Titi Berrío, las coordenadas de una joyera

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Titi Berrío 2

Ana Cristina Berrío exhibe sus piezas, definidas como experiencias espaciales y sensoriales del entorno urbano, que se traducen en joyas, en Expoartesano La Memoria, la segunda vitrina comercial más importante para los artesanos del país y que se realiza en Plaza Mayor Medellín, hasta el lunes 2 de noviembre.

Observadora, atrevida, rompedora. Ana Cristina Titi Berrío lleva un recorrido sin pausa. Ama el trabajo en joyería, caminar las calles y descubrir voces y símbolos de las ciudades. Ama emprender, compartir; por eso se proyecta más allá de su taller en acciones colectivas que tienen que ver con identidad, memoria y expansión comercial.

Estudió artes plásticas en la Universidad Nacional Sede Medellín; luego, en Vicenza (Italia, comenzó una especialización en la Escuela de Artes y Oficios; en Barcelona (España) terminó un máster en espacios efímeros. Además, hizo el curso de joyería avanzada en Eafit, el de escultura en el Museo El Castillo y, con la joyera Elena Aguilar logró, no solo perfeccionar su proceso, sino aclarar sus dudas sobre lo que quería.

¿Qué la llevó a seguir esos senderos? Solo se puede pensar en su deseo de trascender, de retarse. Han sido largos sus pasos. Su obra se ha visto en exposiciones locales e internacionales. España, Francia, Alemania, Portugal, Rumania, Lituania, le han dado hospitalidad. También Expoartesano y Expoartesanías.

Se podría pensar que, además de artista y joyera, tiene alma de urbanista y arquitecta. De hecho, define sus obras como “experiencias espaciales”. Escucha las voces de las ciudades que recorre. Una de sus fortalezas se define en la contemplación. En los pasos de los transeúntes descubre un ritmo, en el murmullo de las hojas tocadas por el viento presiente un canto; encuentra un eco en las rejas oxidadas de las ventanas, en las señales de tránsito, en las luces de las vías aceleradas y en las líneas del pavimento en las carreteras solitarias. La textura en el desgaste de los muros. Los grafitis y códigos. Las formas sinuosas de los mapas. Las baldosas y cuadrículas. Las escalas. Los olores. Todo es un estímulo. Ella observa, reinterpreta. Y, en un trabajo cuidadoso, muy personal, lleva el espacio público a sus joyas.

Desde la universidad le interesó el arte urbano y realizó intervenciones artísticas. A su regreso de Europa, donde permaneció siete años, volvió a dejar su huella en algunas calles de Medellín. Sin embargo, cuando nacieron sus dos hijos decidió realizar un trabajo más íntimo en su taller y allí surgió una estética en la que se unen sensibilidad artística e investigación sobre lo urbano. Así, collares, pulseras, aretes, anillos le dieron sentido a sus hallazgos y experimentos con los más diversos materiales: vidrio templado, brea, hilos, micro esferas reflectivas, neopreno, alambre, esponjilla, resinas, aceros mezclados con plata, oro o cobre. Incluye, además, algunos grabados en ácido en pequeño, pequeñísimo formato.

Joyas para temperamentos irreverentes, para personalidades que no se encuentran en lo clásico. Si bien Titi en sus inicios hizo joyas tradicionales, conociendo la técnica y los materiales, luego inició unos interesantes juegos, que le han permitido hablar con un lenguaje propio. “Conocer los materiales me dio las bases que necesitaba para iniciar ciertas rupturas, también para ayudar a formar a otras personas, porque todos estos procesos son para compartir”.

Su trabajo empezó a brillar cuando trasladó sus exploraciones en el espacio público a la joyería. En ese momento se trató de una expresión diferencial, llena de contenidos estéticos y sociales. “Es lindo ver que esa identidad personal se va fortaleciendo”, dice Titi, quien hace parte de la Mesa Nacional Sectorial de Joyería.

“El espacio público es mi cotidianidad. Es el medio para relacionarnos y desarrollar cualquier actividad humana; el espacio público nos va dando las rutas…Y ahora, con la pandemia, se nos volvió virtual y eso me ha traído una serie de cuestionamientos nuevos”.

