“El ejercicio poético no es una decisión, sino un acontecimiento”

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Mauricio Arcila Arango 1

El profesor Óscar Jairo González Hernández conversa con el poeta, filósofo e historiador, además director y editor de revistas, Mauricio Arcila Arango, quien entrega las luces de su poética y cómo ha construido su universo literario.

  • Fotografía de Diego Arango Bustamante

Usted, que es un poeta, filósofo e historiador, ¿cómo podría intentar definir sin definir definiendo, la poesía, la filosofía y la historia?

El filósofo México-español Eduardo Nicol se refiere a la poesía y a la filosofía como “formas de hablar sublime”, esto queriendo decir que ambos campos del pensamiento y la palabra tratan de enunciar lo indecible, creo que a esta definición tendríamos que agregarle otro tipo de lenguaje, la historia.

Estas tres formas de pensamiento sublime suponen entonces tres momentos, o en lenguaje Heideggeriano tres acontecimientos aporéticos, porque no se conciben como momentos resolutivos, sino tres acontecimientos en tensión, irresolubles.

El primero, que sería el poema (no la poesía) da cuenta del acontecimiento mitológico, es decir, del instante creador, el poema da cuenta de un ahora que se gesta con la palabra, el poema apertura la realidad y la hace posible, por eso el poema es concebido como el conflicto, ya que se opone al silencio o lo hace su cómplice para darle paso a la realidad, es decir, todo poema es anterior a lo real, lo gesta y lo posibilita, de aquí el carácter mitológico del poema, funda el sentido que da cuenta de lo real, aunque el poema no pueda explicarse a sí mismo, ni darse la claridad, por eso el poema se resiste a la poesía, al ordenamiento del género literario, todo poema incluye una novedad, la poesía la impone el estilo, de aquí que todo poeta auténtico se resista, y se funde en el instante creativo.

La historia por el contrario, trata de dar cuenta de lo real, a partir de la comprensión de los acontecimientos, por eso la historia como forma de hablar sublime, necesita de un método, de una estrategia de comprensión, sea fundada en lo que han dicho (Heródoto) o lo que ha visto (Tucídides), pero siempre en referencia a una realidad, que puede ser interpretada, analizada, sintetizada, incluso falsificada, de aquí la importancia y la relación política de la historia, del poema podemos decir que no puede ser falsificado, de ahí su condición apolítica, la historia entonces, como lenguaje que trata de dar cuenta de lo real, utiliza el acontecimiento como fuente, la palabra-archivo como testimonio, y lo visto como veracidad de lo que se enuncia, por estas características la historia no puede concebirse por fuera del método, en este sentido si el poema da paso a lo real, lo funda, la historia es gregaria de lo real, no hay historia sin una concepción de lo real, de lo factible.

La filosofía en este encuentro de las formas de hablar sublime se pregunta: si la poesía crea, ¿cómo crea, por qué crea y para qué lo crea?, esta es la pregunta por la téchne que aparece en el Ion de Platón, ¿cómo crea un poema? ¿cuál es la téchne, la técnica del poeta para crear? ¿cuáles son los efectos de esa creación? Ion, el poeta, no puede responder a estas preguntas, tampoco es la responsabilidad del poeta saber cómo crea y para qué crea, para el historiador estas preguntas serían más interesantes, porque nos podría dar cuenta de su método y sus fuentes.

Ion el poeta apenas puede balbucear un sentido apoyado por Sócrates, quien dice que es entonces el poeta un inspirado por los dioses, Platón finalmente no puede resistir la amoralidad del poeta que expulsa, ni la condición apolítica de los poemas que censura.

¿En qué medida y extensión racional e ‘intuicional’ es usted poeta, filósofo e historiador? ¿Desde dónde une y fusiona poesía, filosofía e historia?

La relación que desde mi experiencia me relaciona con estos campos de la creación y el saber, tienen que ver precisamente con el conflicto entre lo racional y lo ‘intuicional’, el mantenimiento de las preguntas originarias, y las fuerzas de la expresión poética, podría decir que el poema me descubre desde temprana edad, gracias a las lecturas de la tradición de la poesía antioqueña y luego en la adolescencia con el acercamiento a la poesía universal, relación de asombro que se ha mantenido intacto hasta la fecha con el ejercicio de la escritura y la lectura, podría decir que esta intuición poética surge en mí de manera muy ingenua y natural, estado que he procurado mantener intacto, como cuando digo, “quiere que me recuerden como un salvaje, es decir: puro”.

