Incidentes y mediaciones sobre la luz mercurial

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Incidentes-Portada

Una antología inicial del libro publicado por la editorial Ojo Mágico, de la autoría de Óscar Jairo González Hernández, profesor de la Facultad de Comunicación y Lenguajes Audiovisuales de la Universidad de Medellín.

El libro Incidentes y mediaciones sobre la luz mercurial es el resultado del proyecto académico que se realiza en la Facultad de Comunicación y Lenguajes Audiovisuales de la Universidad de Medellín, el cual inició su producción en el 2020-01 y fue terminado en medio de la crisis pandémica.
Su base está fundamentada en la tarea de la formación académica y el poder de transformación de unos y otros.

En sus páginas se recogen aportes tanto de estudiantes en formación como de egresados. “Combinamos a los dos, para incrementar y fortalecer su dimensión de formación y su proyección, como Ciudadanos del Mundo (CM), desde la Comunidad Académica y de la Comunidad del Arte, que formamos, que construimos”.

No obstante, en la portada se hace homenaje al artista Albert Marenčin, quien murió en 2019. Se trata de un collage que este envió al autor hace algunos años, desde la ciudad de Bratislava-Checoslovaquia, hoy capital de la República de Eslovaquia, cuando todavía no había internet.

A continuación, una antología inicial del libro, el cual próximamente será presentado por plataformas digitales y también en Otraparte. La idea es que se antojen y conozcan el sentido y el carácter de esta producción literaria. Podrán leer la primera de las cuatro preguntas que se les hizo a los estudiantes y egresados. Ellas fueron:

  1. ¿Qué es para usted la luz y cómo se realizó su relación inicial ante ella, en qué momento se dio ese hecho, qué carácter tuvo para usted y por qué?
  2. ¿Cómo y en qué forma se desarrolló, evolucionó o no interviniendo su ser y hacer estético, qué oquedades o fisuras o consistencias ha tenido o no y por qué?
  3. ¿Con la obra de qué poeta, escritor, pintor, escultor, fotógrafo, etc.; usted descubrió y se transmitió a sí mismo de manera radical e incrementó o no su relación con el tema de la luz y por qué?
  4. ¿Desde dónde en usted considera que esa relación con la luz se mantiene y sostiene intacta o indeleble en usted y su ser y hacer estético o no y por qué?

Esteban Beltrán

Para contar mi relación inicial con la luz, cómo fue ese primer estar “consciente de la luz”, debo hablar de la vez que empecé a responder con la palabra “astigmatistmo” a todo el que me preguntara qué tenía en los ojos, o por qué miraba tan rayado.

Esto sucedió poco después de que despertara de una cirugía de la que no tenía idea en qué consistía, pero que se suponía me ayudaría a dejar de contar de dos en dos las cosas que se debían contar de uno en uno, como por ejemplo dejar de contar de dos en dos las escaleras que me llevaban al primer piso de la casa. Ese día me desperté y no recordaba dónde estaba, ni cómo había llegado, no podía ver y todo estaba muy oscuro, sentía que me estaban removiendo un tejido de piel alrededor de mis ojos, entonces como no sabía dónde estaba, cómo estaban arrancando la piel, tuve miedo.

Solo una voz familiar me trajo a estar ahí presente en el momento en el que traté de abrir los párpados para saber dónde estaba. De pronto, en la medida en que intentaba abrir los párpados, sentía que un dolor punzante entraba por mis ojos a través de formas y siluetas de cosas blancas y cegadoras, eran las formas de las cosas queriendo entrar en mí como inyecciones de luz. Pude reconocer el borroso reloj de plata en la borrosa mano de mi abuela, sus borrosos cabellos blancos que daban con la borrosa ventana del hospital, era realmente doloroso ver. Entonces, cerré mis párpados con todas mis fuerzas, como tirando una puerta, estaba temblando. Fue en ese momento cuando me di cuenta, por primera vez, del poder revelador de la luz; aun con mis ojos cerrados pude ver cómo las formas de la luz se habían quedado grabadas y resonando en mi cabeza, como una fotografía, como el rastro luminoso de una estrella muerta que aún se puede ver en el cielo.

Hasta ese momento, nunca antes me había dolido tanto “ver la luz”. Había escuchado a algunas personas usar las palabras: “Ver la luz” o “ver la luz al final del túnel”, para referirse al paso por el umbral, el trance que debe producir el pasar de estar ahí a estar más allá, en todo caso, siempre he visto que ese paso de un lado a otro, es doloroso.

