Para Theo Montoya “Medellín termina siendo Sodoma”

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El cineasta antioqueño Theo Vallejo, quien presentará su corto Son of Sodom en la pandémica edición 2020 del Festival de Cannes, habla con Papel.

“Cuando la realidad no me está gustando mucho, me la invento”, dice Theo Montoya (Medellín, 1992), cineasta antioqueño contemporáneo, quien competirá este 2020 en el Festival de Cannes, con su cortometraje Son of Sodom.

La producción de Montoya, graduado en Comunicación Audiovisual en la Universidad de Medellín y fundador de la productora Desvío Visual, fue elegida para participar por la Palma de Oro en la selección oficial de cortometrajes, única sección que, ante la pandemia, Cannes mantuvo con jurados y premios, en una edición no antes vista. 

Afiche oficial de Son of Sodom. Cortesía del cineasta.

“Nos toma por sorpresa hacer parte de esta selección del Festival de Cannes, con un cortometraje híbrido, no es lo más habitual en una selección como estas. Este cortometraje es, sobre todo, un homenaje a una juventud de Medellín y a Camilo Najar (Son of Sodom), protagonista, icono, amigo, mártir y anhell”, precisa sobre este importante logro de su naciente carrera.

Papel estuvo hablando con Theo Montoya, en una entrevista especial que sirve de inspiración a cientos de jóvenes de Medellín que sueñan con el cine.

¿Qué lo ha llevado a hacer cine, a mostrar lo que  muestra?

Las personas que he conocido a lo largo de mi vida son las que han inspirado de muchas maneras lo que hago, a ellos les debo todo. He tratado que toda mi vida esté guiada por la intuición. Sin saberlo, esa intuición es la que me ha llevado a hacer el cine que hago ahora: para mí, un cine que existe entre la ficción y el documental, entre la locura y el misticismo, entre lo personal y lo colectivo. 

¿De dónde extrae lo que hace (del hacer)?

De la realidad. Y cuando la realidad no me está gustando mucho, me la invento (risas).

¿Qué temas intenta tratar en lo que hace y por qué busca esos temas?

Son of Sodom, el cortometraje que acabo de hacer, y Anhell69, han sido proyectos que yo no escogí, ellos me eligieron a mí. 

Todo mi proceso creativo tiene mucho que ver con el azar. Ambos proyectos exploran temas como la muerte, el vacío generacional, el mundo digital y el futuro o, mejor dicho, el “no futuro”. 

Creo que uno no puede crear sin un interés genuino, sin una conexión con lo que está hablando. 

¿Considera usted que hace trayectos, inmersiones, indicaciones conscientes o inconscientes de su mundo y las proyecta?

Cada proyecto es distinto y más de una categoría converge en un solo proyecto, 

Theo Montoya y su equipo durante rodaje. Cortesía del cineasta.

¿Posee usted una sensibilidad?, concebida la sensibilidad como una forma de conocimiento, una intensa necesidad de instalarse en el exceso, en lo extremo…

Lo único que existe es una fuerza creadora,  por momentos intensa, un quemón interno que no deja dormir.

¿Cuáles son sus formas, sus maneras o sus metódicas para hacer cine, para darle la dimensión a sus relatos? 

Me interesa el azar planeado, poder retratar los momentos y las palabras que ya nunca más se podrán repetir.  Me interesa la improvisación, la libertad, la esencia pura y dura de las personas y los momentos.  

Me gusta  que los personajes, que son personas reales, alimenten y expandan la percepción y la narrativa de las películas, que la creación se vuelva una aventura extraordinaria, en la que uno supone que tiene un destino, pero en el trayecto tenga que experimentar sorpresas mágicas que nunca estuvieron planeadas.  

Mi proceso creativo termina en la sala de montaje, donde todo comienza a tener mucho más sentido y se puede construir un discurso, que hile las imágenes que se grabaron.  

Esta metodología está inspirada en artistas como Jhon Cage y Jack Kerouac, que hicieron de la intuición y la improvisación sus aliados. 

Creo también en la disciplina, en el fracaso y las ganas absurdas de siempre tener la fuerza de volver a empezar. 

¿Qué principios estéticos le han interesado, qué estéticas inciden e intervienen en lo que hace y qué inquietudes le propician?

Me interesan todos los principios estéticos, todas las estéticas, que nos ayuden a trascender como humanidad, como artistas, como “prostitutas”. 

Me interesa todo lo que tenga esencia, lo que no trata de ser, sino que es. Me interesa la complejidad de los humanos.  

¿Por qué sintió la necesidad de un título como “Son of Sodom”, con la densidad que requiere?

Aunque quisiera dar una respuesta más profunda y anarquista, la respuesta es un poco más conceptual. Este era uno de los nombres que tenía el protagonista del cortometraje en una de sus redes sociales. 

En vista del boom que existe hoy por llamar los proyectos con nombre propio, yo vi la oportunidad de llamar el mío por el nickname virtual de Camilo Najar. 

También le da un significado muy interesante al cortometraje, porque para mí Medellín termina siendo “Sodoma”.

¿Qué lee, que le interesa leer?

Creo que cada vez me vuelvo más visual, soy como un insecto atrapado por la luz de estas pantallas. Desde que empezó esta cuarentena, no he leído un libro. Pero escuché a Gonzalo Arango, por Youtube, recitar sus Manifiestos madaistas. Me interesa mucho en este momento Gonzalo Arango, porque es completamente actual en nuestros días, la Medellín de la que él habla, parece nunca haber cambiado (esto me interesa para la película que estoy haciendo Anhell69). Quisiera ser sincero también, nunca he sido un buen lector tampoco, pero quiero alardear de cinco libros que me han definido: La conjura de los necios, El extranjero, Pedro Paramo, On the road y Las enseñanzas de Don Juan. 

A veces me interesa también dejar de consumir información y he rescatado el pasatiempo de mirar al techo y tratar de no pensar en nada. 

Para Theo Montoya, crear cine es un acto colectivo, por eso agradece a su equipo de trabajo.

¿Intenta insertar en la estructura de lo que hace una visión de los sueños?

Más que sueños, lo que relato son pesadillas. Pesadillas de la modernidad. Pesadillas en agujeros oscuros, que buscan la luz. 

¿De la tensión que realiza sobre sí mismo, en medio de las relaciones tormentosas que tiene, las de su mundo, qué le interesa más a su estética y por qué?

No sé si me interesan las relaciones tormentosas, me interesa la intensidad a la hora de vivir. No me interesan las relaciones a medias, me interesa el todo: el delirio, las personas que nunca se han conformado y que nunca lo podrán hacer. Las luchas internas. 

Desprecio que la gente se sienta mal por creer lo que siempre ha sido mentiras, por aparentar lo que nunca ha tenido un valor verdadero. 

¿De qué manera su proyecto se relaciona y percibe lo nuevo, qué es lo nuevo en este hacer? 

No creo que sea una obra nueva, creo más bien que el humano lo que hace es repetirse, hasta buscar la perfección. Lo que sí creo es que, en esta manera de crear, hay algo de libertad. Una fuerza que no permite que la encasillen, podría decir “trans”, “no binaria”, dual.

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