La lucha contra el olvido de Arenas Betancourt

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Arenas Betancourt


Considerado el hijo predilecto y benemérito no solo de Fredonia, su tierra natal, sino de Colombia y otras partes de América, Rodrigo Arenas Betancourt ha sido catalogado el “maestro de la monumentalidad”.

Por: Lina Marcela Velásquez Ríos

“Es curioso, no. Por estar aquí he renunciado a todo, sin mayor esfuerzo, por supuesto: vanidades, veleidades, galerías y museos, ciudades embrujadas, bohemia y amigos. Me siento bien porque he logrado reconciliarme con el corazón. Amo a mi gente elemental”, Rodrigo Arenas Betancourt.

El escultor Rodrigo Arenas Betancourt fue un hombre y artista monumental como sus obras, que rompió esquemas en muchos sentidos. Proveniente de una familia humilde, vivió en la vereda Uvital de Fredonia. Su infancia, que hoy contrasta con su renombre y trayectoria de artista exitoso, le dolía por estar marcada por la pobreza y muchas carencias.

De niño su padre lo levantaba muy temprano para que le ayudara en sus labores agrícolas y él, aún inocente, pero con una idea de lo que quería ser “cuando fuera grande”, corría a esconderse detrás de un palo de café, porque él lo que quería era ser artista y dedicarse al dibujo y la escultura. 

Fue un artista prolífico que a lo largo de su vida tuvo múltiples oficios como: tallador de Cristos, cartero, ayudante y obrero de escultores y muralistas como Pedro Nel Gómez, fotógrafo de arquitectura, maestro, profesor, ayudante de escenografía, colaborador, reportero y escritor de revistas nacionales y extranjeras, y, principalmente, escultor. Además, usó técnicas como el dibujo, el retrato, el autoretrato y la acuarela y usó materiales como cemento, yeso policromado, pasta de yeso con azúcar, hierro, madera, piedra, bronce, concreto y basalto. 

Como a muchos de los grandes maestros, le tocó triunfar en tierras extranjeras, porque nadie es profeta en su tierra (por lo menos hasta que muere) y así le ocurrió a él. Arenas era un hombre tranquilo, sin pretensiones ni extravagancias, de apariencia “relajada”, y por la cual muchos en Fredonia no le prestaban atención, recuerda Antonio Estrada, presidente del Centro de Historia de Fredonia. 

Pero más allá de su estilo de vida franciscana, era un hombre sabio, talentoso, bohemio, intelectual y “amigo de todo el mundo”. Hoy, en el primer centenario de su natalicio, su nombre parece volver a resonar en diferentes escenarios como exposiciones, actos conmemorativos y documentales, tratando de luchar contra el olvido que ha amenazado sus obras desde su muerte, en 1995.

Y el primer lugar donde resuena, como debería ser, es su tierra natal: Fredonia. “Tierra de hombres libres”, como reza su slogan y de hombres ilustres como Jaime Isaza Cadavid, Efe Gómez y Julio César García, Fredonia ha sido también la cuna de grandes artistas como el maestro Gustavo Vélez. Sin embargo, Arenas Betancourt “es el hombre más importante, el intelectual más grande, el que más reconocimiento mundial tiene” y los intelectuales de este municipio se enorgullecen de que sea oriundo de Fredonia”, explicó Estrada.

Es por eso que en el marco de su natalicio, una propuesta liderada por el Gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, y acogida por la Administración municipal de Fredonia, busca consolidar la plaza central de Fredonia como el gran “Parque Internacional de las Esculturas”. 

En este parque se encuentran actualmente obras como “La chapolera”, de Guillermo Sánchez, el Cristo en el frontis y varias obras alrededor del campanario de la iglesia, del maestro Ramón Elías Betancur -tío del maestro Arenas-, el Simón Bolívar en el atrio principal, del artista italiano Pietro Tenerani y cinco esculturas del maestro Arenas Betancourt, al igual que el Centro Administrativo que lleva su nombre. 

