Nuevos pobladores en Santa Elena amenazan la cultura silletera

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Silleteros

A Santa Elena han llegado nuevos vecinos, en su mayoría, citadinos que han tomado el territorio como espacio para el descanso y la recreación, y ello representa una amenaza a la manifestación cultural silletera. ¿Cómo lo ven los campesinos silleteros? ¿Qué hace el Municipio de Medellín para enfrentar la amenaza?

Hasta hace unas décadas, los apellidos de los habitantes del corregimiento de Santa Elena se podían contar en los dedos de una mano. Estaban los Atehortúa, los Grajales, los Londoño, los Soto o los Zapata.

No obstante, con el paso de los años, la llegada de nuevos pobladores a este territorio campesino de Medellín representa uno de los tantos riesgos que enfrenta la manifestación cultural silletera, y a pesar de la existencia del Plan Especial de Salvaguardia (PES) -promulgado en julio de 2015-, que es un acuerdo social, cultural y administrativo, concebido como un instrumento de gestión del Patrimonio Cultural de la Nación, mediante el cual se establecen acciones y lineamientos encaminados a garantizar la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, según se consignó en el marco legal del Mincultura, dado por el Decreto 2941 de 2009.

Aun así, entre los dueños y herederos de esta tradición antioqueña siguen estando estos mismos apellidos. Además de Álzate, Grisales o Hernández, familias que llegaron con el tiempo a ocupar este territorio, pero que son igualmente dueños de esta manifestación antioqueña y orgullo nacional.

Cabe destacar, los portadores de la tradición silletera se encuentran distribuidos entre alrededor de 500 familias -más de 2.000 personas-, quienes ancestralmente han sido cultivadores y sembradores de flores.
Por un lado, la historia de la manifestación cultural silletera también nos habla de migraciones internas y de la manera de cómo allí se ha cohabitado el territorio; pero aún más importante, de la construcción de su historia agrícola, del sembrado de frutos y hortalizas y, por supuesto, de flores, esa historia que algunos silleteros manifiestan que está en peligro.

María del Rosario Escobar, exsecretaria de cultura y hoy en día directora del Museo de Antioquia, quien estuvo a cargo de la formulación del Plan Especial de Salvaguardia a la manifestación cultural silletera de Medellín, declaró que es una realidad que la presión sobre la tierra en Santa Elena está más dada a las zonas de recreación que de cultivo, lo que hace muy necesario, para la protección de esa cultura, unas medidas integrales en ese sentido.

“La práctica silletera surgió y ha mantenido sus valores esenciales a partir de procesos productivos y comerciales tradicionales que incluyen técnicas artesanales para la elaboración de herramientas concretas como el cargador y las silletas”, se consignó en el libro Silleteros, un pasado que florece.

La importancia del valor de la cultura silletera antioqueña es que es la esencia del territorio y es la muestra de su relación con la naturaleza. Por más humilde que sea una vivienda en Medellín, siempre está adornada con flores, de ahí una de las definiciones de cultura que existe, y es que dentro de ella está todo aquello que embellece lo cotidiano, y esa manifestación cultural con flores, ese acercamiento de los paisas a la naturaleza y su conservación, hace parte de una idiosincrasia. Es de aclarar, el Desfile de Silleteros es solamente una expresión, que a partir de 1957 empezó a configurarse en tradición, pero toda la expresión silletera tiene raíces mucho más profundas, tiene relación con la naturaleza y con la belleza que ofrece la naturaleza a este terruño.

Además de flores, los campesinos silleteros tienen cultivos orgánicos para consumo propio.

Riesgo inminente

Don Óscar Atehortúa, silletero y tiplero del corregimiento de Santa Elena, confesó que la vocación de la tierra, es decir la tradición del sembrado de estos campesinos, es de las cosas que a él más le preocupa de la nueva generación que habita ese territorio, a quienes él describe como gente, la mayoría citadinos, que se mudaron para habitar un espacio “más calmado”, pero que, claramente, no tienen el interés de preservar esa vocación campesina.

