Patricia Nieto propone modelo solidario para sector del libro de Medellín

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La directora de la Editorial UdeA habló con Revista PAPEL sobre aprendizajes, oportunidades y retos para el Sello en este 2020.

Patricia Nieto, directora de la Editorial de la Universidad de Antioquia, conversó con PAPEL sobre el evento que da cierre al año 2020 para este sello. También, respondió cómo termina este tiempo, los retos que afrontaron por la pandemia y, sobretodo, los aprendizajes y las oportunidades que se generaron para los próximos tiempos.

Llega el Bazar de las Editoriales que hace el Sello de la UdeA, ¿qué tendrá en esta ocasión de interesante?

Para cerrar el año en la editorial de la Universidad de Antioquia, vamos a tener un evento, que va del primero al 11 de diciembre, y que tendrá como propósito llevar a los lectores y a todas las personas interesadas en el mundo de los libros, unos descuentos que creemos que pueden ser interesantes para este fin de año.
Es una manera de darle la despedida al 2020 y de desear lo mejor para el año siguiente.

Patricia, ¿qué tipo de libros se estarán ofreciendo con los interesantes descuentos?

Es una feria de descuentos de libros de la Editorial de la Universidad de Antioquia. Son los productos de nuestra librería, que ofrece libros de nuestro Sello Editorial, por un lado, y también tendremos descuentos de sellos editoriales que la librería vende, que son Planeta, Grupo Penta, Penguin Random House, las publicaciones del San Vicente y las Ediciones de la U.

(Para más información y comprar los libros, consulte el sitio: http://www.udea.edu.co/wps/portal/udea/web/inicio/editorial).

Además de destacar cómo termina el año, también es importante saber cómo lo vivió, por eso, ¿cuáles oportunidades se abrieron para el Sello Editorial de la UdeA en este año que termina?

El 2020 estaba pensado como un año importante para la universidad, porque teníamos en preparación una oferta de novedades muy nutrida e interesante, la cual venía de los procesos de evaluación de los años anteriores.

Entonces, había una gran expectativa, por supuesto, con las ferias, las dos grandes, las de Medellín y Bogotá, que son las que, para nosotros, son más representativas, en cuanto a la presencia que se hace; aunque, vamos a ferias más pequeñas en otras ciudades, que son muy importantes porque, incluso, en algunas de ellas hay mejor resultado económico que en las grandes.

Pero, se dio el cierre de la Universidad de Antioquia por la pandemia, a nosotros nos enviaron para la casa el 16 de marzo, procurando que la gente se cuidara y evitara los contagios. Entonces, a partir de ahí, hubo toda una serie de situaciones inesperadas.

Por supuesto, de las que más se sintieron, la cancelación de las ferias, primero los aplazamientos, luego ya la cancelación de la feria presencial; más adelante las ferias virtuales, y ahí voy yo a las oportunidades que, en medio de esta situación, nosotros encontramos. La Editorial nuestra viene haciendo libros en formatos digitales a partir de hace 4 años. Y siempre lo que hacíamos era que primero se sacaba el libro físico, porque la expectativa estaba puesta en el papel y, más o menos unos 15 0 20 días después, salía el libro en el formato digital. Es decir, nos tomábamos un placito para subir el digital, resulta que se presentó la situación de que la Editorial de la Universidad de Antioquia tiene una imprenta, que es donde hacemos los libros, y pues se cerró y estuvo cerrada igual que toda la universidad; entonces, imprimir en papel fue un obstáculo, que nos llevó a girar hacía a lo digital de una manera fuerte, radical, y a que todos los libros que se han hecho desde marzo y los que se están haciendo en el momento, todos están en formato digital y apenas vamos a empezar a imprimir esos publicaciones de marzo, abril y mayo.

Así que, la ventana que nos abrió a nosotros fue el encontrar en los libros digitales la posibilidad de que los autores tengan sus libros publicados y que la gente pueda acceder al libro; si se trata de libros de texto, que los estudiantes tengan su material de trabajo; que el proceso editorial continúa, aunque el proceso de impresión no.

Además, eso nos enseñó a dejar de pensar que el libro digital era el segundo paso y a pensar que va parejito o debe ir parejo, y en este momento, es primero que el impreso.

¿Y las oportunidades para la Librería de la Universidad de Antioquia cuáles fueron?

La Librería es propiamente la comercialización. Nosotros estábamos habituados a tener un punto de venta abierto, allá en el Edificio de Extensión, y a vender por teléfono y a separarle (reservar) los libros a la gente para que luego fueran por ellos, y aquí nos comprometimos a poder atender, por diferentes canales de ventas, y a despachar los libros hasta la casa de todas las personas.

Entonces, primero fue actualizar el portal y el micrositio de ventas, que ya tenía un tiempo de haberse creado, era lento y todos los problemas de cuando una cosa no es urgente. Así, le metimos toda nuestra energía y empeño, y a hoy, el micrositio que tenemos es amigable, ágil y en el que es fácil comprar.

