Catalina Orozco y su lucha por visibilizar las artes escénicas

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La gestora cultural Catalina Orozco cree que ha valido la pena cada segundo de su labor en pro de las artes escénicas de la ciudad. En Medellín tras bambalinas contó qué la motiva y anima a seguir trabajando en los proyectos y alianzas de Kompanio Colectivo Cultural.

La llegada de Catalina Orozco al sector cultural fue una casualidad. O tal vez, una causalidad. Estudiaba Ingeniería de Materiales en la Universidad de Antioquia al tiempo que trabajaba como administradora en un local de accesorios, pero llegó a la conclusión de que sus estudios -en especial el cálculo integral- y ella no eran compatibles, aunque desde siempre le había apasionado la administración. Decidió entonces, hacer una pausa, porque necesitaba más tiempo para estudiar.

Una prima suya, Diana Betancur, en ese entonces era la representante legal, administradora y directora artística del Teatro El Tablado y le propuso que la ayudara en la parte administrativa. Ella vio allí la posibilidad de estar en el campo de la administración y tener suficiente tiempo para estudiar. Al menos eso creyó. Luego comprendería que los tiempos en el arte no son los mismos que en una oficina.

Desde allí empezó a descubrir el sector de las artes escénicas, un mundo que aún con sus falencias define como maravilloso, y en el que decidió quedarse para proyectar, aprender y aportar. Ya son 12 años desde entonces y aseguró que la experiencia ha sido muy enriquecedora. Ha pasado por colectivos como Oficina Central de los Sueños y Manicomio de Muñecos; ha participado de las agremiaciones Medellín en Escena y la Red de Artes Escénicas; ha coordinado proyectos de formación artística; ha hecho parte de eventos de ciudad como La Fiesta de las Artes Escénicas y de su edición impresa.

Después de hacer parte de estos, en 2016 fundó Kompanio Colectivo Cultural, con el propósito de hacer un acompañamiento administrativo a las salas de teatro de Medellín, porque desde su experiencia había identificado varias falencias en ese tema.

Inicialmente, le interesaba apoyarlas desde lo administrativo, pero luego se dio cuenta de que había otras grandes falencias en temas como la comunicación y la visibilización de las salas teatrales. Afirmó que en la medida en que se fue involucrando con algunas, fue “descubriendo el agua tibia, pero ya fría: que por más que los equipos creativos tuvieran muchas producciones artísticas, el ‘mal formado’ público de la ciudad no respondía al llamado”. Ella suele llamarle así, porque piensa que, desde la institucionalidad, en aras de cumplir con el fomento del arte y la cultura, han diseñado buenas campañas, agresivas incluso, pero que a su vez promueven la “gratuidad”.

Para ella, Kompanio es “una suma de ideas que en su conjunto buscan estrategias que acerquen al público a las diferentes salas, que concientice a los espectadores sobre el quehacer artístico, que lo que ellos y ellas como artistas imaginan, crean y elaboran, es en sí su modo de producir y de vivir, pues el quehacer artístico en general es un oficio como cualquier otro”.
Es una admiradora fiel del público de ciudades como Bogotá pues considera que, a diferencia de Medellín, está muy bien formado y está dispuesto a pagar por ver un espectáculo. El público de Medellín le parece un poco difícil, porque no está formado y le gustan las artes, pero busca “lo cómico, lo ligth”. Siente que las personas mayores tenían más acercamiento con el arte, la lectura y eran más inquietos por lo artístico. “Esta nueva generación es difícil y por eso desde Kompanio le apostamos a las nuevas generaciones”, afirma.

Considera que la labor del Estado como benefactor a través de propuestas como Salas Concertadas ha influido en que pocas personas estén dispuestas a pagar por un espectáculo y es necesario hacer un trabajo muy grande para formar públicos, y desde las comunicaciones de las salas y colectivos teatrales para enamorar a los espectadores.

Reconoce y destaca la labor que han hecho colectivos como Pequeño Teatro, que se ha posicionado y sostenido en el tiempo a través de su estrategia de “Entrada libre con aporte voluntario”, aunque le parece un tema muy complejo y no lo comparte.

En este sentido, cree que los teatros y colectivos tienen un reto muy grande frente a la formación de públicos y a la sostenibilidad de sus proyectos, pues el presupuesto de cultura siempre será insuficiente debido a que esta no es una prioridad para los gobiernos y la competencia es alta, ya que también están las grandes empresas que tienen sus propias fundaciones y ahí hay unos recursos que no llegan directamente al sector.

Catalina Orozco ve al sector de las artes escénicas como una matriz muy solidaria, que siempre ha trabajado por sumar más.
Foto: Cortesía de la gestora cultural.

