Cristóbal Peláez, la institución poética del teatro en Medellín

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
CRISTOBAL PELAEZ (2)

En Medellín tras bambalinas, el director del Teatro Matacandelas habló de quién es y cómo con su grupo ha construido una comunidad escénica en la ciudad.

Hay rebeldías que una comunidad agradece, hay personas inquietas que hacen de sus luchas personales, las luchas de todos; hay sujetos que han aportado tanto a otros y que prefieren que no lo mencionen y, además, disfrutan permanecer ocultos en su legado.

Lo anterior, podría ser una parte del prólogo del recuento de la vida artística de Cristóbal Peláez González, El genio del Teatro Matacandelas, uno de los hombres más importantes para la escena teatral del país, no solamente de Medellín.

Estamos hablando de una persona que, ante todo, es sincera. Hablar con él es sinónimo de transparencia. Dice lo que piensa y cómo lo piensa, es hasta gráfico con sus palabras. Además, su voz tiene el carácter de ser lo verdadero para el teatro local; su experiencia nunca se ha improvisado, aunque por su oficio, literalmente, vive de eso. Cristóbal es una institución en el arte dramático de todo el país.

Se inició en el teatro cuando este arte era considerado solo un pasatiempo en Medellín, cuando no habían escuelas de formación y cuando los grupos nacientes tenían un corte más político y revolucionario, lo cual él siempre ha rechazado, porque cree en el teatro como una extensión de lo bello del cuerpo y del ser, como una estética de lo divino.

En sus inicios, postuló la posibilidad de que el teatro no solo fuera una opción de entretenimiento. Como ya lo había expresado libremente el dramaturgo y poeta alemán Brecht; Cristóbal cree que hay diversiones simples y también las hay complejas. A las últimas es a las que él apunta con su dramaturgia.

Una de sus pasiones son los libros, y fue su hermano quien le inoculó ese vicio. “Él me insistía mucho en la importancia de leer, era 4 años mayor que yo, y me fue creando esa necesidad, me iba pintando cosas y yo preguntaba muchísimo, recuerdo que tenía 5 años. Entonces, me antojó y llegué, de una manera muy desesperada, a buscar todas las respuestas en los libros”, relata.

ristóbal Peláez se ha ocupado en su vida artística por hacer un teatro que no sea “de encargo”, es decir, mandado a hacer por otros o siguiendo a otros. Él ha propuesto un teatro sin tanta espectacularidad, no está de acuerdo con la magnificencia en las tablas.
Crédito: Cortesía del artista.

Los libros han sido su compañía más grata y más fiel a lo largo de su existencia, así lo reconoce él. Aunque, aclara que no es un ‘come libros’, pero sí cuando se sienta a leer disfruta cada página. Su forma de leer no es tradicional, puede tener cinco o más libros que esté leyendo al tiempo, cree que no hay por qué ‘encarnizarse’ con un solo libro a la vez ni desesperarse por llegar a la última página. “Soy de pocos autores y he sido muy fiel a ellos”, dice, al tiempo que cuenta que su mejor momento de lectura siempre es en las noches.

Define su relación con el libro como una amistad y una analogía muy sensual. Enfatiza, para él un libro es la concupiscencia que no puede dejar en este mundo terrenal, algo muy apasionante, una de sus lujurias más excitantes. Basta con escucharlo hablar para identificar el conocimiento que ha extraído de cada libro que ha leído y observar sus creaciones teatrales, ahí está plasmado gran parte de ese conocimiento que ha extraído de los libros.

Su legado, el Matacandelas

El Colectivo Teatral Matacandelas es una verdadera familia y es de los pocos grupos escénicos que aún quedan en Colombia, como entidad sin ánimo de lucro se creó en 1979 y en 1991 recibió la categoría de Patrimonio Cultural de la Ciudad de Medellín.

