John Jader Bedoya asume sus cuadros como una pregunta

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Jhon JAder

Conversamos con el artista colombiano John Jader Bedoya, quien representa al país en Bienal Sur 2021.

¿Qué le dice, qué le muestra, qué le propone y provoca al mundo desde su taller?

Tener una conciencia del ser como artista, parece indicar que hay que  llevar una vida diferente. Las personas se acostumbran al hecho de que la vida de un artista, es una vida de licencias, con la sola suficiencia de declararse así mismo como tal.

No, para mí no ha sido así. Si hay algo que precisamente cuesta, y mucho, es esa lucha continua, de otorgarme razones para seguir adelante con esto, para encarar esa vida íntima, que se discute con el lienzo.

En ese sentido, si algo me dice el arte, me propone y le provoca a mi mundo, es que conquiste esos valores y estados de rebeldía, de desobencia, de desasosiego, permanentemente, para no permitirme la conformidad. 

¿Dónde radica su intencionalidad estética?

La intencionalidad estética de las series no es otra que fijar las tareas en un tablero, para ir creando una especie de bitacora, a la que se vuelve sobre los mismos temas, para verlos desde otros ángulos, no es más que eso. Las series no responden a ideas diferentes, son capitulos que se van abordando con mayor detalle.

¿Cuándo se le revela esa conciencia sobre la tierra y el territorio como tema?

Voy a responder con palabras del poeta Rilke, que lo describe maravillosamente : ‘Tierra, no es esto lo que tu quieres: invisible resurgir en nosotros?…’ 

¿Qué es, sino transformación, la tarea que impones apremiante?

Fotos cortesía del artista.

¿Por qué el método, la técnica, la visión dimensionada o dimensional del exceso?

Se trata de horadar. La técnica no son los materiales con los cuales está hecha la pintura: óleo sobre lienzo por ejemplo; eso no dice nada. Para mí la técnica es eso que tú llamas bellamente ‘visión dimensionada’, en la que se aperturan las emociones, los sentimientos y la voluntad de no repetirse, de no saberse seguro hasta el límite en que se perciba haber dado con lo que se busca. En ese sentido, para mi la técnica es una busqueda.

¿Cómo se da la relación arte-artesanía en su trabajo?

La verdad no me cuestiono eso. Soy artesano porque realizo un trabajo manual, obviamente, pero al tiempo, no me considero así, ya que no hago un trabajo mecanico o de rutina, o de saberse hacer.

¿Qué busca cuando hace instalaciones?, ¿teatralidad?

Estoy explorando esos caminos de una manera más consciente y, sin embargo, debo aclarar que mis referencias vienen de mi infancia y juventud y de esa teatralidad religiosa, que fueron mis primeras referencias.

Desde muy niño, yo era quien hacía el pesebre para mi familia (vaciaba la sala, literalmente) y recuerdo esa necesidad de transmitir y de enfocar esa aura de misticidad. Lo mismo cuando hice por varios años, ‘el monumento’ en la Iglesia El Santo Cristo en Bello (Antioquia), que es una representación solemne para los creyentes en la llamada Semana Santa.

En ellas, el sacudir las emociones a través del movimiento de los objetos y la musica sacra me interesaban muchísimo. Hacía vibrar a la gente (risas). Y esto en mi trabajo no lo he perdido, incluso en algo tan inmovil y silencioso como la pintura, hay un derribamiento que mueve al espectador.  En ese sentido, mi pintura también es escenográfica.

¿Es necesaria y esencial en usted la relación espacio y tiempo?

Si se asume el cuadro como una pregunta, debe tomarse el tiempo para esperar por las respuestas.

¿Qué tensiones y temperamento intenta comunicar cuando hace nexos con lo residual,  con lo reciclable?

No es tanto lo que se transforma sino lo que nos recuerda. El desecho o los residuos están ahí como testigos, como la evidencia que lo que somos.

Una olla, un machete, una tela o un costal siguen siendo eso, pero, en ese lugar que construyo y que deviene desechado, arrojado, olvidado si se quiere, nos hablan de lo efímero, de lo frágil, de una violencia ejercida y sus restos.

¿Los materiales qué le dicen, en concreto la tierra, la arena, el acrílico, los costales y las ollas?

Todos los materiales me hablan de un lugar que nadie quiere ver. Todo está o estará cubierto de tierra y maleza.

Los objetos que aparecen develados invitan a pensar que hay una exhumación, pero me gusta pensar que la tierra nos los devuelve, los hace brotar. Exhiben lo que nadie quiere ver pero que estan ahí y son el paisaje mismo.

Unas zandalias deshechas de una niña sobre el espacio representado de un paisaje árido, seguiran siendo las zandalias desechas de una niña y eso nos dice de muchas cosas y del lugar.

¿A qué intenta dar  sentido con estas instalaciones?

Es todo ese conjunto de cosas, pero sobre todo, busco que sea poetica, bella, nostalgica, sentida.

¿Cómo se ha ido estructurando (y desestructurando) en su mundo, en su naturaleza la relación entre la manufactura y la tecnología?

Son modos distintos de acercamiento al mismo tema, estoy explorando el medio audiovisual y eso es otro mundo, que incluso, requiere la participación de otros para su ejecución.

La idea en pintura no se discute con nadie, en cambio, la idea para un video, se dialoga y discute con otros, estudiar sus posibildades y recibir sugerencias, lo hace distinto e interesante.

¿Cómo concibió la serie “Bajo la azulada esfera”, qué realiza en su obra como teoría o vaciamiento de una teoría?

Es una producción audiovisual que reune mucho de mi proceso creativo. El titulo es referente del himno antioqueño: ‘amo el sol porque anda libre, sobre la azulada esfera’.

