Luis, el librero ambulante que pedalea la Librocleta

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Librocleta

Algunos recorren esta ciudad de norte a sur y de oriente a occidente vendiendo aguacates, tomates y papayas, Luis también lo hace, pero rodando en su bici y ofreciendo sus libros. Esta es su historia.

Autor: Estefanía Aguirre

No son ni las tres de la tarde y ya el cielo se ha oscurecido, nubes grises cargadas de agua se han posado encima del barrio El Poblado y sobre la estación del Metro ya ha empezado a llover. Todos corren en busca de un refugio para no dejar que sus ropas y bolsos se mojen, pero eso es lo que menos le importa a Luis, ¡La bici! ¡Los libros!, es en lo único que piensa. Cierra rápidamente los estantes y guía su bici hacía algún lugar donde el agua no la pueda tocar. En ese medio de transporte con estantes y libros adentro, Luis Carlos Peña López, de 32 años, tiene casi toda su vida.

Encima de una bicicleta con estantes llenos de libros, Luis llega cada tarde a un lugar diferente de la ciudad como Carlos E Restrepo, el Parque de los Deseos, la Plaza Botero, el Parque Bolívar o bajo las estaciones del Metro, para vender sus libros. Parquea su bici, se parcha y empieza a esperar a los clientes. “La gente aquí consume muchos libros, ese fue uno de los motivos por los que me quedé. Por eso y por el clima, la calidad de las personas y por otros motivos más personales”, comenta.

Llegó a Medellín en el 2018, en plena Feria de las Flores, junto con su Librocleta para poder trabajar, desde entonces a eso se dedica. Luis es de Táchira, Venezuela, allí empezó su historia por causa de la crisis económica. “Hace más de 5 años estaba pasando por una época complicada económicamente, pero tenía una cantidad considerable de libros, aproximadamente 50, decidí venderlos en Cúcuta porque la moneda colombiana tiene más valor, pero en la librería a la que fui no me ofrecieron el valor que yo consideraba, así que decidí venderlos entre mis amigos del equipo de frisbee”. Y así empezó, transportándose en su bici para poder llevarle los libros a sus amigos, hasta que vio que ese podría ser un buen negocio y decidió acomodarla, primero con canastas y luego con estantes cual librería.

Empezó rodando por Cúcuta, Bucaramanga, Pamplona y San Gil hasta que decidió irse para Medellín. En el bus empacó su ropa, bici y libros. Encontró lo que buscaba: gente que comprara esa unión de hojas, tinta e historias. Aunque acepta que no todos los títulos se logran vender, porque ya no hay lectores para algunos, como las enciclopedias. Entonces las regala o las deja en lugares, sabe que serán acogidas por personas quienes le darán un hogar definido. Sin embargo, hay otros libros que ha tenido que soltar con dolor para poder comer, como una colección completa de cuentos de Dostoyevski, la edición especial de Los hijos de los días de Galeano y Cien años de soledad de García Márquez, edición RAE.

Como hay libros que se van, hay otros que llegan. Por ejemplo, los que le donan junto a billetes escondidos entre las páginas o los que compra en el pasaje La Bastilla, así se va nutriendo su librería, e incluso compra libros por encargo para luego venderlos. Sus precios van desde $5.000 hasta aproximadamente $30.000. Su promedio de ventas está en tres libros por día, pero a veces se puede vender hasta cinco y en ocasiones nada, como le ocurrió en la cuarentena por la covid-19, durante la cual su Librocleta estuvo parqueada, mientras la normalidad volvía de a poco y él regresaba de cuidar a su madre en Táchira.

Ha sido la única vez que se detuvo, el resto del tiempo ha estado rodando, viendo en primera fila escenas de amor y odio en las calles. “Durante estos años he visto de todo: atracos, peleas, despedidas, peleas de novios, clientes encantadores, clientes que no quieres volver a ver. He visto la felicidad de mi hijo montando bicicleta en la Universidad de Antioquia. Me he encontrado dinero, me han robado libros, me he mojado, me he caído en la bici. He conseguido amigos y tenido romances. He aguantado frío, hambre, ganas de orinar. Es la vida misma que te brinda un montón de situaciones”.

Sin embargo, a Luis Carlos le gustaría hacer un pare en este camino y dedicarse de nuevo a la academia, pues estudió Ingeniería Ambiental en Venezuela y también quisiera seguir viajando alejado por un tiempo de su Librocleta.

“No me arrepiento de tener este estilo de vida, pero no ha sido fácil y más en un país donde las ventas ambulantes son atacadas, mal vistas, donde el espacio público es prioridad a la necesidad de trabajar”.

No quiere dejarlo, pero si delegarlo mientras él se dedica a otras cosas, no quiere que su bici deje de rodar y recorrer estas calles vendiendo libros porque sabe, como García Lorca, que no solo de pan vive el hombre.

  • Memoria y relatoría del Seminario de Periodismo Cultural de los Eventos del Libro que contiene diez textos escritos por igual número de participantes.
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