En la punta de los dedos: 30 (i) reflexiones de Samuel Vásquez

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Escribir, una reflexión constante. Foto de Laura Castellanos.

¿Qué tiene en la punta de los dedos Samuel Vásquez?, tiene cientos de reflexiones sobre las artes. Esta es una recopilación de 30 de sus posturas, tomada de su texto En la punta de los dedos.

1.

No tenemos cómo probar qué nació primero en el ser humano: si el sentimiento religioso, la expresión poética, o el pensamiento. Claro que algunas veces se daba un sincretismo tal que participaba de los tres al mismo tiempo. 

  • El horror de lo desconocido concibe lo invisible, que es el primitivo sentimiento religioso: se da allí un temblor, un pasmo, un silencio. Provoca un recogimiento, una extrañeza honda y total. Es una experiencia intransitiva y suscita un lenguaje elusivo.
  • El asombro ante una presencia engendra un sentimiento poético. Se da allí un estremecimiento, un sacudimiento, una excitación que provoca una expresión oral y gestual en búsqueda de sentido. Se da un extrañamiento parcial que convoca a un lenguaje alusivo, que no interpreta sino que revela.
  • El hambre y la injusticia son experiencias molestas que generan la primera rabia, principio de la conciencia en la condición humana, del pensamiento primigenio: aparece entonces una tensión, un ahogo, un grito que se vuelve racional, que deviene discurso. Entonces despierta una disposición necesaria para la disertación. Es una experiencia transitiva que llama a un lenguaje narrativo para que interprete su condición.  

2.

Poco se parecen la fruta y la raíz, y son el mismo árbol.

La poesía no se aviene con el utilitarismo del fruto, sino que se complace en la belleza de la flor.

La finalidad del árbol no es dar frutos. La finalidad del árbol es ser árbol en todos sus momentos, formas y funciones. Ser árbol es ser raíz, ser tronco, ser ramas, hojas, flores, frutos, pero sobre todo forma, oxígeno, sombra, casa del viento.

La ciencia y la filosofía dividen para analizar, para conocer. 

La economía divide para obtener ganancia.

El arte une para recabar sentido y sentir. Universo, sentido y sentimiento son su razón de ser, su conocimiento, su goce y su ganancia.

3.

La imaginación es un tejido de recuerdos.

4.

La forma es necesaria para que el espíritu no se derrame.

5.

La poesía traslada la “carga de la prueba” al lector.

6.

El misticismo es la academia retórica del misterio: es un sistema cerrado.

El misticismo se encierra en su monasterio; el misterio habita invisiblemente el mundo.

7.

La profecía es memoria acumulada que hemos olvidado.

8.

La sociedad es el laboratorio del sentido del Ser.

9.

La realidad se esconde detrás de su propio espectáculo.

10.

No es el fenómeno activo de la materia lo que me atrae, ni sus leyes ni sus eventos, sino el mundo de la existencia y la experiencia del ser en búsqueda de su significado, y la donación de sentido que le proveen el arte y la poesía.

11.

La risa es un fiero animal que muerde deliciosamente el cerebro.

12.

El hombre es pastor del Ser, dijo el filósofo.

El artista es cazador del Ser, dijo el escultor, y la obra de arte es la trampa.

13.

La música religiosa de Bach 

estalla el techo de la iglesia

porque es ascensión humana 

a una realidad superior 

cuya única bóveda posible es el cielo.

Es lo que no comprendieron los luteranos

ni los católicos.

Por eso ahora cantan en sus edificaciones,

que no son templos,

esas tonadillas desafinadas que son 

más propaganda vulgar que

comunicación con su Dios, 

porque son incapaces de descubrir

“esa voz más alta”,

porque olvidaron que

la poesía y el arte 

son el más probable umbral 

a una realidad superior.

(El templo era un pedazo de cielo que, al ser atravesado por las aves, emitía señales que el augur leía para los hombres)

El templo no fue inventado para que los creyentes practicaran un culto determinado, ni para que se postraran de rodillas, sino que era morada del espíritu divino, casa de Dios.

14.

La verdad no se manifiesta al unísono con los hechos.

La verdad se construye después. Y ya sabemos que el pasado es de plastilina.

Por eso hay que cuestionar toda verdad.

La mejor verdad es la duda.

15.

Las palabras son el embrión que nombra las cosas, distinguiendo unas de otras, separándolas para establecer sus cualidades individuales. 

