Gonzalo Arango, un homenaje a sus 90 años de nacimiento

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Gonzalo Arango 1

Este lunes 18 de enero de 2021 se celebran los 90 años del nacimiento de Gonzalo Arango (1931). Recopilación de textos que hablan de su obra como homenaje.

Gonzalo Arango (1931-1976)

Por: Humberto Bronx

De 1958 en adelante, de la oscuridad salió a escandalizar, asustar, acompañado de otros muchachos para provocar impacto y curiosidad atrayendo hacia ellos las miradas. En este truco de auto-propaganda, la bulla, la crítica, la alharaca de unos y de otros sirvió para que fueran leídos.

El “nadaísmo”, que se inició con sacrilegios eucarísticos, quema de libros e imágenes, y discursos en rollos de papel higiénico que se iban tirando a los embobados y atolondrados oyentes, fue un medio de hacerse leer.

En el fragor de la batalla crítica, abandonó silenciosamente el campo y regresó abrazado con aquellos a quienes había hecho guerra. Fue el tuco del predicador que vio despreocupado el auditorio y gritó: “no hay cielo; “no hay infierno tampoco, hermanos míos”; “no hay Dios”, para concluir después de una pausa, así claman los impíos y los ateos. Este escritor de Andes gritó un tiempo en el matorral literario y acabó por darse un estilo que vale la pena, por la difícil facilidad con que escribe de tantas cosas y tantos asuntos, dejándose leer con agrado. Viveza en diálogos, rapidez en pasar de un asunto a otro, avilantez para decir barbaridades ideológicas y durante un tiempo vulgaridad y atrevimiento contra lo divino.

Su credo literario está sintetizado por él así: “nuestra literatura huele a lo que es, a los materiales con que se hace hoy una novela. Sabemos que nuestros sueños más puros suceden mientras dormimos o amamos y que bajo nuestro lecho han armado un laberinto de cañerías; que bajo una avenida de flores corre el estiércol hediondo de los hombres y las mujeres y que este torrente de inmundicias desemboca en el mar. ¿A qué alarmarse pues por confesar en nuestras novelas que somos humanos lo mismo por nuestros bellos sentimientos que por nuestras digestiones?”.

El “nadaísmo” fundado por Gonzalo Arango en Medellín (Ant.), puede considerarse una continuación de la escuela de Fernando González, el indefinible escritor, con mucho de Rabelais, llevado hasta las últimas consecuencias.

Las obras más conocidas de Gonzalo Arango son Sexo y saxofón, Obra negra, Prosas para leer en la silla eléctrica, De la nada al nadaísmo, El oso y el colibrí y Providencia.

La última es de claro tinte poético, espiritualista, sana y la antítesis de sus primeras obras. También se publicó, Susana Santa (teatro en el festival de arte de Cali); Los Ratones van al infierno (Teatro Mundo), y el cuento blasfemo El pez ateo (en Cuentistas Colombianos, Cali 1966), y Nada bajo el cielo raso.

Gonzalo Arango es un prosista deslumbrante, y de claridad meridiana. Aprendió en Fernando González el cinismo irreverente y lo llevó a la blasfemia pero manifestada con antítesis que revela, no incredulidad, sino fe, a su pesar. Se convirtió, renegó de su primera época, horrenda y escandalosa y escribió obras que son la antítesis de sus primeras novelas. Sin embargo sus novelas no han perdurado.

  • Historia de la novela, el cuento, teatro, artistas y cinematografía en Antioquia. Medellín. Sin editorial. 1990. Págs. 77-78.

¡La fuga de Gonzalo Arango y su retorno a dios!

Por: Juan Roca Lemus (Rubayata) (1908-1981)

Escribimos esto a las muy pocas horas de su física muerte: Gonzalito no nació como para morir de tosferina, de infección intestinal, de dispepsia o cosa parecida, vale decir de muerte natural y él con la vida acamastrada y cualquiera que fuese su edad. Porque, era una permanente animación de azogue. No sé si en su primera y en su segunda infancia –o instancias- fue así, en su Andes natal o en otros burgos o alquerías en donde su familia hubiese estado asentada por uno o varios tiempos.

