El poeta que fue poema

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Helí

Papel rinde homenaje a Helí Ramírez, poeta de Medellín que se apagó recientemente, aunque la llama de su poesía, su gran obra, está más viva que nunca. Que lo diga el poeta Juan de Frono, quien conversó con él y hoy lo recuerda en la primera edición de nuestra Cartelera Cultural Indepenidente.

Lo busqué en los lugares que visitaba con frecuencia. Un bar en el barrio Castilla o un salón de baile en el centro de Medellín. Lo llamé a teléfonos inexistentes o que repicaron hasta el cansancio. Le envié mensajes concretos e imaginarios, estos últimos con la mente, intentando aquel juego infantil de pensar mucho en alguien para que aparezca de manera casual, mientras se espera un taxi en una tarde de lluvia. Esas y otras cosas hice para entrevistar a Helí Ramírez, el poeta que describió una ciudad absurda, al borde del colapso. Pero Helí nunca estuvo ahí.

Aunque lo necesité hace algunos meses para un perfil que publicó la revista Arcadia en un especial sobre Medellín, a propósito de la Fiesta del Libro y la Cultura del año pasado, agradecí en secreto su desaparición. La razón es clara. La principal materia de trabajo de un poeta es el silencio. De ahí que un buen poema se mantenga en pie por los silencios que cubren el piso, los techos y los muros de los versos, como una casa solitaria inundada por la hierba. Y Helí, más que un poeta, fue un poema poblado de silencios.

Helí
Pie de foto: Las comunas de Medellín, escenarios fundamentales en la obra de Helí Ramírez.

Algunos poetas se identifican de manera exacta con sus propios poemas. Helí Ramírez fue uno de ellos. Su poesía fue él, despedazado en nueve libros. En otras palabras, toda poesía memorable es, por defecto, sincera, pero hay una más sincera que otra, hasta llegar al terror. A este tipo de poesía pertenece la que escribió Helí, que nació en un pueblo a una hora de Medellín y llegó con su familia a la ciudad después del asesinato de su padre cuando solo tenía cinco años. Una ciudad que lo conjugó, con su violencia, y luego él la conjugó a su manera, captando su esencia.

Hay poetas literarios y poetas no literarios. Estos últimos, como Helí, son los que prefieren un verso vivo a uno perfecto (hay frases ejecutadas con maestría pero muertas, como diamantes luminosos y duros).

Vuelvo al silencio. Helí murió hace algunas semanas. Su poesía es todo lo que dicen: maravillosa, cruda, poco leída y uno de los mejores retratos de Medellín. Él, por el contrario, no fue como a veces lo describen: hosco o desinteresado de la fama. Era tímido. Pero “en el fondo sí le interesaba que lo leyeran”, como me confesó uno de sus amigos. Sin embargo, sabía que si su obra no podía hablar por sí sola, era inútil decir más. Los poemas hablan con el silencio. Como él, que fue uno de sus más grandes poemas.

Que Helí nunca hubiera estado ahí es una acción poderosa. Incluso, ocurrió con su muerte, que fue un verso seguido de un breve silencio porque la noticia se supo por casualidad una semana después. Y es que estar ahí significaba dar la espalda al silencio. “El silencio es / mi caleta para propios y extraños”, escribió. Helí fue fiel a esto. Nunca traicionó sus poemas, exhibiéndose más de lo que ellos podían brillar. Y nunca se traicionó a sí mismo, dejándose seducir por la máscara pública de poeta.

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