El teatro ha llevado a Linsy Holguín a una nueva dimensión

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Linsy Holguín es una de las protagonistas de Eso que llaman amor, el nuevo filme del cineasta antioqueño Carlos César Arbeláez Álvarez, quien recientemente se proclamó como ganador de los 52 Premios Nacionales de Cultura de la Universidad de Antioquia.

Una historia de amor, que narra tres historias, La Caja, La Prepago y La Muchacha Alegre, las cuales transcurren un domingo, Día de Madres, esa es la trama de la película Eso que llaman amor, cuyo estreno nacional será el próximo 1 de diciembre en la salas de Cine Colombia; además, compite en la selección oficial del 40 Festival de cine de Sao Paulo, que se realiza del 20 de octubre al 2 de noviembre de este 2020.

En el filme actúa Linsy Holguín, quien respondió para Revista Papel estas preguntas.

¿En qué momento, cómo y por qué la llaman a participar en Eso que llaman amor, de Carlos César Arbelaez?

Fue en el año 2012, Ana Isabel Velásquez, la directora de casting me contactó para trabajar como asistente de casting en la película Eso que llaman amor; me llama por recomendación de la Corporación Papá Giovanny-Vendedora de Rosas, dado que yo trabajaba allí de voluntaria, estábamos haciendo una película llamada Lola…Drones, en ese momento yo estudiaba comunicación y lenguajes audiovisuales en la Universidad de Medellín y creo que, de alguna manera, es el resultado de ser siempre una apasionada por la actuación, el teatro, el cine.

Terminé actuando en la película, porque mi trabajo en la primera fase, fue convocar a casting por diferentes medios. Hicimos una convocatoria masiva por canales de televisión, que arrojó como resultado 1.400 personas en dos días y luego visitamos teatros, escuelas de actuación, casas comunales e hicimos casting callejero, para un total de 2.000 personas; en la segunda fase del casting empezó mi tarea como actriz, mi trabajo era actuar acompañando al gran número de preseleccionados fuera de cámara para que realizaran el casting, es así como interpreté todos los personajes de la película, sin saber que Ana Isabel, la directora de casting, me estaba “fichando”, que es cómo ella suele decir, para interpretar a Erika, la protagonista de la película.

¿Inicialmente usted se sintió preparada para realizar esa tarea y lo que ella involucraba para su vida, qué puede decirnos sobre ello?

Inicialmente, no me sentí preparada, todo fue un proceso. Ser elegida para interpretar a Erika fue para mí una grata sorpresa, aunque durante la fase de casting había encarnado un poco el personaje, al interpretarlo para acompañar el casting de los otros actores que interactúan con Erika en la película.

Siento que en el momento en el que el director me reta a bajar de peso y moldear mi cuerpo para darme el papel, empezó el entrenamiento más intenso y toda la preparación del personaje; asumirlo representaba, de alguna forma, un cambio de vida. Por la complejidad del personaje que iba a representar, sabía que era, de alguna manera, exponer tanto mi cuerpo como exponerme al cambio de mirada de los demás hacía mí.

Linsy es actriz de teatro con quince años de recorrido artístico.

¿Usted estudió comunicación y lenguajes audiovisuales, en la Universidad de Medellín; esto en qué le preparó y le provocó esta nueva dimensión en la que está hoy y por qué?

Estudiar comunicación y lenguajes audiovisuales, de alguna manera, me llevó a ser contratada como asistente de casting; función en la cual pude desarrollar muchas habilidades aprendidas durante la carrera, tareas como el manejo de cámara, el diseño gráfico, la producción, manejo y presentación ante cámara, dado que para hacer la convocatoria del casting visitamos diferentes programas de televisión, también hice producción para contactar los diferentes lugares en los que hicimos casting.

Estudiar comunicación y lenguajes audiovisuales me preparó en innumerables factores para cumplir con todo lo que involucró mi participación en la película Eso que llaman amor, me preparó incluso cómo actriz de cine, en el sentido de haber adquirido una relación más natural con el manejo de la cámara, yo había recibido entrenamiento teatral desde los 12 años, pero fue en la Universidad de Medellín donde pude explorar más la actuación frente a la cámara, ya que ayudaba a mis compañeros actuando en diferentes cortos. Además, durante el tiempo que hacía mi carrera tuve la oportunidad de hacer parte del grupo de teatro de la Universidad de Medellín, bajo la dirección de Mario Wilson Bustamante. También, recibir clases de historia del cine me hizo tener otra mirada y apreciación de la actuación ante cámara.

