¿Por qué San Lorenzo?

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San Lorenzo (6)

La intervención de Beatriz González en el Cementerio de San Lorenzo tiene una historia divina y otra humana. La comparto con mi ciudad, con mi país, con quienes han sufrido la violencia en una Medellín que debemos transformar.

Todo comenzó sin comenzar. Es 1993, quizás es 1994. Solo con cerrar los ojos mis recuerdos me llevan al Cementerio de San Lorenzo, en Medellín, en el sector de San Diego, de Las Palmas, a unos metros de la Iglesia del Pilar y del Centro Comercial San Diego. Sí, al lado del sector de Niquitao.

Soy Daniel Grajales, pero soy un Daniel de cuatro años, que cada domingo va sin falta, con su mamá, Victoria, a llevarle flores y oraciones a la tumba a su papá, David de Jesús Grajales, un hombre humilde, quizás un hombre equivocado con la vida, que jamás tuvo una oportunidad de salir adelante y decidió arreglárselas como pudo.

En ese Cementerio se sacaron los restos. Creo que era ya 1998, un domingo, en la mañana. Estamos parados todos frente a ese humilde ataúd de madera, mis tíos, mis tías, mis primos, mi mamá y yo estamos llorando desconsolados, la figura de mi padre en hueso, sin carne, es más estremecedora que todos sus pecados. Ese día lo perdoné por no haber estado conmigo, por no ir a recogerme al colegio, por no decirme que lo estaba haciendo bien.

Superé poco a poco no tener papá. Jamás quise ser el autor de El olvido que seremos, atormentado ante un ser que Dios llamó primero, siempre supe que yo era Daniel, que este Daniel era un niño sin papá, con una mamá trabajadora y que mi camino debería ser el periodismo, la comunicación, la verdad, la palabra. Por eso, hoy estoy contando mi verdad.

Como Dios siempre ha estado conmigo, un día conocí a Alberto Sierra, un curador de arte que iba a ser cura, pero que se arrepintió de predicar la palabra del señor y se dedicó a promocionar artistas, desde su iglesia: la Galería de La Oficina.

Alberto me enseñó a leer sobre arte, a hacer crítica, me acogió sin interés alguno, siendo bondadoso y respetuoso, jamás se sobrepasó conmigo y siempre tuvo una palabra de aliento, ante esta difícil carrera que es escribir. Un día me llamó: “¿Qué más hombre?, ¿cómo vas?, ¿puedes venir mañana a conocer a la artista más importante del país?, esta sí es más importante que Botero”.

Acudí a su llamado. Llegué puntual y asustado. Entonces, de esa sala de paredes blancas salió la maestra Beatriz González, sería, con su rostro siempre sereno, que denota un carácter y una fuerza increíble. La entrevisté, ya había visto su obra en libros, ya había leído que ella había pintado Los suicidas del Sisga, que había sido la maestra de Doris Salcedo y la inspiradora de una generación que llevó el arte colombiano a otras geografías.

Alberto me regañó mucho porque, como siempre, fui muy cercano a la maestra. Me pidió más respeto, que no la llamara Beatriz, sino maestra, que no fuera confianzudo. Y así ha sido, desde ese momento hasta hoy jamás he dejado de llamarla maestra y de poner una distancia respetuosa entre un periodista y un artista.

Resulta que con Alberto soñamos varios proyectos. Uno es el proyecto Débora, que presentamos a la directora del Museo de Arte Moderno de Medellín y dijo que no le interesaba.

El otro se llamaba San Lorenzo. Creo que ahora lo estamos haciendo. Digo creo porque en esta ciudad la cultura nunca parece ganar las batallas, porque cada día aparece un enemigo nuevo, un envidioso nuevo, un ser sin luz que quiere llevarse la notoriedad de una idea que no es mía, que es de mi amigo Alberto, que le prometí sacar adelante antes de que se me muriera, que planeamos con tanto detalle, que a veces me da miedo, parece la parábola de Alberto Sierra haciéndose realidad en mí, o, mejor, gracias a mí.

