Una antioqueña del Renacimiento en búsqueda del conocimiento infinito

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Olga Elena Mattei

En el Mes del Idioma, Sergio Esteban Vélez , Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2010; rinde homenaje a la poeta Olga Elena Mattei Echavarría, una autora que nos llena de orgullo, siendo referente de las letras de Medellín, Antioquia y Colombia.

Nacida en 1933 (de padre puertorriqueño y de madre colombiana), Olga Elena Mattei es una de las figuras más interesantes de la literatura colombiana. 

El poeta nacional Rafael Maya la llamó “la primera poetisa colombiana”, lo mismo que la crítica argentina Marta Traba.    El mayor de los historiadores y ensayistas colombianos, Germán Arciniegas, afirmó que Olga Elena Mattei era “Una de las mujeres más profundamente poéticas de nuestro tiempo”. El ganador del Premio Alfaguara y ex vicepresidente de Nicaragua Sergio Ramírez escribió que “Olga Elena Mattei es la realidad positiva de la actual lírica femenina de América”  y, según el filósofo Fernando González, sus poemas son superiores a los de “Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou, Barba Jacob y Rimbaud”.  Para el crítico de El Espectador Manuel Drezner, Olga Elena Mattei es una de las tres principales mujeres de la poesía colombiana. Y tal clasificación devino oficial en 2009, cuando el entonces presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, le rindiera homenaje nacional, como “una de las cuatro mejores poetas colombianas”.  

Autora de 20 volúmenes publicados y ganadora de más de una docena de premios, es una escritora reconocida por ser pionera en temáticas poéticas en español, lo que la ha llevado a ser considerada como un hito en la experiencia colombiana de aquella “tradición de la ruptura”, de la que hablara Octavio Paz. Fue la primera mujer en escribir antipoesía en nuestra lengua y también la primera en desarrollar poemarios de temática científica.

De su obra novedosa, vale la pena exaltar su trabajo poético sobre Astronomía, que ha sido presentado en algunos de los planetarios más importantes del mundo, como los de Nueva York y Washington. 

También ha sido reconocido como muy original su tratamiento de la poesía amorosa. Por otra parte, no es ajena a las voces de la poesía social y sobre la guerra, sin afiliarse a sectores políticos, pero ahondando en el humanismo y en el humanitarismo. 

Pero el primer elemento distintivo que puede observarse en su obra, y al cual dedicaremos estos párrafos, es la presencia en todo su trabajo de trazos de la cultura enciclopédica de la autora; es, en otras palabras, su capacidad para convertir en poético todo lo que conoce y todo lo que la rodea. 

Olga Elena Mattei ha sido pionera mundial en crear una poética profunda y moderna  que funde la poesía con la ciencia y el humanismo, en temáticas tan poco  “tradicionalmente poéticas”, como la filosofía, la astronomía, la biología, la arqueología, la historia, la sociología y otras diversas disciplinas.  Este factor es decisivo a la hora de demostrar su carácter único dentro de la poesía colombiana.

En su juventud, Olga Elena Mattei fue una cotizada modelo, quien hizo importantes campañas para marcas nacionales. Foto del archivo de la poeta.

Como dice Mundo Hispánico, de Madrid: “Mattei posee un bagaje cultural capaz de abrirle nuevos campos de conocimiento (…) Ella sabe explorarlos para extraer de ellos su forma poética” (Edición 345, diciembre de 1976).

Por su parte, Ocampo Zamorano, profesor de Tulane University, nos da luces  cuando escribe: 

“Olga Elena lee más ciencia que poesía. Puede saber quién es el compositor de una sinfonía o de un concierto, a poco de escuchar algunos compases de la obra. Es buena conocedora de la ópera, que ha llegado a disfrutar en los mejores teatros de Occidente. 

Como bailarina que fue, ama el ballet y la danza y puede ilustrar cada paso y cada expresión de cualquier escena de las distintas coreografías.  Es ratoncita de museos. Los conoce de memoria casi todos. Y últimamente, se ha dedicado a la naturaleza analizada en los cientos de libros y documentales especializados sobre temas como biología, antropología, arqueología u otras ciencias”. 

Hoy constatamos un movimiento del saber en el que la poesía no suele ser identificada con el “conocimiento” o con la ciencia, sino con términos como “pasión” o “sentimiento”.  El conocimiento por su parte suele ser asociado con la “razón” y, para más datos, la razón “científica”.

Sin embargo, todas las áreas del conocimiento y todos los estadios del ser humano, del pensamiento, del universo y de la vida merecen ser llevados a lo poético, según Mattei.  Parece ser que esa premisa ha sido la brújula de su trabajo.  Imagina el mundo desde la filosofía y desde la cosmología física. Entiende que, desde la Antigüedad, la poesía y el pensamiento humano han estado indisolublemente ligados. Más aun, la historia de la cultura, en un sentido amplio, está ligada de modo significativo con la historia de la poesía, o al menos de lo que hoy deberíamos denominar “discurso poético”. 

