Sabbath: una década de emprendimiento cultural a través de la música

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SABBATH STUDIO-GALERIA 9

Con el apoyo de Comfama, contamos las historias de los emprendedores de Antioquia. Esta vez conversamos con los creadores de Sabbath, empresa de servicios audiovisuales y musicales.

Paola Aristizábal siempre ha sido una mujer con iniciativa y determinación. Con tan solo 18 años, a mitad de su carrera como administradora de empresas, pero con el ímpetu juvenil a flor de piel, se asoció con sus amigos Andrés Pabón y Jason Orrego para darle rienda suelta a un incipiente sueño que los había rondado por un tiempo: crear en Medellín un espacio de puertas abiertas, donde muchos artistas se encontrasen para crear música, compartir con otros creadores y, sobre todo, disfrutar el sosiego que proporciona el arte. Con este anhelo en la mente y en el corazón, y gracias a la asesoría inicial y al capital semilla obtenido a través del Fondo Emprender del Sena, la idea se materializó en Sabbath, un proyecto cultural que este año cumple una década de existencia.

Hoy en día Sabbath es una empresa sólida que ofrece una amplia gama de servicios de producción audiovisual y de organización de eventos tanto a músicos como a instituciones privadas y públicas. Llegar a esta estabilidad ha implicado un largo camino hecho de esfuerzos colectivos, sacrificios personales y algunos saltos al vacío: “al comienzo nosotros no dimensionamos todo lo que implicaba ser emprendedores culturales, pero por fortuna la juventud nos ayudó a tomar los riesgos propios de fundar un negocio como este y nos ha hecho lo que somos en este momento”, dice Paola, quien desde los inicios ha fungido como representante legal y gerente. 

Lo primero que tuvieron que sortear fue elegir la mejor locación para el proyecto. Inicialmente funcionaron en una casa que no sólo se demoraron en encontrar, pues las instalaciones tenían que estar en una zona donde fuese posible “hacer ruido”, sino cuya adecuación les resultó difícil por culpa de un avivato que quiso aprovecharse de su bisoñez. “Ninguno de los que empezamos era mayor de 20 años en ese momento, entonces todavía éramos muy ingenuos y cometimos errores (buñueladas) de los cuales aprendimos mucho”, recuerda ahora con humor Paola.

El sector de la música es uno de los más fortalecidos de Medellín, con apuestas púbicas y privadas. Fotos cortesía de Sabbath.

Luego de que les pidieran la casa de la primera sede, pasaron brevemente por otra ubicada en Suramericana, de la cual se vieron forzados a salir apenas dos meses después de haberse instalado porque “la edificación tenía problemas estructurales y fue imposible insonorizarla… Además, nuestro vecino daba clases de yoga, así que no le iba muy bien con nuestra música”. Fue un momento difícil en el cual estuvieron a punto de desfallecer, pero “se les apareció la Virgen” cuando dieron con una bodega por San Juan, en donde lograron adaptar el espacio gracias a muchas horas de trabajo y a la fe ciega que tantos tuvieron en el porvenir de Sabbath. “Nunca se me van a olvidar”, recuerda Paola con gratitud, “las bandas que inauguraron esos espacios en San Juan; creyeron en nosotros y se atrevieron a ensayar ahí a pesar de que faltaba mucho por adaptar; algunos, por ejemplo, tocaban con las puertas abiertas porque todavía no habíamos puesto el aire acondicionado”.

En ese espacio que paulatinamente pasó de ser una bodega vacía a un espacio de ensayo y producción musical lleno de vida, el proyecto fue tomando la forma de lo que inicialmente soñaron. Se fueron equipando mejor y dando a conocer, por lo cual más músicos de la ciudad empezaron a buscarlos y a sentirse parte de la familia Sabbath. Fue en este momento cuando, sin buscarlo, les llegó una oportunidad de negocio que daría un nuevo impulso a su empresa: “un día apareció una chica en nuestra puerta con 900 mil pesos en el bolsillo diciendo que necesitaba personal logístico para un evento”, cuenta Paola. Aunque era la primera vez que incursionaban en ese campo, fieles a su espíritu juvenil y con ganas de aprender, decidieron enfrentar el nuevo desafío.

El riesgo valió la pena, pues su manera de trabajar les gustó tanto a sus primeros clientes que no sólo los siguieron llamando sino que otras entidades empezaron a hacerlo también. Con los aprendizajes propios de estas experiencias, empezaron a indagar el tema de las contrataciones públicas y a participar en diversas convocatorias relacionadas con eventos. Luego de un par de intentos, en 2013 finalmente ganaron una con la Gobernación de Antioquia, una oportunidad inigualable que les abrió nuevas puertas. Ese fue el comienzo de cuatro años que, aunque agotadores física y emocionalmente para el equipo, les permitieron recorrer varios lugares del país participando en la logística de eventos de diversa índole.

Si bien estas nuevas oportunidades le dieron una mayor estabilidad económica a Sabbath, también representaron un punto de inflexión respecto a su misión, pues de alguna forma empezó a ser más difícil dedicarle tiempo a la parte musical. En 2018, gracias a una beca de circulación internacional de la Secretaría de Cultura de Medellín, participaron en el Festival Internacional de la Música (Fimpro) en México. Fue un encuentro enriquecedor sobre la industria de la cultura y el detonante final para que tomaran consciencia de que Sabbath necesitaba encontrar un equilibrio entre la gestión cultural y la organización de eventos: “nosotros siempre hemos estado en ese dilema entre la cultura y las actividades de logística, entre lo que nos apasiona y lo que nos sostiene económicamente. Pero la verdad es que, aunque nosotros nacimos con la mirada puesta en la cultura, para poder funcionar también necesitamos algo que apalanque financieramente lo que queremos hacer con la música”.