Con la historia pasa totalmente lo contrario, y se debe entonces, al proceso formativo de los estudios universitarios, en el campo de la historia no se puede asumir la ingenuidad, ya que es una expresión de la ignorancia, la historia es un saber acumulativo, de datos, referencias, fechas, lecturas, datos, todo esto dota la historia de fundamentos y robustece el análisis histórico.

La filosofía me permite mantener las preguntas, volver a la cuestión, tensar la relación entre la razón y la intuición, de ahí que en estos momentos de mi vida esté más abocado a la filosofía, es porque me fue necesario volver a descubrirme y renovar quizás las posibilidades creativas de mi poesía.

Finalmente, me gusta tomar distancia con las definiciones, del poeta, el historiador, o el filósofo, no me asumo en ninguno de los campos, aunque me permita las posibilidades de creación y pensamiento que estos ofrecen.

¿Puede describirnos su método para escribir poesía y filosofía e historia, son resultado de la inspiración o de la razón, de la sensualidad de la sensación o de un esquema razonante? ¿Qué prefiere?

El ejercicio de la escritura, es un campo muy abierto y diverso, el fenómeno de la escritura no se puede resumir en el verbo escribir, ya que bien como se señala en la diversidad de los campos creativos, no es lo mismo escribir un poema que una novela, como no es lo mismo escribir un texto de historia que requiere sus datos y fuentes, a la escritura filosófica que necesita sus disputas y conceptos pertinentes al campo de la filosofía.

Por lo tanto, el método aunque es una cuestión necesaria, no se puede desligar de los estados de ánimo, ni de las disposiciones emocionales, en mi caso, mi acercamiento al ejercicio de la escritura tiene qué ver en un primer momento con la escritura de canciones y la música, de ahí se desprende mi interés por la escritura de poemas, estos pueden surgir en dos momentos muy distintos, lo primero son ideas sueltas que van surgimiento de las lecturas o intuiciones que voy anotando en mis libretas, suelo tener varias, donde se van mezclando apuntes, citas, ideas, que luego voy procesando y ensamblando en forma de poemas o canciones, esta forma de escritura puede tener espacios de tiempo muy largos, suelo estar reescribiendo mis poemas al estilo de Porfirio Barba-Jacob, algunos de estos poemas han estado en ejercicio de reescritura por más de 10 años; o suelo escribir de manera más inmediatista, en el momento en que se viene una idea interesante y la quiero plasmar me siento a escribir uno o más poemas hasta dejarlos finalmente resueltos.

Con el caso de la historia no hay muchas alternativas, ya que la historia se sostiene en el método y en las fuentes, ambas cosas son muy importantes para el oficio del historiador, por ejemplo, con el ejercicio de la memoria histórica tienes que ser muy respetuoso con las entrevistas y los datos que se han recabado, darles un tratamiento natural y fiel, pero contrastando con las otras fuentes que te pueden reafirmar o debatir la información que estás procesando y convirtiendo en un texto de historia.

Con el ejercicio de la escritura filosófica igualmente debes ser respetuoso, ya que la filosofía aunque sea de carácter especulativo debe mantener el debate con los interlocutores, sea esta la historia de la filosofía o un público presente, es decir que no se puede hacer filosofía, si no se tiene una comprensión de los conceptos y los argumentos filosóficos, esto requiere una explicación constante de las ideas y los conceptos que se están utilizando y de los cuales se debe dar cuenta, sea para afirmarlos o debatirlos.

Lo importante de todo esto referente al fenómeno de la escritura es que no está clausurado a una forma de expresión, sino que la escritura permite la exploración racional o irracional, y esto es lo verdaderamente fascinante de la escritura.

¿Desde y cómo escribe usted como poeta, filósofo e historiador? ¿No hay contradicción, no hay abismo entre una forma, una estructura y una sensitiva y otra?