En 2018 fue instalada la obra “La libertad”, del maestro Gustavo Vélez y para diciembre de este año serán instaladas “El beso”, obra en bronce de 2 metros de altura, del maestro Salvador Arango, y la obra en concreto, “Homenaje al maestro Rodrigo Arenas Betancourt” del maestro Julio Maldonado, discípulo de Arenas. “El beso” y “La libertad” fueron donadas por el Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia y tienen un valor aproximado de $380 millones. 

En noviembre se presentará un proyecto de acuerdo ante el Concejo Municipal de Fredonia para darle vida y perpetuar la memoria del maestro con la designación de “Parque internacional de las Esculturas Rodrigo Arenas Betancourt”, y busca que Fredonia se destaque a nivel nacional como uno de los municipios con mayor número de esculturas al aire libre en el parque y la plaza, explicó Aldúbar Vanegas, secretario de Gobierno de Fredonia.

La iniciativa tiene como objetivo, en la medida de lo posible, que las Administraciones venideras continúen jalonando la instalación de esculturas en este parque, mediante su adquisición y/o la donación de artistas, para perpetuar la memoria de Arenas.

¿La tercera es la vencida?

Han sido varios los intentos por preservar su memoria y salvaguardar sus obras. Tal vez el primero y más significativo fue la ley 748 de 2002 “Por la cual la Nación exalta la memoria, vida y obra del escultor antioqueño Rodrigo Arenas Betancourt”, y que proponía en ese entonces la construcción de un Centro Cultural Educativo para la enseñanza de las Bellas Artes, que exaltara el nombre del insigne escultor. 

Para ello, la Nación dispondría de hasta $1.800 millones para adquirir los terrenos y obras necesarias para su construcción y dotación en Sabaneta. La Administración de dicho municipio estuvo dispuesta a donar el terreno para materializar esta iniciativa, pero aún así se quedó en el papel. 

Asímismo, la ley autorizaba la expedición de una estampilla hasta por un monto total de $30.000 millones para el funcionamiento del centro de formación artística y cultural. La Asamblea Departamental de Antioquia y los Concejos Municipales del mismo departamento quedaban facultados “para determinar los hechos gravables y la cuantía de los mismos”, sin que superase el 1% del hecho gravado en ningún caso.

La otra acción que planteaba dicha ley era la instalación de una obra del maestro hasta por un valor de $200 millones. En lugar de una, fueron instaladas cinco obras de menor formato, que hoy reposan sobre el atrio de Fredonia. 

La segunda iniciativa que se ha conocido de crear un museo en honor al maestro Arenas fue la manifestada por el Gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, en agosto de 2016.  En este entonces y durante un acto de la Independencia de Antioquia, manifestó: “El director del Área Metropolitana y la Gobernación de Antioquia se comprometen para trabajar rápidamente para que Antioquia y Colombia tengan un nuevo museo”.

El anuncio en ese entonces, parecía ser una luz al final del túnel, pues a la obra de Arenas ya le ha empezado a pasar cuenta de cobro el olvido al que ha estado sometida. En su casa- taller en Caldas (Antioquia), aún permanecen más de 200 dibujos, fotografías y algunos trabajos escultóricos en moldes. 

La propuesta apuntaba a que, para estas fechas, en el centenario de su natalicio, se pudiera inaugurar el tan anhelado museo. Sin embargo, el proyecto nunca se llevó a cabo. La tercera y última esposa del maestro, María Elena Quintero, afirmó que desconoce las razones del gobernante. “Nunca nos explicó por qué no siguió adelante con él”. 

Para dicho museo se planteaba estudiar la opción más viable entre restaurar la casa-taller del maestro en Caldas, o hacerlo en Fredonia, su tierra natal. Respecto a su casa, Quintero dice que “es muy difícil valorar el legado artístico de un hombre que trabajó 60 años, día y noche. La casa incluso es de patrimonio arquitectónico, tiene casi 100 años, más todo el legado que hay ahí”. 