Imaginé siendo sol y con esa vista desde arriba observé, entre plieges de montañas y ríos, un regocijo comunitario entre seres vivientes, pero no así, cuando lo que se siente, es que bajo la azulada esfera, reposa lo que es permanente.

Un espacio invisibilizado, cubierto de tierra, donde la luz del sol no llega. Y sí, hablo de la violencia o de las violencias, del desarraigo, del abandono y de imagenes que establecen una conexión con las historias de otros.

Este proyecto ha sido como excavar en mis propias historias, no solo creativas, ha sido tambien aperturar mi proceso a multiples perspectivas. Puede que los temas sean moneda corriente en algunos circulos del arte, pero para mí, fue un volver a empezar. 

¿Hay una intencionalidad ecológica, política o religiosa en su obra?

Mi padre William fue asesinado dos dias antes de que yo cumpiera 18 años, fui, por mucho tiempo, padre de mis hermanos menores. Trabajé desde ese momento en la misma institución del Estado, donde mi padre trabajó.

Fui empleado para el aseo y terminé como auxiliar administrativo, al tiempo que estudié Diseño Industrial y Filosofía, más tarde Artes plásticas. Renuncié después de diez años para dedicarme por completo a la pintura. Este hecho cambió mi vida.

Y desde entonces, he abordado tanto mi vida como mi pintura, siempre desde una perspetiva de riesgo, de enfrentarse y echar para adelante. Por eso mi intencionalidad es política, es un acto de rebeldía y es una obsesión de mi propia naturaleza serlo. He renunciado a muchas cosas y otras tantas las he abrazado. No creo que a haga daño a nadie con eso, pero no falta, quien se incomode con mi libertad.

Y “Flor de fango”, ¿en qué dimensión estética incluye lo que Beuys decía “Todo hombre es un artista” y por qué la literatura (José María Vargas Vila)?

De esa serie me centré en presentar telas (deshechas) que tuvieran en sus diseños flores con diverso color. Las ubiqué en espacios representados por un paisaje donde la vida no parece habitarlo y cuyo único referente de esta, son la flores que vienen con las telas. De igual manera, pensé esta serie en formato de tríptico, donde me enfocaba en variar, en cada pieza, unicamente la disposición arrojada de las telas.

El paisaje en el conjunto del tríptico no variaba, quise que fuera el mismo. Con esto, reflexionaba sobre esa condición social y política que no cambia, sentida en quienes la luchan y sin embargo el paisaje no se modifica, como un eterno retorno. Y sí, desde la literartura se puede referenciar, pero también desde el tango por ejemplo, Flor de fango es una bella canción.  

¿Cree necesario que el artista conozca la historia del arte?

Sí, pero también es una lectura personal, por ejemplo, dentro del catalogo de pinturas de toda la historia, la Balsa de la medusa de Theodoro Gericault, es, sin duda, una obra que me ha marcado, desde la primera vez que la vi en un libro de historia. Años después, verla fisicamente es, sencillamente, abrumadora. Ha sido uno de mis referentes por su atmosfera, la escenografía, la composición, por su formato y todo lo que transmite: la tragedia, esa relación entre la vida y la muerte, la desolación y la esperanza.  Muy vigente lo que esa pintura, nos sigue diciendo.

¿Cómo ve la relación arte-economía?

Esa relación es un matrimonio, que como todo matrimonio tiene sus problemas y hasta sus divorcios,  que cuando sucede es dificil pero siempre temporal y superable.

Vivir del arte es tambien, una filosofia de vida, que como tal, se asume y si no, dedíquese a otra cosa. La misma historia del arte no da ejemplos de esto: un artista puede carecer de muchas cosas, pero nunca, lo abandona su arte.     

¿La luz, la melancolía y el barroco como se mezclan, se muestran o no en su obra?

Claro que sí, si hablamos desde la historia del arte, puedo decir que estoy en el barroco de mi propia historia. Hay mucho por aprender.

¿Qué podría decirnos sobre el constructo y la forma que busca en su obra “En la casa, el exilio”?

‘En la casa, el exilio’ es una propuesta que parte de visualizar el desarraigo, desde la perspectiva de una casa abandonada. Ha sido tan cruel este fenomeno, que pensé en una casa abandonada que se levanta y se va detrás de quienes la abandonaron. El proyecto consiste en 5 fragmentos de una casa (paredes) que se levantan sobre sus propios cimientos y en tránsito, van en busca de una morada para el reencuentro.  

Hablo del exilio para referirme al desarraigo, que de una manera particular, implica pensar estar exiliado, por fuera dentro de tu propio país. Y en ese sentido, la casa abandonada simboliza ese desarraigo, que no se exilia finalmente.  La casa se va en su deteriorio sin cambiar de lugar.  Incluso La ausencia, simbolizada por la apropiación que, de sus espacios, hicieron quienes la habitaron y que ya no están, nos habla de una resistencia al abandono. Toda la obra es ruina y fragmento hecho paisaje, como metafora de una memoria que reclama ser completada.

Desde el punto de las artes visuales, la obra es una construcción pictórica, cuya presentación es una instalación de gran formato, pero que se visualiza de manera audiovisual. Como si la idea en su conjunto, fuese la procesión de un desplazamiento.   

¿En qué momento siente más furor, mística, ira en lo que hace? Yo soy un pintor que se mete en problemas, nada más alejado para mí, que crear con la seguridad de saber el final. Los temas que me interesan, son parte de mi propia experiencia que me permiten entrever en la experiencia del otro, mi propio sentido. Furor, rabia, tristeza, melancolía, nostalgia, ira, impotencia, desolación, desarraigo, son al final lo que queda en la obra.

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