La escritura se debe asumir como una escritura totalmente contradictoria, y también como una expresión del conflicto, la escritura de la poesía, la historia y la filosofía, debe asumir entonces el problema de lo real y las posibilidades de lo imaginario, sin contradicción y sin conflicto no hay escritura, por eso Nicol se refiere a las formas de lo sublime, lo sublime no es más que el sentimiento de observación de las cosas, de los fenómenos, de la naturaleza, de lo bello como diría Kant, ¿qué es lo que nos interpela de lo bello? ¿qué es lo que nos asombra de la naturaleza? ¿qué nos impresiona de la historia? ¿qué nos estremece del poema? ¿qué nos asusta de la pregunta originaria? todas estas preguntas nos posicionan frente al abismo, el abismo es la hoja en blanco ¿qué es lo que debe ser dicho? ¿cómo debe decirse? La escritura no debe concebirse de otra forma más que como un ejercicio de lo abismal, hay escrituras que cierran, que clausuran y hay escrituras que abren, y esta es precisamente la experiencia del lector, hay poesía que nos cura, clausura la herida, tienden puentes sobre el abismo y logran reconfortar a los lectores que encuentran en esas palabras alguna forma de consuelo, por el contrario, hay otras formas de escritura que nos llevan a la angustia de la noche eterna, al éxtasis de la sensualidad y el erotismo, hay escrituras que se clavan como dagas en el pecho y nos susurran en la oscuridad la orfandad cósmica.

Es usted poeta y académico, puesto que labora en esas tareas en universidades y foros, ¿qué lo lleva a usted a realizar esa doble vida, para decirlo en términos de Gotfried Benn? ¿Dónde son fecundas y donde mueren, si mueren y son infecundas para la creación?

Creo que la vida del poeta es una vida de la multiplicidad y la diferencia como lo entendía Fernando Pessoa, el poeta se ve en la necesidad y también en la sorpresa de saberse varios, en ese sentido para mí la vida poética es una vida del conocimiento y la expresión permanente, no solo en el ejercicio de la escritura, sino en el vivir cotidiano.

La experiencia de la vida académica podría decirse que fue el resultado de los estudios que he emprendido y también de la necesidad de trabajar, si se quiere entender como vida productiva, en mi caso la academia me ha servido como espacio de análisis y creación, aunque también con ciertas limitantes, siempre está la pregunta sobre qué puede trabajar un poeta historiador, o un poeta filósofo, incluso ante la mirada atónita de ciertos puristas de la academia que consideraban irreconciliables las posturas más positivistas de la historia y la filosofía, pero debo decir que en el transcurso de casi 15 años de estudios académicos y 4 como docente en universidades, he encontrado muchas complicidades que han entendido mi trabajo y me han impulsado a desarrollarlo.

El “yo soy” solo puede enunciarse desde el devenir, por lo tanto, el que enuncia “yo soy” nunca es el mismo, y lo único que es igual a sí mismo es el enunciado “yo soy”; esto significa que el emisor enuncia desde el “yo soy – sin ser”, es decir “yo soy – esto que no soy – sin ser”.
El existencialismo cometió el error de creer en este “yo soy” este que sufre, este que se angustia y este que existe. ¿Cómo podríamos pensar la enunciación de este “yo soy” ex nihilo “esto que no soy – sin ser”?

Mauricio Arcila Arango

Creo que finalmente la enseñanza de las ciencias humanas, debe estar sustentada en la creación artística, suelo referir a mis estudiantes la idea de Foucault de la creación teórica, como invención artística, debemos tener la posibilidad de concebirnos y crearnos a nosotros mismos como obras de arte.

¿Emprender la tarea de hacer una revista, como Innombrable, significa la experiencia de una vida y de una posición estética y transformadora, ¿qué lo hace mantenerla y proyectarla?

La revista nace en el 2008 por la necesidad de crear nuevos espacios de difusión y de encuentro, para los nuevos artistas y creadores de la ciudad, en ese momento no existían muchos espacios y las juventudes no estaban siendo tomadas en cuenta por los grupos de arte que se encontraban más consolidados, que en su mayoría databan del viejo siglo, nosotros nos concebimos como parte de una nueva generación que tenía mucho por proponer y decir.

Básicamente desde los nuevos lenguajes, a falta de recursos económicos para realizar revistar físicas y editar nuestros libros, empezamos a explorar nuevas formas de enunciación, como lecturas en voz alta en sitios como el Parque el Periodista, La Villa de Aburrá, el Carlos E Restrepo y en los mismos espacios universitarios, como la Universidad de Antioquia y la Universidad Nacional, de donde éramos en general gran parte de los participantes de la revista, también experimentamos muchas ediciones que hoy en día llaman cartoneras, y la difusión en medios digitales, la Revista empezó a crear un nombre y la gente nos empezó a contactar de diferentes parte del país y del continente.

