La nueva “edad media” y el exterminio de la diferencia

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Polarización, diferencia y exterminio, tres palabras que nuestro experto Carlos Mario Sánchez analiza, además de otras, para plantear cómo el mundo hoy vive nuevas cruzadas.

La modernidad está agonizando, el mundo ya no es estructural, ya no tiene certezas en las instituciones, los seres humanos se han volcado a lo privado, lo micro o lo particular en busca de sentido y a la espera de encontrar, en palabras de Bauman: “algo sólido”.

En esa búsqueda por comprender esta realidad, diferentes académicos como Hubeñak, Eco, Donini, Minc, Berdiaeff y Mine, de manera visionaria, han sugerido que nos encontramos ingresando a una nueva “edad media”; una era que, según Umberto Eco, se configura desde una gran paz que se degrada, frente a un gran poder estatal internacional -que había unificado el mundo bajo una lengua, costumbres, ideología, religión, arte y tecnología- que a causa de la propia ingobernable complejidad, ahora se derrumba.

En esta crisis desaparece el referente-centro, surgen las solidaridades fluidas y evanescentes de la indeterminación, de lo aleatorio, de lo vago, de lo indefinido, al igual que un gran número de pequeños subsistemas independientes y autárquicos.

Foto: Jhoan Giraldo/ @fotografomedellin. En la Nueva Edad Media, el poder emprende cruzadas formales en contra de los derechos de la diferencia y se los modelos de tolerancia, reconocimiento, igualdad, justicia, equidad, ciudadanía y democracia.

El mundo del paradigma del racionalismo no ha sido suficiente para dar sentido, por lo que  nuestra época es ahora testigo de la recuperación del simbolismo y del misterio. Se vuelve a creer en los ángeles, los adivinos, entra en crisis de la religión formal, resurgen los mitos salvíficos, comienza una nueva era espiritual neo-conservadora.

Al nacer nuevos órdenes, aparecen en consecuencia los nuevos bárbaros. Aquellos a los que hay que acallar, invisibilizar, exterminar, ya no con las cruzadas sistemáticas bajo el mando de ejércitos constituidos y a la luz del día; ahora, en la “nueva edad media”, se emprenden cruzadas para deshacer los alcances normativos de la diferencia, se desconoce la trascendencia e importancia social de las actividades públicas.

Sí, los nuevos bárbaros se juzgan desde su ser privado. Renace en este modelo la persecución de las minorías eróticas, de la mujer como sujeto, las disidencias sexuales, las peculiaridades eróticas. La diferencia se ve obliga a reclamar por sus derechos a través de vías de excepción, generalmente subordinadas a la situación general.

Los líderes de la “nueva edad media” emprenden cruzadas en contra de los derechos de la diferencia y se enfrentan en el escenario de lo político: los modelos de tolerancia, reconocimiento, igualdad, justicia, equidad, ciudadanía y democracia.

Es una guerra cultural  entre progresismo y ortodoxia; una polarización conceptual de implicaciones formales, una apuesta por la hegemonía de los significados culturales en lo público y en lo privado, en el territorio y en el cuerpo como primer territorio.

Las nuevas ciudadanías sexuales, esos diferentes o bárbaros, riñen con el “habitus” de Bordieu, y que los neo-conservadores desean preservar e imponer, olvidando los cuerpos que no importan, los de las “vidas precarias” que el modelo pretende que sean socialmente mudos, borrosos e invisibles, como bien lo explicaba Butler. Cuerpos que se harán presentes sólo mediante una sociología de las ausencias, que patentiza los silencios, necesidades y aspiraciones calladas por la hegemonía de una cultura, una clase social, una raza, una etnicidad, una orientación sexual o un género.

Se trata, en palabras de Elizabeth Maier, de “dos propuestas societales distintas, con visiones diferenciales de lo moral, los valores, los sujetos reconocibles, la interpretación de los derechos humanos, la relación entre el Estado y la religión” y es en ese panorama occidental, en el que se encuentra Colombia: un escenario de frágil opinión pública, donde las armas son herramientas cotidianas, donde se materializa de forma cruel e impune el accionar de los nuevos líderes y su “nueva edad media”. Si no lo hacemos evidente, no lo ponemos en palabras y en papel, de manera crítica y recurrente, la diferencia será desangrada y la historia nos juzgará por ello.

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