Entre la ausencia y la burla: la representación LGBTIQ+ en el cine colombiano más taquillero

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Celebrando la diversidad, revisamos cómo nos ha visto la cinematografía nacional. Por eso, cuando en el mundo se festejan el orgullo y la diversidad, compartimos reflexiones en torno a la representación LGBTIQ+ en el cine colombiano más taquillero.

“La manera como somos vistos determina en parte cómo somos tratados; cómo tratamos a otros está basado en cómo los vemos; esta visión de los otros viene de la representación”.

Richard Dyer

La forma en que las minorías son representadas culturalmente en las artes, en la música o en el cine, se suele usar para revisar cuán incluyente y respetuosa es una sociedad con la diversidad de las personas. Esto está lejos de ser un asunto de corrección política, pues no se trata de censurar o de imponer ideologías. Tiene que ver, en cambio, con que las representaciones culturales que se producen a diario son nuevas oportunidades para dar visibilidad a grupos históricamente marginados, estigmatizados y, especialmente, como afirma Richard Dyer, con la manera en que son tratadas dichas minorías. A propósito de la celebración del Orgullo LGBTIQ+ durante el mes de junio, hacemos una breve revisión de la representación de esta minoría, las personas queer (gays, lesbianas, transgénero, identidades no-binarias) en las películas colombianas más taquilleras de los últimos cinco años.

Para comenzar, hay que decir que desde su surgimiento el cine ha sido unos de los objetos culturales con mayor impacto en cuanto a las representaciones: el guion de una película transmite una manera particular de usar el lenguaje y de asignar significados, las imágenes y sonidos proponen un punto de vista específico sobre el mundo, y a través de personajes y estereotipos se están proponiendo identidades y roles sociales. Ahora bien, ¿qué representación están transmitiendo las películas colombianas con mayor número de espectadores sobre las personas LGBTIQ+?

Las familias colombianas representadas en la película “El paseo” son tradicionales y, hasta ahora, sus integrantes han sido siempre heterosexuales. Foto cortesía Proimágenes.

De acuerdo con cifras publicadas por Proimágenes, en 2019 se estrenaron 48 películas colombianas (23 dramas, 14 comedias, 8 documentales, 1 thriller, 1 de acción y 1 de terror), la cifra más alta en la historia. Si bien es posible reconocer un crecimiento en la diversidad de géneros, narrativas y apuestas estéticas en las producciones nacionales, la mayoría de espectadores sigue prefiriendo la comedia. Este fenómeno no es nuevo en la historia del cine en Colombia, cuyas películas más taquilleras en la historia son comedias. De hecho, durante los 70 y 80 Gustavo Nieto Roa, director de las recordadas El taxista millonario (1979) y El inmigrante latino (1980), se convirtió en una de las figuras más representativas de la industria al producir y dirigir películas de gran éxito entre el público por su género y por ser protagonizadas por famosos comediantes de la televisión nacional. Durante las últimas dos décadas, Dago García, quien reconoce la influencia de Nieto Roa en su trabajo cinematográfico, ha retomado esta tendencia y ha logrado así un dominio casi absoluto de la taquilla nacional.

 La cifra corresponde a la finalización de cada año; el número de espectadores totales es más alto. El número de  espectadores de Si saben cómo me pongo… y de El Paseo 5 con seguridad es mayor, pero la cifra total aún no está disponible en el informe anual realizado por el Ministerio de Cultura.

Dago García ha optado por un esquema industrial rentable financieramente y que presta poca atención a las construcciones estéticas y al comentario social. Se trata de películas cuyos relatos recurren a una cierta idea de colombianidad y a valores como el patriotismo, la solidaridad o la unidad familiar, para generar identificación en un público amplio. Sus comedias utilizan conscientemente un lenguaje más cercano al de las telenovelas, cuentan con repartos en donde sobresalen actores que no sólo tienen una larga trayectoria en la televisión nacional sino que gozan de reconocimiento, y utilizan recurrentemente la música popular. En general, su humor tiende a ser reflejo de una mentalidad patriarcal y heteronormada, en donde los chistes machistas y la objetivación del cuerpo de la mujer son constantes.

Las cinco películas que he revisado, la más taquillera de cada año entre 2015 y 2019, tienen en común este estilo, aunque una, la de 2018, no fue producida por Dago García. En todas la representación de las identidades queer está marcada por su ausencia o por ser un retrato sobre todo negativo. Sólo en El Coco y El paseo 5 aparecen personajes no heterosexuales, en los dos casos hombres gays. Entre los protagonistas no existe ninguna mujer lesbiana o una persona transgénero, mucho menos alguien identificado como no-binario. Sin embargo, casi todas las películas incluyen en sus diálogos alusiones a la homosexualidad, en general como parte del repertorio de chistes. Por ejemplo, en Si saben cómo me pongo…, la interacción entre los cuatro protagonistas masculinos está plagada de comentarios en donde se cuestiona constantemente la hombría de unos y otros: “sea varón”, “usted como que patea con ambas” o “¿está en sus días?”. Estos chistes igualan lo femenino a lo débil y luego reducen lo homosexual a esa manifestación empobrecida de lo femenino. En cuanto a la homosexualidad femenina, tanto en Si saben cómo me pongo… como en el Paseo 5 existen breves comentarios o secuencias entre personajes femeninos que, aunque sólo son insinuaciones, están sobre todo relacionados con la fantasía masculina de ver dos mujeres interactuando sexualmente y no con el lesbianismo como identidad. Este tipo de alusiones sobre lo femenino y lo queer revela que estas películas tienen una comprensión limitada sobre lo distinto y carecen de un lenguaje y unos símbolos que hagan justicia a la diversidad.

