La nueva generación de las feminidades

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Otras mujeres luchan por la libertad de expresión, de género y de sexo, en territorios de arrieros y “machos” que históricamente han negado a los diferentes.

Así como el concepto de “raza”, el concepto de “género” y la idea de “sexo” cambiaron radicalmente con la llegada de la llamada “era de las comunicaciones”, como lo apuntan los teóricos de la filosofía que, actualmente, intentan dar claridades sobre lo que está pasando con el arte contemporáneo y sus posturas críticas ante lo patriarcal, heteropatriarcal, tradicional y centrado en la idea de la “buena moral” y las “buenas costumbres”, de la religión, siendo evidente que no solo las feministas luchan por ser respetadas y por romper las cadenas. Los homosexuales, los transexuales, los bisexuales y todas aquellas maneras de habitar diferentes al binarismo: hombre/mujer, masculino/femenino, quieren que, por fin, la historia cambie y la humanidad los pueda entender como “normales”, o, simplemente, como diferentes.

En Colombia, en una ciudad llamada Medellín, abrazada por una cadena montañosa y de tradición religiosa y conservadora, esa idea de “sexo” y “género” ha sido entendida muy bien por una nueva generación de artistas, si es que así quiere llamárseles, quienes han asumido ser mujeres para aportar al debate de la libertad de expresión y representación, siguiendo ejemplos como el de La Danny, para decirles a sus coterráneos que la idea del “macho paisa” es, quizás, insostenible. Y no solo se trata de artistas visuales, bailarinas o cantantes, se trata también de chicos que simplemente decidieron ser mujeres, como el caso de la autodenominada “muñeca inflable”, que vamos a contarles luego.

Son las 5:00 p.m. y en la plaza del Parque Lleras aparece la bella Carolina Sáenz, vestida de Versace, quien a lo lejos oculta que nació hombre, porque sus ya 15 años viviendo en Europa, en España, le han dado la seguridad de no tener miedo a que le griten cosas en la calle. Llega, se sienta, enciende un cigarrillo que saca de su cigarrera dorada y comienza a contar que, a sus 33 años, no se reconcilia con los hombres de su familia, quienes quisieron negarle la posibilidad de ser artista, cuando decidió ser una mujer trans y dedicarse a la danza, quienes no le perdonan que se haya casado con un hombre, porque “hirió los valores de la familia”, al no volver a hablar de Esteven, a quien enterró para siempre, así le costara lágrimas y dolores.

“Ser marica en Medellín es muy difícil, ahora elija pues ser travesti y verá, esta casta de señoras rezanderas, que no suelta la camándula, condena y critica, como si se hubiera escriturado el derecho de los otros a elegir. Yo decidí ser mujer porque en mi casa muchas veces vi a mis tías empoderadas, luchando contra sus maridos borrachos e infieles, eso me dio la seguridad. Me fui a Europa y allá me cuestioné mi sexo, mi raza, mi religión. En ese continente me di cuenta de cómo la idea del macho alfa antioqueño es una falacia, como lo cuentan autores como el periodista Pedro Adrián Zuluaga en sus libros”, dice con una voz femenina, delicada y auténtica esta maestra en artes del cuerpo, graduada de la Universidad Complutense, quien acaba de interpretar en las tablas a Lola Flórez, en pleno Teatro Viva de Madrid.

Su caso, dice, es un orgullo que la comunidad Lgbti no celebra, porque cree que “en esa lista de letras, las que menos parecemos importar son las trans, las más raras de todas, con pene y pelo largo. Soy la primera trans latina en ocupar papeles importantes en elencos españoles, pero parece que las instituciones que trabajan por nosotras se quedaron en el hijo rico del hermano del expresidente que salió gay y los chismes sobre Ricky Martin. En Colombia, a las trans nos matan, nos violan, nos explotan. En Medellín, ser trans es como ser sucia, te toca aprender a cerrar los ojos y los oídos, porque los obreros en las calles siguen tratándonos de chiste, montarnos a un autobús es la muerte emocional, salir a un restaurante es peor. Nos falta aprender de libertad y de respeto, de Dios como creador de lo diverso, ojalá algún día las nuevas chicas, que decidan usar tacones, puedan ser felices y libres, trabajo todos los días bailando impecablemente, para abrir puertas”.

Carolina no es la única de la nueva generación. Famosas en las redes, quizás porque el humor es un vehículo menos doloroso para asumirse, la historia de Camilo Pulgarín y Juan González se puede resumir en que el país repitiera que María José, uno de los personajes que parodian a través de Youtube e Instagram, fuera “animalista, taciturna, vegetariana”.