Sobre la iniciativa del Gobernador, la directora del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, Isabel Cristina Carvajal, explicó que: “realmente no avanzamos en el tema del museo, porque la casa que hay en Caldas es muy alejada, y la gente no lo podría visitar”. Agregó que pensaban instalar unas obras en el parque de Caldas, pero a raíz del problema generado por la demolición de la Casa Consistorial de dicho municipio, considerado por el Ministerio de Cultura como bien patrimonial, desistieron de la idea porque no tenían la certeza si las obras podrían quedar allí.

Siguen en deuda

Se dice que los homenajes deben ser en vida, pero en el caso de personajes ilustres como políticos y artistas, entre otros, poco se aplica. Veinticuatro años después de su muerte, Rodrigo Arenas Betancourt sigue esperando por un museo en su honor. 

En Fredonia, un municipio de sexta categoría, caracterizado por su bajo presupuesto para la Cultura, los deseos e intenciones no son suficientes. La Administración Municipal actual ha tenido la idea de crear una sala museo en el antiguo edificio del Café, que hoy es restaurado. 

Sin embargo, a la fecha no se ha elaborado un proyecto, ni se logró concretar apoyo del Ministerio de Cultura, por lo tanto, solo se tiene el local. Al respecto, el Secretario de Gobierno de este municipio, manifestó que esperan que el próximo alcalde sea sensible al arte y le dé continuidad a la iniciativa, incluyéndolo en su Plan de Desarrollo Municipal.

Vicente Pérez Silva, presidente de la Asociación Colombiana de Historia, define a Arenas como “un exponente vivo de la historia, de su profundo pensamiento y sensibilidad social, de su visión del pasado y sobretodo, su preocupación por el presente”. Por eso, para él, la mejor forma de conmemorar su natalicio es hacer el recuento de todo lo que vivió, con la convicción de lo que representó para la sociedad colombiana y para el arte. 

Para el presidente del Centro de Historia, Fredonia está en deuda con el maestro, pues en una ocasión él quiso tener una obra monumental allí, y “no hubo acuerdo con la clase gobernante”. “Infortunadamente la casa que tuvo en El Uvital no se logró salvar, para tenerla como un referente, como casa museo. También se hizo intentos de comprar una casa junto al Colegio Marco Fidel Suárez, pero tampoco fue posible”, resaltó.

“Seguimos teniendo la esperanza que, con obras materiales, recuerdos, bocetos que tiene su familia, en cabeza de María Elena, se logre hacer esta casa museo… Seguimos pensando que no se puede desistir en el empeño”, resaltó Estrada. 

Pérez Silva, afirmó que desde luego debería hacerse un museo para recordarlo, para vivificarlo en el presente y no olvidar lo que él constituyó para el universo inmenso del arte y ese palpitar que tuvo por su tierra, su amor y las vivencias de esta. Lo catalogó como “el hijo predilecto y benemérito no solo de esta tierra sino de toda la inmensidad de Colombia y de otras partes de América, especialmente de México” y concluyó definiéndolo como artista, en dos palabras: insuperado e insuperable.

Figura del arte moderno

Carlos Uribe, historiador y curador jefe del Museo de Antioquia, exaltó que el maestro Arenas además de iniciar empíricamente y luego realizar sus estudios en México, donde se codeó con las grandes figuras del muralismo y la escultura mexicana, trajo todo eso y lo incorporó a un estilo personal importantísimo y encomiable, que hay que valorar. 

“El maestro Rodrigo tiene su lugar en la jerarquía del arte antioqueño y por eso el Museo de Antioquia piensa en él como una de las figuras del arte moderno”, agregó Uribe. El Museo tiene más de 10 obras del maestro Arenas, incluso, conserva una escultura adosada al muro de la Casa del Encuentro.

