Ghosting: poca responsabilidad afectiva en la era digital

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¿Te han enamorado por redes sociales y luego abandonado cruelmente sin la oportunidad de cuestionar por qué? No te sientas mal contigo mismo, es una práctica muy común en la era moderna, acá te dejo opciones para que sepas llevar la situación y encuentres en esto una oportunidad para valorarte más.

Típico, conoces a alguien por redes sociales y la química fluye, entre conversaciones interesantes y una que otra foto insinuante crees que has dado con la o el candidato perfecto para una relación… pero ¿qué crees? No era así. Luego de dos citas divertidas y excitantes esa persona desaparece, sin dejar rastro alguno, sin dar explicación te bloqueó de redes y nunca más apareció.

Como dicen por ahí: “suena a chiste, pero es anécdota” y es más común de lo que parece. De acuerdo con un sondeo realizado por medio de redes sociales, un 60% de la población lo ha hecho o se lo han hecho en algún punto de su vida y en la actualidad recibe el nombre de GHOSTING, en mayúsculas, para que no se les olvide.

Esta popular práctica, que consiste en desaparecer de la vida de otro sin dejar huella alguna, cuando aparentemente todo iba bien, ha tomado mucha más fuerza en época de pandemia y virtualidad.

Con el auge exponencial de las redes sociales, y las muchas aplicaciones disponibles, la normativa cultural de conocer personas se ha estado perdiendo cada vez más.

La presencialidad ya no es un requisito fundamental dentro del acto del filtreo o el relacionamiento interpersonal, ya sea llevando una simple intensión de amistad o un requerimiento espontáneo carnal.

Aplicaciones como Tinder, Grinder, Badoo o Facebook Dating, entre muchas otras, nos han mostrado un espectro totalmente amplio sobre las maneras adecuadas de crear contactos, de ligar, de tener citas y conseguir pareja. Y no está mal, como la tecnología y la sociedad, las maneras de conocerse han evolucionado y migrado a una comodidad casi egoísta.

Por esto, es común ver con más frecuencia personas interesadas en la soltería, alejadas de los compromisos y buscando solo “pasarla bien”, sin interesarse mucho por cuestiones sentimentales. La monogamia, como la conocemos, ya no es una verdad absoluta, ni el tener pareja una necesidad primordial. Es aquí donde el “yo quiero, yo puedo, yo primero” cobra vital importancia.

Y no está mal, lo que se podría entrar a cuestionar en estas nuevas dinámicas es la poca responsabilidad emocional que se tiene con el otro, ya que nunca se asume la intención de cerrar el ciclo, lo que psicológicamente podría traer consecuencias para quien lo recibe.

Lamentablemente, la percepción que tenemos sobre nosotros mismos muchas veces se ve influenciada por las relaciones que tenemos con terceros, nuestra autoestima se alimenta de la aceptación del otro y claramente una situación como esta nos puede empujar a un lado oscuro emocional.

Estado de duelo

De acuerdo con Juan Fernando Aguilera, psicólogo, especialista en temas de Desarrollo, la manera más fuerte de insulto es cuando el otro no tiene la posibilidad de responder, cuando le roban su discurso y le anulan la palabra.

“Las víctimas de esta práctica sufren de una pérdida del ser en el que entran preguntas como: ¿dónde estoy yo? ¿quién soy yo? ¿por qué valgo tan poco?”.

Explica que más allá de tener una inexistencia de la persona es el quedar sin un interlocutor, el no poder existir dentro de un discurso y es aquí donde tambalea la noción del ser, del cuerpo y la realidad si no se cuenta con la suficiente resiliencia para aceptar la situación.

“Incluso, si la relación tuvo una connotación muy sexual toda la dimensión sobre su cuerpo se ve totalmente afectada, temas en el desarrollo psicosexual que dejan inquietudes autodestructivas como: ¿ni siquiera en la cama sirvo? ¿qué hice mal? ¿qué me faltó?”

El proceso de duelo siempre es individual y podrá ir desde conductas que incluyan el no volver a confiar para protegerse, hasta la tristeza, el desasosiego, la ansiedad y la depresión.

¿Cómo se puede evitar?

Según Aguilera, todo depende de la capacidad de resiliencia personal. Es importante tener la certeza de que el problema existe y aceptarlo, al igual que la responsabilidad individual respecto a él.

“Al entender que hay cosas que no puedo controlar genero una salida al problema y alternativas para controlar mi realidad”, precisa.

Si bien no hay una receta mágica para reparar una herida emocional causada por el abandono, es fundamental sacar nuestro poder analítico para comprender que las acciones de los terceros no son nuestra responsabilidad y que no tenemos culpa en ello, menos cuando son destructivas.

Perfil del victimario

En este punto es importante entender también el perfil psicológico del agresor, del victimario, para aclarar el panorama y generar un punto de vista más allá de la problemática.

Para Aguilera, este tipo de conductas abusivas, porque sí, es una conducta que agrade al otro de manera emocional, son dadas en personas con perfiles altamente sádicos, individuos que disfrutan el tener poder a través del control de las situaciones alimentando su ego por medio de estrategias como el silencio y la ausencia.

“Son personas con tendencias narcisistas, abusivos que casi siempre buscan perfiles codependientes que puedan manipular, individuos que regularmente soportan estas conductas violentas pensando que podrán cambiar las intencionalidades del agresor”, argumenta el psicólogo.

Pese a que podríamos decir que la mayoría de victimarios se encasillan en este mismo perfil, hay otra conducta contraria que también podría ser la causa para desatar acciones de este tipo.

“Un perfil opuesto a analizar es el de las personas frágiles que encontraron en el distanciamiento una estrategia para no comprometerse, evitar dolor y el esfuerzo que conlleva tener una relación. Este tipo de individuos evaden a toda costa una confrontación por miedo al dolor, por miedo al ‘que será’ y al inicio de algo que podría terminar mal”.

Cabe resaltar que pese a que este sea el caso del que propicia la agresión, esta conducta es indiscutiblemente egocéntrica y egoísta, ya que nunca se toma en cuenta a la víctima.

Habiendo explicando a profundidad el significado del ghosting y sus consecuencias emocionales, podríamos confirmar que esta práctica se ha tornado más común de lo que podría parecer y que nadie está exento de propiciarla o sufrirla.

Y si usted como yo ha si víctima de esta cruel situación, mi consejo, y el de los especialistas, es simple: asuma el hecho, háblelo, acéptelo y siga con su vida, nadie más va a cuidar su salud mental.

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