De la gastronomía africana al mercado saludable

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Emprender cuando todo es incierto y solo se tiene una idea. Esta es la historia de Enerfruit, un emprendimiento de alimentación saludable a partir de un producto de la gastronomía heredada de África. Gracias al apoyo de Comfama, contamos las historias de los emprendedores de Antioquia.

Para conocer la historia de Enerfruit, primero debemos conocer la historia del ñame, un producto originario de África y Asia: el ñame llegó a América con los navegantes hispano-portugueses, a mediados del siglo XVI, convirtiéndose en un alimento primordial en la dieta de los esclavos, como lo ha narrado en un estudio el Banco de la República. 

En el 2010, Colombia fue uno de los doce países con mayor producción de ñame en el ámbito mundial (395.374 toneladas al año, según la FAO) y ocupó el primer lugar en rendimiento de toneladas por hectárea sembrada (28,3 ton/ha). En el país, su producción ha estado ubicada principalmente en la región Caribe, sin embargo, Antioquia es uno de los departamentos con mayor rendimiento de toneladas por hectárea sembrada.

De acuerdo con el estudio del Banco, muchas preparaciones y alimentos como los fritos, el ñame, el guandú, el frijolito blanco, el ají dulce y la candia, además de ser muy característicos de la comida del Caribe colombiano son, a su vez, parte de la herencia africana.

Entonces, un alimento, un tubérculo, fue el punto de partida del emprendimiento de Carlos Alberto Castro Otálvarez, a quien nunca se le había pasado por la mente que dejaría de ser un empleado de una de las textileras antioqueñas más reconocidas, para ser gerente y fundador de su propia empresa. Puede sonar gracioso, pero casi podría decirse que el “espíritu emprendedor” se le apareció en forma de ñame.

Carlos Alberto Castro Otálvarez cree que emprender es un reto en el que se aprende de diferentes áreas, además del proyecto que se lidera.

Carlos Alberto no es ni fisicoculturista, ni deportista, ni mucho menos nutricionista.  Es costeño de nacimiento y, aunque hace muchos años vive en Medellín, conserva entre sus tradiciones gastronómicas, el ñame. 

Él hizo cursó estudios en procesamiento de frutos y hortalizas en el Sena, pero no los había puesto en práctica, hasta que en el 2014 se le “prendió el bombillito” y se le ocurrió una idea de negocio a partir de ese tubérculo. 

Fue consultando en internet sobre los beneficios del ñame, como Carlos Alberto descubrió que este alimento tiene propiedades especiales, por lo que es consumido en la dieta de deportistas jamaiquinos. 

A partir de esa referencia, de cómo los deportistas jamaiquinos lograban mejorar sus condiciones físicas, de fuerza y vitalidad, fue que el emprendedor colombiano se ideó una barra de cereal saludable. 

Por fortuna empezó con el pie derecho. Su barra de cereal de ñame lo convirtió en uno de los emprendedores ganadores del tradicional Concurso Capital Semilla que cada año realiza la Alcaldía de Medellín. Con el premio, $7.500.000, compró materia prima, mesas y utensilios, y puso en marcha su novedoso y saludable producto. Con ese capital invertido, más su conocimiento sobre procesamiento de frutas y hortalizas, fundó una pequeña fábrica en la que producía en las noches, para poder salir a vender su producto en las mañanas. No sabía de alimentación saludable ni mucho menos del mercado de estos productos, pero como “buen paisa” se lanzó al ruedo.

Fueron días duros de volver a la casa sin vender ni una barra de cereal, pero ha persistido gracias a su deseo de emprender y a que en el camino ha encontrado personas que le han ayudado. Como aquel señor que sin ningún interés le enseñó a desarrollar los aglutinantes de miel con los que se hacen las barras de cereal, logrando una producción más industrial y optimizando los tiempos de producción. Después, también desarrolló una barra de proteína pensada especialmente para deportistas.

