“El ‘Yo’ de la novela es ficticio y real a la vez”, dice Freddy Téllez

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Fredy Tellez1

El profesor Óscar Jairo González revisa la vida y obra de Freddy Téllez, destacando sus observaciones sobre filosofía y teatro.

El escritor y filósofo colombiano Freddy Tellez responde a Revista Papel sobre su literatura, aclara cuáles son sus reflexiones del Yo y la dualidad que vive entre teatro y filosofía.

“La escritura es una ranura por la que observo el mundo”, se dice en la novela Individuo errante Falah Mengu. ¿Podría decirnos qué es para usted la escritura y qué no puede serlo?

Cuando afirmo que “la escritura es una ranura por la que observo el mundo”, me estoy refiriendo a mi situación específica de intelectual.

Sartre caracteriza a Jean Genet con una frase con la que me identifico: “se piensa y piensa el mundo”. Escribir para mí es pensar lo que me rodea, sin dejar de pensarme a mí mismo en el mismo acto. Con el tiempo he llegado a distanciarme de esas formas de escritura que ocultan a su propio autor bajo una apariencia de falsa neutralidad.

La relación inescindible e inexorable de la vida con la literatura, ¿en dónde se da en usted y cómo se libera de la una y de la otra, si lo puede hacer o no?

Pienso que en general la relación entre vida y escritura se anida en torno al tratamiento de las emociones. Por eso, he dicho que no concibo una escritura que esconde al “yo”, que la hace posible.

En cuanto, a la segunda parte de la pregunta, yo diría que no veo necesidad de liberarme de ellas. Vida y escritura son en mi caso, absolutamente, indisociables. Y tanto mejor, agrego ahora.

¿En qué medida se requiere para vivir de esa manera de una filosofía y del teatro? Es decir, de esa conciencia de la necesidad de la filosofía y del teatro (“Entonces tómatelo con filosofía, amigo, como yo me lo tomo con teatro”)?

Filosofía y teatro son también indisociables, entendiendo por “teatro” el vivir. Nuestra vida es ficción; saber verlo puede ayudarnos en ciertos momentos. Alejarnos de nuestros problemas conlleva vivirlos a distancia, descubrir el personaje que representamos. La vida es juego e ilusión, por más real que ésta sea. Ella es pues “teatro”. Pienso que es desde una concepción excesivamente moralista del vivir que se puede negar su ficcionalidad. Es cuando se la toma demasiado en serio que no podemos ver el juego que la constituye.

¿Qué hay de la vida real y de la vida irreal enIndividuo errante Falah Mengu y en sus otras novelas, concibiendo qué carácter y qué características de lo real y la realidad?

El libro empieza con una nota en la que me confronto, y confronto al lector con esa relación. Es otra variante del mismo asunto: la escritura literaria en cuanto vida; la unión entre ambas.

“Del autor al actor —digo allí—, o de yo a yo, los espejeos son múltiples y dudosos, incluso cuando son reivindicados en el texto mismo”.

Y convoco al lector a desconfiar del narrador que se confunde con el autor, en base al hecho de que lo importante es la trama y no la identidad que la pone en juego. Más no podría decir.

Que no se piense que estoy burlándome o jugando. No, es que eso es la vida: juego e ilusión, por más real que ésta sea, vuelvo a repetir.

¿En qué son decisivas en usted las obras de Wilhelm Reich y D. H. Lawrence, y por qué? ¿En qué dimensión se instalan en su vida y obra?

Yo mencionaría tres nombres importantes en mi vida. Wilhelm Reich, Henry Miller y Michel Leiris. El primero me muestra la fuerza de la sexualidad, es decir, del núcleo que me constituye. Y los dos restantes me revelan la manera como se puede hacer literatura con ella.

Al igual que Miller, yo he creado con mis propios problemas, exponiendo al peligro, en cierta forma, mi propio yo. Es la concepción de la literatura en cuanto tauromaquia de Leiris: poner en peligro al propio yo, como el toro en el ruedo.

Mi lectura de D. H Lawrence fue posterior a la de Miller, y menos impactante, aunque aún hoy continúo leyendo sus ensayos; su estilo libre y descomplicado me impacta siempre.