Eso nos permitió ver que las condiciones para la publicación no eran exclusivas de nosotros como jóvenes de Medellín, sino una condición general, y a raíz de esto empezamos un intercambio permanente que hasta el día de hoy continúa, la revista hasta el momento ha publicado más de 500 artistas de todo el continente, y muchos autores que hoy son reconocidos, por ganar premios de literatura o participar en festivales de reconocimiento hicieron sus primeras publicaciones y lecturas públicas con la Revista Innombrable, lo que nos lleva a mantener la revista es que sigue siendo un espacio de iniciación autogestiva, nosotros seguimos privilegiando la publicación de autores jóvenes, incluso de artistas porque ampliamos nuestra edición también a otras formas de escritura y artes, como la pintura y la escultura.

¿En qué momento de su intuición del instante (Bachelard) y su razón poética, usted decide devenir (Deleuze) como poeta? ¿qué es para usted ser poeta?

Pienso que la poesía o el ejercicio poético no es una decisión, sino un acontecimiento, es algo que ocurre y cuando te das cuenta ya estás atrapado, la poesía en este sentido es más parecida a una trampa que a una estrategia, creo que ocurre como a muchos escritores, empiezas a escribir cosas, y cuando lo empiezas a compartir, te vas dando cuenta que eso que hiciste tiene un significado para otras personas y que puede ser una forma de crear lazos, esta condición incluso permanece para la poesía transgresora, porque bien como dice Deleuze, siempre se escribe para un otro, aunque ese otro sea uno mismo, sea para invitarlo o agredirlo, la poesía tiende a la comunidad, una comunidad que lucha, una comunidad que pelea se mantiene unida, y esto no deja de ser una condición paradójica.

Desde este punto creo que para mí, el ser poeta es mantener esa condición de la lucha, de la búsqueda, de la creación constante, tiene que ver con una especie de sentimiento de insatisfacción que nos lleva a otro lado, a otra forma; de las mentes complacientes no han salido nunca buenas obras literarias, porque el fundamento dramático y trágico del poema tiene que ver con la lucha y el enfrentamiento contra el propio destino, el poeta que renuncia a la lucha se convierte en una especie de conformista y esa es mi sospecha y resistencia contra las nociones de los premios y los reconocimientos poéticos, porque se da una especie de aceptación y de domesticación de la palabra, y el poeta que se cree este juego de las representaciones, corre el riesgo de perder el sentido de su lucha.

¿En su poesía hay una préference (Gracq), si la puedo llamar así, por descubrir y cubrir la palabra: ¿por qué tiende hacia ese ocultamiento y desocultamiento?

En mi búsqueda por el mantenimiento de una lucha poética, creo que el juego con las palabras nos permite igualmente desbordar los sentidos, la palabra es un juego de luz y sombras, es decir, si al momento de leer un texto, pongamos por ejemplo del francés o del alemán y nosotros nos acercamos a la traducción y damos por hecho que entendimos el sentido del texto, estamos perdidos, una mente inquieta sabe, que entre lo que se lee y lo que se interpreta hay un abismo, pero ese abismo es el que permite el genio literario, suelo en ese sentido comprar varias ediciones distintas de los libros que me gustan, compararlos, jugar con las traducciones, ver las diferencias, enunciar las posibilidades de interpretación, y esto me permite darme cuenta que el leer y escribir no es más que un juego de sentidos que nunca se cierra, ahora el problema por ejemplo de la distancia que hay entre un escritor y un lector ¿cómo saber interpretar lo que quiso decir el autor al crear su obra? bueno, esto daría incluso para un análisis completo de interpretación literaria y hermenéutica.

En el ejercicio de mi escritura literaria, me gusta jugar con esta misma noción, llevar al lector o al escucha a que sea él mismo quién descubra el texto, que sea quien tenga que emprender la lucha para dotarlo de sentido y llevarlo a otros terrenos, a veces ocurre que personas que leen mis textos lo interpretan de forma que yo mismo no había concebido y esto es muy bueno para la poesía en sí misma, cada quién debe concebir su lucha poética y asumirse en el lugar del ocultamiento, si el poema no presenta estas posibilidades del claro-oscuro, corre el riesgo de ser una cartilla de instrucciones, y no una apuesta poética de desocultamientos de los problemas de la vida.

