Cannabis: una experiencia a la colombiana

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Candela. Foto de Andy Cadavid @lollamanandres

“…Y produjo la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su especie. Y vio Dios que era bueno”. Gen. 1:12.

*Filiberto Parra

Historiador

Atrás quedó la época en la que se consumía cannabis tradicional en Medellín, los “moños de bareta” dieron paso a los sofisticados “cogollos” de marihuanas manipuladas genéticamente; atrás quedó la época de influencia de la revolución cultural de los años 60, la marihuana punto rojo, la gold, la corinto, y los parches donde, bajo sus sedantes efectos, sonaban Led Zeppelin o Black Sabbath, la salsa de los hermanos Lebron o de la Fania all Stars en las esquinas de los barrios y bares de la ciudad.

En la Medellín de los 80 se usaba fumar bazuco y la violencia era pan de cada de día, todo giraba en torno a las noticia relativas al narcotráfico y las bombas, se dice que a noviembre de 1989 en Colombia hubo casi 200 atentados terroristas, con múltiples pérdidas, tanto económicas como humanas. Gracias a este conflictivo momento, las rutas de narcotráfico sufrieron bloqueos, lo que implicó que en la década del 90 los grupos armados al margen de la ley entraran a participar activamente en el negocio; la moda del bazuco pasó, el consumo de alcohol y el tabaco siguió siempre estable, pero la marihuana hizo una especie de reaparición exitosa y su uso se difundió.

Por esta misma época comenzaron a llegar cogollos de las nuevas cepas de cannabis manipuladas desde principios de los 80 en países como Holanda, donde se crearon las primeras genéticas de semillas, hembras auto-florecientes, cepas derivadas de las diferentes especies de cannabis existentes en el mundo, mezclas genéticas que vieron nacer un millar de nuevas formas con grandes cantidades de tetrahidrocannabinol –THC- y de cannabidiol –CBD-, este último usado comúnmente en medicina, ya que en general el uso del cannabis está en auge en casi todo el mundo.

Gracias a los avances de la ciencia a favor de la agricultura, en Colombia el fenómeno del consumo del cannabis y su gran rentabilidad se sumaron para transformar las especies consumidas en nuestro país, fue así como en los noventas en Colombia, se dio un giro hacia el perfeccionamiento genético de la mejor especie en el sur del país, zona más adecuada para el cultivo de cannabis en todo el territorio nacional, pues su suelo es rico en minerales y sustratos enriquecidos por la actividad volcánica de la zona; no es de extrañar que sea allí donde el campesino sea más impulsivo a la hora de defender sus derechos y pelear por sus territorios, existe una gran cantidad de población indígena y campesina, un gran abandono estatal, que permite que los grupos armados o bandas criminales sean los administradores de las zonas.

Los campesinos y cultivadores fueron paulatinamente transformando sus cultivos hacia las nuevas genéticas manipuladas por los directamente beneficiados del tráfico ilícito de cannabis, esas nuevas variedades fueron la Patirroja, la Mango viche ò Limón y las variedades de Creppa, que son adaptables a nuestro clima y condiciones espaciales, se especula que hay personas encargadas difuminar su producción por todos lados, incluso fuera del país.

El siglo XXI

En la oscuridad. Foto de Andy Cadavid @lollamanandres

A principios del siglo XXI vivimos el aumento en el consumo de cannabis, en el ámbito internacional muchos países permitieron su uso medicinal y recreativo, pero el camino apenas comienza, será largo y de duros aprendizajes, ya que la regulación debe ser el pilar de transformación de la visión de “alternativo” que tiene este nuevo cultivo; sus propiedades medicinales ya no se pueden ocultar más, su uso en las terapias y tratamientos de enfermedades crónicas y catastróficas es innegable, es comúnmente conocido el anécdota según el cual, durante el tratamiento contra el cáncer realizado a un niño de 10 años, este manifestaba a su madre después de la quimioterapia que se quería morir, cuando luego de la quimioterapia le dieron al chico CBD, simplemente le pidió a la madre comida.