En el nuevo rediseño de su sala “Promesas de la modernidad” del Museo, hay obras de Arenas ubicadas junto a piezas de artistas como Picasso, Wilfredo Lam, y algunos pioneros en el lenguaje moderno en Colombia como Alejandro Obregón, David Manzur, Omar Rayo y antioqueños como Fernando Botero, Pedro Nel Gómez, Débora Arango, Aníbal Gil e Ignacio Gómez Jaramillo, entre muchos otros más. “Pero desde la escultura y el lenguaje tridimensional él es fundamental”, dijo Uribe. 

Uribe cree que deberían haber más museos, no solo en Colombia, sino en Antioquia y opinó que ojalá todos los maestros fallecidos pudieran tener un museo, sin dejar de pensar en su sostenibilidad, para que “no se conviertan en espacios obsoletos y no tengan que empezar a mendigar”, sino que cuenten con toda la dotación y el apoyo esperado tanto del Estado como de la empresa privada”, no solo para construir los edificios, y puedan prestar una buena calidad del servicio a sus visitantes.

Un buen ejemplo de museo con la característica de ser de un solo artista es el Museo Rayo en Roldanillo, que cuenta con el apoyo de la Gobernación del Valle, el Ministerio de Cultura, la empresa privada y la familia del maestro. Es un museo bien sostenido, con buen servicio y que muestra una buena imagen del artista. Así mismo, la Casa Museo Pedro Nel Gómez en Medellín, que también tiene muy buena gestión y se sostiene parcialmente con apoyo del Estado, la empresa privada y la familia del maestro, destacó Uribe. 

Su familia

Rodrigo Arenas Betancourt murió el 14 de mayo de 1995. Seis meses antes le habían diagnosticado un cáncer hepático y ya le había hecho metástasis. En ese entonces, dos de sus hijos, María Elena y Rodrigo José, tenían apenas 17 y 11 años, respectivamente, por eso lo que saben y recuerdan de su padre es por lo que leen, lo que se dice y por sus obras monumentales. 

Pero fueron ellos quienes “llenaron de asombro sus días, aquellos días que parecía que ya nada tenía sentido”, cuenta María Elena. Ella en cambio, está llena de recuerdos, muchos felices, pero otros también muy dolorosos. Recuerda que Arenas le decía que “Había que meterse en el alma todo lo que fuera posible y luego llorar…”, y así lo había hecho. Ella había llorado y sentido mucha soledad cuando él murió, y todavía hoy, 24 años después, no quiere soltarse de su mano y llora a mares al recordarlo en su más reciente carta para conmemorar su natalicio.

María Elena, quien también es poetisa, lo recuerda con su bíblica barba y su voz destemplada, sonando tangos a mitad de la noche, lo recuerda con admiración y cree que esa fue la génesis de su relación. “Lo recuerdo como un compañero “sui generis”, no era el amor tradicional, ni el marido ni el padre tradicional”, cuenta entre risas y agrega que fue un regalo sorpresa que le dio la vida, un regalo que disfrutó y sufrió. 

Arenas era un hombre de corazón infiel y desbocado, que encontró consuelo en la poesía. En octubre de 1987 fue secuestrado en Caldas, mientras viajaba con su esposa, y sus hijos. Fue a raíz de ese cautiverio de 81 días que le dio un vuelco a su trabajo y lo enriqueció a partir de un tema obsesivo: la muerte. Dibujó, hizo esculturas y escribió y de allí surgieron textos como “Los pasos del condenado” y “Las memorias de Lázaro”.

“Morid un poco todos los días, con el corazón y al final ya no temeréis morir”, decía Marguerite Yourcenar, y Arenas lo practicaba a diario. Fue un hombre que siempre esperó la muerte, mantenía muy buenas relaciones con ella e incluso la erotizó en sus dibujos. Su esposa recuerda que su amada en los últimos años no era una mujer sino la muerte: la coronó de flores, se la robaba en un caballo, “era como hacerse amigo de ella ante el pánico que sentía” y así lo plasmó hasta el último de sus días. 