El equipo de Patrimonio, Memoria y Archivo Histórico de la Secretaría de Cultura Ciudadana respondió sobre este asunto a la Revista Papel que, efectivamente, la llegada de nuevos pobladores al corregimiento de Santa Elena, representa un riesgo que atenta contra la manifestación cultural silletera. El PES, que fue un acuerdo social construido con las visiones y expectativas de la comunidad silletera, recogió esta preocupación entre los múltiples factores que han incidido en la transformación poblacional y sociocultural del territorio, debido a la proximidad de núcleos urbanos como Medellín, que desde los años setenta presenta una expansión acelerada.

Por su parte, Juan Luis Mejía, autor del libro El gran Desfile de Silleteros, consideró a esta como una amenaza inminente, porque, evidentemente, “Medellín se está trepando hacía el segundo piso, que es Santa Elena, y por eso es tan importante la declaratoria de patrimonio que tienen los silleteros, para que no solamente el municipio sino todos los ciudadanos ayudemos a conservar esa tradición intacta”.

Además, expresó que el propósito de conservar la manifestación silletera implica no solamente proteger sus fincas, sus lugares de cultivo, sino también toda su tradición, que no es solamente la silleta, porque los silleteros tienen otras expresiones con flores que son igual de hermosas.

“A mi hoy me interesan más las cruces del 3 de mayo que la misma silleta, porque estas han ido evolucionando, pero lo que ocurre el Día de la Santa Cruz, es una cosa maravillosa. Ellos siembran la cruz (de madera) en una tradición que es muy antigua, en señal de fertilidad a la tierra, y que, además, decoran con flores”, narró el autor, estudioso de la temática.

Claramente, la silletera es una tradición que está amenazada y es un deber de todos los antioqueños protegerla.

Entre los otros riesgos de esta manifestación, se cuentan las condiciones de fragilidad por no tener en la comunidad la consciencia sobre la necesidad de crear unas políticas para trabajar en torno a su visibilización; la comprensión, además, de que se trata de una cultura, más que de una manifestación, entendiendo también que el Desfile de Silleteros es una de las principales acciones de preservación de la cultura silletera y, tal vez, sin el Desfile, ella nunca existiera; porque, como lo narró María del Rosario Escobar, la tradición de bajar flores a Medellín en silletas, ya no existe.

Un campesino vende sus flores en la Plaza Cisneros. Foto de Gabriel Carvajal Pérez. 1955. Archivo Fotográfico BPP.

Entonces, esa tradición la mantiene el Desfile, “es importantísimo que no se entienda solo como el fin de esa cultura sino precisamente como una manifestación, pero que está relacionada con el cultivo de flores y trabajo también en torno a la biodiversidad y a la sostenibilidad. Por eso, se dio esa declaratoria, para que se comprendiera cuál es la acción del Desfile sobre la cultura, pero también la necesidad de ir más allá de ello”.

En tanto, ella reafirmó: “Para hacerlo, se requiere de un trabajo interdisciplinario muy fuerte”.

Otro riesgo que mencionó Mejía Arango es el hecho que desaparezcan las familias silleteras, “sobre todo, por la pérdida de la tierra en donde ellos cultivan. Eso me parece muy importante a considerar, la presión del suelo podría hacer que esta manifestación se desplace y eso podría ser fatal”.

Conjuntamente, el que se llegue a dar que las nuevas generaciones no conserven su identidad e historia, es otra amenaza. Pero allí en Santa Elena, aún existen jóvenes como Jonathan Londoño, silletero de la vereda Barro Blanco, quien se niega a dejar acabar la tradición, y así como él, existe un grupo de niños y jóvenes que están dispuestos a ello; aunque coinciden en reconocer que necesitan más incentivos para contagiar a otros más.

Y es que en general, los silleteros convienen en que necesitan más apoyo que les permita y garantice proteger y revitalizar su manifestación.

Para Mejía Arango, la cultura silletera es una de las manifestaciones antioqueñas que ha evolucionado de “manera más interesante”, porque los campesinos de Santa Elena pasaron de cargar seres humanos a cargar flores, no solamente en silletas sino en canastas, en las que bajaban las más delicadas, como lo son la variedad de los pensamientos. Entonces, eso hace parte de la identidad de Antioquia.