Es una búsqueda de balance que pone en evidencia que el emprendimiento cultural, al menos en el contexto colombiano, es una apuesta siempre arriesgada que requiere de una fuente de ingresos extra para poder funcionar sin pérdidas. “Es lo mismo que le pasa a la mayoría de músicos que vienen a Sabbath”, compara Paola, “necesitan tener otros trabajos para mantenerse y luego sí poder dedicarse de lleno a la música, que es lo que los mueve”. 

Cuando le pregunto si este problema ha cambiado con el actual Gobierno Nacional, abanderado de la Economía Naranja, me dice que sí ha notado algunos cambios: se han visibilizado más la importancia de las industrias creativas, ha crecido la oferta de programas académicos relacionados con el tema y, sobre todo, ahora existen más recursos para el sector a través del Ministerio de Cultura. Sin embargo, según ella, todavía falta mucho: “primero, me parece que hay un gran desconocimiento del sector porque cuando uno ve la lista interminable de requisitos para participar en las convocatorias, parece que no entendieran que un buen número de los actores culturales son informales. Incluso para nosotros, que estamos constituidos como empresa desde el día cero, muchas veces es difícil cumplir todas las condiciones que piden para obtener beneficios. Y segundo, falta bastante para que el emprendimiento cultural sea valorado lo suficiente como para que nosotros podamos vivir sólo de esto, de hacer lo que nos apasiona”.

Los años recientes han sido, entonces, una búsqueda de ese equilibrio que garantice que Sabbath siga creciendo como empresa, pero sin perder la misión social y cultural que hace parte de su ADN. Sin dejar de lado los eventos, se han esforzado más que nunca por hacer alianzas con entidades públicas de Medellín que les permitan financiar proyectos que impacten positivamente toda la ciudad y, en  particular, su zona de injerencia,  la Comuna 11, Laureles-Estadio. Así es como han podido desarrollar actividades con niños, jóvenes y adultos mayores, víctimas de desplazamiento por el conflicto armado, trabajadoras sexuales y habitantes de la calle. Todos han sido intentos de que la cultura, en particular la música, tenga un efecto transformador en la vida de las personas: “aunque emprender en este sector no es fácil, me siento orgullosa porque en estos años hemos dejado una huella en la vida de otros. Para nosotros es importantísimo que la gestión cultural nos permita crear bienestar y potenciar los proyectos de vida de todos los que tienen contacto con Sabbath”, dice con orgullo Paola.

Además de ser cantantes o intérpretes, los músicos de Medellín han incursionado en el doblaje de películas, en la música para cine y televisión. Fotos cortesía de Sabbath.

La última gran apuesta que hicieron para seguir balanceando sus dos frentes de acción fue el traslado a una nueva sede a inicios de este año. Se trata de una casa de 260 mts2, con todos los equipos necesarios para la producción audiovisual y con espacios específicamente diseñados para streaming y eventos. El cambio de locación fue posible gracias a la mediación de Confama, pues de otro modo no habrían podido obtener el crédito que necesitaban para esta gran inversión. “Nosotros somos parte de la segunda cohorte de El Pauer y desde ese momento hemos contado con un acompañamiento que nos ha ayudado mucho a afinar nuestro modelo de negocio y a tomar nuevos riesgos, como el de esta sede”. El nuevo edificio fue inaugurado con mucha ilusión a finales de febrero, pero pasaron pocos días antes de que la pandemia los obligara a reinventarse y a buscar la manera de seguir activos.

Desde marzo pasado, no han parado de contemplar alternativas para que la actividad cultural de Sabbath se mantenga con vida. Por un lado, decidieron enfocarse en ofrecer servicios de streaming tanto para músicos que quieren monetizar su trabajo como para quienes deseen mejorar la calidad de sus transmisiones por internet o realizar eventos en línea. A la par de este servicio surgió Sabbath Night, un programa quincenal para dar a conocer talento musical de la ciudad. Por otro lado, la iniciativa más ambiciosa que han estado gestando es Lo Creo: “es una idea que nace de la necesidad de unirnos como gremio en este tiempo de crisis. Lo que se nos ocurrió fue crear una plataforma en línea que agrupe la industria creativa, que dé a conocer todos los servicios que ofrecemos y que permita un contacto rápido con nuestros clientes”. Financiados con recursos propios y de la Secretaría de Comunicaciones de Medellín y con el apoyo de Comfama y Ruta N, este proyecto de Sabbath estará al aire en las próximas semanas. A mediano plazo se busca que Lo Creo se convierta también en un canal transaccional a través del cual sea posible contratar los servicios directamente.

Pese a que la embestida de la pandemia afectó los planes que Sabbath se había trazado para este año, al mirar estos diez años de historia, Paola contempla el futuro con esperanza. A nivel personal, espera seguir caminando hacia un balance entre su vida personal y profesional, pues durante mucho tiempo lo único que ocupaba su atención era el trabajo. Tiene claro que su misión en la vida está vinculada a la gestión cultural, pero ahora entiende que un emprendimiento exitoso también debe proporcionar calidad de vida a los emprendedores. En cuanto a la empresa, no titubea al responder cómo se imagina que será dentro de diez años: “sueño con que nos hayamos consolidado como un centro cultural, que seamos cada vez más sólidos financieramente, que lleguemos a Bogotá y a otras ciudades del país, y que aportemos para que cada vez haya un pago más justo para quienes trabajamos en las industrias creativas. Y claro, que nunca perdamos nuestra misión de impactar socialmente a través de la cultura, porque sin eso Sabbath no tiene sentido”.

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