Homenajes  por su natalicio

El 23 de octubre se cumplió el primer centenario del natalicio de Rodrigo Arenas Betancourt y aunque el museo en su honor aún no se materializa, este año se han realizado varias actividades para conmemorarlo.

En abril se realizó la exposición didáctica “Arenas Betancourt: Monumental e inmortal”, en el centro comercial Aventura, en Medellín. El Museo Universitario de la Universidad de Antioquia realiza hasta el 31 de octubre la exposición temporal “Modelos de Nación”

La Academia Antioqueña y el Centro de Historia de Fredonia también le rindieron homenaje el pasado 19 de octubre, durante el “Encuentro departamental de Centros de Historia, “El bicentenario libertario y Rodrigo Arenas Betancourt son semillas inmortales de Historia”. 

Precisamente en el marco de este encuentro, se realizó la exposición fotográfica “Una mirada íntima a un artista público”, conformada por cerca de 60 fotografías seleccionadas entre una colección de 120 a 130 fotos, reunidas gracias a familiares del maestro en la vereda Travesías de Fredonia, las hermanas de él en Belén (Medellín), sus alumnos en Fredonia y en El Peñol, y algunos amigos. 

Su objetivo era recoger parte importante de su vida y rescatarla, no mostrar las obras sino la parte humana, “porque él era amigo de todo el mundo” y querían compartir y tomarse fotos con él, explicó Aníbal Arcila Estrada, miembro del Centro de Historia de Fredonia, de la Academia Antioqueña de Historia y organizador de la exposición. 

La investigación y gran parte del montaje fue realizado por Arcila Estrada, quien considera que “son reconocimientos que hay que hacerle a personas que han tenido una trascendencia. Si miras de dónde salió Rodrigo Arenas hasta la inmensidad de sus obras, yo no pude encontrar otro artista que tuviera obras del tamaño y la dimensión de él”, resaltó. La muestra estará en la Casa de la Cultura de Fredonia hasta el 19 de noviembre. 

De igual forma la Administración Municipal de Fredonia realizó el 23 de octubre una programación que incluyó desfile, acto protocolario, muestra cultural de la Casa de la Cultura, show de tango internacional, concierto de música lationamericana y la proyección del documental sobre el maestro “Más allá del tiempo”.

Isabel Cristina Carvajal, directora del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, afirmó que desde el fondo editorial de esta entidad se realizaron publicaciones sobre 15 destacados creadores de Antioquia, entre ellos Arenas Betancourt, y además van a instalar obras de ellos en las ciclorrutas que la Gobernación está realizando en el departamento. Asímismo, en alianza con el canal Teleantioquia se realizó el documental “Más allá del tiempo”, que incluyó la vida y obra del maestro. 

El año cerrará con un homenaje por parte de la Universidad de Antioquia, el 7 de noviembre a las 5:00 pm, y uno de la Universidad Tecnológica de Pereira, el 6 de diciembre. 

Sus obras

Sus obras están a lo largo y ancho del país, en parques, plazas, universidades y pueblos y son puntos de referencia. Entre las más destacadas se encuentran: La guacamaya herida (1959), Las Cabezas monumentales de los héroes de la Revolución Mexicana: Moreno, Hidalgo, Juárez y Zapata (1959), ubicadas en diferentes lugares de México; Bolívar desnudo (1956-1962 Pereira), Homenaje al general José María Córdova (1957-1964 Rionegro), Largo viaje del vientre al corazón del fuego (1964-1966), Cristo Prometeo (1965-1968), Prometeo (1968-1970), El hombre creador de energía, en Medellín, Monumento a los lanceros, conmemorativo de la batalla del Pantano de Vargas (1968-1971) y Las Bananeras (1974-1978).

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