Gonzalo Arango hace honor a las mujeres en el nadaísmo

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Dos escritos de Gonzalo Arango sobre mujeres poetas y escritoras, quienes son importantes para el nadaísmo, su historia ilustra la presencia de la mujer en ese movimiento, Anita Díaz y Raquel Jodorowsky.

Raquel Jodorowsky (1927-2011)

La biografía de un poeta es su imaginación, su sueño. La de Raquel Jodorowsky está escrita en cinco libros y aún está por escribirse. Ahora mismo, en este recital, ella rememora momentos en que su ‘errancia’ por el universo de la vivencia le ha dictado lo más bello y lo más trágico de su aventura humana. Sus poemas son lo que, consentido y negado, el grano de arena al frágil monumento de su ser, la alada caricia al barro del mundo, la lágrima que lo quema, el fuego que lo purifica, la palabra que finalmente testimonia.

Al génesis, abrumado de truenos y relámpagos, da el sentido de la vida y la muerte, mediante su afirmación religiosa y perenne, creando lo divino, asesinando la razón, salvando de sus ruinas la fe en el hombre. Pues su poesía es una religión al revés: nos promete este mundo como solidaridad y destino en la comunión de la belleza. Una belleza que no es retórica ni descarnada, sino plena del hombre, inefable y tenebrosa como los días de su vida.

Puedo decir que el máximo valor estético en la poesía de Raquel Jodorowsky es la ternura, pues sin la ternura ella no tendría lenguaje ni labios para adorar el día o besar las estrellas que se enredan como mariposas de fuego en su cabellera.

Esta ternura, sin embargo, no excluye la ira ni el látigo que maldice porque abre zanjas de dolor en la humillación de los sufrientes. Ella se crucifica en el poema de su carne para que su sueño de justicia sea real como el acto de respirar. Porque el poeta es un lobo hambriento que odia el rebaño, y si hace estragos en el redil no es por hambre, sino porque el lobo ama la libertad, y la soledad le pesa como un castigo. Entonces aúlla, espanta y extiende el terror para recordarle al rebaño que existe, que la tierra gira y la vida pasa; que es peligroso dormir sin soñar, y que allí está él como un centinela de la noche para desatar la violencia redentora y limpiar los pecados del mundo con la sangre del cordero.

¡Alerta! Cuando el lobo aúlla es presagio de que el mundo duerme y hay que despertarlo con la trompeta del ángel. Porque la misión del poeta es aullar como los lobos para despertar a los que duermen y no dejar dormir a los que sueñan.

Esta mujer lucha con una poesía combatiente para que el hombre no sea un monstruo ni un ángel sino eso: un hombre. Un hombre con su equipaje de remordimientos y el peso de sus esperanzas, con el júbilo de andar bajo la maravillosa tierra prometida, conquistando en cada paso un nuevo planeta, un nuevo sol.

Raquel Jodorowsky es la suma de muchas razas, muchos países, muchos sufrimientos, infinidad de torrentes que circulan por sus venas animando un corazón de mujer, que en cada latido expresa la poesía y en cada pausa, el rumor de sus sueños.

Abran la sangre los que tengan corazón, porque esta poesía fue escrita para vivir y también para pagar el máximo precio. Para Raquel Jodorowsky repito esta noche mi definición tierna y terrible: “la poesía es un costal lleno de besos y revólveres”.

12 de agosto de 1969.

  • Universidad de Medellín. Revista Oficial de la Universidad de Medellín. Año XV. Nro. 17. Abril. 1970. Págs. 109-110

*Gonzalo Arango en 1955, escribiendo sobre la poeta Anita Díaz, en la revista de la U de A.

Palabra de presentación en el recital de Anita Díaz.

Para nosotros, antioqueños y colombianos, la Universidad de Antioquia entraña un concepto tan elevado que al definirla se agota el lenguaje de la razón pura y tenemos que ir al sentimiento y entender con el corazón lo que este glorioso claustro representa en el origen y en la historia de Colombia.

De aquí nace y aquí vuelve la esencia del alma nacional, en la voz y el eco de sus más genuinos valores. Este Paraninfo, que por su clásica solemnidad nos recuerda la gloria y los honores de un recinto helénico, congrega hoy a un grupo de almas selectas en este acto de admiración y de fe en los valores del espíritu. Hoy se abren estas puertas que no han conocido la herrumbre de los siglos por el ejercicio constante de abrirse para siempre para acoger todas las grandes voces de la cultura, y para que el alma se una aquí en estrecho abrazo con sus esencias más puras.

