Andrés Colorado Vélez les da voz a “los afligidos”

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El escritor Andrés Colorado Vélez presentó en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín su obra “El juego de los afligidos”.

¿Por qué decidió escribir?, ¿cuándo se le hizo evidente esa necesidad de la escritura?

Creo que desde que comencé a leer. Mi llegada a la lectura de libros diría que fue tardía: a los 19 o 20 años. Pero apenas empecé a leer con gusto me sentí empujado a querer contar por escrito algunas historias propias o ajenas, reales o ficticias.

Por ejemplo, uno de los relatos míos más antiguo (que lo conservo porque salió ganador en un concurso sencillo), que se titula A los lectores de Edgar Allan Poe, surgió en un juego de espejos, en un diálogo con el autor por los días en que lo estaba leyendo. Y de ahí en adelante, diría, han sido y siguen siendo múltiples los caminos que ando para escribir.

Suelo ser bastante consciente no sólo del momento en que comenzó a moverse en mí el deseo o necesidad de escribir, sino, además, de los procesos de la escritura: desde la estructuración o arquitectura de los libros que leo y creo hasta las motivaciones que yo, y otros autores de mi interés, tienen para dedicarse a la creación a través de la palabra escrita.

Me gusta jugar con estas cosas con cierta regularidad. Ahora, mi deseo, mi interés al escribir más que a transformar a mí o a mi entorno, ha sido jugar. Jugar y divertirme yo.

¿Cómo desarrolló entonces al escritor que descubrió en usted?

Se desarrolló con la práctica: leyendo, viajando, escribiendo y escribiendo. Sin dejar, claro, de ver la vida como el viaje múltiple que es.

Ahora, qué se mantiene de mi inquietud inicial por escribir, pues podría decir, entre muchas cosas, el deseo de contarme una historia (pues yo siempre soy el primer lector) y de jugar con los rudimentos y herramientas que se precisan para crear con la palabra escrita.

¿Qué método tiene o ha construido para escribir?  

Antes había hablado de ver la vida como el viaje múltiple que es. Jugar a observar la vida desde la premisa del viaje nutre mucho y constate mi sensibilidad, mi instinto y, en consecuencia, mis percepciones.

Como el juego, el viaje es un ‘leitmotiv’ en mi vida y lo que creo.   

Andrés Colorado Vélez escribe sobre personas que recorren las calles de Medellín a inicios del siglo XXI, en busca de amor.

Hablemos de su novela El juego de los afligidos, ¿cómo comenzó a escribirla, qué lo motivó?

Si bien la catarsis no es impulsora, conscientemente, de mi ejercicio creativo, la necesidad o interés de escribir la novela que con el tiempo se conjugaría en El juego de los afligidos, estuvo motivada por la catarsis; por el deseo de sacarme de encima una molestia.

Molestia que en parte la novela desarrolla. A la par de otras molestias y fascinaciones que un escritor novel como yo (en ese entonces a inicios de los 30 años de edad) gracias a una década de viajes dentro y fuera de la ciudad, a relaciones de pareja y el paso por la universidad, entre otras, ha podido vivir. Y sobrevivir.

¿Cómo construyó los personajes de El juego de los afligidos?, ¿qué busca con ellos, qué les hace decir que usted no puede o no quiere decir?

Cuando escribí la novela yo ya había escrito algunos cuentos. Con los concursos (pues yo no he tenido gente cercana que me lea y dé opiniones), insisto: concursos sencillos en que salí finalista, comencé a sentir un poco de seguridad para aventurarme a escribir historias más largas.

Escribí una primera versión de una historia larga, pues que creo que llamarle novela puede ser exagerado. Esa primera versión contó con una lectura afortunada. A través de una exnovia conocí al escritor, nacido en Támesis, Antioquia, José Libardo Porras. La respuesta que me dio –por escrito, a través de correo electrónico- fue lapidaria; un porrazo.

José Libardo había, previamente, leído un par de cuentos míos y su opinión, por escrito, fue buena; motivadora. Por eso me atreví a pedirle que leyera la historia larga que había escrito.

En fin, que su opinión –que compartí en gran medida- me retó y motivó a seguir jugando, escribiendo, como antídoto para superar la situación; el golpe a mi ejercicio creativo, que en ese momento supuso la opinión de Porras.

De ahí en adelante, de sentarme a trabajar, yo, primer lector de lo que escribo, empecé a ver unos una trama que, con ayuda de los personajes, fui tejiendo y, en ese proceso, descubriendo su estructura; de ahí, quizás, la polifonía de géneros, puntos de vista y narradores que confluyen en El juego de los afligidos.

