Andrés Toro Carvalho, escritor de la épica del costumbrismo paisa

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
ANDRESTOROCARVALHO1

Entrevista con el autor del libro El diablo en pelota, una colección de doce cuentos relatados con un sabor muy paisa.

Un libro lleno de aventuras, locuras y travesuras, así es El diablo en pelota, del escritor y gastrónomo antioqueño, Andrés Felipe Toro Carvalho.

Él, un enamorado de su cultura paisa, cumplió con este relato el sueño contar historias con el sabor costumbrista antioqueño. Y claramente, esta creación literaria “puede saber a arepa, a chicharrón, a arroz blanco, a patacón, a huevo frito, a dulce de brevas, a cafecito endulzado con panela, es más, que no le extrañe si la tinta con la que se imprimió este libro, es esa de los frisoles que hacen las mamás antioqueñas los domingos para reunir a la familia con esa sazón y sabiduría de mis ancestros”, relató.

En entrevista, Toro Carvalho contó detalles de cómo construyó el relato, quién inspiró el texto o por qué tituló El diablo en pelota, entre otros detalles más.

¿Cómo inició y la construcción de su creación literaria de cuentos El diablo en pelota?

Está inspirado en un personaje de carne y hueso. El padre de mi exesposa fue quien me dio los elementos mágicos para crear el libro de relatos.

Cada vez que tenía oportunidad, le pedía a don Jorge Enrique Carrasquilla Uribe que me contara historias suyas. Muchas fueron al calor de un buen aguardiente y alrededor de un asador o de un caldero hirviente, porque así compensábamos la balanza: el me enriquecía la vida con sus cuentos y yo con algún preparo para llenarle la barriga y ponerle el corazón contento.

De niño fue muy inquieto, hijo de un sobrino del maestro Tomás Carrasquilla, don Enrique Carrasquilla y de Berta Uribe, una matrona muy especial, de esas típicas paisas, que no tenía nada de típico, porque era ̶ para la época ̶ una mujer de mente abierta. Fue criado en el barrio El Poblado, su familia fue muy reconocida en el sector y él se hizo célebre por ser un niño feliz, extremadamente inquieto, y quien se convirtió para muchos en el “azote del barrio”.

Sus historias siempre me causaron muchas carcajadas, pero en especial mucha inquietud, pues me parecía que no debían perderse en la oralidad, así que decidí contar algunas de sus historias y entonces construí un universo literario, en el que ese niño que habitó la Medellín de los años 50’s, pudiera volver a hacer de las suyas, pero esta vez, para disfrute de quien las lea.

¿Por qué tituló este libro El diablo en pelota?

‘El diablo en pelota’ es una expresión paisa que usaban los abuelos como superlativo negativo, así que era común escuchar expresiones como: “ese señor es más feo que un diablo en pelota” o “ese señor borracho es más peligroso que el diablo en pelota” o “ese niño es más cansón que un diablo en pelota”.

De niño, fui muy inquieto también, así que mi abuela decía que yo “no podía dejar de estar parando las patas a toda hora”, que era muy cansón y usaba esa expresión, o una sinónima que era: “pareces un diablo en calzoncillos”.

Así que el nombre me pareció además de apropiado, muy llamativo e invitador a leerlo, al menos, para que el posible lector desprevenido, quiera saber más. Lo demoníaco se lo dejamos pues al superlativo de los abuelos.

Si bien la expresión es muy paisa, investigando un poco, encontré que no es propia de Antioquia, incluso ni siquiera colombiana, pues parece que nació en España y viene de la época victoriana, en la que la ropa interior era bombacha y de boleros y se les conocía por su forma, como “pelotas”, por tanto, decir que alguien estaba “en pelotas”, hacía referencia a que estaba semidesnudo e indecoroso.

¿Cómo escribió este libro, o sea, aquello que trata de su método (metódica)?

El libro lo escribí para presentarlo en un concurso literario de la Cámara de Comercio de Medellín, en el año 2008. Tardé unos pocos meses en concebirlo y al hacerlo, empleé la metodología que he aprendido en muchos cursos de literatura y de escritura de guiones que he realizado, en mi camino de formación como escritor.

