¡Que viva el teatro en Medellín!

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Diego-Sánchez-ByN

El presidente de la Asosiación Medellín en Escena, Jaiver Jurado Giraldo, director del Teatro Oficina Central de los Sueños, comparte con nuestros lectores la reflexión que escribió para el Día del Teatro. Este texto acompaña la exposición In Memoriam, abierta el público en el hall del Teatro Pablo Tobón Uribe, que se puede visitar gratis.

Hoy entregamos un cúmulo de fotografías arrancadas al tiempo, dejando allí el instante desnudo de cada uno de los artistas de este In Memoriam a los cuales honramos hoy en su trascendencia y locura creadora.

Corre con sus zancos por nuestra imaginación Juan Guillermo Rúa, lo vemos nítido por la calle Colombia, con su bandera del Teatro Ambulante de Medellín abriendo la gran comparsa del teatro de la ciudad, el actor del Bufón , el escribiente de Cartas a Tell corre en medio de una Medellín aldeana y conservadora que lo mira atónita por las vías colmadas de gentes.

José Manuel Freidel, director de La Fanfarria y un mito teatral de la ciudad.
Crédito: Cortesía Medellín en Escena

En esa gran comparsa a la que nos invita el Juglar vemos a José Manuel Freidel el que nos enseño el vibrante y doloroso camino de la dramaturgia, su teatro estilizado por personajes de la otredad, le da vida a las Manuelas, al soliloquio de ¡Ay Días Chiqui!! o la insaciable Irene. A veces nos parece verlo caminando errante por las noches de bohemia del centro de Medellín.

Busco, rebujo en los cajones de la memoria, en aquellos tiempos fundacionales de la Escuela de Teatro de la de Antioquia y sale el retrato de “El Profeso” como le decíamos cariñosamente a Luis Carlos Medina y lo recordamos hoy como aquel que nos enseño la tolerancia, el que nos mostro el camino de ser artista siempre juntos. El actor de emigrados de Mrozek, el director de la Maestra de Buenaventura y Carros sin frenos en su siempre Itinerante Teatro.

En una parada de esta bella comparsa, el retablo de la vida nos muestra al gran actor Rafael de la Calle, lo vimos actuar en la Casa del Teatro con su voz de bajo profundo que nos confundía en la butaca. Cuando recitaba pensábamos que temblaba la tierra. Lo vivimos en la obra “Potestad” de E.Pawlosky. Rafael De la Calle un hombre fundacional con su grupo el Triángulo desentrañando dramaturgias de ultramar.

Se acerca la caravana y en ella Sara Eva Cifuentes “El escenario es mi felicidad” decía. Desde sus papeles de mujer sencilla o diva, ella la de nombres bíblicos encontró en el Teatro Popular de Medellín su residencia en la tierra, como diría Neruda, ese lugar al que llegaba como a un ritual sagrado. La vemos en la ventana asomada auscultándonos como escapada de un libro de cuentos maravilloso.

Sigue la comparsa del día Internacional del Teatro con sus personajes y personalidades variopintas, unos van y otros vienen y allá vemos al Mono, Rodrigo Saldarriaga  con su cerveza al clima y su eterno cigarro, enseñándonos autores y obras insólitas en la parroquia del sagrado corazón de Jesús: Anacleto Morones, Tartufo, Medea y los chorros de Tapartó se trasuntaban, se cocinaban en la escena. Siempre terco, siempre solidario, siempre libertario.

Corre, corre Juan Guillermo con su bandera multicolor que la calle esta libre para todos, se escuchan fuertes vítores al teatro, cientos de artistas en la fiesta y esa caravana de locos, embriagados por el amor y la vida lo seguíamos con nuestras máscaras y trompetas, y en medio de ellos  va Farley Velásquez, el siempre joven, el que vivía a plenitud hasta la hora 25, el impetuoso director de El Diario de un Ladrón, la señora de las Rosas y Electra, el que nos llevaba por caminos plagados de luminotécnias exóticas y vidas paralelas que se asemejaban a las nuestras en su esplendor y tragedia.

Desde la acera en medio del barullo, saludando al lado de Gloria Tobón, está el maestro Gilberto Martínez se une a la caravana, saluda con cariño a los exiliados de una ciudad en proyecto, la ciudad de Gonzalo Arango, La ciudad que expulsó a Porfirio. Va el maestro Gilberto extendiendo sus manos y de ellas salen letras, palabras, saberes como flores, como confeti en una fiesta báquica, sus libros son  llamas y sus charlas vehementes nos incendiaban el corazón.

Diego Sánchez – Actor del Teatro Matacandelas, todavía lo extrañamos en escena. Un gran ser humano.
Crédito: Cortesía Medellín en Escena

Crece, crece la audiencia y hay silbo en la llama recitaba con su bella voz Zalamea en su “Sueño de las escalinatas”, y viene hierático Bernardo Ángel con sus santos oficios de la escena, regando el profundo olor de los sahumerios, cerrando círculos con velas encendidas, antes de echar en medio sus palabras llameantes, como hierro fundido, sobre los cerebros y corazones de los olvidados, de los expatriados, de los humildes del Parque de Bolívar. Su Barca de los Locos hoy prosigue con la fuerza dejada en sus dramaturgias en las manos de Lucía.

Señores y Señores interrumpe y toma la palabra Diego Sánchez: Bienvenidos al teatro, un país que inventamos, ya que aquel en que vivimos es defectuoso y triste. Todos vengan, todos están invitados. Y ya lo vemos en todas partes como duende, actuando el pretendiente, el mago chorrillo sietevueltas o al simpático Joe flannegan y su amada Sylvia. Ahí esta Dieguito Lindo  con sus ojos saltones de comediante de la legua , entregando su humanidad en los escenarios que lo vieron crecer, por que cuando llego al Matacandelas, era casi un niño, un niño que quizá nunca creció y fue mejor así.

¡Que viva el teatro! Grita Juan Guillermo Rúa

¡Que viva el Día Internacional del teatro! A coro gritamos todos!

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