¿Usted estudia, y ya concluye próximamente, su formación como directora de actores en la Universidad de Palermo, en Buenos Aires Argentina, esto en qué media y qué alcance le dio a su intervención en Eso que llaman amor?
Luego de hacer la película, yo decido viajar a estudiar dirección de actores, nunca es una sola cosa, yo sentía que necesitaba estudiar ello, que esa era la verdadera línea de énfasis que quería tener. Recuerdo que después de mucho pensar, lo terminé de decidir en una clase de literatura del profesor Óscar Jairo González Hernández, en la que él nos cuestionaba sobre nuestra propia formación critica, no fue fácil tomar la decisión y congelar (porque siempre espero poder volver) la Universidad de Medellín, estando tan cerca de llegar a la meta, pero sentía que era lo que quería hacer para fortalecer mi formación académica.

En relación a la película, me influenció mucho haber tenido la oportunidad y el placer de trabajar con Ana Isabel Velásquez, ella durante el rodaje representó para mí la figura de directora de actores, era mi couch y de verdad que fue un inmenso aprendizaje.

Sentí que es de gran ayuda para un actor tener esta figura dentro del rodaje, porque finalmente el director se está haciendo cargo de muchos factores dentro del film y que Ana Isabel estuviera ahí para ayudarme a estar concentrada, a no salirme de la piel del personaje en ningún momento, que se metiera en mi cabeza, escarbara y detonara sentimientos para brindarlos a Erika, fue grandioso.

Sentí que es una labor muy bella, ahora cuando yo dirijo, pienso que estoy haciendo brillar a otros actores y eso me hace muy feliz.

¿Cómo se dieron las relaciones entre usted y el director Carlos César Arbeláez en el desarrollo de Eso que llaman amor” y como se sintió y por qué?

Al principio, Carlos César Arbeláez me reconoció como la asistente de casting de Ana Isabel; él, así como yo al inicio del casting, no pensó que yo podría interpretar a Erika.

Cuenta Ana Isabel que a Carlos César se le pasó la idea por la cabeza mientras revisaban el casting de los preseleccionados y me escuchaba interpretando a Erika, dice que cuando pararon a almorzar Carlos César dijo: “Ana y si le hacemos casting a Linsy para Erika”, sin saber que ella ya tenía todo preparado para sorprenderlo con mi casting. Después de un tiempo, cuando le demostré que podría bajar de peso creando el cuerpo de Erika, empezamos a trabajar juntos en la construcción del personaje que él quería; para ello, nos reuníamos constantemente y revisábamos la investigación que yo estaba haciendo sobre la que él me ponía tareas.

Carlos Cesar había escrito toda la caracterización del personaje al igual que el guion de la película, pero me permitía modificar y agregar muchas cosas que fueron resultado de la investigación y de mi vida misma, también me permitió cambiar algunos diálogos por palabras con el mismo significado, pero que se nos hacían más naturales, eso me hizo sentir muy bien y me dio mucha confianza. También, para crear y perfeccionar el personaje Carlos César, me pedía grabar improvisaciones, en las que me debía actuar situaciones que podía vivir el personaje, pero que no eran precisamente las de la película, solo hasta el final ensayamos las escenas de la película en las locaciones reales.

También, me puso la tarea de ver muchas películas, entre esas recuerdo mucho El decálogo de Krzysztof Kieslowski y Fish Tank de Andrea Arnold, con la finalidad de que yo entendiera la estética bajo la que él estaba visionando la película.

Linsy Holguín nació en Medellín en 1989, y es una de las actrices principales de la película Eso que llaman amor, en la que interpreta el papel de Erika, la joven prepago.

¿En cuál de las tres historias de Eso que llaman amor, usted es la actriz y cómo realizó y qué experimentó de nuevo haciendo su papel?

La historia que yo interpreto es la de Erika, una joven madre que tiene el objetivo de viajar a España con documentos ilegales para reencontrase con su hija y en el último momento el hombre que le estaba haciendo el trámite de los documentos falsos le pide más dinero para entregarle el pasaporte con la visa. Por esta razón, ella quien trabaja con su cuerpo, es una chica denominada “prepago”, se propone a hacer un último servicio y se encuentra con un japonés de una humanidad que ella no esperaba.

Crear el personaje me tomó un año de preparación, durante este tiempo bajé 12 kilos de peso, moldeando el cuerpo del personaje, y realicé una profunda investigación, tanto a mujeres que trabajaban con su cuerpo como a mujeres que habían intentado viajar con visas falsas.

La maternidad del personaje la trabajé, en realidad, con el sentimiento maternal que tengo por mi única hermana, la cuál es menor que yo, diez años, y para ese momento vivía en el Perú, nos habíamos separado cuándo ella era una pequeña niña y yo, una joven que emprendía sus estudios en comunicación audiovisual, entonces apliqué toda esa carga emocional y profundo amor, para regalárselo a la madre que habitaba mi personaje.

Fue nuevo para mí conocer el mundo de la prostitución, incluso visité lugares nocturnos caracterizada como el personaje, con el fin de crear memoria emotiva e interiorizar el ambiente en el que conviven estas mujeres, era importante tener toda esta información para brindarlo a mi personaje. Siento que experimenté un crecimiento muy significativo para mi vida.