Esta sería la posibilidad ética del poema.

¿Es usted ‘derridiano’, ¿por qué sí y por qué no? ¿hay poéticas de la razón o del romanticismo, que se transforman en la visión del romántico y en la concepción del filósofo?

Decir que uno es ‘derridiano’ o asumirse en una de las escuelas del pensamiento y la creación, es quedar atrapado, creo que el pensamiento ‘derridiano’ o la mal llamada deconstrucción, no es más que un juego de posibilidades interpretativas, esto lo asume Derrida en el caso de la poesía en un texto muy breve que se llama Che cos’è la poesia?, donde en una primer lectura el texto no dice nada, hasta que te vas dando cuenta que la poesía es eso que se está haciendo o gestando, lo que quiere decir, que no se puede ingresar al poema más que en el mismo tiempo que el poema es, o no es, esto como toda condición de la existencia, es o no es, en este sentido, el ser derridiano, o el ser poeta, o la noción misma de la deconstrucción, no es un lugar o una condición a la cual llegar, el poema que promete, es un poema que engaña.

Porque el poema es posible solo como condición del aquí y el ahora, es lo mismo el ser o no ser derridiano, su asume la lucha o no se asume, la deconstrucción tiene que ver con esta misma condición de la posibilidad de las interpretaciones, donde el sin sentido, es también una posibilidad, deconstruir un sentido para llegar a otro, el salir de una trampa para caer en otra, sería muy ingenuo, dejar de creer en una promesa, para creer en otra, y esto, es el mismo juego de la relación entre razón y poesía.

Si la poesía pone en cuestión los límites de la razón, no podemos pedirle al poema que llene ese espacio del “sueño de la razón”, esto es lo que hace el poeta positivista, que pone su énfasis en el sentido del poema, quizás la contradicción del romanticismo fuera asumir el desencanto como la condición del sentido, pero creo que esta es una trampa en la que han caído únicamente intérpretes o lectores más superficiales, tampoco habría porqué culparlos, los verdaderos genios del romanticismo.

Por ejemplo, como Hölderlin o Hegel, se dieron cuenta de esto mismo, la respuesta no está en la filosofía o en el poema, en nuestra historia tenemos por ejemplo también a grandes románticos como Rafael Pombo, quien pasó de la escritura de poemas “existencialistas” a la escritura de fábulas infantiles, el secreto no está en el sentido de la creación, sino en la creación misma, aunque esta carezca de sentido.

¿Entre las muchas tensiones que tiene su obra hay una constante en la concurrencia indeleble de la existencia, eros y thanatos: ¿en qué perspectiva de sentido (Merleau-Ponty) los involucra en su obra poética?

Estos son temas que no son exclusivos de mi obra, sino que creo son los grandes temas de la literatura, en mi caso creo importante siempre retomar las preguntas originarias y quizás desde ese punto afrontar las nuevas posibilidades interpretativas de los textos, pero lo que hago en todo momento de la escritura es volver y sobresaltar la tensiones que me han afectado de lecturas como el Poema del Gilgamesh, los textos de Hesíodo, incluso la lectura de la Biblia me ha inspirado para afrontar muchos textos.

El mismo Freud recurrió a estos elementos interpretativos para concebir su teoría el inconsciente, los grandes temas de la literatura ponen en cuestión la conciencia de la muerte y la condición del erotismo como un intento de respuesta ante este dilema.

Mis poemas se refieren a esta misma noción que es una condición primitiva, ni la tecnología, ni la ciencia tienen una respuesta final ante la certeza de la muerte, en este mismo sentido la ciencia y la religión son posicionamientos eróticos que intentan dar sentido a estas antiguas, mi obra poética no escapa a este cuestionamiento, por el contrario, lo asume y se posiciona como canto, o como grito, podría decirse que es un intento de asumir el orgasmo y la agonía como condición de vida.

El profesor Óscar Jairo González Hernández conversa con el poeta Mauricio Arcila Arango.

¿En su poesía se da una constante, muy ‘mallarmeana’ (el libro como instrumento espiritual, la tumba, la muerte, Igitur, la edad media), que marcan el libro como un testamento y un testimonio: ¿Hacia dónde tienden sus libros, testamento o testimonio, yacentes?

