Daniel Jurado y su obsesión por “filmar la ciudad como una presencia”

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Daniel Jurado 1

El corto del cineasta antioqueño recientemente se estrenó en la franja Medellín de película, del canal local Telemedellín, que auspicia la unión de FiMedellín, la Cinemateca Municipal y el gobierno del territorio.

“Te dejé en el 2015. Tal vez, porque ya no te soportaba. Además, necesitaba salir a ver el mundo. Cuando la gente me habla de ti, menciona la droga, la guerra, los narcos, y todas las muertes que has dejado atrás…”. Así inicia la narración en el cortometraje Medellín, una carta, del joven cineasta antioqueño Daniel Jurado, egresado de la Facultad de Comunicación y Lenguajes Audiovisaules, de la Universidad de Medellín.

Daniel en este momento realiza estudios de Cine en París, y sacó tiempo para responder las preguntas de PAPEL.

¿De qué se trata este proyecto realizado y desarrollado, en qué basó su interés y su intención estética sobre la ciudad, la naturaleza de la ciudad?

El cortometraje es mi trabajo de grado para una maestría de cine documental y antropológico en la Universidad de Nanterre (Francia). Surgió a partir del interés por filmar la ciudad y hacerlo con un dispositivo muy sencillo: cámara en mano derecha, micrófono en la izquierda y caminar.

La escuela del master es la misma que inició Jean Rouch y el llamado cinéma direct, un cine que siempre atrajo mi atención y que se relaciona bastante con la llamada nueva ola francesa y su fascinación por la ciudad y filmarla en movimiento.

¿Por qué la mediación, la inmediación con la ciudad como teoría relacionada o no para usted con la ciudad del arte o qué buscaba revelar de la misma?

Inicialmente, me inquietaba la transformación urbana de Medellín en la que, privilegiando una visión de progreso, se construían edificios nuevos encima de casas de mucho valor arquitectónico. O por ejemplo, la destrucción del antiguo teatro Junín para construir encima el edificio Coltejer que es una aguja, símbolo de nuestra industria.

También me interesaba mucho esa idea de limpieza, por una ciudad que se esfuerza por ser la mejor, una Medellín “imparable”.

En el ejercicio artístico, yo veía ahí a la ciudad como organismo vivo, así como la ve Dziga Vertov o Walter Rutmann en sus películas, pero yo veía una ciudad que era un cuerpo que sufría mutilaciones, una cirugía urbana. De ahí, el trabajo que se realizó en conjunto con Laura Carmona, que es una artista del collage.

A esta ciudad mutilada se le sobrepone otra ciudad que es la ciudad como museo de la memoria, que es una que ya no se puede filmar, porque ha cambiado, pero a la que uno va en la imaginación y en el recuerdo, que son casi hermanos.

¿La relación (tesis relacional) de dos ciudades que se le presentó a usted entre Medellín-París, París-Medellín, como un paralelo del que excava en ellas o por qué?

El paralelo se trata de habitar una estando lejos de la otra y darse cuenta de que ambas me habitan. Son dos ciudades que no se acaban nunca, como diría Vila-Matas recordando la juventud de Hemingway en París.

Estando lejos, uno se confronta al imaginario que existe de Colombia y de Medellín y lo contrapone con el imaginario propio. Este corto es también esa confrontación, la Medellín que yo conozco y la que me recitan acá de memoria siempre que digo de dónde vengo.

Inicialmente, me inquietaba la transformación urbana de Medellín en la que, privilegiando una visión de progreso, se construían edificios nuevos encima de casas de mucho valor arquitectónico. O por ejemplo, la destrucción del antiguo teatro Junín para construir encima el edificio Coltejer que es una aguja, símbolo de nuestra industria.

También me interesaba mucho esa idea de limpieza, por una ciudad que se esfuerza por ser la mejor, una Medellín “imparable”.

En el ejercicio artístico, yo veía ahí a la ciudad como organismo vivo, así como la ve Dziga Vertov o Walter Rutmann en sus películas, pero yo veía una ciudad que era un cuerpo que sufría mutilaciones, una cirugía urbana. De ahí, el trabajo que se realizó en conjunto con Laura Carmona, que es una artista del collage.

A esta ciudad mutilada se le sobrepone otra ciudad que es la ciudad como museo de la memoria, que es una que ya no se puede filmar, porque ha cambiado, pero a la que uno va en la imaginación y en el recuerdo, que son casi hermanos.

¿En qué y desde dónde, instalado en su metódica de la observación, se decidió y se inclinó por hacer este proyecto y para qué?

Mi observación se instala en la deambulación como práctica. Leer la ciudad con los pies como lo hacían los dadaístas. También, leerla a través de la ventana, ya sea la del Metro, la de un bus, la de un taxi. Esa ha sido mi observación de la ciudad, desde pequeño, errando en un bus de ida y regreso al colegio mirando las calles, la gente y cómo ese movimiento se mezclaba con la música de la emisora que ponía el chofer. Ahí comienza el cine para mí, en un recuadro de vidrio que muestra rostros, a velocidad y a ritmo de guasca y música para planchar de una radio que yo no podía controlar, sintonizada para siempre en La voz de Colombia, bésame.

¿Desde qué construcción y formación de su metódica de la obsesión, comenzó a darle forma y realidad al proyecto, dónde se insistió más y por qué?