Cuando te despiertas y abres los ojos en la mañana y tienes una ventana al frente o cuando prendes súbito la luz en una habitación que estaba a oscuras, es doloroso. En ese momento, en el hospital, yo quería estar ahí, pero me dolía ver, entonces cerré mis ojos, sin embargo, la luz seguía allí, revelándome todo lo que tenía alrededor, todo lo que no veía, por el miedo o por el dolor. Recuerdo que me concentré en recordar esas formas, y esa misma luz de ese instante exacto existe y viaja todavía hoy en mí interior en forma de recuerdo luminoso. Creo que ese dolor de la luz puede ser el precio de las más simples y grandes revelaciones.

David Restrepo

Escribamos en unidad, como la luz, uno de los factores existenciales más unificados que conozco. Cuando nombramos “luz” despiertan las ideas de forma, volumen, color, contraste, energía, abstracción y consolidación. Eso, si lo pulimos como escultores y eliminamos lo innecesario de la roca, es unitario, un cuerpo.

El primer acercamiento con mi idea actual de luz se dio al ver la película Nuestra música, de Jean Luc Godard, en ella, el mismo Godard, como personaje, hace una reflexión sobre el cine; explica que para él la vida es un vasto mundo obscuro, y el cine se convierte en una pequeña lámpara que le permite iluminar y vislumbrar pequeñas partes de ella, y poderlas ver tal y como son (siempre son pequeñas, no puede ser de otra manera).

Me gusta verlo de la siguiente manera: el idioma se aprende y se olvida, es más azar que destino el que tengamos contacto con él. La música es fugaz, dura unos minutos, y luego hay que hacer un esfuerzo para conservar aquello que nos ha transmitido, para recrear lo vibrante de las notas en nosotros. El cine es algo un poco más industrial, necesita una serie de técnica para su consolidación, lo cual lo hace un arte poco versátil. Si vamos a las demás artes como la escultura, fotografía, arquitectura, pintura, nos encontramos con problemas como el desgaste, la inestabilidad del espectador, la relevancia de la obra para la época (factores que también pueden estar en otras artes).

Y entonces, al final, está la luz. Un fin y un medio en si misma; Godard decía que el cine es una lámpara, pero eso es solo una metáfora, la realidad es que la luz es una lámpara, como metáfora y como hecho.

Superficialmente parece una idea etérea, pero en realidad tiende a ser el concepto más físico que tiene contacto con nuestra vida, y muchas veces con nuestro arte.

Mariana García Ospina

Mi relación inicial con la luz se dio en uno de mis lugares favoritos, en el escenario. Hace aproximadamente un año y medio, cuando los movimientos se apoderaban de mi cuerpo al inicio de un show, sentí una conexión con la luz. Entre su calor y las tablas comencé a darle importancia a lo que revelaba y ocultaba en mis movimientos ante diferentes espectadores, a lo que me exhibía. Justo antes de entrar a escena, en el último ensayo general, recuerdo que el director repetía: “La luz es lo más importante, el error más grande que puede tener un bailarín es no ubicarse bien en la luz”. A partir de lo dicho por el maestro, mi atención se centró, gran parte, en ella en esta función, incluso llegué a pensar que ella era la que en realidad dominaba el escenario, todo era para ella, el maquillaje, el desplazamiento…se trataba de pensar entonces cómo bailar para la luz.

Este momento fue importante en mí porque descubrí que los bailarines no están solos en la escena, que hay una relación entre el artista y la luz, que no solo se ilumina al artista, en ocasiones, ésta permite ver expresiones de las personas a las que se les transmite, revela al espectador y hace del momento en escena una vivencia. La luz siempre ha sido y será un apoyo para el artista (para el arte), son como dos almas que se hablan y se unen para transmitir, aquí hay sin duda una relación de complicidad.

Para mí la luz es la energía que hay en la persona en los diferentes aspectos de la vida, es moldeable, acepta el cambio y permite re-significar conceptos, momentos. La considero como un elemento de construcción del “yo” que se toma de lo que te hacen mover, lo que te hacen vibrar.

La luz en mí tiene una función clara de dar y recibir que habla desde el mirar del otro. Cada persona se encarga de su propia luz, de su intensidad y de la que está dispuesta a recibir, compartir y trasmitir. Por esto considero que el arte es luz, y que en mí que se convierte en movimiento, en danza, porque tiene una función de comunicar un sentir, de guiar un qué hacer estético que admite re-significar a cada paso pensamientos que sienten la necesidad de transmitir y permiten crear tus propias reglas, tu mundo.