¿Qué tanto decidió e intervino en sus decisiones en la vida la presencia y el estudio del pensamiento de Ernst Mandel, y por qué todo se hace relato?

Ernst Mandel fue un descubrimiento en mi época de estudiante en Alemania del Este. Escuchar sus conferencias en la otra parte de la misma ciudad en la que vivía, y prohibida al común de mis conciudadanos por la existencia de un muro, fue una experiencia inolvidable.

Fue algo similar a la lectura de La revolución traicionada de León Trotsky; una orientación decisiva en esa época, no sólo intelectual sino práctica, ya que me introdujo a ese movimiento en París, una vez terminados mis estudios en la RDA.

¿Cómo no hacer relato con todo ello, parte de mi misma vida? Tanto más cuanto Mandel llegó a ser un compañero de ideas y de lucha en “La Cuarta Internacional”, el movimiento trotskista internacional en el que militaba.

Mandel había leído uno de mis textos filosóficos en español y lo había conservado en sus archivos. Eso me confesó cuando lo visité en Bruselas. Él se alojó años después en mi apartamento en Bogotá. Pero, bueno, todo eso forma parte del pasado. Borrón y cuenta nueva.

¿Qué ‘Yo’ es del que se trata en la novela? ¿Quién es “Falah Mengu”? ¿Y qué tiene de usted y qué no de ese ‘Yo’? ¿Por qué la ha llamado Individuo errante Falah Mengu?

El “yo” de la novela es ficticio y real a la vez. Como todo en la vida. Falah Mengu es un redoblamiento del título del libro, pues significa lo mismo; eso se lo descubre en un momento dado de la lectura.

De tal forma, es a la vez una especie de doble del personaje central, ya que éste es un individuo errante. La palabra remite también a un insulto en la trama del libro.

Ahora bien, por fuera de este, es una hipótesis acerca del origen del flamenco. “Falahmengu” significa “flamenco”; si se lo repite lo suficiente, ambos términos llegan a confundirse. El flamenco es como un símbolo de Andalucía, donde se desarrolla buena parte del libro.

He ahí algunos lazos comunicantes, no siempre explícitos en él.

¿Qué es lo que llama usted “individuo” y qué dice del “errante”, del ser errante (exilio)?

Todo individuo es un errante en la vida, y por más sedentario que sea. No vinimos sino a errar, en los dos sentidos de ese término. Habría que relacionar esta novela con un ensayo acerca del exilio en otro de mis libros (Filosofía y extramuros, 1999).

En términos generales, en mi literatura, exilio y errancia son otra forma de la felicidad, contrariamente a la concepción bíblica tradicional.

¿Qué va y qué hay entre la militancia política y la militancia intelectual, la militancia como escritor en usted? ¿O no se trata de una militancia, y por qué?

No, la militancia es una forma de ceguera, en cuanto alimentada por el fanatismo, por lo incuestionado. Para mí, la escritura narrativa es cuestionamiento perpetuo, búsqueda de mi propia ficción, por lo tanto, juego; juego serio y doloroso a veces.

Los temas que más le interesan, en nuestra consideración: Lo nómada, lo heterodoxo, lo errante y el exilio, ¿cómo son desarrollados en sus novelas y ensayos?

Creo que es Heidegger quien dice que un pensador no tiene sino una o dos ideas que no cesa de rumiar en su vida.

El nomadismo forma parte de mi incansable repertorio. No se abandona impunemente su propio país a los 5 años, ni se hace toda la carrera universitaria en otro continente sin que ello no deje marcas indelebles.

He vivido fuera de Colombia muchísimo más tiempo del pasado realmente en él. Nunca pude, ni he podido sentirme bien en mi país. Siempre lo he visto con ojos de extranjero. Hecho diciente: ninguna de mis esposas ha sido colombiana.

En cuanto al gusto por la heterodoxia del que hablas, no ha sido algo consciente. Tiene que ver con el rumbo que mi vida ha tomado desde que me fui de Colombia.

El exilio y la errancia conducen a situarse por fuera de instituciones y de corrientes de pensar dominantes.