En el concurso no pasó nada con el libro, eso me desanimó un poco, pero muchos años después, decidí retomarlo y me di cuenta de que estaba muy mal, y con esto me refiero a que le faltaba orden, no tenía alma todavía, así que decidí usar lo aprendido para retomarlo y organizarlo para que quede, así como está hoy, en el año 2018.

En cuanto a la metodología, para sentarme a escribir, debo saber a dónde quiero llegar. La primera letra la escribo cuando sé cómo va a terminar el texto al que me enfrento. Uso los métodos de escaleta para textos largos y mapas mentales y sinópticos para relatos cortos.

Primero, escribo la columna vertebral o idea principal, luego desarrollo los problemas de los personajes, aquellos a los que debe enfrentarse en el relato. Luego, creo la caracterización de personajes, creo las ideas secundarias, las de tercer orden y, por último, comienzo a escribir.

La creatividad siempre está presente. Claro, la metodología me permite organizar las ideas, pero al momento de sentarme a escribir, en mi mente comienzan a estallar ideas nuevas, complementarias que pueden o no, cambiar el camino de lo antes trazado.

En cuanto a las historias que le relató el señor Jorge Carrasquilla, ¿cómo logró transforma esos relatos en los cuentos incluidos en El diablo en pelota?

Don Jorge me dio una excusa, el impulso para crear un universo literario, personajes, un escenario, caracterizaciones, motivaciones.

Las historias que al fin terminaron plasmadas en el papel, son unas pocas de muchas más que hay en el tintero. Aclaro que, no todas le sucedieron a él, ahí hay historias de mi padre, de un tío, mías. Las de don Jorge tampoco sucedieron en ese orden, ni siquiera a la tierna edad de niño, ahí hay plasmadas historias de su vida adulta, travesuras que realizó siendo ya padre e incluso abuelo.

Yo, como escritor, simplemente canalizo ese montón de ideas que tengo en la cabeza y utilizo el libro como un embudo para dejar salir algunas.

De la tradición, si la podemos llamar así, oral a lo escrito, ¿qué ero lo que más le fascinaba de hacer este libro? ¿Cómo hizo inclusión a ellos en su relato? ¿Lo oral le es básico en cada intervención que hace?

Leo desde que estoy pequeño, mi papá le leía a la barriguita de mi madre en plena gestación. Al crecer, empiezo a leer libros que me compra mi padre del Círculo de Lectores, escogidos por él, y luego yo puedo escoger los míos, seleccionar lo que quería leer.

Cada autor que he leído me ha dado un ejemplo, algunos de lo que no se puede o debe hacer, pero hay unos que me marcaron más profundamente que otros.

Siempre me fascinó el costumbrismo paisa, me lo enseñaron a amar en épocas escolares. Soy un enamorado de mi cultura, de su representación arcaica, del arriero, de los personajes típicos de los pueblos, de los dichos y refranes, de la comida… aprendí a amar a Tomás Carrasquilla, a Ciro Mendía, a Manuel Mejía Vallejo, a Agustín Jaramillo.

Cuando empecé a escribir, muy joven, traté de emular a esos autores que me fascinaron con espías y complots internacionales: Robert Ludlum, Sidney Sheldon, Jack Higgins, Trevanian… así que mis relatos eran serios, cargados de figuras literarias ajenas y, sin embargo, al llegar a la adultez me reencuentro con el amor por mi cultura y a la hora de determinar un estilo propio, me lanzo por una especie de “Neocostumbrismo”, en el que mis personajes tienen que hablar como yo, como mi mamá, como vos.

Así que, sin duda, una de las cosas más importantes en este libro, es que quiero rendirle homenaje a mi cultura, a lo que soy, para que en el futuro sepan cómo somos.

¿La mezcla que hace con la gastronomía, dada una de sus otras inclinaciones estéticas, cómo se hace, cómo cabe y la insertó en el libro El diablo en pelota y por qué?