Cuando yo lo conocí, él comenzaba a ser “chapelgorri”, a emplearla boina barojiana o unamunesca, por los lados de la Universidad de Antioquia, cerca al atrio de San Ignacio –Retiros Loyolanos- y de su ceiba esquinera, un bello obelisco y la estatua del General Santander, que ahí está bien patinada y cuyo rostro es exacto al de nuestro recordado difunto José Mejía y Mejía.

Gonzalo de la Gonzalera, le dije: parece que tratan de mejorar la revista de la universidad…

Me contestó con displicencia: “¡Tal vez sí… pero lo que pasa es que con esos viejitos no dejan, caray!, son unos ‘chiclets’, unos pegotes”, ya estoy harto allí, porque no me dejan avanzar la revista y darle más oxígeno y romperle siquiera en parte la columna vertebral, así como sus matrices idiotas…

Por esa época, ese locuaz y afanoso peregrino de variados caminos mentales –en veces enmarañados. Fue escéptico precoz, adherido a fervorosa iconoclasia. Comenzó por tartamudear en el oficio de la duda, respecto a las obras ajenas y en ello se abrió paso hasta llegar a un cantón del ateísmo. Puso en entredicho y en entre juicio a Dios y llegó hasta la negación de este pero yo en ello veía algo así como un empellón esnobista… Una “postura”… Una calculada vanidad. Un ficticio San Sebastian, (con mentiroso ateísmo), “Sansebastián” en cuanto a su ansiedad de que como aquel gran santo lo asaetaran, en este caso los ortodoxos de la santa madre Iglesia Católica. Quería esa relevación en un remedo erostrático, a la búsqueda de histórica popularidad. Hubo un momento en que fue el exhibicionismo en acción y por ello, saliéndose de madre, alcanzó renombre, se auto-creció, para apagarse como acaece con ciertas pastillas efervescentes que, lanzadas al vaso con agua, se alzan con deliciosa y asardinada sonoridad, para morir poco antes de llegar al agua al borde del recipiente.

Todo ello pareció ficticio, así haya intonsos, inclusive enfáticos, en mostrarse pomposamente como “ortodoxos” de la catolicidad, que creen y lo han escrito, “que tal vez Dios lo hizo así”… (A Gonzalo)… ¡Qué barbaros!

Un adolescente –aun tierno- con ese jaez, no lo hubiese hecho y criado Vargas Vila, como tampoco Ñito Restrepo, ni Diógenes Arrieta, entre otros líderes del ateísmo y a quien Dios les negó el derecho a la paternidad. Hubo un momento en que Gonzalo “aparece” enfurruñado contra Dios. Él, con su haz nadaísta. Pero, poco a poco, comprendió cómo, en evidencia, Dios sí existía, como que se dio cuenta que el diablo se le aparecía por medio de golpes de intuición, algunas veces llevándole la mano sobre el papel, según me dijo “muerto de la risa”, en la isla de San Andrés, en donde, en evidencia el diablo sí anda suelto…

Luego, yo en Providencia –en donde como ya se ha escrito y publicado y comentado, entrevisté a dios, Gonzalo comprendió a tiempo el estarse galvanizando diabólicamente. De la noche a la mañana se hizo converso y retornó a Dios, echando de lado al diablo y colocándose a la izquierda de Angelita. Muchos poetas y pintores y novelistas y ensayistas tienen su “Angelito”. Gonzalo, su “angelita”, quien le acompañó hasta el infortunio de la muerte.

De su “obra”…, pues, ahora casi todos afirman que “lo menos es no ‘meneallo’” y que, aunque haya pasado como un fuego fatuo, como los fuegos de San Telmo que aparecían en los mástiles de las naves que zarpaban de Ofir, algún día habrá en que se hable intensamente de ella, de su obra, pero a conciencia y sin el consabido “bla-bla”.

