La adicción a las drogas como consecuencia y no como causa

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Lengua. Foto de Andy Cadavid @lollamanandres

El artista Pablo Villegas habla de las drogas, en una reflexión personal que quiere compartir con la ciudad.

Pablo Villegas

Psicólogo y músico

Estudié psicología en los años 90. En esas épocas se hablaba de sustancias psicoactivas que generaban, perse, adicción física. Es decir, que una persona que las probaba, incluso una vez, podría ser adicta para toda la vida.

Años más tarde se ha venido mostrando que esto no es así. Uno de los mejores análisis lo hace el periodista Johann Hari en su libro Chasing the Scream (Tras el grito) en el que muestra cómo toda la lucha contra las drogas es un asunto netamente político y económico, que no tiene relación alguna con adicción física. La pregunta de Hari es ¿si la morfina produce adicción física porqué quienes pasan por ella en quimioterapia no terminan adictos de por vida? La respuesta es muy simple: no existe la adicción física a las drogas. Existe la adicción psicológica que es, igual a cualquier otra adicción, llámese dinero, hijos, pareja, sexo, masacrar civiles, pensión, compras en el centro comercial, etc.

Ahora bien, las adicciones psicológicas no se dan por la sustancia en sí sino por el vacío que ella llena. Por el alivio que provoca la droga. Un problema físico que produzca dolor necesita un alivio, que lo da una pastilla o un fármaco. Así mismo un malestar psicológico genera dolores. Dolores que van más allá del entendimiento de la persona y que son, ante todo, de amor, de abandono, de soledad, de fracaso, de falta de sentido de vida.

El problema no es la sustancia, atacar a la sustancia, atacar al adicto, atacar al que hace dinero con esto, nunca, léase bien, nunca va a resolver el problema, porque la esencia está en otro lado, la esencia está en el dolor de los menores violados, de los adolescentes golpeados por sus padres, del abandono, de la desesperanza frente a la realización de los sueños.

Detrás de la prohibición de los psicoactivos está la iglesia católica, siendo ella un psicoactivo de los más poderosos que ha creado la raza humana. Sustancias como el LSD o el DMT permiten sentir a Dios de una forma más real, más majestuosa y esto incomoda, pues algunos sobreviven de “parasitar” cerebros. También están los adictos al dinero como los policías, ya que reciben dinero para combatir las sustancias y reciben todavía más dinero, “parasitando” a quienes transportan las sustancias. Eso que Estados Unidos llama “la guerra contra las drogas” es realmente un gran negocio.

Si las sustancias psicoactivas desaparecieran del planeta, los seres humanos con dolores psicológicos encontrarían de inmediato otros caminos con los cuales intentar llenar su vacío. La prohibición de las drogas es un negocio multinacional que genera una riqueza inconmensurable y que, además, no paga impuestos. Las sustancias psicoactivas son, en sí, caminos de diversión, de juego, de contemplación, de admiración sonrisa y sorpresa. Son puertas que permiten comprender la fragilidad de esto que llamamos realidad.

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