“Cuando uno pierde la memoria colectiva, como si ocurriera un ‘alzheimer colectivo’, pierde todas sus raíces. Creo que de los pocos símbolos que nos une y que nos identifica en el exterior es, precisamente, la manifestación silletera, pero yo la ampliaría más, al hacer cultural de los silleteros de Santa Elena, porque no es solo la silleta sino otras manifestaciones más, que además corresponden a un arte efímero, dado que la silleta tiene una vida útil que es muy corta.

Es importante reconocer que, en lo referente a este patrimonio inmaterial, lo más relevante no es el objeto, sino el proceso y la tradición.

En palabras de don Óscar Atehortúa, el Plan de Salvaguardia ha permitido dar un paso más hacia el reconocimiento y la dignificación del patrimonio cultural del que él es heredero y se ha esmerado por pasar como tradición a sus hijos y nietos. A su vez, ha significado poder poner de manifiesto los componentes de la tradición silletera que merecen ser rescatados y preservados; ya que como él lo siente: “Hijos y nietos tienen el deber moral de preservar esta tradición”, dijo.

Acá, cabe destacar que, durante la administración pasada, hubo una revisión del acuerdo, que hizo un incremento de los honorarios de los silleteros para el Desfile. Pero, es necesario emprender otras medidas, que pueden ser de más largo plazo. “Es importante, ante todo, elevar la preocupación hacia el bienestar y la dignidad de los mismos silleteros, con la misma disposición del Desfile, porque hay temas complejos por resolver como el mismo peso de la silleta, el bienestar del silletero, la condiciones de producción, el abastecimiento de flores, realmente es un tema profundo que requiere de una análisis interdisciplinario e inclusive departamental, ya que no recae solamente en la ciudad de Medellín, el territorio silletero se extiende a más allá y tiene que ver con otros municipios del Oriente antioqueño”, narró la exsecretaria de cultura.

Los silleteros promueven el cultivo de flores y la costumbre de tener jardines exuberantes en sus casas.

En concreto, la mayoría de los habitantes de Medellín creen que el territorio cultural silletero está restringido a Santa Elena, la realidad es que este está configurado por otras veredas pertenecientes a los municipios de Guarne, Envigado y Rionegro. En total, se trata de 17 veredas, 11 de Santa Elena: Piedras Blancas, Matasano, Las Palmas, El Plan, Mazo, Piedra Gorda, Barro Blanco, El Llano, El Placer, El Cerro y el sector central; de Guarne pertenecen San Ignacio y El Porvenir; de Envigado están Perico y Pantanillo, y a Rionegro, la Quiebra.

Lo cierto es que la manifestación silletera antioqueña ha logrado borrar los límites geográficos de estas localidades, al unir desde hace más de 150 años sus costumbres, saberes y tradiciones en torno al uso de la silleta.

Riesgo identificado en el PES

Adentrándonos en lo que los silleteros señalaron en el PES, se reconoce que los nuevos pobladores que se vienen estableciendo en el territorio de Santa Elena han hecho de este lugar su segunda residencia o finca de recreación, debido a las condiciones naturales de la zona.

Según la respuesta del equipo de Patrimonio, Memoria y Archivo Histórico de la Secretaría de Cultura Ciudadana, esto ha repercutido en cambios de las actividades de subsistencia, disminuyendo la cantidad de campesinos que se dediquen a la agricultura, situación que va posicionando de forma progresiva el corregimiento Santa Elena como territorio rur-urbano (que indica un territorio antes totalmente rural que en la actualidad se suele utilizar para fines industriales o urbanos).

El mismo PES acogió esta problemática y postuló alternativas de fortalecimiento de la vocación agrícola y de turismo sostenible, sustentado en atractivos naturales, recreativos, histórico y culturales del territorio, y en esa vía el Municipio apoya y promueve iniciativas desde la Secretaría de Desarrollo Económico para el caso de los emprendimientos productivos de fincas y organizaciones silleteras.

Por su parte, la Secretaría de Cultura Ciudadana asumió el rol de identificar esas tradiciones y apoyar la divulgación y apropiación de memorias que refuercen su identidad cultural, pero “son los mismos pobladores campesinos, quienes deben asumir la defensa, salvaguardia, gestión y permanencia de la vocación cultural de su territorio”, expresó Sebastián Trujillo, subdirector de Bibliotecas y Patrimonio de Medellín.

*Fotos de la Alcaldía de Medellín, publicadas en el libro Silleteros, un pasado que florece.

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