Al principio, me obsesionaba bastante la idea de filmar la ciudad como una presencia. ¿Cómo hacer que la cámara sea los ojos de un caminante o a lo mejor un fantasma? Viviendo en Francia tuve una época en que empecé a soñar mucho con Medellín, en esos sueños siempre caminaba por la noche, nunca se sabe cuánto duran los sueños, no importa, pero yo caminaba cuadras y cuadras por las calles del Centro de Medellín.

Con frecuencia, en lugares que sabía que existían, pero que yo nunca había entrado, el cortometraje fue también la decisión de ir a caminar esos lugares despierto. Uno es el cementerio de San Lorenzo y otro son las calles en subida del barrio Caicedo.

Ya realizadas las metódicas, ¿cómo hizo usted para inventar esa ciudad nueva, si podríamos decir, su Babel o no y por qué?

Si lo vemos desde el régimen de las imágenes que allí se muestran, esa ciudad inventada es el intersticio de una ciudad filmada por mi padre en películas del archivo familiar y otra filmada por mí, unos 25 años después. Una ciudad de la que quiero huir, pero a la que quiero volver. En lo que más se insistió, volviendo a la pregunta anterior fue en conciliar una visión tan íntima con una visión gran-angular crítica o de carácter reflexivo.

Desde su formación (Lenguajes Audiovisuales), ¿cómo se hicieron las iniciales intervenciones de la ciudad, cómo inscribió esa estructura en su visión de lo musical, los sonidos de la misma?

La música que aparece en dos ocasiones (que suena como a cantos guturales) fue tomada de una práctica artística realizada con el colectivo francés Le son et le soin (el sonido y la cura), liderado por Pierre Redon en donde se da una interpretación musical con 5 instrumentos alrededor de un participante.

Los sonidos varían según la persona que es guiada por alguien que hace las veces de médium. Es una práctica artística que me pareció increíble y a la que asistí por puro azar cuando estaba escribiendo el corto y tenía muy presente a Medellín. En esa sesión los músicos interpretaron de cierta manera ese viaje de regreso. Por otro lado, está la música de Parlantes en los créditos finales, que es una banda paisa que siempre me ha gustado mucho no solo por su música sino también por sus letras, muchas veces dirigidas a Medellín.

Fue muy satisfactorio compartir el corto con Camilo Suarez, vocalista de la banda, y conocer sus impresiones. Es además una banda junto a la anterior Bajo Tierra que ha marcado mi juventud.

Hay mucho que decir del diseño sonoro, que busca resaltar con cortes y sobresaltos, ese agite y efervescencia que uno puede sentir cuando recorre, por ejemplo, el Centro de Medellín. Una de las más difíciles decisiones fue la voz en off, que fue la manera que encontré de darle una forma más personal al cortometraje.

¿Cómo se desarrolló la construcción de lo que llamamos una visión de lo determinado y lo indeterminado, lo real y lo irreal, lo fantástico y lo natural en esa su ciudad, porque se trata de su ciudad, inicialmente?

Pienso que esa construcción se da desde la escritura. Y el resultado es la voz en off. En la imagen se hace un recorrido exterior por las calles de Medellín, la voz hace el recorrido interior de la consciencia y del subconsciente. Ahí se concilian y se combaten lo determinado con lo indeterminado. Esos combates son la creación artística, al menos la mía.

¿Qué elementos se propuso presentarse usted, como fotógrafo también, de lo que sería la fotografía y cómo lo hizo?

Desde la fotografía se explora una ciudad hiperrealista, agrandada, limpia y en “alta definición”. No soy amante de estos formatos, tampoco del “4k”, pero para mí representaba bien esa ciudad que quería mostrar, la Medellín que se ve en el espejo.

Se contrasta esta imagen con otra más personal y más torpe que es la del recuerdo, el video deteriorado, los zooms con mano inestable, casi como un texto escrito a mano. Se circula entre estas dos imágenes.

¿En qué relato o relatos basó y apoyó la esencia, la sustancia misma de este nuevo relato que es Medellín, una carta y por qué?

Está el relato propio, el relato familiar, de escribirle una carta a sus padres, a su infancia, una despedida, un homenaje.

Luego, están también los relatos del exilio, de quién se va y escribe para recordar y que lo recuerden.

También, el de Medellín como la ciudad más violenta del mundo en los 90.
Ese último, es quizás el relato que más me interesaba, en el que quise excavar para encontrar las ruinas de esa ciudad ya supuestamente inexistente. Pensar en esas ruinas y en el inconsciente de la ciudad fue la sustancia inicial para escribir el corto.

La ciudad es un teatro o tiende a serlo, en su sentir (sentir teatral): ¿Cómo se dio o no y para qué esa relación reveladora y relevante en usted?

Siempre presente esa teatralización de la ciudad. También, fue algo que pude experimentar y es el espacio pro-fílmico que es lo que ocurre, se crea y se recrea cuando uno saca una cámara y empieza, oprime REC, la realidad se transforma cuando uno la graba, cuando uno la observa podríamos decir.

Podemos decir que su ciudad, como yo la vi, es un cosmos y que usted la observa como lo haría un astrónomo: ¿Podría decirno sí es así o sí no lo es por qué?

Interesante esa lectura, yo diría que sí, que es una observación a distancia, pero también desde lo más cercano, una inmersión y un baño en ese cosmos. No tengo nada contra los astrónomos, pero preferiría ser el astronauta (Risas).

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