Los columbarios, el Cementerio Central en Bogotá, fueron muchas veces mi lugar de paz, cuando trabajé en el Idartes con Jaime Cerón y Juliana Restrepo. Siempre me negué a la idea de Enrique Peñalosa de derrumbarlos para hacer un patinódromo, aún trabajando para él. Como nunca he tenido miedo, expresé al equipo del alcalde Peñalosa que era un error intentar tumbar la que es, quizás, la primera gran instalación en formato monumental del arte contemporáneo colombiano que decidió tomar la palabra sobre la violencia, la memoria y la reconciliación. Al fin, con la declaratoria del Ministerio de Cultura y la lucha de la maestra Beatriz, Peñalosa perdió y ahí está esa obra. La menciono, porque Alberto me la enseñó en un libro, luego fui a visitarla, me enamoré de ella y la maestra me explicó, detenidamente, que es un “lugar de duelo, en un país en el que no tenemos lugar para ir a llorar, a orar, a pedir perdón”.

Entonces, entre charla y charla, con Beatriz, con el curador Andrés Felipe Ortiz, con amigos y expertos del mundo del arte, coincidimos en que la maestra debería intervenir ese lugar, como lo hizo en Bogotá. Es como si la cábala de Alberto se cumpliera, porque él ya me lo había dicho hace 10 años, que Beatriz quería intervenir ese lugar. Otros se lo habían propuesto ya, pero a nosotros nos dijo que sí.

En Revista Papel publicamos una investigación sobre el estado actual de San Lorenzo, lo resumo: hace 20 años dijeron que debía ser un parque, desde la Alcaldía de Medellín. Hoy no es ni parque ni cementerio, no es de nadie, no pasa nada ahí.

Lea también: ¿Qué pasa con San Lorenzo?

Mientras estuve en el Ministerio de Cultura, con Alberto Escovar, el director de Patrimonio, comenzamos la revisión técnica de las posibilidades de intervenir.

Escovar dijo que sí, pero, siendo precavidos, le preguntamos a la Alcaldía, a la secretaria de Cultura de entonces, Lina Gaviria, quien jamás ayudó al proyecto. Dijo que el asesor de una ministra no estaba a su nivel para hablar con ella o para hacer un proyecto, truncó todo, pero como la “justicia divina” existe, esa señora ya no está, por eso he podido avanzar.

Se sumó el Instituto Goethe, la generosidad de su director, Wenzel Bilger, un alemán enamorado de Colombia, es impresionante: puso recursos para que Beatriz desarrolle su obra. La Agencia para la Gestión del Paisaje, el Patrimonio y las Alianzas Público Privadas – APP de la Alcaldía de Medellín, y su director Rodrigo Foronda, ya dijeron que sí, harán una encuesta seria para entender qué quiere la ciudad que pase con el San Lorenzo. Llamé a la Comisión de la Verdad, porque en Medellín tenemos que contar nuestra verdad, la verdad de nuestros muertos y nuestras familias, para que la doctora Lucía González, comisionada, me ayude a que hablemos sobre memoria, paz y reconciliación.

He tocado las puertas de Comfama, de Sura, del Metro, de la Secretaría de Cultura, del Museo de Antioquia, del Museo de la Madre Laura y he recibido buenas críticas al proyecto, aunque, por esa idea paisa de que si los proyectos no son propios no apoyan, ellos siguen pensando.

Creo fielmente en que el terreno de San Lorenzo es una joya patrimonial no utilizada, perdida. El camposanto está rodeado de una escuela, que lleva el nombre de nuestro ilustre Héctor Abad Gómez, también hay un Centro de Salud y un ancianato.

¿Será que es mejor tener un espacio cerrado para el consumo de drogas?, ¿será que no es mejor abrirlo para que la gente lo use como un centro cultural?, a esto la gerente del Centro, Mónica Pabón, todavía no le da respuesta. Espero que con lo que hará Rodrigo y su equipo de App tenga más argumentos para defender este proyecto, porque en la Alcaldía de Medellín hay una no conversación que afecta este y cualquier otro proyecto de ciudad: cultura no habla con comunicaciones, Gerencia del Centro no responde, el secretario de Gobierno tampoco, la secretaria privada menos, la gestora social tampoco.