Pero, al escribir en este instante, al segundo día del enllantado deceso de Gonzalo, no es vano precisar cómo él ya le tenía terror a todo lo cotidiano, precisamente por las rutinas de las gentes y de sus mañas. Nos lo hizo ver, no ha mucho, en clima citadino –lejos del mar-, tan patéticamente para recordar nosotros alguna lectura –“Lola, espejo oscuro”- tocante ello con episodios bíblicos que eran comentados por dos contertulios matritenses de café.

Uno de ellos –digamos que “Gonzalo” de aquella escena- decía más o menos que todos los parroquianos tenían la misma cara de siempre, el mismo cuerpo de siempre, su misma copa de siempre…¿Qué te pasa? Le preguntó el interlocutor.

Ves a Guillermo en esa mesa de siempre? Hace 25 años que se peina así.

¿Ves a Tontolín que entra?

Pues hace quince años que entra así, siempre, a todas partes. ¿Ves a Federico mirándonos? Pues hace muchos años que nos mira así. Ves a la Pilarica cómo nos sonríe? Pues se trata de sonreír como nos sonreía hace quince años. ¡Son cadáveres que arrastran cadáveres!

El amigo le exclamó:

Oye: ¡Tú no estás santo!

Y aquel le repuso:

¡No! ¡Aquí no se puede estar sano! Hay demasiados muertos en la ciudad. Y, a veces, su hedor llega a las narices; pero es todo el país el que está así. Hay que marcharse. De alguna manera, pero hay que marcharse.

Y, ocasional e infortunadamente, ¡Gonzalo se ha marchado! se lo ha llevado su “Angelito”, el que invisiblemente le cuidaba y que él llevaba por dentro, el que le hizo converso, ¡el que lo volvió Dios! Y, entre tanto, su Angelita se le ha quedado aquí, lela, dolida, asombrada, en la nada, como si estuviésemos en vísperas de la creación del universo, que, a los postre –siquiera mejor que Marte- ha resultado un verdadero valle de lágrimas… (aquí, en Medellín, es llamado de “Aburrá”, es uno de cuyos vericuetos el mago de “otraparte”, a todo instante filosofando, coadyuvó a que Gonzalo retornara a Dios). Él, Fernando González, siempre nos decía con languidez: -son incontables noches de vigilia, solitario, allí, en un rincón, esperando verlo a él, a Dios, pero me está dejando metido, con los crespos hechos, porque no me llega…

Medellín, septiembre 20/76.

La montaña que piensa. Medellín. Litografía Departamental. 1982. Págs. 26-30.

Todo es mío en el sentido que nada me pertenece: Gonzalo Arango (1931-1976)

Prólogo

Por: Angelita

“Profeta es un hombre que tiene buena memoria de quién es; ve claro en la realidad a Dios y lo predica a sus hermanos que viven en la oscuridad. Lo raro de este hombre en el rebaño es lo que lo hace extraordinario: ¡ser él mismo!”

Gonzalo Arango

“Todo es mío en el sentido en que nada me pertenece” es la recopilación de los tres últimos libros profético-poéticos de Gonzalo Arango, quien inspirado por la luz divina escribió esta importante obra (traducida al inglés), que es evaluada como axiomática y de evidente contenido profético: un llamado humanístico para el naciente siglo XXI, la Era de Acuario.

¿Estamos preparados? ¿Paraíso o Apocalipsis?

En efecto, recientes hechos históricos confirman con asombro sus profecías poéticas, trece años después de su partida:

“Masas miserables, oprimidas y explotadas que irrumpirán en el turbulento escenario de la insurrección con una demencia devastadora, clamando justicia y reclamando, sedienta indignación, sangre de sus verdugos… (Rumania).

“Del trono del dictador cuelga un patíbulo siniestro: son sus víctimas que regresan en halcones de justicia y dragones de ira…” (Panamá).

“Nada atajará la desintegración de los sistemas dominantes imperiales… (Unión Soviética y Estados Unidos).

“Se encontraron con la droga y se quedaron en el paraíso artificia…” (Colombia, USA, Europa).

