Mirarse a sí mismos

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Vitrinas Cundinamarca. Foto cortesía Museo de Antioquia.

El director de la Galería del Centro Colombo Americano, Alejandro Vásquez, reflexiona sobre la escena artística local.

*Alejandro Vásquez Salinas

*Director

*Galería Centro Colombo Americano

Los artistas de Medellín cuando hablan de ciudad hablan de Medellín
Más del 70% de la población mundial vive en los cascos urbanos, el mundo vive en la ciudad, las actividades rurales son controladas en mayor parte por grandes corporaciones e industrias de producción alimenticia y proyectos energéticos. Las ciudades son diversas y sus tintes de identidad provienen de sus costumbres rurales. La ciudad es un concepto amplio, complejo y global.

Los artistas de Medellín han expuesto en los museos de Medellín
Por mencionar solo algunos proyectos individuales y exposiciones dedicadas a artistas antioqueños aparecen en la lista:
Jose Julian Aristizabal, Beatriz Olano, Julian Urrego, Victor Muñoz, Leonel Estrada, Anibal Vallejo, Angelica Teuta, José Antonio Suárez, Juan David Henao, Fernando Botero, Félix Ángel, Rodrigo Callejas, Jorge Cárdenas, Gregorio Cuartas, Aníbal Gil, Óscar Jaramillo, Luis Fernando Peláez, Dora Ramírez, Aníbal Vallejo Rendón, Marta Elena Vélez, Juan Manuel Echavarría, Grupo Utopía (Patricia Gómez, Jorge Mario Gómez, Fabio Ramírez), María Claudia Mejía, Federico Ortegón, Ana Patricia Palacios, Luis Fernando Peláez, Juan
Arturo Piedrahita, Libia Posada, Daniela Serna, Taller 7 (Mauricio Carmona, Adriana Pineda, Julián Urrego y Powerpaola), Cristina Toro (Corporación Águila Descalza), Carlos Uribe, Paula Úsuga, Alejandro Vásquez, Santiago Vélez, Esteban Zapata, Fredy Alzate, Cristina Castagna, Alejandro Tobón.
En otras exposiciones colectivas también aparecen artistas antioqueños que aportan desde su visión a los lineamientos curatoriales de cada proyecto; la lista es aún más extensa.

Vitrinas Cundinamarca. Museo de Antiqouia. Foto Cortesía Museo de Antioquia.

El arte de Medellín pasa en las comunas de Medellín
Casa amarilla y Casa morada, ubicadas en dos comunas opuestas históricamente divididas por el río, han sido escenarios de emergencias de espacios de creación, arte y paz en diálogo con sus comunidades. Estos son sólo dos ejemplos de Los muchos que actualmente funcionan y que desde los 80s han sido ejemplo y referente para la transformación social de la ciudad, más allá de los museos y las galerías.
Las redes de artes, los MDE, los laboratorios artísticos y de creación, desde las épocas de las “violencia”, han facilitado el intercambio, la convivencia y el desarrollo social de muchas comunidades.

En espacios de Medellín se exhibe arte internacional
Hemos visto arte proveniente de Burkina Faso, India, Israel, Túnez, Japón, Estados Unidos, Egipto, México, Perú, Italia, Holanda, Serbia, Argentina, Brasil, Sudáfrica, Camerún, España, Canadá, Alemania; no sólo en los museos, sino también, en espacios culturales de menor escala.

Los artistas de Medellín son unos berracos y exponen fuera de Medellín
Los artistas de Medellín exponen sus obras y procesos en, República Dominicana, España, Estados Unidos, México, Brasil, Alemania, Sudáfrica, Francia, Japón, Corea, Italia, Suiza, Holanda, Inglaterra, Cuba, Argentina, etc.