En Colombia apenas se está despertando a la realidad del cannabis, su uso está legislado, pero en los últimos años se han tenido que modificar muchas cosas en el ámbito legal, debido la protesta de los campesinos del Cauca, quienes son los principales cultivadores de la planta en Colombia; por lo que en la zona existe un gran conflicto rural, donde los territorios son disputados por grupos armados que buscan adueñarse de las ganancias de los productos ilegales.

El campesino y cultivador artesanal de cannabis en el del Departamento del Cauca se instruyó gracias al traficante, quien le enseñó la mejor manera de cultivar y qué semillas usar; lentamente los campesinos perfeccionaron estos conocimientos en pos de mejorar sus cultivos e incluso algunos ya producen sus propias semillas, todas vienen de la misma genética, consistente en una variedad resistente a los cambios de clima y que de una muy buena producción en siete u ocho meses, generando por planta más de un kilo de cogollos de cannabis, lastimosamente las grandes rentabilidades que produce el tráfico de cannabis, no le quedan a los cultivadores, sino más bien a los traficantes.

Una libra de cogollos en la puerta de un campesino solo cuesta unos $20.000, en las grandes ciudades puede llegar a costar hasta $500.000, eso gracias a todos los costos que debe pagar para llegar al usuario final.

Aunque la normativa colombiana ha ido cambiando su postura a favor del uso alternativo del cannabis, entendido este como medicinal y recreativo, el camino es largo para insertarlo en la conciencia en masa. Es importante buscar la solución al problema de maneras diversas, para tratar de acomodar las decisiones que se tomen al bien de común, no con fumigaciones desmedidas y utilización de medios nocivos para la explotación de la misma, es un proceso en el que todos deben participar desde la filosofía del autocuidado, la preservación y la no utilización de productos contaminantes.

Si consumes, planta”. Esta debería ser la consigna para todos los consumidores de cannabis en el país, tanto medicinal como recreativa, es la manera alternativa de ayudar a solucionar parte del problema del narcotráfico en Colombia y lograr que la criminalización de la planta pase a un segundo plano permitiendo destacar sus beneficios.

Aquellos moños no se volverán a ver, pero a cambio han quedado unas buenas plantas, muy ricas en THC y CBD, cogollos muy perfumados que provocan olfatearlos profundamente, pero más que esto, es su gran valor medicinal, en épocas en las que las enfermedades crónicas abundan y los tratamientos alternativos son las nuevas técnicas para mejorar la calidad de vida de los humanos, allí radica su gran potencial, si el Estado usara esos beneficios para fomentar el crecimiento de la economía, se vería abocado a una demanda mundial de los beneficios de la planta y seria innegable que Colombia se convertiría en potencia mundial en producción de cannabis, lo que mejoraría la calidad de vida de muchos.

Sobre la criminalidad

La otra parte de la historia es la criminalidad urbana generada por el micro tráfico de todo tipo de drogas, desde las clásicas como el cannabis, hasta el LSD, el éxtasis, el tuzi, las metanfetaminas, etc. Es por esto que generalmente el que necesita cannabis debe ir a una olla, plaza, hueco, jibariadero o algo así, es casi imposible que la pueda conseguir de otra manera, aunque en las últimas épocas los modernos dealers o distribuidores se las arreglan para incluso llevarla al cliente que la necesite, ya que el consumidor de estos productos esta en cualquier posición social, desde estratos bajos hasta los más altos.

Es por esto que acceder a unos cogollos y de buena procedencia es tarea bastante difícil, todos los días caen capos que trafican con marihuana, siempre va a estar ligada a la guerra de las drogas, su toque ilegal la hace más fascinante, y el que sea la más suave de las sustancias sicoactivas la hace muy apetecida en tiempos modernos, donde su uso social cada día se hace más común y sus beneficios medicinales cada día despiertan más curiosidad, aparte de otras bondades como el hermoso cáñamo de uso industrial en textiles, derivados  para alimentos enriquecidos, mantequillas, compotas, dulces etc.