Lo otro es que debimos abrir otros canales de venta, como el WhatsApp de negocios, que no lo teníamos; además de seguir atendiendo por el correo y por teléfono directo los pedidos.

Ahora, hacemos los pedidos, las ventas, y se despachan los libros dos veces por semana, según el volumen de ventas.

Nosotros tampoco podemos ir a la universidad todos los días, el ingreso está muy restringido. Entonces, tratamos de juntar varias ventas para que las personas vayan solo uno o días a la semana y despachen todo lo que se vendió.

Para añadir, todo lo vivido, también llevó a que este año tuviéramos más eventos digitales, hicimos varias ferias nosotros. De hecho, la más importante para mí fue la Feria de Saldos, porque siempre la hacíamos en la Plazoleta de Barrientos, con una carpa, muy al estilo tienda, a precios realmente muy baratos y los estudiantes iban a hacer sus compras; esta vez, decidimos hacerlo virtual, aunque, obviamente, se pudiera presentar que el despacho fuera más caro que el mismo libro, porque son productos que realmente bajan mucho de precios. Pero, la gente fue muy receptiva y la logramos hacer también. Así que, el hacer más eventos en la red, fue otra oportunidad este año.

Patricia, cuéntenos desde lo vivido, ¿la respuesta del público ante lo digital sí justifica lo que la editorial de la UdeA debe invertir para continuar con sus procesos?

La Editorial de la Universidad de Antioquia tiene una misión educativa, el compromiso es que el conocimiento que se produce en la universidad, y que sea pertinente que vaya en un formato del libro, llegue a la mayor cantidad de gente posible, que esté disponible y, ojalá, a un bajo costo, esa es una de nuestras tareas; lo otro es que no solamente los textos de estudio, los académicos, sino la creación de los escritores del país, pueda tener en la editorial un camino. Entonces, siempre hay un retorno para la universidad que es poder cumplir su misión de divulgar el conocimiento, y ahí hay una ganancia.

Digamos, este es un año especial, y yo no voy a decir que con lo que se vende digitalmente se cubre el costo de producción de un libro. La realidad es que los libros en formato digital, en nuestro medio, son más baratos que los impresos, y con mucha diferencia en el costo.

Creo que nos toca darles mucho más tiempo a los libros y hacer una mayor difusión para que más gente compre las descargas digitales, si el objetivo fuera que se paguen, que el libro con la venta le devuelva a la editorial el dinero que invirtió; eso sería muy sano para lo que llamamos el negocio, pero para nosotros la primera función es que el conocimiento de los profesores o de los investigadores, realmente esté disponible para la gente.

Patricia, ¿qué aprendizajes quedan para otros años?

Nos tocó hacer una convocatoria para recibir obras de manera virtual. En los 35 años del Sello Editorial, siempre se recibían los libros personalmente, se atendía a la persona directamente, se le recibía su texto, de hecho, su ejemplar en papel, y con la persona se llenaba la ficha, y esto que pasó, ¿qué aprendizaje nos dio? Hacerlo de manera virtual, que la gente confiara el envío de sus manuscritos por internet, no en un papel sino en un correo electrónico, y hacer todo el proceso de evaluación de manera virtual, las reuniones de los jurados y evaluadores. Además, con una particularidad, que llegó un volumen, para nosotros muy sorprendente, de títulos, llegaron 240 obras, eso es un poco más del doble de lo que llega en un año normal, en un año de no pandemia.

Así, aprendimos que la virtualidad y que los canales digitales, facilitan y permiten hacer este tipo de trabajos aún en situaciones tan difíciles; que los escritores y los proponentes confían en la universidad y confían en ese canal todavía tan “misterioso” y, ya fuera de la editorial, que los momentos de crisis, pudieron dar una pausa para que la gente revisara sus textos, los preparara y los llevaran a término para entregárnoslo, fueron tres meses, pero llevaron a que la gente se volcara en las postulaciones y, como lo dije, llegaran el doble de títulos.

Yo pienso que la gente en la pandemia, y el hecho de que en esos primeros meses estuviéramos en la casa, le dio la oportunidad a muchas personas de organizar sus creaciones, porque mucha gente tiene un libro ahí por años, y se le pasa el tiempo, no lo organiza, no lo arma, y yo creo que esto sí motivó a muchas personas para que, durante el confinamiento más duro, abril-mayo-junio, llegaran los 240 libros.

Pero, ¿cuántos libros produjo la Editorial de la Universidad de Antioquia en 2020?

En 2020 el Sello Editorial de la universidad produjo 50 libros nuevos, hay muchos ya en la plataforma y otros a poco de terminar. Eso quiere decir, que mantuvimos el mismo número de publicaciones de los años anteriores, solo que este año no están impresos y que los imprimiremos, en su totalidad, cuando la universidad nos habilite el uso de la imprenta.