Poemas como: Los duraznos de la libertad (Chile), Retorno al Libertador, Manifiesto de la tribu, Bala o droga, En pie de guerra, entre otros muchos, son verdaderos clásicos de su visionaria lucidez contenida en este Nuevo Testamento como él lo llamó; en donde también incluye terribles profecías apocalípticas:

“Que los cohetes atómicos se embistan con militar desprecio matemático…”.

“Amor y misericordia a todos mientras llega la justicia divina del Apocalipsis…”.

“Occidente: los dragones de la muerte vomitando fuego por el Pentágono…”.

“Se avecinan tiempos terribles de expiaciones…”.

“La chispa sagrada devendrá furia arrasadora…”.

Impresiona la forma tan natural como el Profeta escribe estos y otros versos apocalípticos causando profunda inquietud; porque aquí en Europa comenzamos a tomar muy en serio sus advertencias:

“El amor es el combustible que mueve al mundo; lo que lo paraliza es el petróleo”.

“… combustible acelerante de la hecatombe atómica”.

“Capitales corruptas y malditas, blancos sibaritas infalibles al torpedo atómico, el rayo de la maldición, sacro Apocalipsis lógicamente redentor de la armonía terrena”.

“Antros alibabescos: allí se gestan los siniestros balances y confabulaciones del sacrificio del rebaño inocente, inmolado en el altar de la santísima contabilidad”.

Alternando con todo lo anterior el poeta nos enseña su extenso repertorio de axiomas y sentencias que, junto con un especialísimo sentido del humor, plantean la única vía de salvación: la conquista del Reino, el retorno de Cristo:

“La salida es adentro”.

“A más infierno más purificación”.

“La codicia abre la caja fuerte de la inseguridad”.

“Un hombre sabio no se cree sabio, pero un cretino tampoco se cree cretino”.

“Todo hombre es Cristo caído: dale la mano”.

“Aquí es la tierra, pero aún no hemos llegado”.

“Somos el único árbol de la creación cuyas raíces se pelean entre sí para acaparar los frutos”.

Gonzalo Arango concluyó que el Nadaísmo (movimiento que fundó y enterró después de trece años) preparó el advenimiento del Cristo en nuestros corazones; e, indudablemente, le sirvió como método de investigación para encontrar a Dios. Recuerdo muy bien lo que él dijo en esa ocasión: “En literatura, una verdad de vida vale más que mil aventuras de la imaginación”.

Gonzalo Arango es camino: es superar el interés creado, el ego, la ira, la vanidad, la envidia, la ambición, la codicia, los vicios.

Este libro no es para mentes débiles; por el contrario, es para conciencias libres de herencias ideológicas paganas. Es para el hombre nuevo que quiere rescatar su condición edénica y resucitar en Cristo.

Todo es mío… es una obra más que maestra de la literatura poética clara y sencilla. Es una obra divino-humana: una llama literaria entregada por “Prometeo-Aganro” a la humanidad y condenada a ser “devorada” por todos los lectores del universo.

*Angelita, Londres, 1991.

  • Todo es mío en el sentido en que nada me pertenece. Providencia, Fuego en el altar y Adangelios. Bogotá. Plaza y Janés. 1991. Págs. 7-10.

Resurrección (A Gonzalo Arango)

Por: Raúl Jaime Gaviria

Por: Katherine Yepes

Resucita Gonzalo
y sal a la vida
aquí mismo
en este lugar de la noche.

Resucita
y juntos
démosle el adiós definitivo
a las viejas iglesias
a esas de toca y mantilla
y a las que desde la comodidad de los nuevos púlpitos
pretenden mancillar la pureza de la poesía.

Resucita Gonzalo
y contigo
que resucite también la humanidad del poeta
y que retorne la vida y la algazara
a las calles de esta, tu Medellín
que a solas sin ti ya no es la misma.

Resucita
¡Oh, tú, santo de la nada!
Y que contigo resucite la cálida compinchería
con sus conversaciones de bar hasta la madrugada
y sus pleitos por un verso
y sus delirantes jornadas de ebria poesía.

Resucita hoy mismo
y devuélvenos
al poeta pobre
al profeta
que al pan le decía pan
y al vino vino.