Creo que en mi caso podría marcar una diferencia tajante entre el libro y el poema, el libro no es el poema, y un poema no es un libro, el libro para decirlo de alguna manera, es el soporte material, sería la condición fetichista del poema, el poema no requiere en sí mismo de soportes materiales, el gesto, la voz, el canto, incluso el medio digital funcionan como soportes del poema, pero creo que el soporte natural del poema es el cuerpo, sin cuerpo no hay poema, y no hay poema que no nos remita a un cuerpo, aunque sea como alegoría, el poema en cuanto se soporta en el cuerpo, nos remite a una condición, la condición es la finitud del cuerpo, del cual el poema quiere hacerse impermanente.

Si el cuerpo muere, el poema debe perdurar, de aquí la necesidad del libro como suplemento, pero es un suplemento de la pura vanidad, el fetiche del libro asume que el poema ha logrado la impermanencia antes de la muerte, es decir, asume la inmortalidad, antes del suceso trágico, pero el libro es una trampa porque sepulta al poeta en su propia creación, se debe temer mucha habilidad, para escapar de la propia tumba que el poeta ha realizado a esfuerzo de letras.

Fernando Pessoa en este sentido, fue un gran sepulturero, pero también un gran escapista, ya que asumía el poema como fuga, en ambos sentidos el poeta asume un gran costo, si se somete al fetiche del libro, debe estar siempre coherente con su propia creación, esto lo ilustra a la perfección Poe, en su cuento Enterrado Vivo, si por el contrario, traiciona o se fuga del principio de personalidad o de la idea del poema como tumba, estaría condenado a la errancia y al castigo del no poder morir, como los hijos de Caín, “el hombre más infeliz del mundo” como lo diría Kierkegaard, al no poder morir, el libro en este sentido, es una tumba vacía.

¿Considera que la historia de la poesía y del arte son necesarias y básicas en la formación de un poeta y artista, y por qué sí o por qué no? ¿Qué observa en la lucha entre la memoria y la imaginación?

Creo que el poeta o el creador, no necesitan una formación, todo lo contrario, el poeta debería apelar a una deformación constante para su búsqueda y rebúsqueda poética, esto no quiere decir que el poeta se asuma en una posición de indiferencia con respecto a la historia de la poesía o el arte, porque la creación en sí misma ya es un posicionamiento en la historia, sea cual sea la disciplina.

Pero la creación del poema no tiene que estar avalado por las estructuras académicas o institucionales, esa es precisamente la nefasta misión que cumplen los concursos de poesía, darle visto bueno al poema, para que el poema sea escuchado, si la creación misma del poema no se ha autorizado a sí mismo, en tanto creación y primer canto, difícilmente llega a alguna parte, lo que tendríamos qué ver en nuestro momento histórico es que va a pasar y a dónde van a llegar los poemas de concurso que hoy en día son tan populares, la diferencia que hoy existe en los concursos literarios con respecto a las puestas en escena del teatro griego, es que en estos se sobresaltaba la condición de la lucha dramática, y el posicionamiento trágico frente a la existencia, lo que deberíamos empezar a considerar entonces, es cómo el poema se asume en su condición histórica e imaginaria, independientemente de las consideraciones populares y de su formación, y para esto el poema debe reconocerse como instrumento de la memoria, contraria está a la historia como fuente oficial, y eso ha sido un problema para el campo de la historiografía, ¿hasta qué punto el poema tiene validez como documento histórico?

El poema entonces se resiste a esa codificación y formalidad de los documentos oficialistas, lo paradójico es que hoy en día los poetas quieran asumirse en ese listado de fuentes oficiales, bajo la figura del libro y la publicación, (de aquí el fetiche y la vanidad) mientras que el sustento y la fuerza del poema radica en su relación con la memoria y la imaginación, que son precisamente las condiciones intangibles de cualquier creación literaria.

Más del autor

Mauricio Arcila Arango (24 de enero, 1985, Medellín – Antioquia, Colombia).

Actualmente cursa estudios de Doctorado en Filosofía en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, donde también es docente de asignatura.

Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de Colombia, Maestro en saberes sobre Subjetividad y Violencia por el Colegio de Saberes de la Ciudad de México.

Editor en jefe de la revista de Filosofía e Historia de la Editorial Ecorfan. Investigador y miembro del comité directivo de la Asociación Civil Observa A.C.

Director General en Revista Innombrable.

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