Afirma que al principio vio una oportunidad interesante en el mercado de la alimentación saludable, porque las personas ahora están buscando alimentos saludables, no tan elaborados como otros productos que, si bien están más posicionados en el mercado, contienen muchos ingredientes artificiales que los hacen dañinos para la salud. Sin embargo, más que un producto o un negocio, Carlos Alberto siente que su emprendimiento es una forma de servirle a otras personas, pues al ser natural y no tener aditivos ni conservantes, está contribuyendo a mejorar la salud de las personas a través de la alimentación. “No queremos ofrecerle lo mismo a la gente, queremos ofrecerle un producto que les genere valor y creo que esto es lo que la gente está buscando hoy en día”. 

Con el tiempo ha logrado posicionar su producto y ha pasado de producir esporádicamente un molde, equivalente a 50 barras de cereal, a producir cinco o seis moldes de forma más continua. Además, ha ampliado su equipo de trabajo, antes conformado solo por él, su esposa y su suegra. Ahora tiene cuatro colaboradores más: una persona de telemercadeo y redes sociales, y tres más en producción. También logró convertirse en maquilador de la empresa Riovalle, lo cual favoreció significativamente sus niveles de ventas.

Reinventarse, la palabra de moda

Con menos de diez años en el mercado, a Enerfruit lo cogió la pandemia del Covid 19 y, como algunas empresas, se vio obligada a reinventarse, o por lo menos reajustar sus planes. Sí, cambió en la manera de trabajar, producir y comercializar. 

Vinieron dificultades. Uno de sus principales clientes dejó de pedirles maquila, muchos de los pedidos estuvieron frenados y sus ventas mensuales bajaron de $20.000.000 a unos $12.000.000, insuficientes para cubrir los gastos de la empresa. 

Así, Enerfruit decidió dar un viraje hacia las redes sociales, donde vio una gran oportunidad de diversificar sus canales de ventas. Actualmente, Instagram representa cerca del 50% de las ventas de Enerfruit. Además, le hizo un rediseño a la marca, logrando una imagen más fresca de los productos y logrando un mayor impacto.

Otra medida que tomó, a raíz de la pandemia, fue ampliar su portafolio de productos. De barras de cereal y barras de proteínas pasó a ofrecer también mixturas, frutos secos y aceite de oliva, entre otros. La estrategia empezó tratando de aprovechar el día del padre: armaron unos kits saludables con diferentes productos y a raíz de la acogida que tuvieron, los siguieron vendiendo y les ha ayudado a contrarrestar el bajón en las ventas por la pandemia.  

A pesar de ser una empresa muy joven, Carlos Alberto considera que tiene un buen posicionamiento y son reconocidos en el nicho de mercado de lo saludable. Actualmente Enerfruit tiene presencia en Medellín, Bogotá, y un cliente en Magangué. Aunque sienten que les hace falta entrar al segmento de autoservicios en el Valle de Aburrá. Hacia allá apuntan sus planes de expansión en este momento y espera que poco a poco todo “vuelva a la normalidad” para continuar creciendo su emprendimiento.  

Emprender le ha dado la oportunidad no solo de ser independiente y tener su propia empresa. “Yo antes no tenía un proyecto de vida claro, pero ahora sí. Mi empresa es como ese hijo que quiero ver crecer y verlo grande”. Emprender le ha dado también la oportunidad de capacitarse y formarse en el mundo de los negocios, gracias al MBA que realizó con Comfama e Interactuar y por el cual se siente muy agradecido pues le ha ayudado a crecer como emprendedor. Además, ha cambiado su forma de relacionarse con otras personas y empezó a codearse con empresarios, quienes de algún modo se han vuelto muy importantes para él, como uno de sus clientes más grandes, que menciona con cariño por la confianza que le ha brindado. “Yo debiéndole dinero y él creyendo en mí… parece un papá”, afirma Carlos.

También recuerda el caso de una amiga que no sabía qué hacer con su emprendimiento, a quien él pudo aconsejar y ayudar a retomar su camino. Este tipo de sucesos los califica como enriquecedores en su proceso.

Él siente que esas personas que le ayudan sin ningún interés son obra de Dios.  “Para mí es como un regalo de Dios. Yo creo que él nos muestra el camino…es cuestión de dejarse llevar y guiar”, concluye.

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