Generosa y fecunda desde su remoto origen de leyenda, la Universidad sigue viva e inmortal en la sucesión infinita del tiempo, abierta como un corazón inmaculado donde sólo entra la eterna savia del espíritu de que se nutre. Porque en estos claustros la acción del tiempo y de los accidentes sólo han roído la superficie de los muros dejando intocada el alma de la Universidad que se renueva y vive una juventud que no conocerá crespúsculos ni declinaciones y que cuando se hunde en una aparente oscuridad es para resurgir hecha luz incandescente en una alborada de siglos.

Este Paraninfo, testigo silencioso de gloriosas fiestas, se engalana con el linaje de la más pura y acendrada jerarquía estética en la voz lírica y humana de Anita Díaz. Ella viene desde un amanecer todo luz, desde un jardín todo aroma, desde un silencio todo canción, desde una soledad amiga, con una tristeza alegre en su alma, con un dolor apenas aliviado por la belleza de sus poemas, en donde ella vive la única vida que la tierra ha elegido –de dolor y exilio- para quienes se han rebelado contra la naturaleza creando una belleza más alta que las montañas, más clara que la luz del sol, más eterna que las campanas del tiempo, más honda que el océano, más alimentadora que el trigo, más embriagadora que el vino, Poesía… Poesía… casi tan bella como la voz de Dios.

Porque el artista ha elegido la más bella, pero también la profesión más cerca del martirio. Pero esto no nos entristece porque todo martirio abre las puertas de la redención. Y el poeta trae para la tierra un mensaje de redención y belleza, no importa si el redentor va a morir crucificado, olvidado, o si recibirá en recompensa el premio del exilio y la condenación a la soledad.

Tanto mejor para el poeta que se niega a vivir en un mundo cuyos horizontes están señalados por los signos funestos de la muerte y de las guerras atómicas; por los regimientos que avanzan con loco frenesí pisoteando el capullo de las espigas, levantando con sus botas siniestras el polvo amable de los caminos; disparando en las noches contra las estrellas; fusilando el corazón de la alondra a su primer canto de la madrugada; abonando con la sangre del hombre la tierra que se negará a florecer porque la tierra no quiere que todas las flores sean rojas y sentirá nostalgia de la blancura del lirio.

En donde el ancho cielo se cubre con la nube sombría de los cuervos como un presagio de la descomposición del mundo. En donde los astros y soles se están alejando cada vez más en la infinita hondura del firmamento por miedo a los disparos de la soldadesca, y donde la tierra desierta y corrupta ya no ve la figura redentora del poeta Jesús para que nos recuerde la belleza universal de su poema de amor.

Poesía es lo que hace falta en la tierra para que los hombres abandonen los combates y salgan abrazados por los caminos y las calles de las ciudades practicando la lección del amor, de la comprensión, de la fraternidad y de la fe en la vida.

Anita Díaz nos llevará de la mano y del corazón a ese mundo maravilloso e íntimo donde su voz reivindica con la belleza de su canto, toda nuestra desesperación y toda nuestra agonía civilizada.

Y esta voz suya perdurable se unirá a estas almas exquisitas que, en un siglo difícil para la contemplación y la belleza, queda como un pecado contra las apretadas multitudes hacerse a un lado para mirar la tristeza del crepúsculo.

Aquí hemos llegado con el grato afán de comunión íntima, con un deseo de olvidar la mezquindad cotidiana de la ciudad fenicia, para sentir y pensar al contacto de la poesía, último sonido bello que le queda al mundo, sonido que no acallará el engranaje de las fábricas, ni la bulla de los cláxones, ni el furor de los combatientes, porque tenemos fe en que un poeta vale más que un soldado.

Entreguemos el alma, porque la poesía nos salvará.

*Dedicatoria de Anita Díaz a la Universidad de Antioquia

Reina de Colombia

*Para “Universidad de Antioquia”

Alzada en la liturgia de mis sueños
busqué la dulce inspiración de un canto,
que fuera a mi emoción y a mis empeños
como una voz universal en el Salmo.
O como una bandera que agitada
sobre los cuatro puntos cardinales,
fuera creencia universal y eterna
que cobijara a todos los mortales
en un dogma de paz y de armonía.
Que fuera sol en medio de la noche,
que fuera sueño en la mitad del día.
¿Dónde hallar el motivo soberano
que despertara en mi garganta el canto?
Yo tan pequeña, como mínimo polvo de la arena,
me puse sobre el hombro a manera de manto,
todo el azul del mar, del firmamento.
Y aunque débil mi voz, débil mi acento,
A mi llegó una fuerza misteriosa,
Como llega una gota de rocío
desde el ángulo seco del estío
hasta el cáliz sediento de una rosa.
Y así una voz oyó mi pensamiento:
Para cantar las glorias de María
y el más grande portento,
imita al ruiseñor que muy bien sabe,
que, aunque es pequeña su garganta, cabe,
de la gama melódica el acento.