En Medellín han proliferado los espacios independientes de creación
Artistas entusiastas e inconformes han facilitado la creación de espacios artísticos autogestionados tales como: Taller 7, Casa Tres Patios, Casa Imago, Plazarte, Bar La Jícara Castilla, Bar Las Divas, Campos de Gutiérrez, Casa de las Estrategias, Corporación Cultural Nuestra Gente, Casa Toroide, El puente_lab, La Casa Amarilla, Platohedro, Por Estos Días, Proyecto NN, Rizoma Ultravioleta, Un/loquer, Un Nuevo Error, Grado 3, Casa Coworking…

Vitrinas Cundinamarca. Museo de Antiqouia. Foto Cortesía Museo de Antioquia.

Los museos de medellín han facilitado el entendimiento de la “identidad paisa”
Son varias las exposiciones que han dedicado sus esfuerzos a revisar la llamada “identidad paisa”, muchas han sido indispensables para develar conecciones identitarias con el resto del país y del mundo.
Contra Expediciones, Antioquias, Destierro y Reparación, La Consentida, Residencias Cundinamarca, Bienales Coltejer, 10 Artistas Antioqueños, Museo y Territorios, Mandinga Sea, Memorias de Barrio, Naturaleza Inmaculada, 40 años Arando en el Fuego, Medellín una Historia Colombiana, Horacio Marino Rodríguez intelectual ilustrador y artista plástico. Contra- Relatos, Arte en Antioquia en la década de los 70s, Año Cero, Patio de Esculturas, Salones Arturo y Rebeca Rabinovich, Coordenadas historia de la instalación en Antioquia, Híbrido/cruzado/discontinuo, Medellín es Memoria Viva, Cartas del Cielo de Antioquia, Medellín Memorias de Violencia y Resistencia, Polis…

Mirarse a sí mismo
En la ciudad hay muchas iniciativas, proyectos, colectivos e instituciones trabajando duro por promover la cultura en la ciudad, todas con prioridades y recursos distintos, pero ¿nos estamos mirando? ¿Quién apoya a quién?¿Cuáles son las miradas válidas? ¿cuáles son valiosas? ¿que tanto estamos revisando las miradas que se están construyendo y qué estamos construyendo de nuestra propia comunidad?
Cuando articulamos esfuerzos, nos miramos críticamente y establecemos conexiones más allá de las competencias y los regionalismos podemos encontrar vías para la construcción culturas tan ricas y complejas como la nuestra.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Jorge Lopera

    Hacer un listado, sin tomar con pinzas lo que se mueve entre los nombres, es justamente no mirar. Lo que demuestra el inventario que está haciendo Alejandro Vásquez es que, en efecto, hay exposiciones, espacios independientes, artistas que toman la ciudad y lo urbano como objeto de estudio, una comunidad que se mueve nacional e internacionalmente; pero, ¿acaso no sucede así en todas las geografías, incluso las periféricas y subalternas que componen el sistema del arte globalizado?

    La desazón que me produce el texto es igual al peso que le falta a la hoja, casi blanca y silenciosa por los argumentos que están ausentes. La luz no la dan las listas, como tampoco las preguntas que hay hacia el final del artículo sobre la geografía imponente, enclavada en un valle, que nos impide mirar hacia afuera y, paradójicamente, parece que también hacia adentro. Pero no es una hoja y tampoco es un texto, más bien lo que hay es el atiborramiento dejado por el afán de esbozar la imagen de una escena siempre en disputa, siempre en crisis.

    Que “la ciudad es un concepto amplio, complejo y global” no es ninguna novedad, y habría que mirar más bien lo que implica esa complejidad en el caso de Medellín a través de prácticas localizadas y discursos específicos. Qué bueno sería saber más sobre las dos casas, la amarilla y la morada, que están sosteniéndose en dos pendientes distintas mientras se resisten a rodar calle abajo rumbo al río. ¿Cómo se ha imbricado el arte contemporáneo con los procesos sociales?, ¿cuáles son sus impactos? y ¿cuál es la calidad intelectual de las obras que enuncian esos contextos convulsos?, serían algunas preguntas que podrían responderse para mirarnos críticamente. Qué bueno sería también saber cuál es la “identidad paisa” a la que se refiere el texto, ¿cuáles son esos rasgos distintivos en las exposiciones mencionadas?, ¿cabe el calificativo “paisa” en una revisión sobre el arte contemporáneo de la ciudad?, ¿hay que elogiar a los pocos museos por esas exhibiciones? Algunas han sido más que problemáticas.

