El teatro es el hombre en sí mismo, en todas sus dimensiones

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Édgar Rúa 3-1

Édgar Rúa y su vida en el teatro de calle, y el legado artístico que le transmitió su hermano Juan Guillermo Rúa, fallecido actor y reconocido hombre del teatro ambulante.

En la figura del escritor, dramaturgo, director, actor, gestor cultural, titiritero y músico afrocolombiano, Édgar Rúa, se muestra el valor del teatro en todas las dimensiones del hombre.

¿Cuál en su estética teatral la condición, el carácter, la esencia, la verdad y la realidad de lo que busca transmitir con ella, la necesita o no y por qué?

En cuanto al movimiento estético mediante la creación del arte y más aún en la cualidad o el enfoque del teatro, donde la escena aparece como parte de la esencia profunda de lo que se es en la creación permanente, considero que la estética allí no existe al igual que no tiene sentido alguno como un elemento de discusión o cosa por el estilo, ya que pienso que la estética es una acción natural permanente desde siempre en el ser humano, en la naturaleza, que divaga de manera eficaz en el entorno la cual moldean de acuerdo a sus conveniencias o diferencias de forma sud objetivas, por lo tanto difiero de que ella exista como planteamiento en el arte.

Por lo tanto, para mí la esencia no es un hecho relativo, es una mirada profunda de lo que somos, de lo que adquirimos y admitimos en este estar de manera constante, donde nos enfrentamos día a día a una misma realidad sonora que nos enmarca en el tiempo de lo que somos, es el ahora permanente, donde la mirada que se tiene es una consecuencia de esa sonoridad social en la que se vive, el entorno que realmente somos para muchos y para nosotros mismos.

¿En qué sentido o sentidos hace la construcción de sus intervenciones, de sus mediaciones para con el teatro en esa inmensa cantidad de tareas que hace con y desde él?

Siempre me ubico en lo que soy y no como artista ni nada por el estilo, sino como actor permanente de una sociedad permanente en la que subsisto y que a su vez nos interioriza y que al final desgarra todo lo que somos y donde es imposible ver ese túnel para poder seguir adelante con esa idea profunda de vivir, es quizás contemplar ese mismo desastre que hemos generado en ese ir y venir; diría yo locura consecuente que dispara esas motivaciones a veces quizás tan adversas, pero tan ciertas de lo que somos, porque toda esa falacia de lo que somos se apropiamos de nuestros huesos y le da esa carne que tanto necesitan nuestros personajes interiores, es allí donde ya no hay salida alguna a lo que realmente somos, entonces busco solo transmitir mi espiritualidad, que es donde está esa otra esencia que no tiene distancia entre el actuar y el vivir y es donde reflexiono y me digo a mi mismo: Si habrá coherencia en lo que digo y vivo…? Entonces entiendo realmente cual es mi verdadera tarea, que no es actuar para nadie, sino vivir para todos y en especial para mí.

De la relación con el teatro, ¿qué es lo que más le interesa, le fascina, le provoca hacer en todo momento, donde se instala con más concentración y poder comunicante y por qué?

Creo que lo más importante para mí es poder descubrir eso que realmente soy en el ahora permanente, creo que allí esta la clave de todo, de entender que el teatro realmente no existe y que es solo un fantasma en nuestras vidas anteriores y que nos persigue para contar esas historias, que nunca quisimos escuchar o aprender, que es solo un acercarse a uno mismo y que si cada vez te acercas más, sabes que la teatralidad es permanente, que está en la vida de cada uno de los seres humanos, que está y vive de manera permanente con el hombre, y que hace parte de esa historia de cada uno en la vida cotidiana y que solo hay que dar ese paso y asumirse y entender que somos la misma palabra que encarnamos como pan de cada día.

¿Por qué el teatro ambulante y por qué el teatro callejero, de dónde se desencadenaron, se diseminaron en usted esas formas y estructuras teatrales?

El teatro ambulante es ese gran legado que me transmitió mi hermano Juan Guillermo Rúa, de entender que somos en esencia un carromato que deambula de un lugar a otro buscando esa esencia cotidiana, después de muchos años lo entendí, que el teatro en sí mismo es un camino que está en nosotros, en cada uno si lo asumimos y nos enfrentamos a él sin miedo.

Y es ahí, de manera importante, donde entra la calle hacer un gran episodio, donde la colectividad nos permite asumirnos en el espacio de manera profunda, donde nadie nos espera de manera consiente, pero si escuchan ese latino que nos provoca a todos y todas de esa manera encontramos esa realidad profunda de lo que somos, porque nos transformamos en la misma escena de la vida con el otro.

¿Cómo observa, qué siente, qué le dice a usted entonces una calle, qué le propone, como la examina y como la concibe intervenida por el teatro y para qué, qué queda y qué no?

Para mí la calle es el espacio permanente, del actor permanente, no solo para mí sino para todos los que la habitamos de manera constante. Para mí la calle es realmente la posibilidad de vivir lo que soy en esencia, ya que allí puedo habitar con todos los personajes que realmente somos.

Podríamos decir que sí el teatro callejero, es y se hace, se desarrolla y realiza en la calle (medio); podríamos hablar de un teatro de la naturaleza, o sea, hacer teatro en un bosque y llamaríamos: “teatro de la naturaleza”?

Para mí como lo decía anteriormente, no existe el teatro si lo vemos de manera esencial del ser humano, existe como palabra o como nombrarlo, para poder acercarnos a algo que nos represente eso que no entendemos porque está implícito en nuestras bondades y entonces no alcanzamos a percibir otra forma de vivir en armonía, si hablamos de teatro es porque no vivimos el teatro, como cuando se habla de libertad, es porque nos somos libres, porque estamos presos o sino esa palabra no existiría para nadie.