Y, hay más. Uno de sus trabajos más destacados ha sido Xocolatlummm, que ha llevado hasta Barcelona, París y Lisboa. Lo realizó en compañía de la también joyera Alejandra Ferrer y en él se proponen dulces de cacao colombiano realizados como joyas precolombinas.

Adentro hay un pin que se puede usar o, si se prefiere, se puede sembrar en una matera, pues es biodegradable. La obra se presenta en un carrito de ventas ambulantes pintado de colores vibrantes como si fuera una chiva, el clásico bus que recorre veredas y pueblos colombianos. ¡Llamó tanto la atención que se perdió en dos oportunidades! Una, en París y, la otra, en Lisboa. Por fortuna, no pasó del susto y apareció. El proyecto continúa y a partir de sus moldes, una empresa de Bogotá prepara los chocolates con cacao de Tumaco, una ciudad donde, por cierto, se trabaja la filigrana. Así que, aquí hay un hecho de impacto social: el reconocimiento a nuestros ancestros, a la gastronomía y a los productos naturales.

Para Titi, la joyería contemporánea es una expresión artística. Es su medio. Su escritura. Por su lenguaje, sus obras se pueden ver como objetos escultóricos en pequeña dimensión. “Cuando hablamos de joyería contemporánea nos referimos a piezas que transmiten la identidad actual, lo que está pasando en este momento. Todos estos procesos de investigación de materiales van revelando una mirada a nuestro presente”.

Otro de sus proyectos de resonancia es la realización de eventos nacionales e internacionales desde el Colectivo De la Mano, que nació con la idea de exponer en Medellín joyería de aquí y de otros lugares, poniendo como tema de conversación un asunto que repercute y va más allá del accesorio. Fue una idea que nació con otros joyeros, Jaime Carmona, Isabel Trujillo y Alejandra Ferrer.

Lo primero que hicieron fue una muestra en la Galería Naranjo & Velilla, con 33 joyeros de Colombia, Taiwán, Bélgica, Alemania, Rumania, entre otros. Desde esa experiencia no han parado. En 2018, en Santa Fe de Antioquia, se organizó el Simposio de Joyería Contemporánea, con talleres a cargo de expertos internacionales y un circuito de exposiciones de representantes de Colombia, Chile, Venezuela, Argentina, Brasil, Alemania, Israel, España, entre otros. Y se hizo la segunda edición de la exposición De la mano. Además, allí se inició el Proyecto Caudal, que marca una senda en la experiencia de Titi y sus amigos.

Al poner a conversar a artistas de Medellín con maestros de la filigrana de Santa Fe de Antioquia, surgieron una serie de obras en conjunto, que presentaron en la muestra que se llamó Conversación en filigrana, y que luego se llevó a Expoartesanías. Y así surgió la idea de seguir trabajando con filigranistas de Santa Fe de Antioquia y de otros municipios, como Barbacoas, Tumaco, Guapi y Quibdó.

Sirven de puente para comercializar su trabajo y compartir conocimientos pensando en proyectos futuros. “Con esa proyección ellos se van fortaleciendo y nosotros vamos aprendiendo de la técnica, pues queremos desarrollar un programa de cocreación con ellos”. Así, De la mano tiene tres líneas, Xocolatlummm, joyería precolombina en chocolate, que se están exhibiendo en Expoartesano 2020; Caudal y la Joyateca, en la que presentan obra de diez joyeros colombianos. Y se quiere fortalecer la página web para que sea un referente, una plataforma para la joyería hecha en Colombia.

Titi Berrío descubrió su capacidad de líder hace poco. Le gusta trabajar con otros, porque “muchas cabezas aportan ideas muy válidas, muy fuertes; los proyectos colectivos hacen que no sea una sola persona la que materializa y propone, posibilitando construir eventos sólidos que generalmente tienen un impacto social, cultural y económico”.

Entre sus joyas y el trabajo colaborativo con otros creadores, algunos de ellos joyeros de regiones aisladas de Colombia, Titi realiza un trabajo de memoria y consolidación de lo nuestro para proyectarlo al mundo.

*Texto de Beatriz Mesa Mejía para Expoartesano.

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