Los colocones suaves que brindaban las trabas de los moños anteriormente, han cambiado a unas sensaciones de miles de estados producidas por los cogollos: euforia, calma, concentración, miedo, alegría, tristeza, osadía; en fin, constituyen un mar de sensaciones, los olores son mucho más perfumados y penetrantes, las nuevas hierbas huelen a limón, mango, frutas, especias, etc., un paraíso de sabores y colores en la búsqueda de la traba.

La modernidad ha transformado a la humanidad, ya no se es humano, se es digital, esto ha cambio el panorama de juego, la nueva ludopatía, el celular, el pc. La introspectiva existencia, se apodera de los nuevos ciudadanos, el uso desmedido del miedo como arma de persuasión social, el uso de sustancias para la tranquilidad mental, en fin, un humano inhumano, sin sentimientos, sin futuro, viviendo en medio del consumo obsesivo y la falsedad de apariencias y mentiras que se creen hasta los que se las inventan, una época absurda llena de placebos y ficticios, donde prima más lo material que lo humano.

Movimiento. Foto de Andy Cadavid @lollamanandres

Ahora bien, si lo que se busca es vivir la experiencia del cannabis, se debe plantar, cultivar es hacer la magia con las manos y llevar la naturaleza a otra  realidad, ver crecer las plantas en una maceta o un jardín, es poner un grano de arena para solucionar un conflicto que sin el consumidor no es nada, y es darle un zarpazo letal a la economía de los traficantes, este plantea ser un camino viable, un grano de arena, una la solución que lograría des estigmatizar la planta y separarla del mercado del narcotráfico, facilitando su acceso a las comunidades y fomentando su uso para la investigación, y despenalizarla en todas sus facetas, para un libre uso de todos sus incansables beneficios.

Queda por delante un futuro en el que Colombia sea una potencia mundial en el cultivo del cannabis para el mundo, haciendo uso responsable de los recursos y de un adecuado manejo de los nutrientes y de los suelos usados en los cultivos, donde ojalá algún día encontremos varios Greenshop en el país a la mejor manera de Holanda o California, donde se pueda acceder a cogollos de calidades inmejorables, y que eventos como Expomedeweed en la ciudad y en todo el país no se dejen de presentar para la educación de los ciudadanos en el futuro de los usos de sus recursos para el bien de todos.

Pomadas, alcoholes, comidas, textiles, calzados, etc. Miles de años usando el cannabis en todo el mundo, desde India hasta África, Asia, y de allí la ruta de la seda, hizo pasarla a Occidente, Europa la conoce y es así como llega a América con los españoles, un largo viaje para así llegar y quedarse, y formar parte de nuestra sociedad que debe aprender a vivir con una planta que tiene todo para conseguir la tranquilidad mundial, todo lo da, nada le quita, es brindada por los dioses para el bien de todos, es una planta sagrada, que inclusive nos puede generar un próspero futuro económico, donde Colombia por su posición estratégica en el planeta, tiene diferentes maneras de hacer llegar sus plantas a cualquier lugar del mundo que las necesite, y así entrar a competir a nivel mundial como productores de calidad.

Ya sea una traba, una pomada, una camiseta, un alimento o una cerveza, se trata de una planta versátil, con infinidad de beneficios, tanto en lo medicinal como en lo doméstico, es una hierba que está para ayudar a los humanos y facilitar la vida de los que difícilmente pueden estar vivos en medio de miles de situaciones, sea por que a nivel medicinal es necesaria, o por la búsqueda de    un momento perfecto en el día, en el que se pueda disfrutar de un buen bareto, una buena canción y de remate una excelente comida.

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