Una Legión de Arcángeles del Verso
me transportó a los mundos siderales
en donde en cada rosa hay una estrella,
y una estrella se enciende en cada rosa.
Y donde el ser es confundido
con todo lo que existe, y no se sabe,
si somos sólo un átomo divino
de una Unidad de Esencia,
que en espejos de luz va repitiendo
su celeste presencia.

Y con la misma brasa que Isaías
purificara el labio libertino,
para trocar el verbo torpe y rudo
en celeste y divino,
ardí mi boca en la encendida fragua;
y tuve entonces el León de Marcos,
y del Divino Juan, yo tuve el águila.
Evangelio de amor, repitió el labio,
Y “evangelio de amor” fue mi palabra.

De las tribus judaicas hubo una
que tuvo privilegios cual ninguna
y fue la de David: prestigios reales
acrecentados con la profecía,
de que esta raza nacería
quien vendría a curar todos los males
del pueblo de Israel.
La vara de José ya florecía
su milagroso lirio; y fue María,
la más pura de todas las mujeres,
la más hermosa virgen nazarena,
para el alto destino señalada;
la encontrada por Dios, en “Gracia Plena”,
y en cuyo casto cáliz de azucena,
se hizo hombre el Dios del Cielo y de la Tierra.

Una dulce mujer fue el instrumento
para que el Ser Divino, el Increado,
en carne de mujer hombre se hiciera
por redimir el terrenal pecado.
El Ser Universal, total del Cosmos,
hecho flor de ternura entre los brazos
de una mujer que se llamó María
y donde el hombre y Dios se confundieron
cual la luz se confunde con el día,
en el amor de maternales lazos.

¿Quién el niño nacido?… Fuente viva
de un eterno caudal tres veces santo.
¿Quién el dueño de todo, el Silencio y del Canto,
de la espiga, de la rosa y del lucero?
¿Quién si no Tú, Señor, el que un día,
por ser tan sólo el “Hijo de María”,
sin dejar de ser Dios, hombre se hizo,
y adoptó como padre a un carpintero?

Pero… ¿Quién es María?

Es María la flor universal blanca y radiante
que, en la luna creciente y la menguante,
en eclosión de eternas primaveras,
lleva en sí misma en gérmenes divinos,
la música de las eternal de las esferas.

¡Santa Madre de Dios! Bendita seas
en el altar del cielo y de los mares,
en la canción del oleaje altivo,
alta furia del mar, crucificada;
en el solemne “Puracé” impetuoso,
yo te veo en amor manifestada…
En la ilusión de todos los marinos,
y en la oración de las perdidas barcas.
Te alzas erguida en todos nuestros puertos,
y prendida en el sol de nuestras playas.

Estás en la bandera de Colombia,
y en el brioso raudal del Tequendama;
en las “nieves perpetuas” del Tolima,
y en la azucena con que “El Ruiz” corona
la gestación de potente entraña…
En la Sabana fértil y en el Valle…
De Monserrate en la piadosa cima,
de Guadalupe, que tu imagen guarda;
cual centinela la “ciudad del águila”…
Estás en el Santuario de “Las Lajas”;
Chiquinquirá te mira renovada…
Eres la inmensidad de nuestros llanos,
y eres la “Paz” que redimió la espada…

Eres la piel de nuestra fina orquídea;
de “Muzo” y de “Chivor” nuestra esmeralda…
Eres la pulpa de nuestros cafetos,
y la riqueza que el petróleo guarda…

Y eres Tú, “Las Candelas de la Limpia”
que es fe del campesino en sus fogatas,
en las noches azules de diciembre,
hechas para el amor y la plegaria…
Tú estás en las montañas y colinas
y en todos los caminos de la patria…
Tú te asomas en todas las pupilas
de las aguas tranquilas, y en las tardes,
cuando la cima se despeina en niebla
desde las altas cumbres de los Andes…

Santa Madre de Dios… Sin ser profana
y queriendo alabarte, yo te digo,
que te veo en las madres colombianas
que unidas hoy cual uvas en racimo
bajo el glorioso tricolor devotas,
cual mística bandada de gaviotas
te proclamamos reina soberana…

Por Anita Díaz

*Revista Universidad de Antioquia. Medellín. Vol. XLVII. Nro. 121. Marzo, abril, mayo. 1955. Págs. 337-342.

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