Roda, 100 años

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El maestro Samuel Vásquez exalta la obra Juan Antonio Roda en el arte contemporáneo colombiano y cuenta sobre su participación activa en el desarrollo del Taller Grabado del Taller de Artes de Medellín.

En este oscuro 2021 se cumplen cien años del nacimiento de Juan Antonio Roda, el más talentoso grabador entre nuestros poetas.

Conocí a Roda en 1968 interesado como estaba en su participación en la Bienal de Medellín, en la que presentó sus pinturas Cristo I y Cristo II.

En la II Bienal (1970), Roda mostró unas pinturas de gran formato que registraban lo que él veía desde la ventana de su casa en Suba: niebla, atmósfera, desdibujo. Son estas las primeras pinturas suyas de un tema colombiano que tendría un magnífico desarrollo posterior en sus flores, montañas, ciudades perdidas, trópicos, etcétera.

Foto enviada para la I Bienal, 1968. Archivo de S. Vásquez – Bienal de Medellín).

En 1971, para la inauguración de la Galería del Banco Grancolombiano que yo diseñé, y que ocupaba todo el cuarto piso de su sede principal en la calle Boyacá entre Bolívar y Carabobo, organicé e hice el montaje de su serie inicial de grabados Retrato de un desconocido, primera exposición individual de Roda en Medellín.

Roda, “cansado de hacer retratos por encargo para los ricos”, busca liberarse dibujando a un desconocido, a alguien invisible que no tiene estatus formal ni social. Alguien que no vale la pena ser señalado, que no vale la pena ser mirado. A alguien que no tiene pasado ni futuro memorable, le asigna un presente sin presencia, y lo sostiene con mezzotinta y aguafuerte. Es el tiempo de los sin linaje, de los sin historia. No hay victoria en ellos, ni heroicidad, ni siquiera rabia. No nos enseñan ningún camino de gloria ni de salvación. Y, sobre todo, no reclaman su parecido ni, mucho menos, su identidad. Y, en un acto de humildad (¿o de reconocimiento?), su padre y él mismo son llamados a engrosar la fila de desconocidos.

En 1977, Roda participó activa y generosamente en el desarrollo del Taller Grabado del Taller de Artes de Medellín, primer taller de grabado independiente de la ciudad, donde estudiaron, entre otros, José Antonio Suárez, Luis Fernando Peláez, Ángela María Restrepo, Julián Posada, Santiago Londoño, Dick Harold.

Pienso que el arte para el que Roda estaba más dotado y que gozaba practicándolo, era el arte de la conversación. Pero no una conversación exclusiva sobre sus admirados Velázquez o Rembrandt, sino sobre literatura, música y cine. Cuando llegó al Taller de Artes habló con entusiasmo desbordado sobre teatro y confesó su permanente deseo por dirigir alguna obra. Mucho después haría su bella escenografía y vestuario para Las brujas de Salem, sobre lo que hablamos largamente después de ver juntos una gran exposición de grabados de Durero, con sus nubes que semejan telas.

Sin duda alguna las más imaginativas conversaciones sobre arte en este país de charlatanes, se dieron con Negret, Roda y Carlos Rojas.


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