El París de Lautréamont y del surrealismo, ¿qué le dice hoy a usted, a sus percepciones estéticas, y a la naturaleza de la ciudad que tanto le ha obsesionado?

El descubrimiento de Lautréamont fue para mí muy importante. Al igual que el de Rimbaud. Ambos son dos especies de creadores “cometas” por la rapidez que caracteriza sus obras. Lautréamont vive solo 24 años y Rimbaud, que llega hasta los 37, deja de escribir a los 20.

Y claro, Lautréamont es un escritor de ciudad; París, sin duda, pues Montevideo, que lo vio nacer, no deja huella visible en lo que hizo. El París de Lautréamont es un París fructificado por el verbo, imaginario y real de un solo golpe.

Es curioso ver cómo sus metáforas se corresponden, hacen eco a la ciudad. Hay ciertos especialistas que han mostrado incluso los límites precisos de esos desplazamientos imaginarios: el primero, segundo y tercer distrito en particular, es decir, el Louvre, la Bolsa y el Templo, según sus términos geográficos. A los cuales hay que agregar “anthéon”, el quinto, allí donde muere al mismo tiempo el libro y Mervyn, uno de sus enigmáticos personajes, quizás con el que más evoluciona el texto.

París es una especie de metáfora de La Ciudad, con mayúscula. Y Lautréamont, al menos en esa época, es su escritor.

Hoy existen otros, por supuesto. Pienso en Alexandre Lacroix y su bello Voyage au centre de Paris de 2013.

¿Qué es la vida con y entre libros para usted y qué sin libros, sin estar con ellos (llenar y vaciar cajas, que me recuerda a Benjamín: Embalando mi biblioteca)?

Los libros son un concentrado maravilloso del mundo. Parafraseando a Nietzsche podríamos decir que, sin libros, la vida sería un error.

Es una formulación exagerada, pero certera. Yo no veo mi vida sin libros, aunque en ciertos periodos he tratado de desembarazarme de ellos.

Esfuerzo casi desmesurado en un intelectual ¿verdad? Llenar y vacías cajas de libros, como dices, ha sido en mi caso un signo práctico de errancia.

En ese sentido, no tengo nada de la ligereza de un Epicteto o un Thoreau. Hace unos años escribí un texto, Mi biblioteca y yo, que intenta retratar esos periplos.

¿Vive, ha vivido y vivirá usted como un intelectual? ¿Qué es para usted un intelectual ayer y hoy (Sartre/Beauvoir)?

He vivido en lucha con el hecho de ser un intelectual. Tal vez es una inconsecuencia de mi parte, y hasta el producto de un cierto complejo y culpabilidad. No sé de qué, pero así ha sido.

Creo que es una reacción a la imagen y al medio intelectual tradicionales. Sartre afirmaba que prefería la conversación de una mujer a la de un intelectual.

De nuevo, algo exagerado, pero certero. El intelectual ha sido en Francia una figura comprometida con su época; sigue siéndolo quizás. Es asimismo alguien que tiene respuesta a todo, alguien al que se le cuestiona a propósito del más mínimo hecho. Es una función que no comparto y de la que me he alejado de manera consciente. Mi Pequeño tratado del libre pensador es una manera de explayar un terreno contrario, distinto.

¿Cómo se da y mueve en usted lo inconsciente, el mundo del sueño, la excavación en sí mismo, la mirada en usted mismo como “Otro”, y cómo lo hace?

En un cierto periodo de mi vida, llegué a escribir los sueños que tenía; dejaba un papel cerca de la cama para poder recogerlos antes de que desaparecieran de la memoria, pues son muy fugaces, como se sabe.

Ahora bien, ¿para qué?, en realidad. ¿Será cierto que eso nos indica nuestro inconsciente? Si hago la pregunta es para mostrar el hecho de que se es incapaz de interpretarlos de manera diferente a como lo indicó Freud o Jung.

Carecemos de otros medios, y hoy ya no creemos tanto en esos autores, me parece. Otra cosa es tratar de verse a sí mismo, como ya lo he dicho antes. En eso continúo esforzándome.

¿Qué es la identidad y la utopía para un escritor y ensayista como usted, qué lo haría identificarse y utopizarse, si podemos hablar así, y qué no?