Las Cardashians.

Las Cardachians, como decidió llamarse este colectivo, es un dúo que usa la virtualidad para hablar de las nuevas maneras de asumirse, publicando habitualmente tutoriales de maquillaje, situaciones del día a día y divertidas escenas en las que se conectan con sus 1,5 mm de seguidores. Comenzaron siendo una parodia de las famosas Kardashians, usando sus vídeos muy al estilo de los Hétores, cambiando los diálogos para poner en evidencia la manera en que la mujer estadounidense se representa actualmente, pero pasaron de ello para ser unas divas más del territorio, pasando de animadoras de fiestas a promotoras de marcas, de influencers a símbolos del empoderamiento diverso, con la aceptación de su generación que las aclama y aplaude, sin sentir vergüenza de que hayan decidido cambiar sus facetas masculinas para adentrarse en la producción de contenido digital.

Paris Gilton.

Debemos mencionar también a la Paris Gilton, con “g”, un personaje creado por el joven antioqueño Esteban Ramírez, quien cada semana tienen un vídeo nuevo en sus redes sociales que cuenta cómo en un barrio cualquiera de la ciudad hay una “caballota, una potra”, como se autonombra su personaje en los cortos audiovisuales en los que luce su cabellera dorada y un particular gancho de cabello que le sirve para respingarse la nariz.

La lista es más larga. No son pocos los casos ni pocas las historias. Danna Sultana fue pionera en bailar en la televisión nacional, llamando la atención por su belleza y su feminidad, por su parecido a Carolina Cruz y luchó por injusticias como que la discoteca Culture, en Medellín, le negara el derecho de ingresar, por ser como era.

MRP.

Deteniéndose en la geografía antioqueña, plagada de música electrónica y de fiestas privadas, el Mariposario, las MRP, son otro ejemplo de asumirse mujer y luchar por ello, que en los últimos diez años pasó de ser una simple “moda” de jovencitos homosexuales que jugaban a ser mujeres, en cuanto hoy son mujeres empoderadas de sus procesos, proyectándose como artistas. Kim Zuluaga es una de esas mujeres de la escena musical que llena espacios de un público que la reconoce como referente. Unida a Fresa Mejía, Jhoana Franco, Valeriana Nanclares y Monie Gil, son una familia, un mariposario de diversidad que se ve enérgico bailando electrónica, poniendo en la pista su papel de activistas, sin tener que estar gritando, solo con cuidar su apariencia femenina y danzar, sintiéndose libres, entregan un mensaje de respeto por la diversidad.

Luna Gil Real.

La Lunita Gil, Luna Gil Real, como se hace llamar, es una mujer trans que decidió pasar por el quirófano para cumplir, única y exclusivamente, su deseo de feminidad. Criticada por algunos en las redes, por sus muy grandes senos y su nariz respingada, vive la vida sin miedo, camina por los barrios de la ciudad haciéndose llamar “la muñeca inflable”, promocionando marcas, mostrando en sus redes cómo es la mujer que quiso ser, que es, apoyada por su familia y sus amigas.

Comadrags.

Otra comunidad es la de las Comadrags, que emprendió hacer fiestas temáticas en las que presentaban sus coreografías y las de otras artistas entaconadas, con un particular sentido estético, cuidando los detalles de cada montaje y proponiendo siempre juntarse para bailar, sea cual sea la manera en que los asistentes asumieron sus sexualidades.

Desde las artes plásticas, para cerrar esta serie de nombres e historias, no puede faltar la apuesta de Santa Putricia. Es una creadora visual que cuestiona la idea patriarcal y la influencia de la iglesia católica en todos los ámbitos de la vida humana.

Así, puede concluirse que la feminidad es una elección, que la libertad es un camino. Estos nombres, que no son todos, ni buscan hacer un estado del arte en tacones, porque cada vez más se trata de humanizar los relatos y de no tener la última palabra, quiere apuntar a que los lectores puedan conocer nuevas exponentes de lo trans, de lo drag, de lo diverso, para que no siga existiendo un mito alrededor del cuerpo, porque, para conocerse, para respetarse, para empoderarse, debe existir primero una claridad de que cada ser humano nace libre, debe desarrollarse libre y está en su derecho de asumirse como lo desee. La ley colombiana, su Constitución, ha dicho que le apuesta a la diversidad. Ya es hora de que se cumpla esa carta magna, no más trans asesinadas solo por ser diferentes, no más chistes inapropiados cuando una mujer como ellas cruza por el andén. Respeto, respeto por esta, la pasada y la nueva generación de feminidades, eso es lo único que piden estas mujeres.

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