Lea: Cementerio San Lorenzo, de camposanto a bien de interés cultural

Lo único que puedo decir es que San Lorenzo es el lugar, que ya basta de hacernos los de la vista gorda con ese Plan San Lorenzo que varios Planes de Ordenamiento Territorial tienen escrito y que no se cumple, que dice que ese sector necesita una intervención integral. Quizás yo solo ponga la primera piedra, el primer debate, haga la primera pregunta y qué mejor que con la donación histórica de Beatriz, que es un regalo para Medellín, que habla de la generosidad de la maestra, que además invitará a cinco artistas emergentes, jóvenes, “quiero sangre nueva”, me dijo, a que la acompañen a esos columbarios.

Las inspecciones que he hecho a San Lorenzo, con mi familia y amigos, con el equipo de Alcaldía y del Ministerio, me dicen que hay mucha gente llorando a sus muertos todavía, constantemente encontramos flores, restos de veladoras, ofrendas, mensajes rayados en las paredes. La memoria es la única salvación para no repetir la historia, pero hacer memoria es muy complicado.

Puede leer: Confirmada intervención artística de Beatriz González en San Lorenzo

Hace unos días llamé al director del Museo Casa de la Memoria, Jairo Herrán. Lo llamaba para pedirle que se sume, que aporte, que cumpla el objeto misional de su entidad, que es hacer memoria, como lo soñó Alonso Salazar Alcalde, cuando dijo que debíamos hacer ese Museo, ubicado en el Parque Bicentenario, al lado de la pantalla de agua que jamás ha funcionado bien. Herrán, en su ego de director del Museo, me cuestionó que lo llamara, me dijo que no tenía autorización para tener su número celular, ignorando que los funcionarios públicos son eso, públicos.

Menos mal está Lucía González, el padre Francisco de Roux, el Centro de Memoria Paz y Reconciliación y otros aliados a quienes recibiremos con amor, para que nos ayuden a sanar en San Lorenzo.

San Lorenzo es hoy, ¿vamos a esperar otros 20 años haciéndonos los de la vista gorda?

Si usted tiene o ha tenido relación con San Lorenzo, como acto ciudadano y simbólico, que sea antesala a la intervención que hará la maestra Beatriz González, que ya es un hecho, lo invito para que deje una vela a las afueras del lugar, orando porque las almas que allí yacieron descansen en paz y que quienes no han visto la potencia de esta acción artística la vean, porque parece que algunos solo escuchan lo que quieren escuchar.

Este proyecto no es mío, es de Alberto Sierra, de la ciudad, de Beatriz González y los cinco artistas que la acompañarán, de los curadores, los críticos de arte, de los mecánicos que trabajan en el sector de San Lorenzo, de mis antepasados Grajales, que vivieron a media cuadra del Cementerio, que compraron las tumbas de mis muertos.

Hagamos todos una toma simbólica de San Lorenzo, en la que haya solo amor y reconciliación, en la que digamos la verdad. Hagamos un homenaje a las víctimas del narcotráfico, las violencias urbanas y el conflicto armado.

Que cese ya la horrible noche para San Lorenzo.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Avatar
    Hernando Guerrero

    Daniel, muy interesante el artículo sobre la intervención de Batriz González el el cementerio de San Lorenzo. Hay voces que se oponen creo por temor a que se convierta en un lugar público, donde todos puedan expresar sus sentimientos ante la tragedia; es mas conveniente olvidar sucesos incómodos, pero es vital también que dicha propuesta artística sea realizada y quede para la posteridad como un testimonio silencioso pero de gran forteza conceptual. Además como proyecto artístico contemporáneo, dejaría una huella en la memoria colectiva no solo de propios sino de extraños.
    Como ejemplo se puede ilustrar lo que Alemania decidió hacer con el holocausto; intervenir sus instalaciones y crear un ambiente muy concreto de no olvido, arrepentimiento y propósitos para que esto no ocurra de nuevo.

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