Solo de pan vive el nombre

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MujeresyLibros

Un sonado caso de travestismo en el ejército, otro de posible misoginia en la academia y una dieta de sol, avocado y sopa de letras.

Autor: Juan Carlos Márquez

Cuando Kal-El vino a la tierra, no trajo ni un biberón en su cohete, pero sabiamente sí venía con el summum de la supervivencia: ¡libros!… bueno, para el caso, conocimiento y sabiduría de Krypton grabada en sendos cuarzos con holografía y voz de su padre Jor-El, excelente contador de historias, cuya información escogida ayudó a Clark (nombre terrestre) a ser “alguien” lejos de casa, y a fe que lo hizo. Tal conocimiento, sumado a nuestro sol amarillo, lo puso a volar!

II

En la misma línea, el gran García Lorca, al inaugurar una biblioteca expresó: “…No sólo de pan vive el hombre. Si tuviera hambre, desvalido en la calle, no pediría un pan, sino medio pan y un libro. Ataco a los que solo hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales, que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos coman, pero que todos sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano. Lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, esclavos de una terrible organización social. Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento…”

III

Quien lee mucho, tanta sopa de letras le alimenta directo al cerebro y el calor del papel lo madura prematuramente, como hace el periódico con los aguacates!

Ψ

En la reciente Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2022 (primera celebrada sin protocolo de bioseguridad) encontré de nuevo a Colombia, país consentido de los tapatíos: primer invitado de honor (1993), primer invitado en repetir (2007) y el único -hasta ahora- en recibir invitación honorífica por tercera vez… y aunque ya estuve en la FILbo me hace más ilusión ver a las editoriales en otras naciones, ya que llevan -o por lo menos se supone- lo mejor de la cosecha, sin diluirse entre libros de autoayuda.

Sergio Ocampo Madrid, Alejandro Flórez, Patricia Nieto, Ana Cristina Aristizabal, Juan Diego Mejía… cuando creía haber comprado lo mejor de las editoriales colombianas (material represado de casi tres años), vi a la vendedora entregar un paquete misterioso a un visitante sueco. Le inquirí sobre el porqué de tanto arcano con la venta y después de marearme con evasivas (como buena “paisa”) confesó que había vendido una auténtica rareza… “y solo me queda éste…”, ¿dirá a todos lo mismo para cerrar la venta?

Ψ

La Ley colombiana 017 de 1841 rinde tributo a una ciudadana por sus valiosos servicios a la patria, “acreedora de la admiración pública por su heroico y singular comportamiento” y le impone una sobria medalla de oro bordeada por 21 cristales verdes. acaso esmeraldas de Muzo-Boyacá y que ya hubiesen querido tener los galgos de Jiménez de Quesada, buscadores de El Dorado, entre sus manos.

Leyenda posterior: Vencedora en Salamina, 5 de mayo de 1841 Medalla donada por Pedro Nisser al Museo de la Moneda de Estocolmo.

Picada por la curiosidad, y con la emoción de quien se lleva el gangazo en las baratas del Corte Inglés, compré esa última edición facsimilar, un manuscrito de folios sueltos, con cubierta de brocado y una graciosa cinta carmesí.

Rumbo a mi hotel en el centro histórico de Guadalajara, me detuve un par de veces a contemplar la joya coleccionable, hecha totalmente a mano por un grupo de mujeres víctimas de violencia, de un pueblecito llamado Sonsón (¿vendrá de Sonsoles?) y que no era un diario íntimo y perfumado, -como yo pensaba- sino mucho más que eso: una crónica de guerra escrita por una mujer del siglo XIX.

¿Y cómo fue esto posible para la época?, ¿cuántas mujeres escribían, cuántas podían dejar sus encajes para ir a la guerra?, ¿cuántas obtenían el permiso de su familia, la venia de la Iglesia y del mismo ejército?, ¿cuántas habrán cortado su cabellera y vestido el uniforme de soldado armándose de valor?

Recordé a Agustina de Aragón y en especial a Catalina de Erauso, “La Monje Alférez” quien bajo la identidad de Francisco Loyola fue a la guerra varias veces. Ambas, como muchas otras españolas, difícilmente salían en los libros de la escuela. ¿Acaso no eran posteables por ser mujeres?

Mi gente en la revista se ha enterado. Y más que eso, supe enamorarlos de mi personaje y la contracorriente de su talante, que no figura en lo convencional de este planeta. Quieren un reportaje completo sobre mi nueva superheroína María Martínez de Nisser, distante de los comics y la kryptonita, pero al igual que Clark Kent, empoderada a base de lectura y conocimiento como la mejor herencia.

Esta foto, de un óleo muy a lo Manuelita Sáenz me fue enviada por Alberto José, director según dice, de la pequeña Academia de Historia del pueblo natal de María.

Dicha María sonsoneña, maestra de escuela, tuvo una enriquecedora relación con su padre y cómplice, y al igual que Lorca supo el valor de un libro como alimento del espíritu y constructor de caminos.

Esta “Marucha” siendo mujer del XIX dejó el bordado, aprendió otros idiomas y leyó, leyó y maduró demasiado, leyó cosas no escritas para mujeres, tampoco para hombres, sino para seres que optaron por generar cambios disruptivos en medio de la sociedad colombiana que, en su conflicto de siglos, ha tenido muy pocas treguas.

Viajo a Antioquia y os contaré. A por las mujeres sepultadas vivas con el olvido de quienes pretenden escribir la historia sin ellas, y más que eso, a sus espaldas o enlodando su memoria. Ellos quizá no han sabido pedir libros, pero han usado su medio pan para alimentar el ego de lo que pudo haber sido su buen nombre.

  • Sonsoles de la Peña y Garbo*
    Enviada especial de Quimeras a la FIL Guadalajara 2022.
  • Memoria y relatoría del Seminario de Periodismo Cultural de los Eventos del Libro que contiene diez textos escritos por igual número de participantes.

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