    Las Bienales de Coltejer mostradas por el Museo de Antioquia siguen lejos del olvido por su ya conocido carácter fundacional, sin embargo también continúan en mora de una investigación histórica que permita vislumbrar los relatos no contados del impulso que tuvo nuestra escena artística. Por ejemplo: la presencia de un miembro de la Oficina de Asuntos Interamericanos junto a las directivas y organizadores de la I Bienal de Coltejer en 1968, como mostró en una fotografía Samuel Vásquez durante la presentación que hizo el año pasado en La Pascasia, es una evidencia -o al menos un destello que debería despertar cierta sospecha-, de que las Bienales de Coltejer, al igual que las Kaiser en Córdoba (Argentina), estuvieron influenciadas por la CIA en el marco de la Guerra Fría Cultural. Esto es algo que ampliamente han documentado la historiadora y periodista británica Frances Stonor o la investigadora argentina María Cristina Rocca.

    La primera bienal mostró una vanguardia en gran medida formalista, lejana a los discursos políticos que en ese momento se movían en otros países sacudidos por las dictaduras y dictablandas que ensombrecieron a América Latina en las décadas del sesenta y setenta. Romper el academicismo fue lo más radical que pudo suceder y que dio paso al trabajo de los Once Antioqueños y de la Generación Urbana, una ruptura que marcó una genealogía en clave de ciudad; mientras que en México, Brasil o Argentina la experimentación era llevada a sus últimas consecuencias con un decidido espíritu político. El formalismo, y no lo político, fue lo que sucedió ante los ojos ingenuos de la filántropa élite antioqueña, o tal vez ante la ceguera que siempre le ha producido al provincianismo codearse con Estados Unidos o Europa. Pero eso también es lo que somos. Hemos estado signados por una desafortunada tradición industrial que opone al pensamiento social el conservadurismo exacerbado en la balanza que distribuye día a día la vida de esa Medellín amalgamada.

    Las exposiciones Año cero o El arte en Antioquia y la década de los setenta son también desafortunadas, son lecturas sin lectura. Si algo permitieron ver fue el poco conocimiento de la historia del arte local por parte de un curador que tiene clara la política de representación del museo: exposiciones comisionadas, sin discurso crítico en la mayoría de los casos y que asume las tendencias globales (como hacer historia del arte a través de las exposiciones) desde el cuestionable lugar del espectáculo; sin adaptar o traducir esas estrategias a las condiciones socio-históricas del contexto en el que se inscriben. Los relatos museográficos por sí solos no son necesariamente un rescate de la historia y la identidad local, ni tampoco sostienen la mirada que se reclama sobre nosotros mismos. Habría que situar esas obras, ponerlas en crisis, revisar los archivos, cotejar las fuentes y mirar el tránsito de ideas en contextos más amplios.

    La mirada sobre la escena, y aquí por supuesto mirar es lo que excede siempre al ver, se escabulle, entonces, entre los meros nombres y evade cualquier despliegue preciso de una voz que tendría, por su posición, otras cosas por decir y otras circunstancias por nombrar. La manera en la que las iniciativas y producciones enunciadas agencian un capital simbólico, y el modo en el que ese capital circula y varía, importaría más que el vistazo a vuelo de pájaro. ¿Qué reflexión puede haber, como señala el encabezado, en un directorio de artistas, exposiciones e iniciativas autogestionadas que carecen de contexto histórico o de un pensamiento crítico que las acompañe?

    Qué convulsa ha sido nuestra geografía y qué lejos estamos de mirarnos si el texto de Alejandro Vásquez es el que propone pensarnos a nosotros mismos.

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