Hacer cine como la forma de apropiarse de la realidad

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Santiago Londoño Gallego cuenta en su último filme la historia de Lizet, quien vive con sus padres entre la rudeza del campo, y cómo vivirá su primera Luna.

Natural del municipio de La Ceja del Tambo, Antioquia, para Santiago Londoño Gallego hacer cine es una forma de apropiarse de todo aquello que se le revela mientras vive.

Ha realizado cortometrajes como Rojo como la leche (2014), Inmortal (2012), Positivo no transmitido (2010) e hizo el videoclip Domador de piso (Unos vagabundos) (2011).

El egresado de comunicación y lenguajes audiovisuales de la Universidad de Medellín, conversó con la Revista Papel sobre su forma de hacer cine, por qué se inclinó más por hacer cortos y los mensajes implícitos en sus filmes.

En el principio de su formación usted realizó el filme Rojo como la leche, ¿qué quedó de esa primera experiencia cinematográfica en Primera Luna y por qué?

Contar una verdad a partir de la ficción o una ficción a partir de la verdad.
Verdad entendida como el contacto directo con esa intimidad creadora que se expresa, en este caso, a partir de la imagen en movimiento; vehículo de lo poético y lo simbólico, puente entre lo real y lo imaginario.

Rojo como la Leche y Primera Luna hacen parte de mi búsqueda por esa verdad, por esa intimidad, que ha encontrado en la rudeza, vulnerabilidad, fuerza y belleza del campo y su gente, motivo de inspiración y representación a través del cine.

La estructuración de su sensibilidad estética, ¿en qué medida la instaló en una metódica de la observación?

“El cuerpo escudriña con los ojos de los sentidos y escucha con los oídos del espíritu”. Para mi afinar los sentidos es habitar el asombro constante, es volver la vida materia prima, en la que la observación surge como una potencia creadora que incita a la transformación de las cosas, su movimiento y la afirmación de su belleza.

Desde la necesidad de hacer el desarrollo de sus intencionalidades estéticas, de sentirlas como su naturaleza, ¿considera que allí se da una metódica de la obsesión y por qué?

Como la “maleza”; obstinada, terca, rebelde, que se abre paso entre el asfalto, nace el ensueño ingrávido, la imagen primaria, la idea, que trepa en mi con la obsesión de la enredadera en busca de un soplo de vida.
Hay en toda creación un grado de enamoramiento y en el enamoramiento un grado de obsesión.

Cuando usted hizo las reflexiones sobre lo que deseaba realizar en Primera Luna, ¿de qué se trató su tentativa de la invención, de construir unas formas nuevas y para qué?

Detrás del interés por hallar un lenguaje para contar eso que necesito, descubrí mi deseo de confundir el cine con la vida.

En Primera Luna se habla de la transformación, el cambio, lo que nace y lo que muere, a partir de la fuerza simbólica contenida en la hibridación ficción-realidad.

¿Cuáles son los principios básicos de su estética en este momento y por qué?

Me interesa escudriñar la realidad a partir de dos elementos esenciales: lo simbólico y lo imaginario.

Encuentro el inconsciente y los sueños como parte fundamental de una imaginación móvil, que establece nuevas relaciones con la realidad. Busco en mi interior la emoción, necesidad, motivo sincero de la creación.

¿Por qué el título de Primera Luna, de qué se trata?

Los títulos Rojo como la Leche y Primera Luna surgieron de las mismas historias. Son también imágenes dentro del relato, tal vez inconscientemente, las que más me emocionan a mí.

La vida es un vaciamiento de una relación entre lo real y lo simbólico, ¿en qué radica aquí la realidad (realismo) y lo simbólico (la gallina), por qué y cómo las involucró aquí?

Primera Luna surgió de mi acercamiento íntimo al campo, es antes que todo una parte de mi vida. Jugando con Lizeth a sus once años, y habitando con Alberto y Belén, sus padres, nació la necesidad de hacer este filme.

De allí lo propio de la realidad que contiene y que se transforma en símbolo a partir de una conexión “nueva” con ella misma. Así, una gallina es la inocencia.

Santiago, usted da una rara trascendencia y relevancia a las manos de los personajes, en cada tarea o en lo que hacen, ¿por qué teatralizar tanto esa evidencia de las manos?

“Lo más profundo que hay en el hombre es la piel”. Creo que en las manos y en lo que hacemos con ellas se descubre una parte importante de lo que somos. Bastan para contar lo que se hace en un día o en toda una vida. En ese momento la puesta en escena se construye a partir de ellas.

Tanto en Rojo como la leche y en Primera Luna, usted muestra un continuum, de sostener, de mantener en cierta intensa quietud los personajes, ¿por qué y qué sentido tiene?

Aquellos momentos de relativa quietud preguntan principalmente por la emoción contenida del personaje. En acciones como tomar el sol o rezar se pueden intuir instantes de inusitada verdad.

Usted tiende también a buscar mantenerse en una visión del mundo, la suya, extraída desde lo rural, el mundo rural, ¿por qué ese mundo?, ¿qué le dice, qué le provoca?

Soy y no soy un campesino. Mientras mi pueblo, La Ceja del Tambo, se convierte en ciudad, yo encuentro en el campo el lugar donde coinciden de forma única los opuestos que componen la realidad que me interesa contar.

Detrás de la belleza del matorral hay un rostro oculto al que le ha tocado ver demasiado.

¿Quiso comunicar un propósito en Primera Luna?

Consecuencia de mi experiencia de contemplación, de intuición. El vínculo entre la Luna y la Tierra invoca el despertar de la energía femenina, el instante en el que muere la semilla; en el que brota una flor. “Estar siendo y dejando de ser”.

¿Los personajes naturales, por qué le interesan, qué necesita de ellos y por qué lo hace?

Mi intención es contar la historia con los personajes que la inspiran.

Compartir vida. Lograr con ellos una intimidad que sea luego naturalidad y encontrar con y a partir de ellos, en los ensayos, esos momentos de representación sincera que ayudan finalmente a contar la “mentira”.

¿Por qué se inclinó a realizar cortometrajes?

Hacer cine es una forma de apropiarme de lo que se revela mientras vivo.

El movimiento de la imaginación volátil que teje con la realidad. El encuentro con mi intimidad.

¿Cómo hace la construcción, cómo estructura su relato, qué le interesa relatar y por qué?

Primero, es necesario para mi encontrar la motivación interna, un cierto grado de enamoramiento que mueve la voluntad hacia adelante en el desarrollo de la creación.

Luego, el relato va tomando forma en mi imaginación a partir de lo que les doy a mis sentidos (teatro, pintura, música, literatura, fotografía, cine…) conectados a esa realidad que vivo y me atrapa.

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