Líbranos para siempre
de los mercaderes
que empacan la poesía
en frasquitos tetrapack de todos los colores
y luego se la venden a las multitudes.

Resucita Gonzalo
y ve a tocar la puerta
de aquellos que dijeron ser tus amigos
ve y diles que has vuelto
y escúpelos en la cara
como se escupe a los traidores.

Resucita esta noche
resucita de la nada
y subviértelo todo.

Te lo pedimos desde aquí
desde este lugar de la noche
que en vez de estrellas
hoy se puebla de hombres y mujeres
neófitos amantes de la nada
que con la luz de un fuego nuevo
y una nueva poesía
saldrán a iluminar las calles
de tu Medellín amada y odiada
que luego de tu resurrección
jamás se sentirá
sola de nuevo.

  • Inconver S.O.S. Medellín. Ediciones PolitiKamente Incorretas. 2014. Págs. 63-67.

Gonzalo Arango, el profeta condenado al olvido

Por: Raúl Botero Torres (profesor Universidad Nacional, sede Medellín)

“No todo es vigilia, la de los ojos abiertos”

Macedonio Fernández

En 1958 aparece el primer manifiesto con el que el nadaísmo se presentó en la pacata y timorata sociedad colombiana de entonces. su gesto de una grandilocuencia un tanto exagerada alarmó a esa sociedad pastoril y violenta, pero sobre todo a su enclave más conservador: la sociedad antioqueña. los colombianos empezábamos a salir de décadas de una violencia hirsuta y despiadada que paradójicamente se ejercía en nombre de la religión católica que se pretendía erigir como uno de los pilares de las sociedades humanas. ejércitos privados asesinaban, violaban y desplazaban en nombre de maría auxiliadora, de la Virgen del Carmen y de Jesucristo. las elites empezaban a ensayar el camino del cogobierno estrictamente paritario, tras convencerse, cada una de ellas, de que no serían nunca capaces de vencer a su enemigo.

Curiosamente, muchos poetas, narradores y ensayistas se ahogaban en el miasma de los símbolos clásicos que aludían a una tradición llena de princesas y caballeros que nunca había pasado de ser prestada con cierta ingenuidad para enmascarar la tradición que si teníamos de una violencia secular y constante a través de los años para sustentar los desplazamientos y las masacres. por supuesto, que hay excepciones. cito algunas, para vencer el pesimismo y el desconsuelo: Jorge Gaitán duran y su desaforada búsqueda de los placeres del cuerpo y sus erotismos; Luis Vidales y su desbordante registro de la modernidad que resuena como un timbre poderoso y tierno a la vez; pero, sobre todo, Álvaro Mutis y su desolación abrumadora, convertida por acción de las palabras, en poesía. el cadáver de Matías Aldecoa (1).

En medio de todas esas contradicciones que eludo deliberadamente, aparecen los nadaístas con su ropaje, exótico sin remedio, de poetas malditos. aparecen y escandalizan, más con sus gestos que con sus textos. tal vez el problema fundamental en su relación con la conservadora y timorata sociedad colombiana de entonces es que la grandilocuencia de sus gestos opaco con creces las propuestas innovadoras de sus textos, sobre todo, las de sus poetas más complejos y sugestivos (2). Ese primer manifiesto nadaísta implica un ajuste de cuentas con una sociedad cuya violencia tal vez se explique por su profunda desigualdad y por la precariedad de sus prácticas políticas que parecen seguir siendo tributarias del siglo XIX cuando ya avanza la segunda mitad del siglo XX. pero algo más allí: un intento, tal vez desesperado, tal vez ingenuo, de insertarse en las corrientes teóricas y estéticas que definen a la literatura contemporánea. frente a la literatura urbana y desacralizada de muchos países europeos, los colombianos seguimos escribiendo una literatura presa de un campesinismo nostálgico. a Sartre y Artaud, nosotros le oponemos a Eduardo Carranza.