El filtro subjetivo del autor es lo que le da un matiz especial a cada obra. ¿Cómo no vamos a pensar en que en Cien años de soledad no hay algo de Gabriel García Márquez, o en La casa de las dos palmas no hay algo de Manuel Mejía Vallejo?

Los gustos, la forma en la que ve la vida, sus pensamientos, sus fobias, sus amores, son las herramientas básicas del autor. Una de esas que son mías y de las que hago uso para mi relato, es el amor por la gastronomía.

Así que quien lea el libro va a ver plasmada esa necesidad mía de dar a conocer qué es lo que come un paisa.

En la primera página, en el prólogo, hago alusión a los frisoles, al café endulzado con panela, al dulce de brevas con quesito.

En el cuento Las empanadas pal bazar relato la receta y procedimiento de elaboración de este gustoso e ineludible plato, explicando desde cómo se hace un hogao para el relleno y pasando por la masa de maíz coloreado con azafrán.

Así paso por las arepas y el chocolate para el desayuno, que no puede faltar, por el sancocho de río y su ritual sagrado del antes, durante y después. En fin, mal haría yo, hipócrita sería como autor, al no dejar que una de mis aficiones más profundas, no aportaran algo para enriquecer mis relatos.

Los trayectos que hizo por la gastronomía, los realizó también por la literatura, ¿cuál es la comida que más le muestra esa relación?

Al buen comilón, al profesional como yo, no le importa si un plato es costoso, si fue servido a manteles, si es lo que se come Isabel I de Inglaterra o lo que lleva de almuerzo en una coca de “jabón Acción” el trabajador de construcción que quiso compartir con vos su comida. El paladar es caprichoso y la democracia del gusto la más pura y libre.

Al comer me centro en los mensajes que me llegan a través de los receptores nerviosos del gusto, por eso he probado el filet mignon más costoso de Medellín, preparado por el cocinero profesional más recorrido del país y me ha impactado, pero en la noche de ese mismo día, caminando por una calle del Centro de la ciudad, me he encontrado con un vendedor callejero que me ha ofrecido una “Sandupa”, que es una comida rápida típica del municipio de Santuario y me ha sabido llevar hasta las estrellas.
No puede haber “la mejor comida del mundo”, es imposible, porque jamás habrá forma de demostrarlo, en ese caso, pocos la podrían conocer, porque pocos, han comido sopa de oreja hecha por mi mamá.

Al hablar de literatura, tampoco se podrá demostrar algo así, porque si no ¿entonces, para qué eligen un nobel de Literatura cada año?

¿En los viajes que hace por la ciudad, para realizar sus búsquedas gastronómicas, ¿qué ha descubierto allí y qué ha llevado a su libro El diablo en pelota y por qué?

En esencia, lo que somos, de lo que estamos hechos, aquello que nos identifica como cultura. Uno de los cuentos que más me gusta que está en el libro, se llama Empanadas pa’l bazar, con este cuento relato varias cosas importantes de nuestra cultura, además del gastronómico y de su importancia en nuestra dieta, ausculto un poco en esa piedra angular que fueron las empanadas para la iglesia católica en esta región.

Gracias a las empanadas, se construyeron cientos de templos, los bazares que se realizaron para recaudar fondos son innumerables.

Ahí está plasmada mi visión, mi interpretación de la importancia de un noble elemento gastronómico al que le debemos un montón de cosas, como cultura.

Inclusive les cuento, yo tuve que hacer un bazar y vendí 350 empanadas que yo mismo hice, con algunas cositas más por supuesto, para recoger fondos para imprimir mi libro.

Ahora, pregúntame ¿qué tanto tiene que ver la gastronomía y la literatura en mi vida?

Usted ha indicado que hace una literatura de carácter y tendencia costumbrista, sin tenerle miedo a esa denominación, ¿qué intenta proyectar desde allí y en qué sentido?

