Las dimensiones de Camilo Álvarez

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Esfera grabada Camilo Álvarez

El artista antioqueño Camilo Álvarez está trabajando en una nueva serie, que permite conocer su interés en la tridimensionalidad, además de acercarse a su universo interior. Una fase de inmersión en su taller que comenzó hace tres años, después de presentar sus obras en Europa.

Aunque no era la primera vez que exhibía su trabajo en la “ciudad luz”, uno de los artistas colombianos que brilló en parís, en 2017, durante el Año Colombia-Francia, fue el antioqueño Camilo Álvarez (Medellín, 1974).
Formado como diseñador gráfico en la Colegiatura Colombiana de Diseño, Álvarez estudió Artes Plásticas en la Escuela de Bellas Artes y Escultura en la Academia de Escultura Rozo, interesándose desde joven por el dibujo, inspirado por su primo, el maestro Óscar Jaramillo.

Su obra combina dibujo con pintura, además de recientemente comenzar con más detenimiento una exploración de la tridimensionalidad, de la escultura y de la pintura expandida, en lienzos no convencionales. Álvarez ha participado en exposiciones colectivas como Ici Et Là / Aqui y Allá, en Bogotá; Preview, en Berlín, Alemania; Arte Fusión, del Consulado Colombiano en Miami, Estados Unidos; y la Muestra Colectiva de Artistas Colombianos en la Embajada Colombia en San José de Costa Rica. En el 2017, junto a Julia María López, presentó sus obras cerca de la Torre Eiffel, de París, Francia, en la Galería Mono, donde el público pudo ver sus creaciones en técnica mixta: dibujos hechos con portaminas y pintados acrílico, sobre tela.

Actualmente, en plena pandemia de la covid-19, el artista trabaja desde su taller en Envigado, Antioquia, donde recibe a Revista Papel para contarle sobre una nueva serie de creaciones, en las que continúa siendo evidente su interés por la volumetría, como muestra una esfera de mediano formato que toma en sus manos, mientras tiene como fondo un lienzo de gran formato, blanco, en el que trazó ya una suerte de sombra, demarca de una esfera, que no es más que trazos perfectamente delineados a lápiz, con un orificio en el medio, dejando que se vea detrás la pared, invitando a que se tenga en cuenta el espacio como parte vital de su obra.

Cuenta Álvarez que ha comenzado un nuevo ciclo, esto desde que falleció su representante Luz Elena Montoya, hace tres años, justo después del Año Colombia-Francia.

“Tuve puntualmente dos exposiciones en París, ese año y después de la muerte de Luz Elena, por obvias razones, mi obra comenzó a dar muchos giros, tanto en el manejo de la obra, ya que después de eso seguí trabajando con un socio de ella, como en la manera en que me liberé mucho más de fines comerciales, con lo que empieza también a tener una evolución la obra. Uno muchas veces se concentra en compromisos y se aleja de su búsqueda, ahora siento que regresé a revisar mis posturas frente a la obra”.

La evolución de Camilo Álvarez

Cuando se refiere a que hay una evolución, Álvarez pretende aproximarse a una evolución técnica, conceptual y humana, porque, por más que trate, el ir andando por la vida influye, quiera o no quiera, en cómo cada creador desarrolla su propuesta estética.

En este caso, menciona un enfrentamiento del ser humano con el ser creador: “en diferentes momentos de la carrera llega la hora de enfrentarse a la obra, porque como artista se está en una constante búsqueda, entonces empieza una evolución muy grande y una exploración dentro de la misma obra. Hasta hoy, siento que sigo siendo muy coherente con mis intereses. En lo que yo más me enfoco es en la conexión que tengo con la obra misma. Yo he trabajado mucho desde mis inicios en la tridimensionalidad dentro de la bidimensionalidad, pero empiezo a expandir el dibujo, porque mi esencia es el dibujo. Ahora, en mi trabajo las dimensiones empiezan a trascender a otros aspectos, porque finalmente se involucra la escultura”.

Cuando se refiere a la escultura, el creador no solo se remite a hacer objetos tridimensionales, sino que, más bien, piensa en cómo puede explorar los vacíos, los bordes, las formas, desde un lienzo, haciendo, por ejemplo, que sus trazos estén soportados en lienzos no convencionales, como una obra hecha en un círculo que en la mitad tiene un vacío, un hueco, otro círculo que se termina de dibujar, naturalmente, con el fondo, con la pared sobre la que fue colgada.

“No solamente es la escultura por la escultura, sino que lo que empieza a pasar es la búsqueda de otras dimensiones, porque, cuando se expande, trasciende a otros espacios, a otros volúmenes, aunque, finalmente, también se regresa a la vida de la dimensionalidad, de otra manera, porque empieza una mirada diferente, una conexión diferente con la bidimensionalidad. El momento de llevar mis dibujos a la tridimensionalidad me dio la posibilidad de llegar a hacer otra ruptura dentro de la bidimensionalidad”.

Nueva serie de Camilo Álvarez

El vacío

En esa ruptura, en esa búsqueda de un punto común entre la segunda y la tercera dimensión, entre lo plano y lo volumétrico, en el taller del artista aparece el vacío, un concepto que, si miramos desde la perspectiva de Daniel Libeskind (Łódź, Polonia, 1946), el arquitecto estadounidense de origen judeo-polaco que exalta la ausencia como una manera de crear espacios; sirve para hablar de la carencia, de la presencia, de cómo cada lugar que se habita tiene que ver con la atención que capta o con la tensión visual que envuelve.