¿En estas intensidades en que usted presenta y propone el teatro que hace, por qué, para qué formó La Maloka del Sol, y por qué lo llama Laboratorio Teatral Popular Antropológico?

Creo profundamente en lo esencial, en lo que permite realizar otras formas que van en contra vía de lo que la gente espera siempre, no hago teatro para divertir a nadie, ya si mis obras divierten, pues bienvenidas sean, pero lo más esencial para mi es poder encontrar esas memorias que están en todo lo que vivimos, no me gusta esa habitualidad que permanente, porque cuando se es tan habitual todo lo que hay al redor nuestro se desaparece, se torna invisible entonces nos toca re-inventarnos a cada momento y dejamos lo más hermoso de nosotros en el olvido.

Por lo tanto, me veo más ahí en el Laboratorio permanente desentrañando amores olvidados, rizos de cabellos y manos poderosas que han forjado ese hierro letal de tanto olvido.

¿El teatro callejero está conectado, comunicado y relacionado, también con una antropología, y que se inunda con los cuerpos o el cuerpo del hombre que lo construye en sí mismo y lo distribuye a los otros?

Sí, totalmente, el teatro nunca debe de ser de teatro cerrados, porque el teatro es el hombre en sí mismo, en todas sus dimensiones, hace parte de todos, no posee dueños ni empresarios ni cosa por el estilo, el teatro es la esencia libre del pensamiento y de la espiritualidad de la humanidad y del cosmos.

¿De una obra como Otelo, que usted lleva a la calle (espacio), qué es lo que más le interesaba comunicar, por qué y para qué, qué buscaba con lo clásico llevado a lo popular y por qué?

Para mí la obra Otelo desentraña lo afro, lo negro que suelo ser en el actor permanente que he sido, desencarna esa humillación histórica que profundiza aún más las diferencia entre la esencia humana donde el mundo en el que vivimos puso su fatal escena para condenar a algunos al destierro de su alma y de sus cuerpos, pero al final me reconforta entre ese llanto oscuro las plañideras, las madres africanas, pero también escucho a las madres de la plaza de mayo o a tantas y tantas madres que existen en mi ser, en mi memoria colectiva, las escucho como gramíneas en ese desojar de mi alma, lo siento en cada paso que descubro de mí, entonces lo veo transitar a ese poderío negro en esa huella africana que vivo en las calles de mi américa latina donde mis hermanos afros de todas las etnias le apuestan a seguir adelante.

¿A usted como dramaturgo (y sus mezclas) qué le diría una calle vacía de una ciudad a las 12 de la noche y una calle tumultuosa y turbulenta a las 12 de un mediodía, y cómo las intervendría, qué haría en ellas?

Creo que lo más importante es poder escuchar, sentir y ver con los ojos del alma.

Porque como está plasmado en la física cuántica, nada esta vació, todos los espacios están ocupados de todas las formas y energías, porque todo tiene memoria; entonces es entender quienes o que existe allí, que no podemos ver, sentir o escuchar y de acuerdo a eso se debe entrar sin vulnerar lo que está allí ya establecido y armonizar con ellos y el entorno.

¿Es básico, esencial y necesario para el teatro callejero, la música (teatro musical), la danza, por qué sí o no, qué poder le da a cada una, que más incluye en su teatro callejero y por qué?

Siempre considero que todo es necesario, pero no de la manera que vemos o sentimos que debe de ser una intervención, ya que considero que muchas de las cosas que se hacen por el afán de entretener se pierde realmente el sentido del todo.

Por ejemplo, cuando tú haces una obra teatral en la esencia dramática o lo que común mente llamamos dramaturgia ahí ya está todo, porque la pieza tiene ritmo, esencia sonora, danza luz interior ya sea en los personajes o en la descripción de tu entorno, igualmente todo está allí, no te hace falta nada, ya que desees hacer que ese ritmo y esa música que está en tu esencia dramática sea representada o interpretada por un instrumento musical ya es otra cosa igualmente sucede con la danza, pero muchos no alcanzan a ver o a sentir esas posibilidades porque como son es productores, no diferencian tal magnitud.

Por eso para mí es muy fundamental el entender que si queremos hablar de teatro es un reto más allá, eso no es de pararse en las tablas y verse bonito.

¿Usted ha escrito y representados monólogos, considera que el monólogo podría también ser llevado al teatro callejero, lo ha hecho, como deconstrucción del espacio teatral y proyección de otro espacio?

Sí, por supuesto, tengo uno monologo montado de Juan Guillermo Rúa, que es de Teatro de Calle, donde él hace esa intervención de auto-representación de un culebrero, que hace parte de una leyenda que nos contaba nuestra madre.

Igualmente, considero que en el planteamiento que hago desde la auto-representación que es la creación que hago como técnica, método o esencia teatral latino americana, está implícita la calle como monólogo interior del actor permanente, porque esa es la base fundamental del teatro en la calle, cada uno de nosotros en el teatro de la vida.

Raimundo Lulio dice de la sensitiva es la combinación irreductible de lo sensible y el sentir, ¿por medio de lo que hace, qué sensibilidad busca formar y qué sentir intenta construir en quienes ven, escuchan lo que hace?

Para mí el arte y en especial el teatro busco realmente es poder que nos encontremos de manera individual y a su vez cada uno de nosotros con los demás, con el entorno, con lo esencial que somos y entender que si el arte como: El teatro, la música, la danza, la pintura, etc; existen es porque aún nos falta algo que no hemos podido encontrar o descifrar en este estar permanente en el que nos encontramos ahora.

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