La novela cuenta la historia de Julián, un joven universitario en permanente desazón con la cotidianidad.

Y la ciudad en la que se desarrolla El juego de los afligidos, ¿es la ciudad real, irreal, racional e irracional?

Como les ha pasado a muchos creadores: músicos, pintores, escritores, etc., con la ciudad o poblado en que viven, me ha pasado a mí: tener con ella una relación, un diálogo cercano, de amor y de odio. Relación que, invariablemente, hace que el lugar en el que uno vive se vuelva un personaje clave y habitual en la creación.

Las ciudades están vivas. Y de la vida de Medellín y otros lugares en los que podido vivir durante alguna temporada, me gusta escribir; yo a Medellín la suelo pensar, recorrer, como una amiga. Me gusta la ciudad con todas sus cualidades y horrores.

Lo que siento y pienso de la ciudad, para mí se análoga a la naturaleza. Ahora, por qué lo hago: porque la escritura es una de las formas en que yo dialogo conmigo mismo y con mi entorno todo.

¿Qué lo lleva al viaje, qué es el viaje, cómo viaja y qué extrae?

Al viaje, suelo pensar, me lleva, me empuja, en gran medida, el gen nómada de nuestra especie: que ha viajado a lo largo y ancho del planeta Tierra. Además de ese gen, la posibilidad que da el viaje de abrir los ojos y despertar, de captar de mil formas el sentido efímero de la existencia y los horrores y maravillas de la vida. Y en ese decurso comprender muchas cosas que se están buscando: la soledad, la creación, el amor, la vida, la muerte.

¿Qué tanto le sirve la observación para crear su obra?

Además de leer mucho y tener experiencias que alimenten los puntos de vista que uno tiene sobre las cosas de la vida, la observación de uno mismo y del entorno se constituyen, creo, en herramientas fundamentales para escribir. De ahí que mi obra sea deudora de mi forma de observar y que yo, como suelo decir, sea afín a la idea de que la lectura no se circunscribe al libro: todo el tiempo leemos (observamos) el mundo para sobrevivir en él.

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Usted es sociólogo, ¿qué de esa formación hay en su literatura?

La sociología, una profesión que tengo la posibilidad de ejercer desde el campo de la docencia, algunas veces, pero sobre todo desde la investigación básica y aplicada, me propicia y vehicula múltiples herramientas conceptuales y metodológicas.

En casi 20 años de profesional he tenido la posibilidad de abordar diferentes problemas sociales, económicos y de salud de la ciudad y el país, de viajar y dialogar con distintos actores de la sociedad en sus territorios. Y eso sin duda ha alimentado mis puntos de vista, mis maneras de observar y, en consecuencia, mi escritura; mi obra toda.

De ahí que, podría decir, para mí la escritura poética o narrativa, son maneras, a veces superficialmente y a veces no tanto, de hacer sociología.

Sociología de polaroid, como se llamó un blog que durante un par de años alimenté con escritos (a modo de notas de prensa, de ensayos cortos, de reflexión) sobre temas diversos de la sociedad: películas, hechos noticiosos, música, pintura, etc.

¿Qué relación tiene con el ensayo y qué tanto de él tiene su obra?

A mí del ensayo, y sobre todo del ensayo literario, me gusta las diferentes posibilidades que brinda para jugar con el pensamiento y que, de paso, sea un género exigente. Ahora, puntualmente en Kafkiando, que es un libro que se fue haciendo solo: en épocas distintas escribí sobre ideas que me evocaron la obra de Kafka y su incidencia en el universo literario en todos los rincones del planeta Tierra.

Esas ideas las tramité por el ensayo porque sentí que era el género que mejor me permitía pensar y –de nuevo lo digo, por enésima vez- jugar con ellas. Al final, como he dicho, se creó un pequeño libro que contiene tres ensayos que fueron publicados por la Revista UdeA y una revista de Bogotá, y como resultado final, a mí me gusta.

¿De qué relaciones tormentosas, de qué relaciones maravillosas, perversas, inauditas –reales- qué hay en su obra?

Yo que soy un escritor que no teme usar sus experiencias y vivencias para hacer ficción a través de la escritura, todo lo que me pasa en los sueños y la vigilia, está presente en mi obra (que es parte integral de mi vida). De ahí que cual Penélope tejo (construyo) y destejo (de- construyo) la legión de personajes que confluyen en mí, en mi yo.

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