“Esos vacíos hablan desde el silencio, como un espacio de reflexión, de lo que es el contenido de la obra, pero también se genera una ruptura, digámoslo, pues le da una tridimensionalidad a la misma bidimensionalidad, regresa como con otra disrupción entre los formatos. Algo que se logra sin esa pretensión tan escultórica. Hay una exploración con el espacio como tal, con el formato, que se sale un poco más de lo que es el lienzo. Y no es como que abandone el lienzo, lo que pasa es que esto le da otra posibilidad”.

Abstracto o figurativo, porque ambas maneras de hacer obra le interesan, llaman la atención las geometrías, que en muchos casos son como planos cartesianos o formas planas que construyen otras, como cuando hizo con rombos y pentágonos tacones rojos unidos en red.

“Lo que va pasando estéticamente dentro de la obra no es con búsqueda de hacer parte de una corriente, sino que la misma temática de la obra es la que va, de alguna u otra manera, dando esas marcas, obviamente uno se da cuenta y de alguna u otra manera hay unos pensamientos colectivos, con eso no quiero decir que es única y repetible, pero sí mi manera de interactuar con el oficio. Los artistas nos conectamos con ciertas cosas de otros artistas, y la mía es una obra que se carga del minimalismo, de la abstracción, de la geometría, mientras mi intención, cada vez más, es concentrarme en la esencia”.

Quiere que la suya sea una obra muy transparente, muy sincera, que salga de lo que realmente está buscando, más allá de que sus series tengan que abordar la geometría, es la geometría la que sale de sus mismos dramas, como las marcas de su vida, esos dramas que se apoderan del ser: “esos trazos tan marcados tienen que ver realmente con la misma búsqueda de la temática y la misma conexión con la obra, es lo que finalmente da ese reflejo, la estética es el resultado final de la misma temática”.

Polifacético, así es Camilo Álvarez, artista gráfico, plástico, musico.
Polifacético, así es Camilo Álvarez, artista gráfico, plástico, musico.

Los temas

¿Y cómo cambió la temática de Camilo Álvarez desde la última vez que se encontró hablando con este periodista sobre su trabajo?, porque, en 2014, hasta París llevó una obra en la que el color rojo estaba muy presente, porque estaba hablando del fetiche, del deseo, del placer, y hoy está hablando del silencio.

“La primera parte de la obra habla un poco de trascender, y ese trascender sigue estando implícito. Hablaba de cómo se trasciende del dolor al placer, esa fue la primera parte. Ahora, cuando hablo del dolor, de ese tema del drama, ese trascender está en otras palabras, en la búsqueda del silencio, que uno hace en pro de encontrarse, de encontrarse también con ese drama, en esa reflexión hacia el interior. Finalmente, el silencio te lleva a trascender a unos momentos más placenteros. Está el silencio como espacio de reflexión, pero también como manera de conexión, de entrar en unos estados distintos, mi creación sigue siendo un poco mística y cargada también de un sentido espiritual”.

Cree también en lo divino, en el momento de creación como placer, como plenitud y milagro: “parte de mi búsqueda en la obra es como de reflexión y de conexión, hay una obsesión de darle esa profundidad, que la obra misma sea una posibilidad de conexión y siempre esté hablando de un descenso o una conexión con el interior, esa es la una carga más mística, por eso cuando hablo de mística tampoco quiero enmarcarla, eso es una cosa muy importante, porque es que se va a enmarcar la obra en un concepto, ya se vuelve muy inmediata”.

Es músico de formación, Camilo Álvarez adelantó estudios en Música en la Escuela de Música Chopin y es baterista, por ello vale la pena saber cómo es que un músico que hace dibujos está hablando del silencio, o de los sonidos que están detrás del silencio.

“Sí, en esta nueva etapa está más implícita la música, yo soy músico, soy baterista. Entonces aparece más la música, está más presente, porque quiero hablar de cómo cuando estamos en silencio recreamos sonidos, cómo habitamos en el silencio”.

Además de su primo, el artista famoso, el maestro Óscar Jaramillo que en Medellín marcó y sigue marcando a decenas de generaciones de artistas, Camilo Álvarez cree que, de alguna manera, el trabajo de David Manzúr lo ha inspirado.

“Cuando yo vivía en Bogotá, mi papá estaba en la búsqueda de ponerme a estudiar con él, yo quería empezar a estudiar dibujo o hacer parte del taller de Manzur. Mi papá empezó a averiguar a ver si había posibilidades de estudiar con él, en ese momento no hubo esa posibilidad, porque ya no estaba dando clases, pero lo que pasó es que nos conectaron con Ana Kerpel, en 1993, quien es una alumna de Manzúr, venía de la escuela del maestro”.

Al cierre, Álvarez confiesa que tiene la pretensión de explorar el video, “quiero que el vídeo se me vuelva otra obra de arte, lo que quiero es empezar a que el vídeo se me vuelva una mezcla, como si fuera un videoclip, un videoarte, a partir del cual pueda empezar a sacar propuestas para acompañar, por ejemplo, una exposición; no solamente presentar piezas físicas, voy a acompañar también con video, es lo que quisiera: empezar a conjugar”, concluye.

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