Creo que lo respondí en una anterior pregunta y la complemento así: Mi sueño de ser escritor tiene mucho que ver con la “inmortalidad”. Yo no quiero ni voy a tener hijos humanos, que es la forma en la que nuestra especie comparte la inmortalidad con las demás que habitan este planeta, con la transmisión de sus genes. Yo aspiro a la inmortalidad a la que aspiraba Eróstrato, esa de la que gozan los héroes antiguos, porque se escribió de ellos; esa de la que goza Miguel de Cervantes Saavedra, de la que goza Shakespeare, la de Chespirito… mi nombre tal vez se va a olvidar, pero si hago las cosas bien, tal vez, Carrasquito, el personaje de mi primer libro, o algún otro de los personajes que vivirán en las páginas de los siguientes, van a vivir para siempre: ¿Quién puede decir que Don Quijote está muerto, que Aquiles, Ulises, Remedios la bella, Aureliano Buendía, Santiago Nasar, Sherlock Homes no son inmortales?

No creo que haya provocación, o por lo menos no lo veo desde ahí, el mundo está globalizado y desde esa perspectiva nos estamos allanando, y nuestra cultura se está hundiendo en el olvido. Ahí es donde veo que puedo hacer algo por conservarla y no busco violentar o provocar a nadie más que al polvo del olvido.

¿Por qué su lectura del escritor de novela histórica Santiago Posteguillo? ¿Qué le hizo leerlo y sí lo relaciona o lo involucra con sus cuentos?

Yo encuentro a Santiago Posteguillo en una recomendación que me hizo un amigo español. Empiezo con Los asesinos del emperador, una obra que me embebe desde la primera página y que me obliga a leer la trilogía de la que hace parte, y buscar más de este autor.

Como tal, este autor no está involucrado ni directa ni indirectamente con los relatos del libro, pues lo escribí mucho antes de descubrirlo; sin embargo, me ayuda a entender la importancia de la gastronomía a la hora de escribir.

Santiago Posteguillo afirmó en mí la importancia de la gastronomía en un relato, del peso histórico que adquiere un texto al relacionar los personajes de sus textos y lo que comían.

Recuerdo con mucha claridad cómo relataba con intensidad lo que constituía la dieta de un soldado romano en campaña, y de cómo una batalla en la que se enfrentan dos ejércitos de romanos pertenecientes a dos bandos diferentes, pero romanos al fin y al cabo, la pierde aquel bando que había desayunado mal en la mañana.

La comida es uno de los elementos más importantes para cualquier ser vivo, aquel que como yo ama la comida, sabe que puede ser feliz como mínimo tres veces al día, por tanto, ¿cómo no debería ser una parte importante de un relato en el que quiero exaltar nuestra cultura?

¿Dónde se desarrolló su interés de escribir? ¿Busca su estilo, como dice Nietzsche a Lou Andreas Salomé, ante todo es necesaria la vida: el estilo debe vivir?

Mi interés por la lectura lo he manifestado desde temprana edad. A los ocho años, elegí mi primer libro del catálogo del Círculo de Lectores de la editorial Planea, elegí E.T. El extraterrestre de William Kotzwinkle y aunque tardé casi un año para leerlo, me fasciné con la idea de poder contarle al mundo historias que pueden ser libros o películas.

En mi época escolar, aproveché cada oportunidad que se me dio para participar en centros literarios, obras de teatro y manifestaciones culturales.

Entré a grupos de escritura para jóvenes, hice cursos y mini cursos de ortografía y gramática para escritores. Luego, en la universidad me incliné por la creatividad -soy publicista de la UPB- y usé mis habilidades en literatura para convertirme en un creativo copywriter, o escritor creativo de textos publicitarios.

Me enamoré de la radio y la televisión y comencé a trabajar para emisoras de estos medios en la ciudad y comencé a capacitarme para convertirme en escritor de guiones para radio, teatro, televisión y cine.

Y luego, empecé a hacer cursos, talleres y seminarios de literatura, de escritura para publicación, de escritura de textos infantiles y finalmente un curso de especialización con el taller de literatura español Fuentetaja, para escribir novelas.

Mi estilo, como lo dije antes, lo encuentro en la exaltación de mi cultura, en la apropiación del estilo de vida del paisa, con el fin de protegerlo, conservarlo y propagarlo.

*Fotografía de Diego Arango Bustamante.

Compartir artículo

También podría interesarte

Deja una respuesta