¿Qué pasa con San Lorenzo?

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El Cementerio San Lorenzo, que prestó servicios funerarios por 175 años, iba a ser un parque público, pero hoy no es ni una cosa ni la otra, o sí, es un parque en el papel.

En 2003, el Decreto 0608 de la Alcaldía de Medellín dispuso que el predio del Cementerio San Lorenzo, Bien de interés cultural inaugurado en 1828, sería objeto de un proceso de restauración en su estructura patrimonial.

Dice el documento que, en un término de seis años, este espacio estaría dotado con biblioteca, sala múltiple, auditorio y oficinas de administración; dicho decreto, mediante el cual la ciudad adoptó el Plan Parcial de renovación y consolidación San Lorenzo, proyectó el desarrollo de un espacio público de carácter abierto para el encuentro y la recreación de la comunidad a través de plazoletas, senderos y amoblamiento urbano. Hoy, San Lorenzo no es nada de eso.

Fue el primer cementerio ubicado en las afueras de Medellín y, desde su bendición como camposanto hasta la fundación del Cementerio San Pedro -en 1842- fue el punto de referencia en los ritos funerarios de la naciente ciudad. Después, con el paso de los años, en el siglo XX, San Lorenzo dejó de ser un referente, sucumbió ante el esplendor del San Pedro, volviéndose un cementerio para quienes no tenían muchas oportunidades. Algunos, incluso, lo llamaban “el Cementerio de los pobres”, porque era en el San Pedro donde se enterraba a quienes tenían mayores posibilidades económicas.


Entonces, en consonancia con el valor histórico de este espacio, que consta de 49 galerías, 17.868 bóvedas y osarios, declarado en 1999 Bien de interés cultural de Medellín, el decreto de la Alcaldía, firmado hace ya 17 años, propuso la valoración del cementerio como referente urbano de la historia de la ciudad. Entre 2003 y 2005, se dio el traslado de los restos mortales, cerca de 5 mil personas se presentaron a ese proceso. Muchos de los restos mortales, unos 40.000, llegaron al Cementerio Universal.

A pocos días de la firma del decreto, los líderes de la comunidad ya se quejaban de que no existía un proceso real de concertación. En aquella época, una Comisión Accidental del Concejo invitaba a la Administración Municipal a que divulgara entre la población afectada el contenido del Plan Parcial San Lorenzo. Algunos vecinos no sabían qué pasaba con el espacio.

Diego León Montoya, vecino y líder de la comunidad, le cuenta a Revista Papel que “en el momento de la formulación del plan tuvimos algunas reuniones, pero más que participación del proceso, nosotros como comunidad acudimos a unas socializaciones. Hasta ese momento el cementerio, a pesar de su deterioro y de que ya no recibía cuerpos desde muchos años atrás, seguía cumpliendo su función; la gente venía y dejaba sus flores y los domingos se realizaba la misa”.

El arquitecto Juan Carlos García Bocanegra coincide con Montoya y agrega que los planes de este tipo no solo requieren socialización sino una apertura a la retroalimentación de las comunidades “la gente se fue construyendo un imaginario muy negativo frente al plan y así es muy difícil que exista presión ciudadana para la ejecución de estos proyectos ante situaciones como un cambio de gobierno”.

Conciertos de rock han sido realizados entre las bóvedas de San Lorenzo.
Crédito: Fotos de Papel

Ante la consulta de Revista Papel, que este 2020 decide preguntarse ¿qué pasa con San Lorenzo?, el Departamento Administrativo de Planeación comparte un documento en el que detallan los avances logrados a la fecha en el plan formulado desde el año 2003, el cual señala que restauraron el recinto central, poniendo en valor las estructuras originales, sin el uso como cementerio.

García y Montoya dan fe de esta afirmación, pero agregan que, aun con los dispendioso que fue para la administración municipal el traslado de los cuerpos inhumados en el cementerio de San Lorenzo, esta inversión se hizo en vano dado el posterior abandono de un predio que carece de los equipamientos previstos en el plan inicial y la ausencia de una agenda de actividades que permita la apropiación y el aprovechamiento del espacio. La puerta principal está cerrada, quienes acceden a las bóvedas lo hacen por rejas que están forzadas, por el lote trasero o escalando las bóvedas que dan a la calle.

Montoya apunta nuevamente a la falta de diálogo con la comunidad y señala que esta ausencia también se evidenció en la intervención física del cementerio “se restauran las bóvedas y no se tiene en cuenta que para nuestra comunidad la capilla con su cúpula era un lugar muy valorado”.

Sergio Patiño -director de la Corporación Distrito Candelaria y vigía del patrimonio- lamenta que el proyecto previsto para la adecuación del cementerio San Lorenzo haya quedado en el papel y precisa que en el desarrollo de su proyecto cultural, orientado a reconocer el patrimonio del Centro de Medellín mediante recorridos guiados con narraciones históricas, el cementerio es un punto de referencia para poder hablar de la Medellín antigua, sus gentes y sus rituales pero el abandono de este espacio dificulta mucho esta labor debido al imaginario que recae sobre San Lorenzo.


El documento aportado por Planeación enumera diversos factores que han dificultado la gestión del proyecto en el que se enmarca el tema de San Lorenzo y enuncia aspectos como la alta presencia de lotes y particiones que dificultan la gestión del suelo, con este argumento coincide Mónica Pabón Carvajal, Gerente del Centro, arquitecta y magíster en restauración de monumentos arquitectónicos.

Pabón agrega que la actual administración revisará el plan y señala que, ante la declaratoria de Bien de Interés Cultural, toda intervención física que se proyecte en este espacio debe contar con la autorización del Ministerio de Cultura.

En Bogotá, recientemente fue declarado Patrimonio el Cementerio Central, intervención de la maestra Beatriz González a los columbarios de un espacio similar en historia a San Lorenzo.
Crédito: Fotos de Papel

Ella coincide con Patiño y Montoya en la necesidad de activar el espacio, para esto, como parte de su plan de trabajo, viene adelantando conversaciones con los cabildos indígenas como primeros dueños de este territorio para que la apropiación en este espacio tenga un componente fuerte en términos de reconocimiento de la diversidad étnica de Medellín.
Según Pabón Carvajal, la estrategia de padrinazgos será clave en la gestión de los espacios. Para el caso de San Lorenzo, Comfama ha manifestado interés en el apoyo de esta iniciativa.

Montoya sabe que la comunidad está dispuesta a aportar y que de esa conversación y construcción colectiva depende la continuidad de los procesos que le devuelvan a San Lorenzo la vida que se fue con los muertos.

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