Una nueva generación

Catalina es hoy una de las nuevas caras de las artes escénicas y la gestión cultural en Medellín. Es parte de esa generación que intenta abrirse paso para continuar lo que grandes maestros han dejado como legado y seguir construyendo a partir de las nuevas ideas. Reconoce que no es una tarea fácil, porque los que están “se la han luchado muchísimo” y eso hace que sea más difícil soltar. “Los que estamos llegando o ya estamos, venimos con cosas nuevas y hacer ese engranaje entre lo que viene y nosotros ha sido complejo”.

Sin embargo, reconoce la labor que vienen realizando gestores y artistas de la ciudad como Viviana Zuluaga Hernández, actriz de KnockOut y quien está liderando la Red de Grupos de Teatro Sin Sala de Medellín; Robinson Duque Villegas y Juliana Rodríguez, ambos de Casa Tomada, y Sara Suárez de Casa Clown. Ella está convencida de que eso que han recorrido y luchado va a potencializar mucho la cultura de la ciudad. “Somos una nueva generación. Venimos más frescos, recargados. No venimos con tanta historia y se nos aliviana el tránsito por este sector”.

Y es que Catalina es una apasionada por las artes y el progreso cultural y social de la ciudad, y define la gestión cultural como el arte de sostener y dignificar el oficio del artista. A ella la moviliza la convicción de que el arte cambia la vida de las personas, por eso la mueve el deseo de formar seres humanos a través de este. De tal forma, lidera iniciativas como el Festival de las artes escénicas infantil de la Comuna 10.

La propuesta, explica, nació el año pasado con el propósito de formar a los chicos desde la infancia, porque creen que la formación de públicos debe iniciar desde la niñez. “La intención no es formar actores, sino seres humanos para la vida”, afirma y resalta la necesidad de que madres y padres acompañen a los niños a teatro, que aprovechen en ellos esa sensibilidad y amor por el arte y tantas opciones que tiene la ciudad para estar en familia. “Creo vehementemente que tocar los corazoncitos a temprana edad, que enamorarlos de las artes nos garantizará seres humanos más empáticos, artistas para la vida, espectadores críticos, espectadores que valoren el arte y que el arte esté inmerso en la canasta familiar”, destaca.

Debido a que octubre fue un mes muy “teatral”, con muchos eventos y festivales de las artes escénicas, esta cita de las tablas infantiles se realizó del 9 al 15 de noviembre. Tuvo la participación de dos agrupaciones internacionales: Compañía Bet Burgos (Chile), Compañía Omar Álvarez (Argentina); una nacional: La Libélula Dorada (Bogotá) y los montajes de los colectivos de la Comuna 10.

El Festival este año fue virtual, debido a todos los protocolos exigidos. Las funciones se transmitieron por el canal de Kompanio, con un precio muy asequible. Además, esta versión tuvo eventos para colegios y un componente de acercamiento de los públicos a los teatros de la Comuna 10, con una herramienta pedagógica llamada Kolcha y Kris, ganadora de la Convocatoria de Estímulos para el Artes y la Cultura 2020 de la Alcaldía de Medellín.

Medellín tras bambalinas

Desde su llegada al sector, Catalina ha estado tras-escena, como parte esencial de los diferentes equipos de trabajo en los que ha estado, para hacer posible diferentes iniciativas. Como directora de Kompanio Colectivo Cultural ha logrado desarrollar propuestas como SOS Teatral y la Sala Virtual, que buscan visibilizar a colectivos que no tienen sala, aprovechando ventajas de la virtualidad, como la posibilidad de llegar a muchas partes.

Una de las iniciativas más recientes que ha liderado ha sido precisamente Medellín tras bambalinas, en alianza con Revista PAPEL.

Nuevos retos

Catalina hoy no solo es aliada de Revista PAPEL, un proyecto que considera crítico, y que no solo está en pro del sector escénico sino de toda la cultura de Medellín en general, y el cual cree le hacía mucha falta a la ciudad, sino que llega a él como directora ejecutiva para continuar la labor iniciada por Daniel Grajales Tabares, su fundador.

Un nuevo reto personal y profesional, que le permitirá complementar y fortalecer la experiencia que tuvo como coordinadora del periódico Medellín en Escena, en el que conoció sobre la gestión y producción de los medios de comunicación culturales para un sector y sobre un tema que conoce. “Creo que lo que me llama y enamoró de PAPEL es que busca el mismo objetivo de Kompanio: aumentar el consumo cultural. El reto es trabajar con un mismo objetivo desde dos escenarios diferentes”, finaliza.

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