Así como las grandes culturas se cocinaron junto al fogón, ellos comen juntos y comparten tanto las pérdidas como las ganancias. Para Peláez González lo más gratificante es que han aprendido a trabajar en pandilla, son ante todo amigos y ese “trabajo a riesgo” ha fortalecido su afecto mutuo.

En los 41 años de existencia, el grupo ha creado 20 obras de repertorio y ha producido unos 55 montajes.

Sin duda alguna, ha sido él, el teatrero Cristóbal, el artífice de que El Matacandelas haya construido una comunidad escénica en Medellín, una estética y una voz para el público y además de que el teatro local esté en el contexto y en el panorama nacional.

Este líder dramaturgo con su grupo ha propuesto nuevas miradas a la escena, ha inspirado nuevas formas de hacer teatro. Por ejemplo, entre los hitos que ha gestado Cristóbal en el teatro local se puede contar que la versión del Matacandelas de O Marinherio, pieza del teatro estático del autor portugués Fernando Pessoa, fue la primera obra que salió con producción sonora en Medellín, antes de eso, el sonido en el teatro de acá solo se usaba solo para amplificar la producción escenográfica, nunca para construir una estética de lo sonoro. Eso ocurrió en 1990. “Recuerdo que los grupos de teatro eran muy renuentes a eso y decían que tratábamos de disfrazar la falta de acción y teatro con efectos sonoros, también decían que eso no era válido, que era una trampa, porque le restaba pureza al teatro. Ya hoy han entendido la importancia de lo sonoro”, precisa.

En su defensa, el público de Medellín ha demostrado ser muy reflexivo, muy atento, muy amante de la sonoridad.

Igualmente, en lo tecnológico, el Matacandelas también ha aportado mucho a la escena, fue el primer grupo en Colombia que tuvo un sitio web, en el año 2000, y cuando eso era una cosa muy rara, “¿una página web para un grupo de teatro? ¿Eso para qué? Muchos lo cuestionaban, con el tiempo todos entendieron la importancia”, declara Peláez González. También, fue el primer teatro que tuvo sistema de sonido envolvente en su sala. “Uy, cuando eso, sí que nos dieron palo”, recuerda entre risas.

No obstante, el espíritu artístico, su dramaturgia siempre ha sido inquieta, él no se cansa de buscar más, de encontrar nuevas formas de maravillar al público, y para eso ha sido fundamental el carácter poético que siempre lo ha caracterizado.

Está claro, con sus creaciones, algunas obras de culto en el teatro colombiano, es decir, que la gente religiosamente las pide, como La chica que quería ser dios, Angelitos empantanados, La caída de la casa Usher, Los ciegos y la misma O Marinheiro, Cristóbal y el Matacandelas le han dado a la escena una institución poética.

Otro punto a destacar es que su teatro ha sido ejemplo en administración de una entidad cultural para la escena del país, aunque Cristóbal no lo cree así, considera que, más bien, se debe a que nunca se han quejado. Sin embargo, reflexionando sobre lo vivido en la pandemia, él reconoce: “Si esto se sigue prolongando, yo no sé si para el otro año haya Teatro Matacandelas, es algo insostenible, absolutamente”.

Peláez González es enfático en que no le gusta quejarse, “y a El Matacandelas no le gusta quejarse tampoco”, por eso su lucha es hacer teatro con excelencia, crear contenidos que enriquezcan el conocimiento de la gente, proponer miradas poéticas de la vida misma, de la forma cómo se deberían relacionar las personas, hacer de las artes un museo, un culto de admiración.

Cree que ir a buscar apoyos para el teatro es como ir a llevar una enfermedad; pero, así y todo, no ha desfallecido en su vocación por hacer de la escena de Medellín una “posibilidad próspera”, un punto de referencia, y así no se haya logrado en su totalidad, él seguirá insistiendo en la importancia de darle predominio a todas las artes en Medellín.

Compartir artículo

También podría interesarte

Deja una respuesta