Visibilidad y silencio

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Estrógenos producidos con tinta y aguja sobre la piel de la fecunda Tasha Fall. Foto de Juan Homs.

¡Ser Marica es cuestión de hombres!”. Manuel Velandia Mora.

Carolina Vásquez Rendón

Est. Comunicación Social

Universidad Cooperativa de Colombia

Si uno observa la escultura de Baco por Dionisio, el cuerpo del dios-a es un interrogante que va más allá de lo que lleva entre las piernas. Las identidades de género las moldea cada quién a partir de los elementos que incorpora o rechaza “Soy Hombre” “Soy Mujer” “Soy Gender Queer”; muchas veces no llegan a expresarse porque los roles y educación tradicional han privilegiado el discurso dominante y han impuesto un silencio que se agrieta por entre los cuerpos disidentes.

Los cuerpos son lienzo y territorio, están siempre en construcción, – incluso cuando pertenecen a un ser heterosexual, blanco, estéticamente aceptado – comunican una postura política. Hemos encasillados los cuerpos en una enciclopedia rigurosa que les vincula a castigos y les restringe prácticas; que hace énfasis en lo “natural”, esa normatividad heterosexual creada por la sociedad a partir del discurso, la ciencia, y las relaciones.

Estrógenos producidos con tinta y aguja sobre la piel de la fecunda Tasha Fall. Foto de Juan Homs.

Obviamos que cada ser tiene una forma de sentirse con respecto a sí, y que no tiene por qué estar relacionada con lo que biológicamente es – Intersexual, Hembra, Macho-. Constreñimos las identidades – Transexual, Mujer, Gender Queer, disidentes, Hombre, seres al fin y al cabo– porque solo damos voz a los roles tradicionales y las prácticas consensuadas, desde la escuela y los primeros entornos de desarrollo.

Las prácticas significantes para cada ser definen su orientación sexual, de allí que Tasha, una mujer transgénero radicada en Medellín, pero de nacionalidad estadounidense, sea una lesbiana orgullosa; o que el activista y primer homosexual reconocido por el Registro Único de Víctimas de Colombia, Manuel Velandia hable críticamente sobre los homosexuales que en sus relaciones reproducen los modelos heterocentrados, pues desde su orientación siguen dando poder a la expresión del rol masculino y patriarcal.


Tasha se siente más cómoda, en Medellín, para expresarse libremente como mujer transgénero. Foto de Juan Homs.

Estos roles han sido erigidos como esculturas inmóviles, pero la realidad es performativa, está transformándose constantemente, y se puede hacer uso de ella para trastocar en arte lo que el sistema ha utilizado como insulto y castigo. Eso bien lo saben los cuerpos diversos, que hoy toman el micrófono con el slogan y las palabras con las que históricamente se les ha discriminado. La comedia es también una forma de pervertir al sistema.

Tasha entre la noche y las luces. Foto de Juan Homs.

¿Por qué no modelar la sociedad de acuerdo a la diversidad de individuos que la componen? Tenemos miedo a que no sea un solo esquema, a abrirnos a dinámicas donde el placer y el saber se complementan para crear cuerpos libres y expresivos.

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