La identidad es dudosa, pero es lo único que tenemos en cierta forma. Creer en un yo estable y segurizante es algo extremadamente extendido.

No se arriesgue usted a decirle a alguien que su yo es una ilusión, porque estoy seguro de que sólo recogerá burlas y risas.

Y, sin embargo, la demolición, la crítica deconstructora de la identidad es una tarea filosófica necesaria, indispensable incluso. La utopía tiene algo de similar. A pesar de que nuestra época se ha enriquecido considerablemente con la desaparición saludable de la utopía comunista –sin hablar de la nazi, claro está–, se continúa con frecuencia creyendo en ella.

Hay quienes la postulan necesaria a la acción humana, cosa que dudo. Yo postulo sin ambages la crítica a toda utopía y el fortalecimiento, la necesidad del escepticismo. Y no voy a caer en el cliché de que ello sería mejor para la humanidad, porque soy consciente de que es una ilusión, otra más.

La humanidad no dejará nunca de creer en cuenticos tranquilizantes; es como una droga.

Tensiones de los incidentes, conciencia sobre ellos, medición de los mismos en la vida del escritor: ¿Qué es para usted el azar y cómo lo lleva a su literatura y por qué?

Respecto del azar, considero inigualable el aforismo de Francis Picabia: “Hay que atravesar la vida –roja o azul– desnudo, con música de pecador sutil y dispuesto al máximo para la fiesta”.

Hay que leer atentamente dicha afirmación para ver que se refiere en especial al azar, si bien no lo menciona de manera expresa. “Adoptar la vida como una fiesta y el pecado sutilmente”: he ahí la afirmación saludable del azar. Incondicional, agregaría también, porque no hay otra forma de hacerlo.

Ilusos, y ridículos, ante todo, aquellos que se rebelan contra el azar; que pretenden, ya que es imposible hacerlo. Ilusos también lo que quieren hacerlo desaparecer bajo la necesidad. Hegelianismo de baja estofa.

Sobre Freddy Téllez

Sobre el autor se puede contar una línea de vida que inició con su nacimiento el 22 de abril de 1946 en Bogotá. Más adelante, en 1961, regresó a su ciudad natal después de una estadía de 10 años en Buenos Aires, Argentina. No obstante, en 1972 retornó a Colombia, después de estudios, en Licenciatura en Filología Románica, durante 5 años en Berlín y Leipzig (ex RDA).

Entre 1972 y 1975 fue profesor, vice-decano y decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Cauca. En 1977, abandonó su puesto en la Universidad Nacional en Bogotá y se instaló en París, en donde hico el doctorado en Filosofía bajo la dirección de François Chatelet. Obtuvo la distincióna a Mejor mención del jurado.

Para 1982, se radicó en Caracas, y se desempeñó como profesor de la Universidad Central de Venezuela. En 1986, regresó a París y fue corresponsal de revistas latinoamericanas y escritor independiente.

Igualmente, en 1990, se instaló en Suiza, siendo profesor de filosofía de la Universidad Popular de Lausana, entre 1996-2004. Desde entonces y hasta hoy está dedicado a la escritura.

Otras obras del autor

  • De la praxis, Biblioteca Filosófica. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1985
  • La sexualidad del feminismo, Carlos Valencia Editores, Bogotá, 1987.
  • Palimpsestos. Los rostros de la escritura, Centro Editorial Universidad Nacional, Bogotá, 1990.
  • Del pensar breve, Yomismo Editor, Bogotá, 1993.
  • En torno a Cioran. Universidad de Caldas, Manizales, 1999.
  • Filosofía y extramuros, Fondo Editorial Universidad Eafit, Medellín, 1999.
  • Mitos: filosofía y práctica, Editorial Universidad de Caldas, Manizales, 2002.
  • Ma bibliothèque et moi, Centre de Traduction Littéraire, CTL, No 44, Université de Lausanne, 2003.
  • La entrevista de bolsillo, Jacques Derrida responde a Freddy Téllez y Bruno Mazzoldi, Siglo del Hombre Editores, Bogotá, 2005.
  • La misère du marxisme et le marxisme de la misère, Éditions Paradigme Idéa, Nice, France, 2008.
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