La luz se mueve en las personas que me aportan, que comparten su energía conmigo, que aportan a mi arte. Tiene una función clara de guía en mi familia, que no siempre comparto y decido no seguir, pero lo más importante es que siempre está. La luz se me presenta como una provocación que me permite explorar lo bueno, lo malo, los contrastes de un camino que me ha enseñado muchas cosas del vivir, como la danza.

Considero que la luz puede ser lo que cada persona quiere que sea. Como en la danza es diferente en el sentir y en el observar de las personas, todo depende con la luz con que se miren las cosas.

Diego Hinestroza Cano

Para mí la luz, es la capacidad que tienen los seres humanos de entender y percibir el mundo, interpretarlo y comprenderlo.

La luz, afecta a las personas en su diario vivir y moldea sus experiencias ante la vida, para algunos esta es más tenue y difícil de percibir, para otros es tan fuerte que no se dan cuenta que la están percibiendo, pues se les convirtió en paisaje. Sin embargo, hay una luz particular, diferente, alienígena, que no todos los seres humanos perciben, esta es la luz del artista, del que va más allá de una simple interpretación mundana de la realidad, la interviene, la transgrede, la ocupa. Esta es la luz del artista, porque el artista no ve nada, este observa, no lee, analiza, no estudia, propone. Porque el arte no comprende unos utensilios pictóricos, unas palabras ordenadas, unas imágenes fluidas. El arte, es una intensión propositiva plasmada por el autor mediante el medio que considere más adecuado para dar a entender su propuesta. Y esta está en la obligación de ser inteligible, ya que, si una obra no es entendida por nadie, entonces su propuesta estuvo mal planteada, mal elaborada y mal presentada.

Mi relación inicial ante la luz no la tengo muy clara, desde pequeño me han llamado la atención diversas formas de expresión artística. Sin embargo, siento que el punto fuerte de mi conexión con la luz se presenta cuando empecé, en séptimo de bachillerato durante una clase que tuvimos en una asignatura, a hacer un corto, fue malo, la historia no tenía ningún sentido y los equipos eran pésimos. Pero nada de eso importó, durante esa experiencia comprendí que no quería hacer ninguna otra cosa diferente a narrar. Desde entonces, me fui enamorando más del cine, la literatura, la música y comencé a ver el mundo con esta nueva luz alienígena.

Para mi sorpresa, hace poco descubrí que mi conexión con esta luz no es aleatoria, mi padre, sin ser un fotógrafo o cineasta dedicado, también tenía esta luz y me la legó a mí, él fue la primera persona que me puso una cámara en la mano, que en viajes y paseos me designaba como el fotógrafo y comencé a ver la vida a través de un lente. Me compro mi primera guitarra y di el primer paso en el mundo de la música. Se puede decir que mi luz era un legado latente el cual decidí explotar.

Marisol García

Mi madre tiene en su hogar un balcón lleno de plantas. Entre ellas, hay una simulación de universo antiguo compuesta por un helecho relativamente gigante y varios dinosaurios de plástico que lo habitan. Una tarde, apareció en una pared del interior de la casa la sombra de mi ecosistema, completamente vívido, incomprensible.

Después de un rato, y aún sin descartar algún tipo de brujería extraña, descubrí que la proyección se debía a un carro que había estacionado afuera, en el ángulo preciso en que el sol que llega al parabrisas ilumina los dinosaurios y el helecho, y genera sombra en la pared lejana. Esa tarde me quedé inmersa en la escena hasta que la luz dejó de ser suficiente para su existencia; y el asombro bastó para que en los años sucesivos cultivara un ojo atento a las sombras. Mis favoritas son las que oscilan, las que solo aparecen por un momento y luego no están, de tal forma que, mientras le digo a alguien que mire, ya han dejado de existir. Estas sombras son comunes en los días nublados o en los atardeceres, y mutan con facilidad hacia charquitos, calles con árboles y objetos eclipse. Las sombras que oscilan también pueden convertirse en sombras permanentes que se encuentran en todo tipo de lugares y medios, incluso en el agua o el aire. Las sombras son también reflejos, que pueden existir en todas las superficies y medios.

Algunos reflejos de luz se descomponen en colores y crean pequeños arcoíris y otras luces que se mueven y se degradan según el cuadrado inverso de la distancia…En algún punto me di cuenta de lo obvio: mi fascinación depende de la luz, y más aún: es la luz (cuando varía, porque se hace bella).

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