El casting de la película “El coco” cuenta con humoristas reconocidos por su participación en programas como Sábados Felices. Fotos cortesía Proimágenes.

En el caso de El Coco, uno de los protagonistas es un personaje homosexual conocido como Piroberta, popularizado en el programa Sábados Felices, e interpretado por un actor heterosexual. En línea con el mecanismo utilizado durante muchas décadas en el cine, la película en ningún momento le da voz al personaje para presentarse como gay, sino que es una suposición reafirmada visualmente a través de un estereotipo: se trata de un hombre que viste blusas y pañoletas coloridas, utiliza maquillaje, lleva consigo todo el tiempo un neceser, y tiene una expresión verbal y corporal exageradamente femenina. Buena parte de sus diálogos son chistes de doble sentido que aluden a su homosexualidad, lo cual suscita que los demás le llamen “corrompida” o “garosa”. Este tipo de representación del hombre gay como afeminado, conocida como intermedia (in-betweenism), es una de las más popularizadas en la pantalla y asocia la homosexualidad a la indefinición de estar entre ser hombre o ser mujer. En otras palabras, es una representación que insinúa que el homosexual no es ni un hombre real ni una mujer real. Desafortunadamente, esta perspectiva refuerza la percepción negativa de los hombres gays haciendo énfasis en su sexualidad exagerada y en una personalidad superficial. Es una mirada que mantiene una rígida concepción heterosexual y binaria sobre las identidades sexuales, lo cual termina siendo homofóbico y sexista. Esta es la perspectiva en El Coco, como queda confirmado con el nombre del personaje, derivación del término peyorativo “pirobo”.

En El Coco existe un asunto más por sopesar: uno de los personajes centrales es una bruja llamada Dioselina, interpretada por un hombre. Aunque en el universo de la película se asume que se trata de una mujer, también es evidente quién lo está interpretando. Si bien la presencia en la pantalla de humoristas hombres que se visten de mujer para hacer reír al público ha estado presente de manera constante a lo largo de la historia del cine y la televisión, esta es una representación que invisibiliza a través de la caricaturización la existencia de las personas transgénero y una vez más encasilla las expresiones de lo femenino en el humor machista.

Tomando distancia de esta representación intermedia, El paseo 5 nos presenta a Fercho, un personaje homosexual diferente: se trata de un hombre que ocupa un cargo directivo en una sucursal bancaria, su manera de vestir (durante casi toda la película) no está asociada a su sexualidad, y su forma de expresarse está en el marco de una masculinidad tradicional. Sin embargo, Fercho no es gay abiertamente, “está en el clóset”, por lo cual es objeto de especulaciones (“caras vemos, retaguardias no sabemos”), comentarios (“hay que arreglarle el caminado”) y burlas (lo llaman “Fercha”). Además, ante la sospecha de homosexualidad, los otros hombres de la película constantemente están huyendo de él por miedo a que se sobrepase. Es verdad que en algunos momentos Fercho parece insinuarse a uno de sus compañeros, pero igual o menos que los hombres heterosexuales respecto a las mujeres. Paradójicamente, mientras Fercho parece ser castigado socialmente por su actitud insinuante, los otros hombres son inicialmente reconocidos en su varonía y posteriormente fácilmente condonados por el mismo tipo de actitud. Si bien El paseo 5 nos pone ante un personaje gay más normalizado, en ningún momento la voz de Fercho es escuchada en relación a su identidad sexual. Todo se reduce a las presunciones de sus compañeros de oficina, lo cual no sólo enfatiza una mirada de burla y temor ante la homosexualidad, sino que además le quita al personaje la capacidad de autodeterminación para decir quién es. Todavía más, dado que un elemento esencial de la narrativa son los secretos de los personajes revelados durante el paseo, la homosexualidad de Fercho es equiparada a los asuntos triviales que sus pares mantienen en secreto: no saber bailar o nadar, ser muy peluda o ser “plana”.

Aun teniendo en cuenta que sólo he revisado cinco películas, es claro que la representación de las identidades queer en el cine colombiano más taquillero aún tiene un camino largo por recorrer. Es innegable que el lenguaje cinematográfico seguirá apelando a estereotipos que permitan una comunicación eficaz entre lo proyectado en la pantalla y los espectadores, mucho más si pensamos en este tipo de cine local que de manera manifiesta busca ser exitoso en la taquilla a través del humor. Sin embargo, es necesario situarnos de manera crítica ante este tipo de películas que comunican una perspectiva patriarcal y heteronormada que termina siendo discriminatoria al ridiculizar o invisibilizar la diversidad sexual. Nuestra crítica será un estímulo para que los estereotipos transmitidos culturalmente sean cada vez más representativos de la pluralidad sexual. Esta será una tarea más urgente teniendo en cuenta la gran acogida de las comedias entre el público y la convicción de que el humor, aunque principalmente busque entretener, no puede consentir la discriminación. Finalmente, no se trata de que todas las producciones colombianas presenten personajes LGBTIQ+ para ser válidas, sino de reconocer, aún más si este tipo de películas apelan a la idea de la colombianidad, que las personas queer somos, hemos sido y seremos parte de este país y la forma en que somos representados seguirá afectando la manera en que somos tratados.

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