En un texto que es fruto de una investigación sobre las características de la poesía colombiana contemporánea, sostuve que esta se sustenta sobre dos características básicas:

  • La presencia de la ciudad que se superpone a esa evocación nostálgica del campo, con todas sus implicaciones estéticas.
  • El descubrimiento deslumbrante de la profunda belleza poética del lenguaje cotidiano. por primera vez en muchos años los poetas escriben con ese mismo lenguaje que las personas comunes y corrientes hablan en las calles y en los parques, en las casas y en las oficinas, mientras viven la trivialidad de sus vidas con la pesada carga de lo sagrado filtrándose en los intersticios del sentido.

Esa ciudad de los trabajadores y de las amas de casa, de las adolescentes que debutan en la vida con una irresponsable alegría, de los vendedores ambulantes, de los banqueros y de los deportistas; es, junto con el lenguaje cotidiano, lo que aparece como más valioso en la poesía y en la narrativa de los escritores nadaistas. en sus textos están esa ciudad y ese lenguaje calidoscópicos para mostrar a la vida misma. tan simple y tan complejo como eso. tal vez algunas obras parezcan ingenuas ahora mismo, pero en su momento lograron sacudir esta sociedad que no alcanzaba a romper las ataduras que lo llevaban a vivir los avatares de una mentalidad pastoril asumida de una manera vergonzante.

Esa ciudad y ese lenguaje que caían aparatosamente en la diversidad incandescente de lo cotidiano, en la vivencia desvergonzada de lo múltiple, están en la obra de Gonzalo Arango, que desde el comienzo mismo marca el liderazgo con su insuperable capacidad de provocar el escándalo. Una capacidad que no terminó de corresponder con la de su escritura poética. sus textos en prosa, entre los cuales se destaca “Medellín a solas contigo”, sus poemas y sus entrevistas están cargadas todas con esa poderosa ironía que hoy, casi cincuenta años después de su muerte, lo salvan del ostracismo.

Pero Gonzalo Arango vive entre nosotros más acá de su precario olfato político que lo llevó a apoyar a rojas pinilla y su ingenuo intento de instaurar en Colombia un populismo conservador con trazas de un mesianismo casi patético por lo provinciano, cuando era un joven pueblerino deslumbrado por esa sociedad que entonces no alcanzaba a vislumbrar del todo. la misma que lo llevo a elogiar en un incidente a todas luces desafortunado, cuando llamó a Carlos Lleras Restrepo “poeta de la acción”. En ese segundo momento él personalmente y el movimiento que había liderado durante más de diez años estaban en decadencia y a las puertas de un misticismo católico, sin duda extravagante.

Gonzalo Arango ejerció durante muchos años, – tal vez lo siga haciendo desde las páginas que escribió, pero sobre desde los talentos que fue capaz de promover-, un liderazgo que lo hace de alguna manera inmune a esa tendencia de la sociedad a volverse contra aquellos que alguna vez ensalzo, para hundirlos en las aguas quietas del olvido. lo salvan el humor y la ironía, que le permitieron ver la sórdida miseria de la sociedad colombiana, sobre todo de la antioqueña, que las ha llevado a ambas a consumirse en la rutina neurótica del trabajo material y del enriquecimiento. la sociedad colombiana, a la manera de una cronos revivida se vuelve furiosa sobre sus hijos y los devora a dentelladas con la misma fuerza que antes los llevo a la gloria y a la fama.

Max Weber escribió sobre esa fuerza ambigua que es el carisma. nacida del interior de los sujetos los lleva por los intrincados caminos de lo imaginario a cumplir el papel de líderes. tal vez sea el resultado de una extraña mezcla de racionalidad y de imaginación, pero surte efecto en las sociedades y en los sujetos. Gonzalo Arango parece haber albergado esa extraña aleación en su interior. y eso lo hace el profeta que se resiste al olvido.

  1. Personaje protagónico de uno de sus poemas más hermosos, publicado en el libro “los elementos del desastre” de 1953.
  2. Me refiero a Jaime Jaramillo Escobar y Anillar Osorio, a mi juicio los dos poetas más significativos que produjo el nadaísmo.
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