran grupos amplios de personas de diversas disciplinas  para realizar una propuesta artística muy interesante y compleja, que toma la ciudad, sus habitantes y su diario vivir como tema para su investigación”.

Debe detenerse este relato para insistir en la importancia de la urbe, de Medellín, que no es esquiva a marcar a los artistas que en ella nacen. El territorio es muy importante para comprender por qué Gloria Posada puede parecer, para algunos, agresiva, incisiva, fúrica, interrogadora y directa: “en mi experiencia creativa, los lenguajes que utilizo son atravesados por mi visión del mundo como antropóloga, por vivir en una ciudad como Medellín, un territorio constituido por pulsiones de vida y muerte”.  

Suena eso a poesía, otro de sus oficios constantes. Alguna vez, la publicación literaria Crear en Salamanca había citado lo que el caleño Jaime García Maffla tenía para decir de los versos de Gloria Posada. Expresaba entonces una conjunción de los sentidos, o un cambio del uno al otro. Algo así como que pasaba de ver a sentir: “extraña e ilumina su lacónico hablar por asociaciones casi prerracionales, puente que va del sentir al mirar, tanto como de lo mirado a lo sentido, sin sostenerse en el sustrato  lógico y natural de la sintaxis”.

Recomendaba, entre otros poemas, Sed: 

“Animales

buscan agua

en trayecto hacia el río

encuentran lluvia

Lejos

una ciudad

pronuncia la sed

y la sequía

Bajo el sol

alguien labra un silencio

En el asfalto

otros excavan un pozo”.

Portada del libro Bajo el cielo, antología que reúne la poesía de Gloria Posada. Archivo.

Bueno, no han sido solo los colombianos quienes han exaltado sus letras. En el prólogo de su antología Bajo el cielo (2013), el poeta y ensayista mexicano Adolfo Castañón dice que “la escritura de Gloria Posada se concentra en una prosodia severa y despojada. Desaparecen los adjetivos y muchos de los artículos, los verbos en infinitivo o en presente cobran una peculiar, mine­ral rotundidad”. Con ello, se refería a lo que podía suscitarse después de leer títulos como Oficio divino (1992), Vosotras (1993), La cicatriz del nacimiento (2000) y Naturalezas (2006).

Entre las menciones, reconocimientos y premios entregados a la pluma de Posada están el Premio Nacional de Poesía Joven Ciudad de Popayán – Colcultura, en 1992, con el libro Oficio divino; y una Mención Honorífica en el Premio Hispanoamericano de Poesía Casa de las Américas, con el libro Naturalezas (Cuba).

Varios son también los méritos reconocidos en las artes visuales. Segundo Premio en el II Salón Universitario de Artes Plásticas Latinoamericano, Universidad Federal de Mato Grosso Do Sul, Brasil, 1995, o Mención Honorífica en el IX Salón Regional de Artistas Zona Antioquia (participación con el Grupo Urbe, Universidad Eafit, 2000). Recientemente, la Alcaldía de Medellín la eligió Artista Referente en Artes plásticas, un hecho que reitera lo que tiene para decirle a la ciudad, al país y al mundo de la cultura. 

Sobre eso de ser un “referente”, ella resume: “Como artista he trabajado desde la década de 1990 con la naturaleza, el paisaje, el territorio, la historia local, las marcas y las huellas colectivas de lo urbano. A partir de 1992 empecé a realizar obras con comunidades, y en 1999 abordé las problemáticas sociales del país, por mi relación con la comunidad de Sabanalarga, Antioquia, donde hice trabajos de campo antropológicos de 1989 a 1991. Esta población sufrió en 1998 la problemática del desplazamiento forzado, posteriormente generalizado en todo el territorio nacional. La confrontación de diversos grupos armados en la región y los intereses sobre la construcción de la represa Ituango-Pescadero, son causa de ello, y punto de partida de las obras Mapa, Fragmentos y Territorio sumergido (2000)”.  

Informada de lo que pasa en el mundo, de los acontecimientos culturales, pero también de la política y la economía, como es evidente en sus publicaciones en redes sociales y las cadenas que comparte en whatsapp, Gloria Posada sigue habitando un mundo de contrastes, de múltiples voces, de creación reposada, constante y trabajada durante meses, ya que insiste en salirse los moldes, de lo conceptual, de un arte contemporáneo que a veces no tiene rima.

Y qué mejor que irse con sus versos, mientras ella intenta seguir escarbando en eso oficio que eligió, el de buscar la poética en el mundo: “Después de cada nacimiento, llanto se convierte en sílabas”.

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