¿Cuál considera usted que es la relación que la actriz hace entre el teatro y el cine, cómo hace su mixtura, cómo hace la combinación estética y qué resultado obtiene para sí?

El teatro ha sido para mí la base de todo, es lo que en realidad me ha llevado a esta nueva dimensión. Del entrenamiento teatral aprendí a canalizar la energía para mantenerla durante las largas horas de rodaje, aprendí a indagar el personaje en sus diferentes matices emocionales y a plantear objetivos que el personaje tiene que alcanzar; pero entender las diferencias de lenguaje actoral entre el cine y el teatro fue clave, ahora pienso que son lenguajes actorales diferentes, comprender que el cine es más interno, contenido, que busca la verdad de los sentimientos que se reflejan en la mirada que capta la cámara al instante.

Para hacer cine, aprendí a naturalizar la voz, para ello, de alguna forma, tuve que dejar de pensar en el teatro como espacio y lugar de representación, también dejar de pensar en el público; haciendo Eso que llaman amor, aprendí que para actuar en cine es necesario dejar de pensar que se está actuando y sentir más, conectarme únicamente con el compañero de escena y pensar que no existe nadie más en el set de grabación, no hay un público, es de alguna manera ser como se es en la vida real, para que la escena se sienta natural y verosímil en la pantalla gigante.

En la foto, el póster del filme.

En Eso que llaman amor, el tema nodal e hilo conductor es el amor: ¿Qué es o desde dónde se da el amor para usted, en su vida sensible y por qué?

Yo vivo en el amor, para mí el amor es el motor para hacer todo lo que hago, el amor hacia la vida misma, el amor hacía todos los seres es un pilar fundamental para mí, siento que la vida se compone de actos de amor, yo tengo un lema de vida: “Lo hago con amor o no lo hago”, porque de no ser así, siento que no tiene sentido, que es algo vacío, eso lo aplico a todos los aspectos de mi vida.

¿Cómo observa usted su futuro en el mundo del teatro y el cine, y qué intensidad le mueve y lleva a mantenerse poseídamente en ellos y por qué?

Me he mantenido poseídamente en el mundo del teatro desde el primer momento en el que tuve la oportunidad de experimentarlo, porque el teatro transformó mi vida, yo viví una infancia muy compleja, en contextos muy difíciles y desde la primera vez que hice teatro fue como volar, escapar de mi realidad en ese momento fue un regalo divino, pienso que las artes son transformadoras de energía y que son completamente necesarias para crear un mundo mejor.

Yo soy una sobreviviente gracias al arte. Observo mi futuro en el mundo del teatro y el cine ayudando a volar a muchas personas, quiero aprender a transmitir lo que he aprendido; para ello, por suerte, también estoy estudiando pedagogía, gracias a una beca que gané (sin buscar) en la Universidad de Palermo, algo que internamente había anhelado y ahora la vida me lo manifiesta para corroborar mi vocación innata.

Quiero crear, dirigir, enseñar y por supuesto seguir actuando tanto en cine como en teatro.

Se ha formado con directores cómo Félix Henao, director del Teatro El Trueque de Medellín; Juan Carlos Talero del Teatro Popular de Medellín y Mario Wilson Bustamante, director del grupo de Teatro de la Universidad de Medellín.

¿Qué le interesa de sí misma, y qué le interesa transmitir al espectador, cuando está en la escena y cuando no está o usted vive en la escena, siempre?

De mí misma me interesa estar en constante aprendizaje, me interesa trabajar en pro de acceder al conocimiento lo más que pueda. Me interesa ser una persona sensible al mundo en el que vivo, me interesa estar atenta a la transformación de las problemáticas sociales que padecemos, me interesa poder ayudar a los demás seres, especialmente a los animales.

Cuando estoy en la escena me interesa generar emociones en mi público, hacerlos vibrar con lo que mi personaje está sintiendo, quiero que el público y personaje entren en la misma sintonía y por medio de los sentimientos generar conciencia, de alguna manera puede que si viva en la escena siempre, pero no cómo actriz, ya que algunas personas me han manifestado temor de tener amigos actores, porque “no se sabe cuándo están actuando”, en mi caso no es así, porque una cosa es actuar y otra es mentir y yo me considero una persona autentica y leal.

Digo que vivo en la escena siempre, porque siempre estoy observando, analizando, absorbiendo la vida e interactuando; me gusta tener diferentes trabajos, hacer muchas cosas, hablar con todas las personas, desarrollar diferentes funciones y roles; cuando estoy haciendo casting y hasta cuando no, me gusta andar por la calle y ver un sin fin de rostros que podrían interpretar un personaje que estoy buscando o que podría crear a partir de ese que estoy viendo, nunca se sabe; estoy en la escena cuando voy al teatro, al cine, a un conversatorio o a una charla con amigos que también, de algún modo viven en la escena siempre.

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