Recibir 240 propuestas, yo diría, asegura a la editorial un inventario de proyecto para los años que vienen. Claro, de ese número de títulos en su totalidad no van a impresión, los evaluadores hacen una lectura muy juiciosa y seleccionan, pero eso quiere decir que hay libros por hacer.

Si llegan 240 títulos para evaluar a una editorial universitaria, que tiene tantos procesos y que es lenta, en muchos sentidos, eso nos da a entender que, en la sociedad, en general, hay producción; que la gente sí está escribiendo, y eso a mí me parece muy importante.

Si bien se reconoce el carácter académico del Sello Editorial de la UdeA, no deja de ser imperante la unión con otras editoriales, de tipo independiente, para contribuir en la crisis del sector del libro en tiempo de la pandemia, desde su visión ¿qué hacer por la industria del libro? ¿Cómo crear alianzas efectivas a futuro que, eventualmente, ante una situación como esta, no impacte tanto al sector del libro, especialmente a los pequeños libreros?
Creo que un componente de toda esta cadena de producción del libro, que es muy importante y que es uno de los aspectos en los que yo creo que somos más débiles, al menos en lo que conozco en Medellín, pero qué también se da en el país, son los problemas en la distribución y la venta.

Yo creo que cada uno de nosotros, y hablo de las editoriales universitarias, que son los más cercanos, intenta tener unos canales de distribución y de llevar sus libros a las librerías, que tienen cubrimiento nacional, cada uno intenta hacerlo a su manera, como puede, a través de unos contratos con las casas distribuidoras, que no necesariamente son fáciles de concretar, que es un proceso en el que todas estas intermediaciones tienen que tener rentabilidad, de un producto como es un libro. Entonces, la editorial quiere, necesita, tener un retorno del dinero, pero el distribuidor también, el librero también, y toda esa cadena hace que realmente lo que le llega a la editorial, y ni te digo al autor, que es quien está en el lugar más frágil de esta cadena, sea muy poco el dinero. Por eso, yo creo que un reto que nos debería dejar este momento es unirnos, hacer un trabajo más colaborativo, para encontrar formas de distribución y venta que, sean más ágiles para nosotros, y que permitan llegar a mucha gente en todo el país, a bajos precios, porque ese es el objetivo de la universidad, pero que no sean lesivas para el autor y para el proceso editorial mismo.

Los distribuidores hacen una tarea muy importante, porque sin ellos el libro no llegaría ni a Pasto ni a Cúcuta, y pues no podríamos llegar con los productos a zonas muy apartadas, pero está mediatizado por un modelo de mercado en que hay necesidad de tanta utilidad repartida, que es un esfuerzo muy grande para los editores. Si encontráramos una manera de vender los libros de una forma cooperativa, digo yo, de un comercio más solidario, creo que nos iría mucho mejor a los lectores, a nosotros y a los autores.

¿Cómo encontrar un equilibrio en lo digital y lo impreso?

Hablo desde una editorial universitaria, y soy enfática en repetirlo, porque conozco los escenarios y los otros lo ven distinto; hay un tipo de libros, que son necesariamente costosos, por el número de páginas, de ilustraciones, dibujos, diseños, todo el material que necesita color, un trabajo de imprenta muy refinado, y que son libros que, además, salen muy costosos al público. Por ejemplo, un libro de Medicina, que tenga 800 páginas, y en esas haya 200 gráficos a color, ese es un libro que a un estudiante nuestro le va a ser casi imposible comprar, porque el precio final es muy alto.

Acá hay que ir entendiendo que hay ciertos contenidos, que deberían ir digitales. Si esos libros se van a producir impresos a full color, con toda la belleza y buena materialidad, van a ser muy costosos y los van a comparar pocas personas, pero que eso tiene que conversar con un libro digital de bajo costo para el estudiante. Eso hay que irlo equilibrando.

Es muy complicado cuando uno recibe un libro de un académico, un investigador, que le ha dedicado 10 o 15 años a un tema, que el libro es súper bien evaluado, que trae una buena cantidad de material gráfico, y después de evaluarlo, diseñarlo, de todo el proceso, te das cuenta que todavía necesitarás $50 millones más, porque la impresión del libro es costosa y ahí ¿de dónde se va sacar? En esos libros, esa plata no retorna, es decir, no esperamos recuperar los millones invertidos en un libro.

Entonces, nosotros y los autores, también tenemos que ir entendiendo que en lo digital hay una oportunidad, aunque para muchos de nosotros, el papel sigue siendo eso que hace del libro un objeto rayable, cuando es para estudiar; observable, cuando es para mirar; que se puede llevar en el bolso para donde sea que se vaya, y que es la solución cuando no se tiene un soporte electrónico para leer.

Pienso que, sobre todo, en los libros muy académicos, habría una gran oportunidad en lo digital, hay otros que todavía se pueden comprar en papel, que son de bajo costo, que son pequeños, y sé que es un camino que aquí todavía nos cuesta transitar.

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