Acto 5. Lo que observo mientras estoy sentada frente a la ventana

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Lego

Las crónicas de una joven soñadora y apasionada por los temas de cultura, con gusto por el arte callejero, el cine y documentales históricos; amante de una buena taza de café, de las letras y la lectura.

A veces mientras observo por la ventana desde el cuarto piso donde ahora vengo y trabajo en mis proyectos personales y profesionales me quedo detenida en el tiempo mirando la inmensidad de este país que me ha acogido con tanto cariño, Essen y muchas ciudades alemanas que he recorrido, me han recibido con los brazos abiertos y estoy agradecida con la vida y todos aquellos que hicieron posible que este sueño se cumpliera.

Me imagino que a veces el mundo es el escenario de una gran búsqueda del tesoro en la que participamos todos. Las ciudades son patios de juegos donde la gente deja, tira o pierde cosas que otros al pasar recogen, las miran, las encuentran, las levantan y se preguntan de dónde salieron, cómo llegaron hasta ahí, qué camino transitaron para haber quedado justo ahí, en medio de dos baldosas medio rotas o justo ahí en medio de uno de los escalones de una iglesia.

Las cosas abandonadas van pasando de mano en mano, se resetean cuando cambian de dueño, van reescribiendo su historia, se presentan anónimas, puro presente, con un pasado que solo se puede intuir, imaginar o inventar.

Desde muy niña tengo la costumbre de caminar mirando hacia abajo, no sé si por timidez, por mala postura porque en Medellín hay muchas calles rotas o para no pisar en falso. También puede que camine así porque quiero encontrar cosas.

Antes, no me animaba a levantarlas. “Lo que está en la calle es basura, está sucio, no se toca, no se levantan cosas de la calle, Andrea”, decían mis padres. No sé cuándo cruce la barrera, tal vez cuando encontré arrugada una hoja de papel con un bello poema de Pablo Neruda, tal vez cuando vi hace una semana que mis nuevos vecinos habían tirado una caja con muchos escritos o encontré tirados al lado de un árbol hermosos tapetes, cosa que me llevó a tocarles el timbre para preguntarle si no había sido un error, porque la acción de “tirar algo” tan preciado a la basura puede ser bien metafórica, pero a mí me está comenzando a generar algo raro, lo que me lleva a preguntarme: ¿Lo dejaron ahí para que otro se lo apropie y lo disfrute? O ¿Lo abandonaron porque ya no les transmite la emoción que en algún momento sintieron?

En las calles del mundo, además de gente, hay muchas cosas. En Europa, por ejemplo, es costumbre dejar muebles, tapetes o camarotes que ya no se usan en algunos rincones de las ciudades. Mucha gente que estoy conociendo se armó la casa con mesas, sillas y cajoneras que encontró, impecables, en la puerta de algún edificio.

¿Cada vez que salgo a caminar por Essen con vos me encuentro algo?, le dije a JG, sintiendo cómo mis botas color gris habían pisado un lego color amarillo. He descubierto que Alemania tiene eso, puedes salir a cualquier hora del día, sola, acompañada en autobús, a un bar, para escribir, cantar o tocar una guitarra a lo que tu desees y la ciudad como un gran patio de juegos a la potencia.

Se preguntarán qué paso con el Lego color amarillo, pues lo tomé en mis manos, le tomé unas pocas fotografías, lo dibujé y empecé a sacarle pequeños escritos, intentando exprimir lo suficiente de él. Porque las cosas, así como las personas cuando las observamos o las encuentras, debes de conocerlas muy bien para poder vaciarlas de sentido, descubrirlas, como a la naranja que JG y yo comemos siempre en la noche y me hace mirarla de todas las maneras posibles para luego escribir sobre ella.

Lego color amarillo: Foto tomada por Yuly Andrea Díaz Duque.

Recuerdo que cuando era chica jugaba con baldes llenos de Lego junto con mi hermano, no sabía construirlos porque creo que no era un arte que me gustara tanto, el experto en eso desde niño siempre fue mi hermano, creo que por eso se convirtió en arquitecto, sin embargo me gustaba unir las piezas.

¿Está de dónde salió? ¿Se le cayó de la mano/mochila/monopatín a un niño? ¿Lo tiró a propósito, lo perdió?

Nos educan para ser legos, piezas del sistema. Somos piezas distintas y nos necesitamos unos a otros para construir relaciones, armar redes y crear sinergias.

Somos piezas indispensables en la vida del otro y de golpe dejamos de serlo. Los dos objetos que encontré en Essen sirven para construir, aunque ninguno sirve del todo por sí solo, ambos son parte de algo más grande.

¿Cómo se construye un lego? ¿Cuántos moldes hay? ¿Cómo se piensan las uniones? Determinado número de piezas sólo permite determinado número de uniones.

El lego no puede cambiar de forma, está condenado a ser la misma pieza por siempre y es por ello que nosotros vamos mutando y cambiando de rol. (…)

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