Rumbas entre la nube y los píxeles

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Disfraces, torsos desnudos sin camisetas y accesorios recargados se ven en las fiestas en Zoom.

Las fiestas virtuales surgen como respuesta al distanciamiento físico en medio de la contingencia actual. Mientras vuelven a abrir sus puertas las discotecas y bares en pleno, hay novedosas maneras de estar, que hacen más llevadero el aislamiento pandémico en el que vivimos. PAPEL trae el testimonio de un amante de la fiesta que sigue azotando baldosa, a la vez que activa pixeles en bailes virtuales.

En la pantalla del computador aparece una mujer joven, tendrá un poco más de 30 años, quien brinca y baila con una niña de 7, mientras ambas abrazan un oso de peluche grande. A su lado, un jovencito con acné enseña en la pantalla un gato blanco, que no entiende porqué tanta alegría. De fondo suena música electrónica y ahora la cámara enfoca a una chica en shorts (chores) que baila y lleva un cable con luces de colores enredado en su cuerpo, sonríe al darse cuenta que logró captar la atención de la cámara, así sea por sólo unos segundos.

Es sábado, son las 9:00 p.m. y acabo de conectarme a través de la plataforma Zoom a una fiesta virtual, organizada por una discoteca con sede en Nueva York. Me inscribí hace tres días y, siguiendo las indicaciones que me llegaron por correo electrónico, me puse una de mis camisetas favoritas para salir de fiesta, encendí unas luces decembrinas intermitentes en el fondo de la sala y me serví una copa de vino, que espero me anime a encender la cámara de mi computador y transmitir.

Desde que se decretó la pandemia, el cierre de bares y discotecas en todo el planeta obligó a que los amantes de la fiesta buscaran opciones para salirle al paso al aburrimiento que genera estar confinados en nuestras casas. No pasó mucho tiempo para que empresarios, artistas y DJs inventaran formatos y aplicaciones que permitieran realizar fiestas y eventos en línea, con las tecnologías disponibles.

La experiencia del Club Quarantine en Canadá, que inició por zoom con menos de una decena de seguidores en marzo y hoy en día cuenta con millares de fanáticos por todo el planeta, empezó a replicarse y las fiestas virtuales a través de videollamadas se multiplicaron de Shanghái a Vancouver, pasando por Buenos Aires, Londres y Beirut. En mi caso, estar solo con mis gatos durante el confinamiento y sin el contacto físico de nadie más, me obligó a desarrollar diversas estrategias para no sucumbir ante el silencio, en que permanecí en los primeros meses de la contingencia sanitaria.

Los desajustes en la vida cotidiana, el exceso de incertidumbre pandémica y ese ambiente de zozobra en el que resuenan las noticias, no me dejaban concentrar; ni las lecturas represadas, ni las series de televisión, lograban abstraerme de tanto exceso de realidad.

Cuando descubrí las fiestas virtuales y me animé a participar activamente en ellas, pude sentir cómo, poco a poco, estas reuniones con extraños, conectados desde diferentes ciudades del mundo, me ayudaban a no sentirme tan solo. Fue por ello que, ante la dificultad para adquirir rutinas con técnicas contemplativas de relajación, como el yoga y la meditación, terminé sucumbiendo ante el poder sanador del movimiento que se activa con la música y el baile, el cual se suma al efecto reparador y potenciador de sentirse parte de una comunidad universal de “gocetas” y gente en buena onda.

Para celebrar el Pride, los bares y discotecas de todo el mundo se volcaron a la virtualidad.
Foto de Papel

Martha, una amiga reciente, a quien conocí bailando en el bar de salsa Zaperoco, que transmite los viernes desde Cali, también siente que las fiestas la han ayudado a mejorar su estado de ánimo. “Bailar ha sido un descubrimiento, me ayuda a descansar el cuerpo y la mente del trabajo, que se me ha triplicado. Bailar en mi casa, transmitiendo con una cámara y compartiendo con gente que se ve feliz, me desestresa, me hace olvidar las rutinas que me incomodan”, responde a través de un mensaje de audio.

En este par de meses de frecuentarla, siempre la veo tan animada, tanto que me cuesta creer que esa actitud festiva no existía antes de la pandemia. En cambio, a mí siempre me han gustado las fiestas. Soy de los que se celebran el cumpleaños y recibe con amigos el año nuevo chino, no me pierdo los reencuentros y voy “en combo” a disfrutar de conciertos y festivales; también hago fiesta cuando los días se cuentan por miles y organizo un paseo al río Pance cuando visito en diciembre mi Cali natal.

Buscar motivos para reunir a los amigos y celebrar la vida se volvió una característica con la que muchos me identifican, pues siento que en la fiesta se comparte la amistad, se crean nuevas relaciones y se afianzan los afectos. Las celebraciones han estado presentes a lo largo de mi vida, desde cuando cumplí dos años y me hicieron mi primera fiesta con una enorme torta, cincuenta invitados y sus correspondientes regalos; sé que ese día se bailó mucho y todavía conservo un álbum fotográfico que retuvo en mí, la alegría de ese momento más que feliz, de mediados de los setenta.

Han pasado más de cuatro décadas desde esa fiesta de infancia y de adulto sigo disfrutando del baile y la música, que me dan la energía necesaria para equilibrar las tensiones del trabajo y los afanes cotidianos. Me volví fanático de las fiestas virtuales por Zoom, por ese componente de interactividad que no tienen las transmisiones que se hacen en otras plataformas; un entusiasmo que me llevó a investigar más en el tema y a terminar organizando fiestas virtuales, como Tremendo DJ, sacando provecho de mis habilidades comunicativas y de mi espíritu de melómano empedernido.

El segundo semestre del año avanza y cuando veo que se restringe de nuevo la vida nocturna en Europa, ante una segunda ola de rebrotes de la enfermedad, pierdo la esperanza de que este fin de año volvamos a las fiestas de antes. El futuro seguirá escribiéndose y sorprendiéndonos, pero ya algunas cosas en mí cambiaron, pues jamás imaginé que bailar solo, frente a una cámara web, me divertiría, traería a mi vida nuevos amigos y se convertiría en el escape al tedio en que quedaron inmersas, en 2020, mis noches de los fines de semana.

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Esta entrada tiene un comentario

  1. Avatar
    Maitalea

    Chévere esa labor que hiciste todo este tiempo de pandemia. Bien escrito.

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