Acto 14. Una tarde, una ciudad: Münster

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El corazon de Munster Alemania (1)

Una nueva crónica de la @contadoradebuenashistorias o @andreadiazduque. Un viaje a sus vivencias mientras desarrolla sus proyectos creativos.

3:00 p.m. Atravieso la estación central y el Centro de esta bella ciudad con la certeza de que hoy el frío se siente menos que ayer. Y llevo cinco meses ya desde que llegué a Alemania, y aunque vine especialmente preparada para este clima y estas latitudes, aún siento un poco mis dedos congelados, que de pronto no pueden prescindir de guantes, ni al vaso diario de Caramel Macchiato que el cuerpo me pide, como marcando tarjeta cada día (desde cuándo me veía yo tomando café) ni a que el sol se asome a las 8:00 a.m. para volverse a esconder antes de las cinco.

Según Google Maps, tengo unas casi cinco cuadras hasta el corazón de Münster, que es el centro histórico con sus rutas en tren y, según mi cuerpo, media hora antes de que la piel empiece a gritar por una nueva ducha. Münster se ve vacía.

Pienso que no debe haber en el mundo un lugar tan sorprendente por su cantidad de bicicletas. Puede que más limpio, puede que más seguro, pero al final todos se parecen un poco: un no-lugar donde abundan las construcciones arquitectónicas de cemento, donde casi siempre todo es gris.

Tiziano Terzani, un escritor italiano que si no conocen deberían estar googleando ya, decía que lo bueno del tren es que te deja en el corazón de una ciudad.

A diferencia del aeropuerto, que siempre queda a trasmano, que es artificial y que casi nunca es auténtico, uno sale de la estación de tren y en pocos pasos ya está viajando. No hay que hacer largas filas, no hay que esperar transfer, no hay que hacer nada. Se abren las puertas, sales del andén, y “pum”, ya estás donde querías estar. Yo cruzo un par de calles, sigo cortando el trayecto con los puntitos, y “pum”: adelante mío empiezan a florecer puestos de comida de uno de los mercados junto con lindas Iglesias.

Me siento cansada, pero quiero husmear todo: el stand de los que venden salchichas, el de los panes rellenos, el de los kurtos (esa especie de factura húngara en forma de cucurucho que me volvió loca y que acá venden rellena de Nutella).

En el Winterlichter Markt, o Mercado de las Luces, los puestos parecen estarse armando con lentitud, pero los aromas ya coparon el cielo. Esquivo el perfume de la parrilla, atajó el olor a canela y extiendo mi mano para degustar una especie de pionono al pasar. (Más tarde, mi pareja me dirá que tengo ojos de gaviota para encontrar comida gratis y no voy a tener argumento para refutar la idea).

Cruzo una calle, empujándome hacia el suelo, y entonces aparecen: cercos hechos de pinos, puestos más opulentos y una vuelta al mundo que me indica que, aunque todavía no llegó a mi destino, en cierto modo ya he llegado.

Existe una buena razón para incluir a Münster en esta trilogía de ciudades con Mercados. El Striezelmarkt, que viene a ser el mercado principal de toda la ciudad, es de los más antiguos de Europa.
El primer registro que se tiene es del año 1434 y ahora, en 2021, se celebra su edición 587. Quiero sacarme la chaqueta. Quiero llegar al parque central y sentarme a observar con JG, tomarme una rica bebida y venir corriendo con mi cámara a zambullirme en este mercado y en esta ciudad que, acabo de darme cuenta, entramos por la parte de atrás.

Centro histórico de Münster.

Antes de venir, Johannes me había contado de una Iglesia que había quedado totalmente destruida con los bombardeos y cuyos escombros permanecían apilados a modo de recordatorio.

Y es que a Münster la destrozaron en el 45. No había motivos en realidad: la guerra estaba casi acabada y aunque hay quienes alegan que la ciudad era un objetivo estratégico, la mayoría coincide en que se trató de una demostración de poder. Casi 40.000 personas perdieron su vida en manos del ejército británico y el centro histórico de la ciudad quedó reducido a cenizas. La Iglesia de los recuerdos de Juan es, ni más ni menos, esta, que tengo en frente. Parte de su reconstrucción se hizo utilizando los cascotes originales. Yo no salgo de mi asombro.

Münster se volvió a recuperar económicamente y en 1580 ya era la principal ciudad de Westfalia en la Hansa. La Paz de Westfalia se negoció en Münster y Osnabrück. Se firmó el 24 de octubre de 1648 en la Sala de la Paz del Ayuntamiento de Münster y puso fin tanto a La Guerra de los Treinta Años como a la de los Ochenta Años. Todo esto según lo narra la historia.

Ya me di la ducha obligatoria, ya me tomé el café de cada tarde, ya volví a entrar en calor. No termino de decidirme si me encanta o si me ofusca esto de las noches cortas, pero el reloj aún no marca las 6:00 p.m. y el cielo hoy no admite estrellas.

Tengo una hora para recorrer el Palacio Real, El Palacio, que a pesar de su opulencia no es tan conocido, fue la residencia de los electores y reyes de Sajonia. Quedó destruido al igual que la mayoría de la ciudad con el bombardeo del 45 se salvaron sus obras,porque habían sido trasladadas fuera de la ciudad.

Esto de viajar sola tiene mucho de conversaciones que nunca llegan a dibujarse en el aire. No tengo a quién decirle lo que pienso. Saco entonces mi cuaderno y escribo, a modo de final de viaje.

Pensamientos sueltos desde Münster

• Alguien me dijo una vez ─con mucha claridad y confianza─ que Europa es un continente de viejos, ya no me acuerdo quién. Esta tarde salíamos a caminar por la ciudad para poder sacar todas esas fotos que ayer no pude por falta de luz y me di cuenta de dos cosas: que por momentos se me hacía difícil encontrar a alguien sub 60 que se le animará a mi reflector y que, a lo mejor, hace falta tener cierta edad en el alma para poder apreciar algunas cosas. A mí (creo que ya lo dije) este casco histórico me dejó sin palabras.
• No había visto el sol ni un solo día desde que estoy acá. A las casi 8:00 a.m. aclara y a las 17.00, más o menos, ya empieza a oscurecer otra vez. No recuerdo haber tomado tanto café en mi vida, pero creo que así la ciudad es más hermosa. Hay cosas que, me parece, no pegan con la primavera.
• A Münster la bombardearon en el 45. La hicieron pedazos. Hoy, si nadie te dice nada, casi que caminas sin darte cuenta. Todos reconstruyeron. En algunos edificios, incluso, usaron parte de los escombros. En el audiolibro que escuché ayer, dijeron que los habían enumerado “como piezas de un puzzle”. Me quedo boquiabierta. No sé cómo hacer para que esto no me inspire. De verdad, no sé.

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