La Piloto: epicentro del Hip Hop “paisa”

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Papel nace en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín y se siente orgullo de decir que es su casa. Sin embargo, hace varias décadas, en La Piloto nació uno de los movimientos más importantes para la cultural de la ciudad. Esa historia la cuenta la artista, gestora cultural y experta en el género, Diana Avella.

Hay una mística coincidencia entre la génesis de Papel – Cartelera Cultural Independiente de Medellín y los trazos del Hip Hop “paisa”: las dos experiencias narrativas tienen como lugar de nacimiento la Biblioteca Pública Piloto.

En La Piloto danzaron los primeros B Boys del Valle de Aburrá, se edificó el poder identitario de jóvenes que creyeron que las rimas, las líneas de un aerosol, los pasos de Break Dance y la magia hecha scratch, cambiarían su vida, la vida de jóvenes que caminan las comunas, disputándose entre la violencia o el arte. 

En esa batalla, a pesar de que la guerra se llevó a muchos artistas como Kolacho de la Comuna 13, la cultura hizo lo que la seguridad del estado jamás logró: darles vida a cientos de jóvenes aferrados al poder creativo desde el Hip Hop. Quienes construyeron y construyen el poder del Beat, el fraseo, el baile y el graffiti hacen ciudad.

Para hablar de la escena musical del Hip Hop en Medellín, hay que pasar primero por Mary Hellen, La Nana Morales, Laberinto, La tribu Omerta, K Music y el despliegue virtuoso de éste parche en el fraseo, entre tantos, sin olvidar a Sociedad FB7; uno de los primeros grupos de Rap que pusieron rimas como sal en la herida, al hablar de la guerra viva en una de las canciones que constituyen parte de la herencia musical más grande del Rap nacional: En medio de la Guerra.

Medellín es una de las ciudades con mayor producción artística del Hip Hop en Colombia, transitando por identidades que rompen las fronteras físicas y generacionales, como lo mencionó Fly So High en la reciente ll Cumbre Latinoamericana de Hip Hop: “Yo vivo hace 20 años en Medellín, pero mi barrio es Urabá, mi barrio es Apartadó”, el Hip Hop es “una idea rebelde que no puede llamarse terrorismo”. Sin fronteras, sin reglas, sin miedos, este género tiene la habilidad de tomarse el barrio y la industria musical de los grandes conglomerados al mismo tiempo.

Caminar de El Poblado hasta Santo Domingo posee los mismos matices entre oscuridad y luz que se perciben al escuchar las rimas crudas de La Fiera (una de las raperas más potentes de Colombia) y los fieros ritmos del Pacífico en los beats de Crudo Means Raw. En lo que podría unificar de alguna manera el concepto del “Rap paisa” es la dignidad, la altura, la calidad y la convicción con que construyeron relaciones con el territorio, las instituciones, la sociedad civil, el joven y el adulto mayor, características que se perciben al ver los grandiosos sinfónicos de Crew peligrosos, los procesos de memoria de Agroarte, las jornadas eliminatorias de Rap en el Festival Internacional Altavoz, los procesos participativos en centros culturales como Pedregal o Moravia y el tremendo liderazgo de escuelas como La Gran Colombia.

El Hip Hop en Medellín se enfrentó al miedo con arte, al silencio con música y a las fronteras invisibles con grafiti. Ello ha permitido que gestores, artistas y académicos del Hip Hop sean reconocidos como un movimiento inteligente, participativo y digno, es la necesidad de una lucha en común: preservar la vida, el barrio y el arte sobre cualquier diferencia.

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