La poesía religa las palabras, ya no para distinguir una cosa individualmente, sino para nombrar un mundo, una realidad vivida o deseada, soñada o construida. La palabra aquí ya no se separa, sino que se amalgama en el crisol de la belleza o de la pregunta.

Por eso hemos deseado la poesía, no la literatura.

La poesía es el mejor sendero del deseo. Es, ella misma, un deseo superior.

El poeta es pastor de las preguntas primordiales.

16

La poesía asiste a la palabra (y al mundo y a la vida hechos palabra) en su repulsa a la tendencia dominante de ser convertida en sistema, en ser envuelta en filosofía, en ser reducida a ideología, a dogma, y la empuja a la oscuridad de un caos primordial que será siempre un nuevo nacimiento.

17.

Que la llama temblorosa de la palabra no se congele en la nevera de la razón.

Hay que favorecer el calor de la llama de la palabra poética y amparar su luz.

18.

Algunas veces la poesía nombra, no para exponer ni para imponer, sino para ocultar, para proteger, para construir un muro de silencio.

Algunas veces la poesía nombra, no para crear una forma que ocupe el espacio, sino para crear un espacio que sea habitado por el lector.

19.

El poeta es un pájaro solitario que canta al viento

        y no padece compañía 

20.

Todo viaje es un camino a casa.

El universo permanece cerrado.

21.

Para habitar un espacio, primero hay que fundarlo.

Si se pretende sagrado, debe ser cualitativamente diferente. Si lo es, se consagra. Pero debe obrarse como el zahorí: él sabe, sin saber sabiendo, donde brotará la fuente. Su horqueta es un signo que funciona con eficacia. Toda agua es sagrada, es hija del Agua primordial.

Habitar un espacio sagradamente, sitúa un lugar. Y situar un lugar es organizarlo, “cosmizarlo”.

22.

La homogeneidad y la repetición del rito atentan contra él. 

Lo ponen en el borde del vicio.

23.

La imagen transcurre, padece los avatares del tiempo y tiende a vencerse de vieja.

La imagen mítica y la imagen artística están en un presente que permanece. No tienen fecha de vencimiento, viven en un tiempo mítico primordial. 

Es el río detenido: Agua sagrada: Tiempo sagrado que no discurre y que se repite sin repetirse, siempre actual y antiguo.

Tiempo sagrado que no se gasta: arde sin consumirse.

24.

El mito se erige en modelo de las actividades humanas.

El mito fija los ritos y las actividades humanas significativas: la alimentación, la educación, el trabajo, la sexualidad, así como la construcción de un pueblo, de una casa, de una escuela, de un templo. 

Al decretar la muerte de los dioses el hombre contemporáneo no solamente abandonó los ritos fundacionales, sino que se quedó sin modelos ejemplares que orientaran moralmente su comportamiento individual y social.

El comportamiento social y moral ya no es ancestral ni cultural, sino que es impuesto y vigilado por la legislación jurídica y por la policía.

25.

Toda creación alumbra de plenitud.

Toda creación auténtica es un desbordamiento incontenible que se manifiesta.

Se da un exceso de madurez y saturación tal que causa la creación.

26.

Ya no hay sacrificios a los dioses.

Ya no hay acción de gracias.

Ya no hay silencio sagrado.

Sólo quedó la plegaria.

27.

Es una pérdida dejar de creer en lo sagrado para no creer en nada. 

O, lo que es peor, para creer sólo en la utilidad y la ganancia económica.

La Naturaleza desacralizada es un hecho reciente.

La Naturaleza sin misterio, sin encanto, sin majestad, aparece apenas con el hombre moderno.

El fervor y el temor a la Naturaleza han sido espantados con la caza y la deforestación inconscientes y criminales. 

28.

La “emoción estética” hoy está descargada de todo vestigio religioso, de cualquier obligación ética.

Lo “estéticamente correcto” se ha convertido en una analogía de lo “políticamente correcto”. 

29.

En su afán de desacralizarse y de asumirse a sí mismo como producto de la evolución material y biológica de las especies, y después de escindirse de la Naturaleza y arrogarse como dueño absoluto de ella, el hombre moderno lleva años persiguiendo y destruyendo Dioses, y no descansará hasta dar muerte al último de ellos en una aldea ajena y lejana.

30.

El hombre moderno se asume como creador de sí mismo, como sujeto y objeto de humanidad, y como único actor protagónico de la historia.

Para llegar a esa humanidad plena y total el hombre moderno debe desmitificar todo, derogando cualquier sentimiento o aspiración a trascendencia alguna.

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