La poesía de Mattei se centra, tanto en la comprensión de los diversos fenómenos del mundo o de cualquier realidad exterior, como en la comprensión del ser en sí y en el mundo, en la comprensión del hombre, su sueño y su despertar, su historia personal que define “al ser en trance de realización”, del que habla Maillard.

Los poetas Olga Elena Mattei y Pablo Neruda. Foto del archivo de Mattei.

En El ojo del espíritu, Ken Wilber proporciona “una visión integral”, que funde elementos de áreas como “la física, la biología, las ecociencias, la teoría del caos, las ciencias sistémicas, la medicina, la neurofisiología, la bioquímica, el arte, la poesía, la estética, la psicología evolutiva”, teniendo en cuenta enfoques tan diversos como los de los modernistas, los idealistas, los posmodernistas, los grandes hermenéuticos, los teóricos de los sistemas sociales y las principales tradiciones religiosas y escuelas místicas del mundo. Cualquiera de los campos que acabamos de mencionar es posible encontrar en textos de Olga Elena Mattei, porque ella pretende abordar en su poesía todos los campos del conocimiento humano. Esa actitud, esa multiplicidad, coincide con el término “integral” que utiliza Wilber para definir su método por cuanto integral significa integrador, inclusivo, global y equilibrado.

Esta visión, que es la misma de Mattei, busca dar cuenta de totalidades, pero siempre teniendo en cuenta la premisa de que cualquier totalidad inevitablemente forma parte de una totalidad superior. La filosofía o método integral proporciona una pauta que vincula la vida, el conocimiento, el cosmos y el espíritu, que precisamente son los cuatro ejes de la obra de Mattei. Es una visión que se caracteriza por integrar las verdades de distintas épocas, civilizaciones, culturas y disciplinas, buscando los nexos y resaltando los aspectos con mayor poder explicativo de los fenómenos a investigar. Mattei la desarrolla en su poesía, en la cual abarca, en términos poéticos, la prehistoria, los tiempos bíblicos, la civilización china, la fenicia, la egipcia, la griega, la romana, las civilizaciones indígenas americanas, el Medioevo, el Renacimiento, el Nuevo Continente, los grandes reinos europeos, las joyas arquitectónicas de la humanidad, la historia de la música, de las artes, de las letras, de las ciencias y de la metafísica.

Olga Elena Mattei fue la esposa del escultor Justo Arosemena, con él tuvo cinco hijos. Foto cortesía de

Así, Mattei ha buscado, por primera vez en la historia de la poesía colombiana, integrar los enfoques, aparentemente opuestos, en los que se han agrupado, desde el inicio de la búsqueda humana del conocimiento, los pensadores de las diversas disciplinas: conocimiento interior frente a conocimiento exterior, adentro frente a afuera, interno frente a externo, mente frente a cerebro, psique frente a mente, subjetivo frente a objetivo, idealismo frente a materialismo, hermenéutica frente a empirismo. 

En consonancia con esa perspectiva, mente, sentidos e inteligencia se encuentran coronados por el espíritu en toda la obra poética de Mattei.  Talvez, por ello el ganador del Premio Cervantes (2001) Álvaro Mutis escribió que, gracias a los “momentos asombrosos y hallazgos sorprendentes” de la poesía de Olga Elena Mattei, ella sería la “sibila” encargada de comandar la “salvación por la poesía”.

Si materialismo e idealismo son las dos grandes tradiciones filosóficas que aún persisten, la física moderna, nacida en la tradición del positivismo, de pronto aparece abonar las visiones idealistas o trascendentalistas. Ya los primeros físicos experimentales compartían la creencia de que el universo carece de sentido –y no puede ser adecuadamente explicado– sin la inclusión de algún tipo de conciencia. 

Por eso, Mattei constantemente se pregunta qué ocurre cuando le pedimos a la más dura de las ciencias que nos ilustre sobre la naturaleza de la más sólida de las realidades –la realidad con la que se supone que estamos en contacto– y ella nos espeta que esa realidad existe aunque sólo tal vez en la mente de algún espíritu eterno:

“Que el espíritu,

sea

más allá,

la conciencia

plena

y no,

la nada

eterna”.

Dos libros de Olga Elena Mattei publicados recientemente en la ciudad. Foto de Papel.

Hay en Mattei una desesperada búsqueda, un inmenso deseo de comprender, una necesidad imperiosa de resolver –a partir de su palabra y de los múltiples campos del conocimiento– el enigma existencial del hombre. 

Pero hay que concluir con una paradoja: si se leen con detenimiento libros de Mattei, como Regiones del más acá, podrá verificarse que, aunque exhibe diversos saberes –astronomía, física, arqueología, historia, genética, matemáticas, oceanografía, zoología y otras tantas disciplinas que hemos mencionado– sobre la grandeza de esta empresa poética, se sobreimprime la significación opuesta: la de la precariedad del conocimiento posible; precariedad que a la vez se tensiona con la insistencia en una tarea riesgosa y difícil, a la que no se renuncia a pesar de los sucesivos interrogantes, las cuestiones del alma nunca resueltas.

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Esta entrada tiene un comentario

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